miércoles, 13 de diciembre de 2011
páginas relacionadas con DDM

這個頁面上的內容需要較新版本的 Adobe Flash Player。

get Adobe Flash Player

¿Por qué los seres sensibles son seres sensibles?
Conferencias budistas
Conferencia impartida por el maestro Sheng Yen el sábado 10 de junio de 1984.

De acuerdo con el Budismo, la naturaleza original de los seres sensibles es idéntica a la naturaleza del Buda. Pero para nosotros esa identidad parece completamente ausente: los Budas son perfectamente sabios mientras que los seres sensibles son profundamente ignorantes. ¿Cómo ha aparecido esa diferencia?

El Sutra de la Iluminación Completa nos dice que la naturaleza búdica y la ignorancia son la misma cosa. Ambas han existido desde el tiempo sin comienzo. Los seres sensibles siempre han sido ignorantes, pero esta ignorancia es sólo una forma diferente de la naturaleza búdica. La identidad entre la ignorancia y la naturaleza búdica es similar a la identidad de hielo en el Polo Norte con el agua en el océano. La misma sustancia puede ser tanto el hielo como el agua dependiendo de su localización. Podemos extender esta analogía con más detalle. El hielo en el Polo Norte está permanentemente congelado al igual que los seres sensibles siempre han sido ignorantes. Y como algo de hielo podría derretirse ocasionalmente debido a las irregularidades climáticas, algunos pocos seres sensibles sí alcanzan la Budeidad. De esta manera, la ignorancia y la Budeidad, tal como el hielo y el agua, son esencialmente lo mismo aunque podrían parecer diferentes según la perspectiva. De este modo, la diferencia que percibimos entre los Budas y los seres sensibles realmente no es más que una ilusión.

Eso plantea una pregunta interesante. El Budismo nos enseña que los seres sensibles pueden convertirse en Budas. Pero si los Budas y los seres sensibles son lo mismo por naturaleza, ¿qué es lo que puede evitar que los Budas degeneren y se conviertan una vez más en seres sensibles?

De acuerdo con el Chan, el nirvana y el samsara (el nacimiento y la muerte) ambos existen y no existen. Ellos existen desde la perspectiva de seres sensibles puesto que los seres sensibles están apegados a un sentido del ego y entonces se aferran a forma y apariencia. El Samsara y el nirvana no existen desde la perspectiva de un Buda dado que Buda está libre de un sentido del ego y es independiente de la forma y la apariencia. Pero el Buda adoptará forma y apariencia por el beneficio de los seres sensibles. Un Buda puede manifestar igualmente el dharma de samsara o nirvana dependiendo de las necesidades de los seres sensibles. Del mismo modo que el agua puede convertirse otra vez en hielo, no hay nada que pueda evitar que un Buda se convierta otra vez un ser sensible. Pero los seres sensibles que son manifestaciones de Budas son muy diferentes de los seres sensibles quienes nunca han sido Budas. Los primeros se han convertido en seres sensibles debido a su sabiduría y estos últimos siguen siendo seres sensibles debido a su karma – su impureza.

¿Cuál es esta impureza? Es el resultado del apego a los cuatro tipos de fenómenos. El primero de estos es el ego, el segundo se refiere a un ser humano o grupo de personas (el objeto del ego), el tercero, una extensión del segundo, se refiere a todos los seres sensibles, y el cuarto es la vida, la continuidad temporal del ego y todos los demás.

Como ejemplo de los cuatro tipos de fenómenos, vamos a hablar de un hombre joven quien se encuentra con una chica y los dos se enamoran. Si los dos se enamoran profundamente, es poco probable que un día demuestren su afecto el uno por el otro y al día siguiente no lo hagan. Más comúnmente, las personas desean permanecer enamoradas para siempre – incluso hasta que alcancen la Budeidad. A las personas enamoradas no les importa que la religión no considere a un gran apego como algo muy favorable. Ellos dirían, “No importa, incluso si vamos al infierno con tal de que sigamos estando enamorados el uno del otro.” Aquí podemos percibir tres de los cuatro tipos de fenómenos: el ego que se enamora, la persona que es amada y la deseada continuidad del amor a través del tiempo o de la vida. A través de la relación de pareja es probable que nazca un hijo. Sus padres aspirarán a que su hijo tenga una gran carrera, se case temprano y tenga una familia grande. Además, cuando sucesivamente tiene hijos, los hijos probablemente aspirarán a algo similar, como lo que aspirarán sus propios hijos y sus hijos y así sucesivamente a través de interminables generaciones. Entonces el tercero es el fenómeno general de los seres sensibles.

