jueves, 22 de junio de 2011
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El Cuarto Paramita: Diligencia
Comentario del maestro Sheng Yen

Ésta es la tercera de una serie de charlas impartidas por el maestro Chan Sheng Yen sobre los Seis Paramitas, en el Centro de Meditación Chan en Elmhurst, Nueva York, entre los días 7 y 21 de junio de 1998.

El paramita de la diligencia, o virya, nutre el fervor en nuestra práctica. Es un entusiasmo sin miedo a demandar trabajo, y es el antídoto para la pereza. Las escrituras budistas dicen que Shakyamuni y Maitreya ambos generaron la mente-bodhi en el mismo momento, pero Shakyamuni, el buda de nuestra era, alcanzó la budeidad primero. Las escrituras dicen también que, 5,6 mil millones de años después de Shakyamuni, Maitreya se convertirá en el futuro buda. Quizás Shakyamuni se convirtió primero en un buda debido a que practicaba más diligentemente, pero la razón más probable es que las bases causales para que Shakyamuni alcanzara la budeidad fueron diferentes a aquellas de Maitreya.

Votos y Aspiraciones

Sin votos ni aspiraciones uno puede volverse relajado muy fácilmente. Podrías pensar todo el día: “Yo debería practicar más diligentemente.” Pero cuando el tiempo se acerca, la incomodidad física, dolor de cabeza o fatiga podrían hacerte caer víctima de la pereza. “Me siento cansado y realmente necesito descansar. Tan pronto como me sienta mejor, practicaré muy duro.” Las actitudes como éstas provienen de la pereza. Podemos darnos a nosotros mismos todo tipo de excusas para no practicar.

Una vez, había un estudiante perezoso que nunca estudiaba. Él daba excusas durante todo el año. En primavera era una molestia estudiar cuando hacía muy buen tiempo. Durante el verano, hacía demasiado calor para quedarse en casa a estudiar. En otoño quería salir para disfrutar de las brisas frescas. Cuando llegó el invierno y mientras se acercaba el fin de año, pensó que también podría esperar hasta el próximo año escolar para estudiar.

Hay un poema chino que resume esta actitud muy brevemente:

La primavera no está hecha para estudiar.
El calor del verano es bueno para dormir.
El otoño se escabulle y llega el invierno,
Es la hora de limpiar a fondo para prepararse para el año nuevo.

La diligencia es fundamental para un practicante que haya generado la mente-bodhi de beneficiar a los demás. Las Treinta y Siete Ayudas para la Iluminación incluyen los Cuatro Fundamentos de la Atención Plena, por lo que la diligencia en la práctica es esencial. Las Treinta y Siete Ayudas para la Iluminación también incluyen los Cuatro Rectos Esfuerzos: evitar las malas acciones que todavía no se han cometido, dejar de cometer las malas acciones que ya se hayan cometido, dedicarse a los actos virtuosos que todavía no se han realizado y continuar con los actos virtuosos ya iniciados.

Para los practicantes budistas es esencial el hacer votos. Los votos pueden ser pequeños, grandes o supremos. Un voto pequeño puede ser sólo por un día; un gran voto puede ser para un largo periodo de tiempo. La forma más elevada de voto es un voto supremo, que se hace continuamente, y que es para alcanzar la Budeidad para el beneficio de los demás. Con diligencia, uno perseverará en ayudar a los seres sensibles sin importar qué calamidad u obstáculo pueda acontecer. Habiendo hecho votos como éstos, no te atreverías a volverte relajado, te recordaras a ti mismo de seguir adelante.

Al reflexionar sobre nuestra propia condición física, podemos ver que nuestra energía y fuerza de vida son impermanentes y limitadas. Pero con diligencia y votos, incluso es posible lograr resultados ilimitados con recursos limitados. Cosechamos según lo que sembramos. El gran esfuerzo logrará grandes resultados; el esfuerzo parcial solamente obtendrá resultados parciales. Si no realizamos ningún esfuerzo en absoluto, no obtendremos ningún resultado. La cuestión es que tenemos la elección de dedicar todo nuestro esfuerzo y de llevar a cabo nuestros votos. Si estamos absortos diligentemente en el trabajo que deseamos realizar, estaremos muy sorprendidos por lo que podremos alcanzar. Estaremos sorprendidos de que, a pesar de que tengamos un cuerpo físico limitado, realmente podremos hacer muchas cosas por muchas personas. Todo esto es debido a la diligencia.

Entre mis discípulos, están aquellos que son diligentes y aquellos que son perezosos. Algunos dan excusas cada vez que se les asigna una tarea. Un discípulo se excusa diciendo que alguien más cualificado debería hacer el trabajo. Cuando le digo que debería adoptar el espíritu de bodhisattva y practicar la diligencia, dice que él estaría satisfecho en convertirse en el último bodhisattva en alcanzar la Budeidad. En una ocasión dijo: “¿No ha escuchado que Ksitigarbha, el Bodhisattva Tesoro de la Tierra, hizo voto de no alcanzar la Budeidad hasta que el último ser sensible hubiera alcanzado la liberación? Bueno, déjeme decirle, yo soy aquella última persona. Todo el mundo puede convertirse en un buddha antes que yo.” Eventualmente, su menosprecio de sí mismo conducirá a la lástima de sí mismo, y a una percepción totalmente negativa sobre él mismo y sus capacidades. Pero, en realidad, él es perezoso y se causa problemas a él mismo y a los demás. Personas como ésta dependen de los demás para que los cuiden, y agobian los esfuerzos de todos los demás. Como un resultado, no pueden obtener verdadero beneficio de su práctica.

