domingo, 21 de octubre de 2011
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Encuentro con el Maestro Sheng Yen – 20 años de Divulgación del Chan en occidente.
Gilbert Gutierrez, abogado estadounidense que ha dedicado toda su vida a la búsqueda de la realidad, no había podido satisfacer su necesidad espiritual, a pesar de su aprendizaje de Chi Gong y su contacto con diferentes artes mentales, hasta que se encontró con el Venerable Maestro Sheng Yen y recibió sus instrucciones y enseñanzas del Chan, convirtiéndose en un propagador de la doctrina budista en occidente.
¿Cómo ha sido su camino hacia la búsqueda espiritual?

Por Gilbert Gutierrez, Maestro Chan y heredero laico del Dharma del Maestro Sheng Yen
Yo he sido un buscador a lo largo de toda mi vida. Crecí como católico romano. Sin embargo, nunca estuve satisfecho con el cristianismo. Mi molestia principal era acerca de cómo podría un Dios crear seres sintientes y condenar a algunos de ellos al infierno eterno. Yo pensaba: “Estaba el error en Dios o en sus criaturas ?.” Pero Dios era perfecto y amaba a todas sus criaturas. Incluso, siendo un chico de nueve años, esto me perturbaba a mí.

A medida que iba creciendo, esto me inquietaba cada vez más. Buscaba conocer la verdad y procuré encontrarla toda mi vida. Más tarde estudié diversas artes marciales y artes mentales. Tenía una buena capacidad para soportar las dificultades, de manera que pude avanzar rápidamente entre los estudiantes más serios. Como yo estudiaba Chi Gong, desarrollé una fuerte concentración y práctica meditativa. Me di cuenta de que todo era creación de la mente. Hice varios tipos de entrenamiento de la mente y estudié con algunos de los mejores maestros de Chi Gong.

Sin embargo, cuando les preguntaba por qué practicaban, por lo general, recibía una respuesta altruística de que uno practicaba por el bien de los demás. Esta respuesta no sonaba verdadera. Yo pensaba que estaba escuchando una respuesta de un concurso de belleza. No había sinceridad en las palabras. La práctica del Chi Gong me permitía adquirir increíbles habilidades pero todavía no estaba satisfecho. Aún estaba buscando. Un famoso maestro incluso me hizo su heredero. Pero todavía me faltaba algo.
Una vez un maestro de Chi Gong, cuya práctica era el Chi Gong de Wei Tuo Pusa, le pidió a un alumno chino que me diera un libro sobre Budismo. Cuando el estudiante le preguntó al maestro qué libro debería darme, el maestro le respondió: “Cualquier libro que sea.” De modo que el estudiante me trajo el Sutra del Diamante. Aquellos de vosotros que lo habéis leído sabéis que este libro requiere un estudio serio. Cuando comencé a leer el Sutra del Diamante sucedió algo muy curioso. Me sentí ligero como si yo me estuviera elevando al cielo. En realidad yo no me había elevado, pero tenía esa sensación. Al cerrar el libro sentí que iba bajando lentamente. Pensé: “Bueno, esto es muy raro. En este libro debe haber escrito algo muy importante.” Y comencé a estudiarlo muy diligentemente.

Poco tiempo después, fui a estudiar con otro maestro de Chi Gong, quien no era un maestro budista. Cuando me entrevisté con el le dije lo que estaba buscando y el me respondió: “Yo no soy el maestro que estás buscando.” Yo estuve de acuerdo pero dije: “Quizás podría aprender contigo por un tiempo.” Después de estudiar con el por un breve período, no me encontraba cómodo con su estilo. Justo en ese momento, el Maestro Sheng Yen estaba yendo a dar una conferencia en la Universidad de California, Los Angeles (UCLA). Me enteré de esta noticia esa misma tarde, justo unas horas antes de que fuera a hablar. Mi esposa y yo nos apresuramos a recorrer 60 millas para llegar a la conferencia. Yo no lo conocía pero me habían dicho que el era un gran maestro.

