viernes, 23 de junio de 2011
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La participación en el mundo
Sin duda ninguna, la compasión es el fundamento de las enseñanzas budistas, y es esta compasión la que reside en los corazones de todos los buddhas y bodhisattvas. Para fomentar la compasión, la fuerza inicial que motiva a un fiel del bodhisattva debe ser fuerte y segura. Debe estar equipado con ideas rectas y métodos efectivos. Lo más importante es que los fundamentos para el crecimiento de una personalidad completa, sensibilidad compasiva y estabilidad mental, deben ser firmes. Para lograrlo, los fieles del camino del bodhisattva no sólo deben meditar regularmente, sino tienen que usar todas las oportunidades para mezclarse con los demás en el mundo y así pulir su capacidad de ayudar a los demás y a sí mismo.
Una personalidad completa proviene del cultivo de la mente búdica, que se puede describir como el deseo de ayudar a los demás para que superen el dolor y el sufrimiento, más la inclinación para poner el beneficio de los demás por delante del propio. Para eliminar la obsesión y el apego a uno mismo, los que practican el Dharma, y el Chan en particular, deben desarrollar la fuerza interna necesaria para eliminar todo egoísmo y trabajar en reducir sus tendencias a las ansias, aversiones, ignorancia, arrogancia y duda. Cuanto menos nos dominen estas emociones aflictivas, más fuerte será nuestra mente búdica, y mayores serán nuestras posibilidades de poder entrar en el Dharma.

La fuerza interna mencionada proviene del conocimiento de la relación interdependiente de los demás con uno mismo. Este conocimiento nos mueve y nos conduce hacia la capacidad de alcanzar a un mayor y más amplio círculo de seres conscientes. El vivir con este estado mental, naturalmente reduce nuestros sentimiento de separación, alienación y egoísmo. Esta fuerza interna nos puede ayudar a participar de lleno en el mundo, permitiéndonos darnos por completo a los demás y aceptar a todos en nuestra vida. De este modo, podemos gradualmente liberarnos del sufrimiento y eventualmente alcanzar la orilla de salvación de la iluminación búdica. Tal actitud es precisamente el “punto de vista correcto” del que hablamos con frecuencia en el budismo.

Este punto de vista correcto puede manifestarse de muchas maneras. Actuando con una mente compasiva y aceptante, uno puede naturalmente incorporar en la propia vida las diez buenas acciones, los cinco preceptos, los cuatro votos mayores y las tres series de preceptos puros. En caso de que uno se sienta intimidado por los objetivos de estos preceptos, o que probablemente no sea capaz de observar algunos de los cinco preceptos y las diez buenas acciones con comodidad e integridad, uno puede elegir el posponer aceptar algun precepto particular y provisionalmente tomar aquellos preceptos que sea capaz de cumplir, con las tres series de preceptos puros y los cuatro votos. El punto de aceptar los preceptos del bodhisattva no es para que los fieles sientan ansiedad o culpa, sino más bien para plantar la semilla de la compasión y la sabiduría en sus mentes. Un fiel que tome y acepte los preceptos del bodhisattva con algunas excepciones, aún puede considerarse bodhisattva.

Al aceptar los preceptos del bodhisattva, uno entra en la gran comunidad y se convierte en un miembro de la familia de los Buddhas. Como hemos dicho antes, el objetivo de llegar a la completa iluminación de todos los seres conscientes es extremadamente elevado. Su realización es sutil y profunda, y el camino que conduce a ella es largo y arduo. Las condiciones para alcanzar la budeidad son más raras y preciosas que las más finas joyas del mundo. Pero mientras la budeidad es extremadamente dificil de alcanzar, no es una tarea imposible. Podemos alcanzarla concentrando toda nuestra determinación y realizando nuestro máximo esfuerzo. En otras palabras, el “precio” de la budeidad es dar todo lo que sea necesario para implementar el Dharma con total dedicación y devoción sin límites. Esto significa, por un lado, luchar para alcanzar la suprema sabiduría, mientras por otro, dedicarse a la eterna y genuina felicidad de la liberación de todos los seres conscientes.

Si nos purificamos y limpiamos de todas las emociones aflictivas y de la fundamental ignorancia, profundizaremos nuestra visión interior en la verdadera naturaleza de la realidad, es decir, en la sabiduría. Podemos usar esta sabiduría como un espejo en el que nos vemos no sólo a nosotros mismos, sino en el que dejamos a los demás verse a sí mismos para ayudarlos también a limpiarse de sus emociones aflictivas y de su ignorancia. Para este fin, debemos trabajar sin descanso en mejorarnos y practicar buenas obras que nos benefician y benefician a los demás. Esta es precisamente la tarea de un bodhisattva tal como se formula en todos los preceptos de todos los sistemas: mantener los preceptos puros, practicar las buenas obras, y liberar a todos lo seres. Una vez más, animo a todos los que practican el camino del bodhisattva para que, sean cuales sean su capacidad o disposición, acepten los preceptos del bodhisattva para afirmarse firmemente en el camino de la liberación.