sábado, 22 de julio de 2011
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La práctica del vinaya
Para ayudarnos a llevar a la práctica nuestros votos y contar con una guía clara de acción, nos comprometemos con un código de disciplina con un determinado sistema de preceptos. El término sánscrito de este código o sistema es vinaya, que se puede traducir como “disciplina” o “ compostura”.
Según las escrituras, Shakyamuni Buddha no estableció ningún código de conducta para sus discípulos durante los primeros doce años de su enseñanza, porque aquellos primeros fieles tenían un alto nivel espiritual y poseían raíces kármicas tan fuertes, profundas y positivas, que nunca hicieron ninguna actividad malsana o destructiva. Buddha sólo comenzó a instituir reglas de conducta para sus seguidores cuando algunas situaciones específicas de mala conducta amenazaron la integridad de la Sangha y la capacidad de los discípulos para practicar el camino de la liberación. Aquí debemos notar que tales preceptos no nacieron del vacío, ni fundados en una serie de principios abstractos, sino como respuesta directa a problemas específicos que aparecieron en las primeras comunidades de fieles.

Por lo tanto la intención en el establecimiento de vinaya no fue imponer al azar una serie de medidas disciplinarias a los fieles, sino más bien darles una guía realista que los ayudara a perseverar en el seguimiento de la doctrina de Buddha y finalmente alcanzar la liberación. Las escrituras cuentan que Buddha, antes de morir, dijo a su discípulo Ananda que solamente la guarda de vinaya podría asegurar la existencia continuada de Dharma en el mundo. Sin embargo, añadió que con ello significaba los principios fundamentales de la práctica vinaya comprendidos en los cinco principios fundamentales que prohiben matar, robar, malas conductas sexuales, malas palabras y uso de bebidas alcohólicas. En cuanto a los múltiples detalles de los principios menores que cumplen los que llevan vida monástica, y que fueron formulados en respuesta a incidentes particulares, Buddha dio permiso a sus seguidores para no seguirlos si alguna vez era necesario, o las circunstancias cambiaban, y resultaba que tales reglas fueran más un obstáculo que una ayuda. Dijo que de ningún modo las reglas codificadas deberían impedir a sus seguidores el hacer el bien a los demás en determinadas circunstancias, y que si encontraban alguna práctica ética que estaba de acuerdo con el espíritu de vinaya y era beneficiosa, aunque él no lo había mencionado específicamente, no dudaran en aceptarla.

Fue intención de Buddha que sus seguidores llevaran el Dharma a tierras extranjeras para que su camino se siguiera en diferentes culturas y diferentes edades, por lo que deberían ser flexibles y adaptarse a las costumbres de cada tiempo y lugar concretos mientras no violaran los principios fundamentales de vinaya.

Desgraciadamente, Ananda, abrumado por la emoción en los últimos momentos de vida de Buddha, no le preguntó qué preceptos menores consideraba dispensables. Esta omisión no gustó a los miembros más conservadores de la Sangha, y en la primera conferencia de los seguidores de Buddha, celebrada después de su muerte, se decidió que para no comprometer el Buddhadharma por equivocación, todos los preceptos serían codificados y mantenidos estrictamente en el futuro. Por esta razón, la mayoría de las intrincadas reglas de la vida monástica en el mundo budista han sido el resultado de diferentes interpretaciones más que innovaciones.

Sin embargo, en el desarrollo de la historia del budismo, para hacer frente a cambios históricos, sociales y condiciones culturales se han establecido numerosos códigos de disciplina que se derivan del original vinaya dado por Buddha. Son códigos para los fieles laicos, códigos para diferentes categorías de monasterios budistas, y códigos que se pueden aplicar a ambos grupos. Algunos de estos códigos son generales y simples, como el del refugio en las Tres Joyas y el practicar los cinco preceptos, mientras que otros son muy detallados y complejos, como las reglas para monjes y monjas, que contienen cientos de puntos diferenciados detalladamente. Pero todos estos códigos de conducta sirven para el mismo fin: salvaguardar la existencia continuada de Buddhadharma en el mundo y ayudar a los fieles a alcanzar la iluminación.

El objetivo básico de todo código vinaya es ofrecer a los fieles budistas una pauta de vida ética que les lleve y les conecte funcionalmente al cultivo de la compasión, la sabiduría y a la liberación final del sufrimiento de los seres conscientes. Estos sistemas de preceptos no han sido formulados para hacernos capaces de aumentar nuestros “poderes espirituales”, ni mucho menos para darnos un estándar ético por el que medir y juzgar la conducta de los demás. Tampoco han sido creados para ofrecernos temas de estudio, o conversaciones importantes para uno mismo, sin fruto alguno. Es cierto que el estudiar y discutir estos preceptos es importante, pero si se hace sin llevarlos a la práctica es como hablar de la comida sin comer, o contar el dinero que tienen los demás: no nos traerá ningún beneficio. En un sentido realmente auténtico, el objetivo de vinaya para un individuo es actualizar las enseñanzas de Buddha en la vida diaria por medio de una conducta apropiada.

De ahí que en las escrituras vemos frecuentemente que se habla de “vinaya de Dharma correcto” lo que muestra el papel integral que estos códigos desempeñan en la conducta para actualizar el Dharma enseñado por Shakyamuni Buddha.