Conferencia que ha cambiado su vida

Al comienzo de esa tarde, el Maestro Sheng Yen llegó a la ciudad. Le pidió a su ayudante, Vera Wang, que encontrara un abogado estadounidense que pudiera ayudarle en los asuntos jurídicos en los Estados Unidos. La Sra. Wang se sentía confusa y le dijo: “No conozco a ningún estadounidense, ni mucho menos un abogado. ¿Dónde podré encontrarlo?” El Maestro Sheng Yen dijo: "Lo encontraras.” Por cierto, yo soy abogado.

Llegamos justo antes de su conferencia y el auditorio estaba lleno. Los únicos dos asientos disponibles estaban justo delante del Maestro Sheng Yen. Como nadie estaba sentado allí, nos abrimos camino entre la multitud para sentarnos en los asientos; muchos años después le pregunté al Maestro (Shifu, en chino) para quienes eran aquellos asientos y me dijo: para los VIPs; (bueno, fuimos VIPs por esa noche). Cuando Shifu comenzó a hablar, cerré mis ojos y me quedé inmovil. Escuchaba con mucha atención aquellas maravillosas palabras que Shifu estaba pronunciando. Pensaba: “Sí, es verdad, sí, es correcto, es tan claro.” Al mismo tiempo sentía como que había llegado a casa. Al final, supe que era lo que había estado buscando: la sabiduría, la hermosa, increíble, simple y ordinaria sabiduría. Tenía sentido en lo que concierne a la condición humana. Shifu tenía la capacidad de poder hablar a unos miles de personas en la sala y hacerles sentir que les estaba dirigiendo las palabras a cada uno de ellos. Si, seguire a este Maestro. Cuando terminó su conferencia, abrí mis ojos y vi que Shifu estaba mirándome directamente, sonriendo y asintiendo con la cabeza. Después lo dejamos con la muchedumbre. No le dije ninguna palabra.

El día siguiente yo tenía una clase de Chi Gong con el maestro con el que estaba practicando. En el camino hacia su casa yo había decidido que esta sería mi última clase y me dedicaría a estudiar con Shifu. Un poco antes de que yo llegara, Vera Wang había llegado a la casa del maestro de Chi Gong, preguntando sobre una posible invitación a Shifu. Después de que terminaran, ella le preguntó: “¿será posible que conozcas a algún abogado occidental?”

El le dijo: “Sí, uno está viniendo ahora mismo, si quieres esperarlo.” Cuando entré, ella saltó y comenzó a explicarme rápidamente a quién representaba. Antes de que terminara de hablar, le dije que por supuesto yo podría ayudarle. Le dije que acababa de escuchar su conferencia en la UCLA.

Esa noche ella vio a Shifu y le dijo que me había encontrado. Ella le dijo: “Shifu, él estaba en su conferencia de anoche.” Shifu le dijo: “Yo sé quién es, y su práctica es muy buena.”

Convirtiéndose en heredero del Dharma, haciendo votos de liberar a los seres sintientes del sufrimiento

De manera que comencé mi trabajo con Shifu aplicando la sabiduría en cada acción del cuerpo, el habla y la mente hasta que no quedaba sabiduría que aplicar; guiado por las instrucciones de Shifu y orientado por los votos del Bodhisattva. Cuando Shifu me eligió como un heredero del Dharma, la ceremonia era muy rápida y simple. Se dedicaba la mayor parte del tiempo a la explicación de Shifu de los tres prerrequisitos para convertirse en un heredero del Dharma. El primero es una moralidad estable; el segundo, la Bodhichita, es decir, el interés en liberar a los seres sintientes y el tercero, el Punto de Vista Correcto. De los tres, el que me parece más importante es el Punto de Vista Correcto. El Punto de Vista Correcto no es un conocimiento general de la mente; es la experiencia directa y la aplicación concienzuda de la mente. Con el Punto de Vista Correcto, la moralidad y la Bodhichita seguirán naturalmente.
Se ejemplifica mejor en las instrucciones de los antiguos maestros:

“Los sabios devuelven la conciencia a la mente;
los tontos convierten la mente en la conciencia.”

