lunes, 20 de noviembre de 2011
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El Segundo Paramita: Preceptos

Comentario del maestro Sheng Yen

Ésta es la segunda de una serie de charlas impartidas por el maestro Sheng Yen sobre los Seis Paramitas, en el Centro de Meditación Chan, Nueva York, entre los días 7 y 21 de junio de 1998.

El Segundo Paramita: Preceptos

El segundo paramita es “preceptos”, o “sila”, y se refiere a comportarse de acuerdo con la moralidad budista. Se toman los preceptos budistas según la etapa de práctica. En el nivel más básico hay tres preceptos puros acumulativos: abstenerse de malas acciones, acumular virtud a través de la práctica de acciones benéficas, y trabajar por el bien de todos los seres sensibles.

Se toman también otro tipo de preceptos de liberación individual para complementar o mantener los tres preceptos puros acumulativos. Estos varían según si uno es un laico, un novicio o un monje ordenado. Podemos mantener los preceptos del shravaka, quien práctica por su propia liberación, o podemos mantener los preceptos del bodhisattva, quien hace la promesa de ayudar a los seres sensibles a alcanzar la liberación. Podemos tomar los preceptos del shravaka para ésta vida presente, o podemos tomar los preceptos del bodhisattva continuamente, vida tras vida. La semilla virtuosa generada por los preceptos y votos del bodhisattva, se incrusta en nuestra sutil corriente mental, y continuará madurando hasta el logro último de la budeidad. 

Los Preceptos Budistas

Los cinco preceptos budistas básicos, que complementan los tres preceptos puros acumulativos, pueden tomarse parcialmente, es decir, no es necesario tomarlos todos. Ellos son: no matar, no robar, no mentir, no tener mala conducta sexual y no ingerir intoxicantes.

¿Por qué los preceptos del shravaka sólo duran una vida? La semilla generada por tomar y mantener los preceptos budistas puede considerarse como la esencia del precepto. Esta esencia es de una forma sutil, diferente de la materia ordinaria. Es un dharma-de-forma escondido no-manifestado, que surge de los fenómenos materiales tales como el cuerpo y el habla. Por lo tanto, cuando nuestra vida física llega a su fin, esa esencia de precepto cesa también.

Por otro lado, la esencia generada por los votos del bodhisattva está establecida en el nivel sutil de nuestra corriente mental, o continuidad mental. En realidad, es un dharma-mental y no un dharma-de-forma o fenómeno de forma. Puesto que la corriente mental no tiene comienzo ni fin, la esencia del precepto persiste hasta que uno alcanza la completa budeidad. Ésta es una de las diferencias entre la esencia del precepto de los votos del shravaka y los del bodhisattva.

Mientras que los preceptos de bhikshu/bhikshuni son tomados de a una vez por cada vida, los preceptos del bodhisattva pueden tomarse acumulativamente una y otra vez. Así es cómo los bodhisattvas integran los preceptos en su conducta y así permanecen por muchas vidas.

Otra diferencia radica en que los preceptos del shravaka ponen un gran énfasis en la renunciación, en dejar atrás el propio sufrimiento, eliminar el deseo y trascender el océano de sufrimiento (los tres reinos del samsara). Aunque los preceptos del bodhisattva también involucran la renunciación, van más allá de ésta y toman la mente-bodhi altruista como el fundamento del camino.

Los monásticos, al tomar sus votos, renuncian a la vida de dueño de casa, y renuncian también a sus carreras, riqueza, estado social y otras cosas relacionadas con la vida laica. Pero, las personas laicas que tienen acceso a estos bienes, también deberían contemplar que estas cosas son intrínsecamente vacías. Deberían comprender que sus bienes mundanos son el resultado de muchas condiciones que vienen juntas, de manera que carecen de permanencia y realidad inherente. Sin embargo, uno aún debería emplear sus bienes de manera sabia y benéfica. Poseyendo estas cosas, uno debería emplearlas para beneficiar a los demás, y también debería contemplar la naturaleza vacía en ellas. Uno debería emplear su cuerpo, lenguaje, mente y recursos para ayudar a los demás sin tener los conceptos de “Esto es mío” o “Estoy ayudando a los demás.” Cuando uno mantiene los preceptos del bodhisattva, la renunciación y la mente-bodhi se manifiestan inseparablemente.

El espíritu de los preceptos del bodhisattva es el voto de beneficiar a los demás. A través de beneficiar verdaderamente a los demás, finalmente nos beneficiamos a nosotros mismos. En vez de dar prioridad a nuestras propias preocupaciones, nos preocupamos primero por el bienestar de nuestra familia íntima o miembros de sangha, y luego extendemos ese espíritu a los parientes, amigos, colegas y conocidos. Luego, podemos extender éste punto de vista a los desconocidos y a la gran comunidad. Esto verdaderamente nos beneficia mucho. Generalmente, las personas creen que si primero no se cuidan a sí mismos, “El cielo les aplastará y la tierra debajo de sus pies se agrietará.” Pero la manera del bodhisattva de cuidarse a sí mismo es el de emplear métodos convenientes para beneficiar a los demás. Los preceptos nos ofrecen el fundamento moral para llevarlo a cabo.