martes, 22 de agosto de 2011
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El Sol en la Mente del Buda
Conferencias budistas
Conferencia impartida por el maestro Sheng Yen sobre el Surangama Sutra el 1 de enero de 1989.

Purnamaitrayaniputra, uno de los discípulos del Buda, intenta comprender la diferencia entre la mente del Buda y la de los seres sensibles ordinarios. Aborda este problema preguntando al Buda sobre los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. Reconoce que estos elementos son mutuamente destructivos. ¿Cómo pueden el fuego y el agua, por ejemplo, y los principios subyacentes a ellos, existir juntos en el universo? ¿Por qué no provocan obstáculos y estorbos el uno al otro? ¿Por qué un elemento no triunfa sobre otro, o por qué no todos los elementos se compensan entre sí?

El Buda contesta que en la iluminación maravillosa, en la mente iluminada, nada está en contradicción. Todo es posible. La iluminación maravillosa se refiere a la Budeidad y la mente iluminada se refiere a la gran sabiduría ilimitada. A pesar de que el mismo Buda no tiene existencia en el mundo fenoménico, todo en el mundo fenoménico puede contenerse en su mente iluminada. El sutra da una analogía para explicarlo: Imagina el sol en el cielo en un día soleado. Dos hombres ven su reflejo poniéndose de pie al lado del río. Luego un hombre se dirige al este; el otro al oeste. Cada uno ve el sol en el agua acompañándole mientras camina. Un hombre tonto pensará que el sol que ve es el sol verdadero. Un hombre sabio comprende que es un reflejo, una apariencia. Hay dos hombres en la analogía del sutra, cada uno de ellos ve un sol. Pero si hubiera mil personas, verían mil soles, todos diferentes.

Esta analogía muestra que realmente no hay nada dentro de la iluminación maravillosa y la mente iluminada del Buda, tal como realmente no hay sol en el río. Sin embargo, cada ser sensible dentro de esta iluminación maravillosa y la mente iluminada ve su propio mundo, un mundo diferente al de cualquier otro.

Como ya se había mencionado anteriormente en el sutra que debido a su karma, los seres sensibles ven los cuatro elementos de tierra, agua, aire y fuego, y ven las montañas, los ríos y la gran tierra. Todos los fenómenos que ven son generados por su karma previo. Pero para el Buda, quien es libre del karma, no hay tal cosa como los cuatro elementos, las montañas, los ríos y la gran tierra. Sólo los seres sensibles creen que el Buda ve estas cosas al igual que ellos. Pero nada existe en la iluminación maravillosa y la mente iluminada, por ello para él estos fenómenos no se manifiestan. Los seres sensibles, no obstante, sólo pueden ver y comprender al Buda en el contexto de lo que pueden sentir y conocer: los cuatro elementos, las montañas, los ríos y la gran tierra. Pero para el Buda estas cosas no tienen realidad.

A veces me preguntan, “Cuando alguien alcanza la Budeidad, ¿él todavía existe?” Pero la pregunta más apropiada podría ser: “¿Cómo es estar iluminado?” Esta pregunta nos hace reflexionar sobre la cuestión de un ego. Hemos oído que antes de la iluminación, debes atravesar una etapa de la ausencia del yo, o no ego. Admitiríamos que el sentido del ego nos ha dado una multitud de molestias, pero la idea de separarse completamente del ego parece aterradora. ¿Cómo es no tener ego? Es un poco confuso. En los sutras el Buda continuamente se refiere a sí mismo en primera persona. Cuando alcanzó la Budeidad, declaró: “En los cielos y en la tierra, soy supremo. Soy el más digno de respetar.” ¿Cómo puede ser esto? Esto se ve como si el Shakyamuni Buda todavía tuviera un ego si se refería a sí mismo de esta manera. Si tuviera un ego, entonces tendría necesariamente todas las aflicciones relacionadas con un sentido del ego. ¿Es esto cierto?

Para el Buda, efectivamente, no hay ego, pero debe proporcionar un “ego” o un “yo,” y de este modo, un “Buda” con el que los seres sensibles pueden establecer una relación y en el que pueden tener confianza.

Los límites del lenguaje exigen que se mantengan ciertas convenciones. Esto es por lo que la mayoría de los sutras empiezan por, “Esto es lo que he oído.” Ananda es el oyente. Aunque no se puede decir verdaderamente que algo fuera oído, o que alguien lo oyera, esta frase afirma la ocurrencia actual del sutra para los seres sensibles.

Una vez, justo después de un retiro Chan, perdí mi sombrero. Durante el retiro, había hablado a menudo de no tener ego. Cuando fue encontrado el sombrero, y preguntaron, ¿de quién es este sombrero? Contesté, “Es el mío.” La persona que encontró el sombrero me preguntó si mi respuesta significaba que yo, igualmente, tenía un ego. Le pregunté, “Si tú en mi lugar, ¿cómo habrías contestado a esta pregunta?”