Desde el momento en que me encontré con Shifu mi vida cambió; siempre estaba ayudándolo con varios proyectos en los EEUU. Cuanta más ayuda prestaba, más profunda mi práctica se volvía. Yo sé que en esta vida yo debería haber comenzado mi práctica más temprano. Recuerdo el primer encuentro empresarial que tuve con Shifu y sus monjes. Había un monje, Guo Chuo Shih, quien era bastante inteligente. Le dije que el debería haber sido un abogado. Shifu se apresuró a decir, mirándome y señalándome con su dedo: “¡Y tú deberías haber sido un monje!” En la próxima vida esa será mi prioridad. En lugar de empezar a llorar al momento de nacer, voy a querer decir: “¡Amituofo!”

Convertirse en un heredero del Dharma no es un privilegio ni un honor. Es un compromiso de aceptación del Dharma y de la liberación de los seres sintientes (incluso si son de una naturaleza ilusoria). Mi compromiso serio comenzó años antes cuando Shifu me confirió el Inka (Yinke en el Chan chino, e Inka en el Zen japonés, quiere decir el proceso por el cual un maestro da la confirmación a un discípulo.) Entonces yo sabía que mi vida iría a cambiar. Me he esforzado por no perder el tiempo que pudiera usarse en la liberación de los seres sintientes, ya fuera a través de conferencias o a través de seguir a los Budas en el estudio. Lamento que mi práctica sea todavía tan pobre y mi esfuerzo no sea lo suficientemente fuerte. Pero hago el voto de esforzarme y de no desperdiciar energías. Shifu siempre nos recordaba que el número de nuestras respiraciones es limitado, no sabemos exactamente cuántas de ellas tenemos.

El Chan: “el método de no-método”, lo que más importa es el Punto de Vista Correcto

Tengo un grupo de estudio en Riverside, California. Soy afortunado de tener voluntarios que graban mis conferencias y las trascriben para beneficio de todas las personas de habla inglesa. Estas conferencias están disponibles en https://riversidechan.org/. Tengo la esperanza de que haya quienes puedan encontrar algún beneficio en estos estudios.

El futuro de la Escuela Chan está en nuestras manos. Sobre todo en los Estados Unidos, estoy preocupado por la generalización exagerada de la práctica Chan. Hay mérito en organizar los estudios pero el Chan NO SE PUEDE ENSEÑAR. No es un ejercicio intelectual y debe presentarse desde la primera clase con el Punto de Vista Correcto. El Punto de Vista Correcto no puede dejarse para despues mientras los nuevos estudiantes práctican la conciencia y esperan despertar del sueño. ¿A otro sueño? La esencia de la mente es la mente. El fundamento de la mente es la mente. Sin el Punto de Vista Correcto podríamos estar enseñando a los nuevos estudiantes a sentarse como patos con señuelo (patos de madera) en un estanque deseando la iluminación.

Cuando me encuentro con nuevos estudiantes no les enseño inmediatamente las Cuatro Nobles Verdades. Les pido que imaginen una manzana roja en su mente. Luego, les pregunto: ¿ qué es lo que se proyecta? ¿En dónde se proyecta el mundo? La conciencia es parte de la mente pero la mente es su esencia. Como una fracción. La conciencia es el numerador y la mente es el denominador (por ejemplo, 1/8). No deberíamos rehuir de la mente utilizando la meditación solo como un tranquilizante. Deberíamos usar el espíritu del Chan de momento a momento. El Buda está en el momento presente. Mi plan para el futuro es seguir exponiendo a los practicantes al Punto de Vista Correcto, de manera que todos podamos beneficiarnos.

La enseñanza más importante en la que Shifu me instruyó es descansar en el momento presente. El diría: “Yo siempre estoy descansando. Ahora estoy descansando de estudiar y luego estaré descansando de las conferencias.” No es un descanso mundano, aunque no está separado de ello. Es descansar la mente a través de dedicarse a la función del momento presente. Sin apegarnos a los pensamientos mientras pasamos nuestro día. El descanso nos permite tener muy presente que las causas y condiciones nunca fallan. Nuestras mentes tienen libertad, a través del cuerpo, el habla y la mente para elegir el mejor curso de acción, mediante la sabiduría, para armonizar con el ambiente.

Quiero concluir con una cita de Lin-Chi, siempre vigilante en la búsqueda de ser el hombre verdadero. “No hay un final para esta charla. ¡Cada uno de vosotros, haced lo mejor que podáis! Muchas gracias por vuestros esfuerzos.”