Una vez pregunté a alguien si quería hacerse monje. Él dijo, “No es que no quiera hacerme monje, pero a mi padre le gustaría tener unos nietos.” Entonces dije, “Bueno, ¿por qué no tienes primero un hijo, y luego te haces monje? Después de que tengas un hijo, habrás cumplido con tu obligación.” Él contestó, “Por supuesto, eso es lo que haré” Pero yo le aseguré que nunca abandonaría el hogar después de que tuviera un hijo. Definitivamente querría que su hijo se casara así él mismo podría tener nietos. Esta es la vida para todos los seres sensibles y es sin fin.

Esos cuatro tipos de fenómenos no son más que un espejismo que aparece y se desvanece por medio de causas y condiciones. Aferrarse a los fenómenos como si fueran reales provoca el apego al ego. Pero el ego por sí mismo es imposible de construir. Es sólo a través de la interacción con los demás – con un individuo, un grupo, o los seres sensibles en la continuidad de la vida – que el apego aparece, lo cual es la causa de la sensación del ego o del yo.

El apego puede ser de dos tipos; puede ser dirigido principalmente hacia objetos exteriores, relaciones o sucesos, o puede ser principalmente egocéntrico. Hay un alcalde de una cierta ciudad que ya tiene más de 50 años y nunca se ha casado. Sin tener familia, ¿piensas que él tiene menos apegos? No, en absoluto. Es como si la ciudad perteneciera completamente a él. Siempre dice, “Quiero que mi ciudad sea como eso, quiero que sea como aquello.” Este es el primer tipo de apego. A los que cuyo apego es del segundo tipo les importa poco la interacción y los objetos exteriores pero ellos están profundamente atados a su ego. No sienten un sentido del deber y existen sin dirección. Dado que el primer tipo de apego exige el cumplimiento de responsabilidades, es preferible al segundo.

Una vez había un general que comprendía el primer tipo de apego. Asignaba trabajos importantes sólo a los hombres que tenían esposa e hijos. Habiendo encontrado al hombre adecuado para un trabajo, acomodaba a su familia en un ambiente muy seguro tanto para evitar la ansiedad y como para protegerse de su deserción.

Hemos visto que la impureza viene como una consecuencia del apego a los cuatro fenómenos. Pero, ¿qué es aquello que mantiene indefinidamente la impureza? Yo daré dos respuestas.
Cuando el ego es considerado erróneamente como algo eterno, el apego aparece no sólo para el ego del presente sino también para el ego del futuro. Así como alguien hace preparaciones para el futuro, crea karma relacionado con el futuro. Habiendo acumulado mucho karma del futuro al final de su vida, debe renacer para experimentar las consecuencias de este karma. Puesto que se preparan constantemente para el futuro, los seres sensibles deben sufrir repetidas veces el renacimiento. Así, estando siempre apegados, permanecen indefinidamente impuros. Esta es la primera respuesta.

Mi segunda respuesta se refiere a los practicantes en los senderos internos o externos que buscan alcanzar la Budeidad, el nirvana, o cualquier tipo de mundo celestial. Esas personas sienten aversión hacia el mundo y un deseo correspondiente al escape. Los practicantes en los senderos externos quienes buscan residencia en los mundos celestiales ciertamente pueden lograr su deseo a través de la acumulación de mérito. Pero su permanencia en estos mundos es limitada, es inevitable la partida una vez agotada la energía de su práctica previa. De modo similar, los budistas que buscan la Budeidad como un escape del mundo podría lograr la entrada en la “Tierra Pura.” Aunque tales practicantes podrían pensar que han alcanzado el nirvana, también encontrarán que en cuanto su poder amaina ellos son obligados a salir. Una vez que cualquiera de estos dos tipos de practicantes está forzado a salir, inmediatamente anhelan volver. Trabajan repetidas veces para acumular suficiente mérito a fin de tomarse un respiro en los cielos. Por consiguiente, nunca pierden su apego y permanecen impuros indefinidamente.

Es el apego el que provoca la impureza, y esta impureza es sustentada por el apego. Si el hielo está para derretirse en el agua – si los seres sensibles son para convertirse en Budas – entonces no puede haber apego, ni búsqueda, ni objetivo.