Avy tiene una objeción. Ella dice que a veces los chinos emplean “alguien” en vez de recurrir al “yo”. Es verdad, en esa ocasión habría dicho, “Ese sombrero pertenece a alguien.” Entonces el que recogió el sombrero lo podría haber dado a cualquiera. Eso no serviría. De acuerdo con el Budadharma, las etiquetas tales como “tú” o “yo” o “ego” o “demás” realmente no son más que nombres falsos. Ellos sólo existen en un sentido falso. Podemos atribuir existencia a estos nombres falsos, pero sólo es por la convención. Si no, la actividad cotidiana y la interacción normal serían bastante imposibles. Podrías estar en el nivel de la ausencia del yo, pero ¿cómo vas a llamar a tu propio padre? ¿Lo llamarás “papá”? ¿Eso significa que alguien sin tener apego al ego todavía está apegado a su padre? ¿Sería mejor llamarle a él “esta persona”? No, sería ridículo.

El problema de enredarse con los conceptos y etiquetas es ilustrado por el cuento de un discurso dado por un maestro del Dharma. Durante su charla, hizo dos declaraciones que sonaban más bien contradictorias. Primero, dijo que una semilla de mostaza podría ser contenida dentro del Monte Sumeru, la gran montaña que está situada en el centro del universo. Después, dijo que el Monte Sumeru podría ser colocado dentro de la semilla de mostaza. La semilla de mostaza es muy pequeña; el Monte Sumeru es prodigioso.

Un estudioso en la audiencia, quien también era un funcionario gubernamental de alto nivel, preguntó al maestro del Dharma cómo podría ser eso. Entendía la primera declaración de la semilla de mostaza en el Monte Sumeru, pero no podía alcanzar a comprender la segunda. Dijo al maestro del Dharma, “Soy de estatura mediana. Ciertamente menor que el Monte Sumeru. ¿Podría colocarme en una semilla de mostaza?” ¿Qué piensas? ¿El maestro del Dharma estaba declarando poderes supernormales? ¿Cómo podría justificar su declaración?

El maestro del Dharma dijo que no sólo el Monte Sumeru puede colocarse en la semilla de mostaza, de hecho, todos los Budas de las diez direcciones del pasado, presente y futuro pueden sentarse en la punta de un pelo fino. Quedándose desconcertado por esto, el funcionario recordó al maestro del Dharma, “Todavía no ha contestado a mi pregunta: ¿Puede colocarme dentro de una semilla de mostaza?” ¡Y ahora va a cambiar de tema y hacer una declaración aún más increíble que la que dijo primero!

El maestro del Dharma replicó, “Honorable Señor, he oído que usted es muy erudito; que ha leído más de diez mil volúmenes.” “Bueno”, dijo el estudioso, ”Realmente diez mil no es tanto para mí. Probablemente he leído dos o tres veces ese número.” “Entonces déjeme hacerle una pregunta,” dijo el maestro del Dharma. ¿Cuán grande es su cabeza? ¿Cómo puede sostener tantos libros – numerando decenas de miles – en esa cabeza que tiene sobre sus hombros?

Podemos decir que la memoria es ilimitada. No ocupa espacio ni es encogida por el tiempo. No es como una cinta magnética de computadora que tiene una capacidad finita. Hasta que llegues a una edad muy avanzada, parece que no hay límite a lo que puedes aprender. ¿Realmente piensas que el funcionario erudito se encontraba convencido de este argumento? Dudo que estuviera realmente satisfecho. Más posiblemente, quería decir, “¡Déjeme ver que lo haga! ¡Coloque el Monte Sumeru en una semilla de mostaza ahora mismo!”

Sin embargo, el estudioso decidió dejar este asunto y dijo al maestro del Dharma, “Bueno, si mi cabeza puede contener más de diez mil libros, en un cierto sentido supongo que sería razonable aceptar, al menos por una analogía, que una semilla de mostaza puede contener la totalidad del Monte Sumeru.” Pero pienso que la respuesta de este estudioso realmente fue bastante ridícula.

¿Cómo podemos comprender esta declaración aparentemente imposible? Primero, tenemos que comprender cómo el Buda ve la semilla de mostaza y el Monte Sumeru. ¿Ellos son iguales en tamaño o uno es más grande que el otro? Para el Buda, son lo mismo. ¿Por qué es eso?

Seguir tales rompecabezas puede que nos lleve a un callejón sin salida. ¿Cómo podemos hacer que quepa el Monte Sumeru en una semilla de mostaza? Esto no es un problema para el Buda. Desde su perspectiva la semilla de mostaza y el Monte Sumeru no tienen existencia individual. Ellos son lo mismo desde su perspectiva. Incluso no puedes llamar a la semilla de mostaza una semilla de mostaza o Monte Sumeru.

Vamos a volver al sutra. Dijimos que en la mente despierta e iluminada del Buda no hay tal cosa como la tierra, el agua, el fuego y el viento; no hay tal cosa como montaña, río y gran tierra. Esto no puede evitar que los seres sensibles crean ver estos fenómenos. Como en la analogía en el sutra, el sol no está en el río, sin embargo, los seres sensibles lo verán allí y olvidarán que es un reflejo. El Buda puede ayudar al mismo tiempo a cualquier número de seres sensibles en cualquier nivel, y cada uno puede creer que el Buda aparece en este mundo sólo por su bien. Esto es porque cada ser sensible oye o aprende un aspecto particular del Dharma de Buda. Esta comprensión no tiene ninguna relación con lo que los demás seres sensibles aprenden del Buda.

El Vimalakirti Sutra declara que el Buda expone el Dharma desde un sonido. Los seres sensibles, según su nivel –animal, humano, etc. –alcanzan una comprensión particular. Pero cuando el Buda expone el Dharma, habla de un Dharma indiferenciado. No piensa en un ser sensible particular ni en grupo de seres sensibles. Es la afinidad kármica de los mismos seres sensibles y sus logros lo que determina su comprensión de las enseñanzas del Buda. Sólo es debido a los seres sensibles, no al Buda, que la distinción aparecida en las épocas posteriores entre el así llamado Hinayana, el Pequeño Vehiculo (Menor), y Mahayana, el Gran Vehículo (Mayor), y dentro de ello, la distinción entre la enseñanza repentina y la enseñanza gradual. Estas distinciones aparecieron sólo debido a la variada afinidad kármica, raíces kármicas y nivel kármico de los seres sensibles que han desarrollado diferentes y a veces opuestos entendimientos del Dharma.

Nos podemos preguntar si estas distinciones existen en la mente del Buda. ¿Reconoce el Hinayana o el Mahayana, enseñanza gradual, y enseñanza repentina? La mayoría de vosotros decís que no, no existen para el Buda. Entonces, ¿qué es eso que oímos o qué pensamos lo que oímos en las charlas del Dharma? ¿No es el Surangama Sutra, el sutra del que estoy hablando ahora, no es algo expuesto por el Buda? ¿No es algo que sale de la mente del Buda?

Podemos considerar equivalente el Surangama Sutra, o cualquier otro sutra para este asunto, al sol en el río visto por los seres sensibles ordinarios. Efectivamente, todos los sutras del Buda son comparables con los soles que las personas pueden ver en el agua. Eso es por lo que en el momento de la muerte, el Buda advirtió que durante los 40 años previos no había pronunciado ninguna palabra. De este modo, cuando me hacen preguntas específicas del Dharma durante retiros, digo “Evita tal pensamiento erróneo. El Buda nunca expuso el Dharma. Simplemente vete a practicar.”

A menudo al final o hacia el final de un retiro, las personas me dicen cuán útiles fueron mis charlas. Dicen que un comentario particular aquí o allí fue precisamente lo que necesitaban en ese momento cuando se encontraban en grandes dificultades. Eso suena como si yo hubiese estado tratando específicamente los problemas de las personas en el retiro. Puede sonar como esto, pero realmente no es el caso. No es que yo sea un Buda o que hable de un Dharma indiferenciado. No planeo lo que voy a decir. Simplemente hablo de acuerdo con lo que considero apropiado en el momento. Siento que debo decir algo, si no, no me vería como un maestro. Simplemente digo algunas palabras aleatorias, eso es todo. De hecho, he dicho a los participantes en el retiro que necesitan a alguien que les diga algo. Lo que diga importa poco. Encontrarán prácticamente todo útil de acuerdo con sus necesidades y logros.

En el retiro enfatizo cuán importante es tener confianza en el maestro. Si piensas que lo que digo es realmente algo que podrías inventar con un poco de esfuerzo, entonces lo que digo será inútil para ti. Mantener la actitud de que lo que digo es correcto te ayudará a hacer progresos en el retiro. Incluso el Sakyamuni Buda no podría ayudarte si no tuvieras confianza en él. Por eso digo que el Buda no quiere exponer el Dharma, pero los seres sensibles quieren escucharlo.

Hay muchos, muchos sutras que acumulan polvo en los estantes, esperando ser leídos. Uno quien no tiene confianza podría examinar un sutra, pero él o ella no tendrá un verdadero interés por ello. Sin embargo, cuando estos con raíces kármicas apropiadas toman contacto con el Budadharma, se maravillan de la sutileza y profundidad de la enseñanza.

Vamos a volver al Buda. Realmente el Buda nunca planea ni piensa en hablar de cualquier aspecto particular del Dharma, pero los seres sensibles necesitan escucharlo. El Buda responde a las necesidades de los seres sensibles. No habla por sus propias necesidades. Pero como dijimos antes, los diferentes seres sensibles escuchan el Dharma de acuerdo con sus raíces kármicas y logros. Lo veo en los retiros. Diré algo en especial y veré que dos personas se benefician de lo que dije, pero cada uno escucha mis palabras en un nivel diferente y se beneficia como corresponde. Que cada uno de ellos se beneficia no quiere decir que alcancen la iluminación o logren la Budeidad en el mismo momento. Simplemente digo lo que digo y los que tienen la necesidad y confianza obtienen los beneficios según sus esfuerzos y logros.

Una vez una mujer me comentó cuán difícil sería encajar con la compasión de Kuan Yin (Avalokitesvara), quien oye y ayuda a los seres sensibles. Pensaba que sería abrumada si trataba de desarrollar algo como la compasión de Kuan Yin. Le pregunté por qué tenía esa actitud. Ella dijo, “Recientemente eché una mano a un amigo. Pero ahora me llama todos los días y todas las noches, suplicando cuánto me necesita. Ayudarlo ahora significa nada más y nada menos que casarme con él. Si tengo tantos problemas con una persona, ¿cómo podría incluso soñar con ser como Kuan Yin, quien ayuda a todos los seres sensibles?”

Contesté, No hay problema. Kuan Yin debe tener mil brazos y mil cabezas. Si alguien necesita su brazo, ella simplemente puede cederlo. Ella no pierde nada.“ La mujer no estaba tan segura: “¿Y si cada uno de mil personas quiere uno de sus brazos? ¡El Bodhisattva se quedaría sin brazos!” “Eso no importa,” dije, “Un Bodhisattva puede transformar cada brazo en mil o miles y miles de brazos. Realmente no hay fin.” No obstante, la mujer concluyó: “Todavía me parece que para Kuan Yin debe ser muy difícil responder a las súplicas de todos los seres sensibles”

¿Piensas que mi respuesta fue suficiente para ella - que Kuan Yin puede transformar cada brazo en una miríada de brazos? Esta mujer no se atrevió a seguir el tema más profundamente. ¿Qué piensas?

Alguien dijo que la correcta interpretación es que relamente el Bodhisattva no ayuda a los seres sensibles. Ellos encuentran la respuesta a sus necesidades dentro de sí mismos, en sus propias mentes. Si es así, ¿por qué nos molestamos en rezar o pedir ayuda al Bodhisattva? Otra persona contestó, “Quizás los seres sensibles no tienen suficiente confianza en sí mismos – en sus propias mentes – ni suficiente comprensión del Budadharma, por consiguiente ponen su confianza en un Bodhisattva a quien consideran que está fuera de sí mismos.”

Los seres sensibles deben ser ayudados por lo que pueden entender, con aquello que puede llegar a ellos estando en el nivel que se encuentren. Efectivamente puede no haber nada en la mente del Buda o la de Kuan Yin, pero los seres sensibles pueden rezarles por casi cualquier cosa. No hay límite a lo que pueden pedir y lo que pueden alcanzar a través de sus propios esfuerzos. Es su propio mérito y virtud lo que permite a los seres sensibles lograr lo que se esfuerzen por conseguir. Pero si realmente es así, ¿por qué no podemos conseguir nuestros objetivos a través de llamar a nuestros propios nombres? ¿Por qué hay esta necesidad de rezar a Kuan Yin? Por qué no simplemente decimos: “¡Hey, yo! ¡Creo en mí mismo! ¡Tengo confianza en mí! Déjame tener lo que deseo.” ¿Eso funcionaría? Por supuesto que no. Los Budas y Bodhisattvas tienen mentes iluminadas y despiertas. Nosotros todavía no. Hasta que llegue ese momento cuando estemos iluminados, debemos tener confianza en los Budas y Bodhisattvas. Una analogía sería tratando de mirarnos a nosotros mismos sin un espejo. Necesitamos un espejo para mirar nuestro propio reflejo. Nadie puede levantar sus ojos fuera de sus cuencas, girarlos y mirar fijamente su propia cara.

¿Hay algunas preguntas? Avy comentaba acerca de mi declaración de que los sutras serán inútiles para alguien sin fe. Ella dijo que tan sólo el tomar contacto con el Dharma podría plantar una semilla que madurará más tarde. Esto es un buen argumento.

Alguien acabó de decir que parece que estoy diciendo que la confianza es la cosa más importante, quizás la única cosa necesaria para dar solución a nuestros problemas. Yo no diría eso. La confianza es importante, pero debe llevar a la acumulación de mérito y sabiduría.