Una mente perezosa en un cuerpo sano eventualmente lo agobiará. Esto hará que las aflicciones mentales florezcan. Los individuos que cultivan la diligencia tienen mentes fuertes y sanas, y también tienen más posibilidades de poseer cuerpos sanos, y sentirán júbilo en el Dharma.

Según un tratado antiguo, hay tres tipos de diligencia. La primera es la diligencia como armadura; la segunda es la diligencia que es capaz de reunir todas las virtudes; la tercera es la diligencia que beneficia a todos los seres sensibles.

Diligencia como Armadura

La diligencia como armadura se manifiesta como un coraje intrépido, permitiendo a uno a vencer todos los obstáculos. Uno no ve a ningún enemigo porque nada aparece como una obstrucción y, por consiguiente, nada provoca problemas. Nuestra diligencia nos impulsa a seguir adelante intrépidamente. Cuando se les asigna una tarea, algunas personas se quejan incluso antes de empezar. “Shifu, veo tantos problemas en esto.” Estos quejosos ven problemas en lugar de oportunidad. Pero hay otros que consideran todos los obstáculos y dificultades como parte del proceso del crecimiento espiritual y del aprendizaje. Ven los problemas como oportunidades de mejorar sus propias habilidades. Como resultado, se benefician incluso de los desafíos más difíciles. Dichas personas están practicando el paramita de la diligencia.

Diligencia Virtuosa

La segunda diligencia es la que reúne todas las virtudes. Las virtudes aquí se refieren a las prácticas del Dharma de las Cuatro Nobles Verdes, a las Treinta y Siete Ayudas para la Iluminación y a los Seis Paramitas. Los practicantes que se dedican a este tipo de diligencia emplean las experiencias del cuerpo, el habla y la mente y todos los fenómenos del ambiente como oportunidades para practicar. No importa lo que experimentan ni lo que encuentran, todo su ser está lleno de la aspiración de práctica, en todo momento. Ésta es la verdadera diligencia.

También hay personas que practican las Cuatro Nobles Verdades, las Treinta y Siete Ayudas para la Iluminación y los Seis Paramitas, pero lo hacen esporádicamente y no tan diligentemente. Se inclinan a separar su práctica de sus vidas cotidianas y, por consiguiente, pierden muchas oportunidades para practicar. Es como si estuvieran preparados para entrar en el vehículo Mahayana, y luego se excusan diciendo: “Quizás, tomaré el próximo autobús. En esta vida, es demasiado difícil para mí. Quizás en mi próxima vida empezaré realmente a practicar.” El problema es que no estamos seguros de cuándo vendrá el próximo autobús, o si aparecerá nuevamente.

Los ojos de un practicante diligente están bien abiertos ante las oportunidades de practicar, en cualquier lugar y en cualquier momento. Si pierden una oportunidad de practicar, la perseguirán y la agarrarán. Para emplear la metáfora, si el autobús está partiendo de la parada, ellos lo perseguirán, no quieren abandonar la oportunidad de practicar.

Diligencia Compasiva

El tercer tipo de diligencia es aquella que beneficia a los seres sensibles. Esta es la diligencia de los grandes bodhisattvas, que perseguirán a los seres sensibles hasta el infierno, el cielo o cualquier otro reino de existencia, para asegurar de que obtengan liberación. Este tipo de dedicación de asegurar la liberación de las personas comunes es muy diferente de las búsquedas románticas entre hombres y mujeres. Los bodhisattvas no exceptúan a ninguno de los seres sensibles, y no están allí para imponer las ideas, o para forzar algo a los demás. Los Bodhisattvas están allí para beneficiar a los seres sensibles, para hacerles sentir seguros y tranquilos, y para ofrecerles oportunidades de dirigirse hacia la liberación.

Practicando los Tres Tipos de Diligencia

En resumen, el trabajo de los monásticos es el practicar estos tres tipos de diligencia (la diligencia como armadura, la diligencia que reúne todas las virtudes y la diligencia que beneficia a los demás). El primer tipo de diligencia genera votos que serán como armadura para proteger a los practicantes de los obstáculos en el camino hacia la budeidad. El segundo tipo de diligencia es realizado a través de la experiencia personal del Dharma cuando nos dedicarnos a las acciones virtuosas. El tercer tipo de diligencia es el compartir con los demás seres sensibles los beneficios de la práctica personal. Ésta es precisamente la tarea de un monje o monja (de dar pleno uso a la rara oportunidad de práctica y cultivación). Si pierden la oportunidad en esta vida, podrían no volver a obtenerla en vidas futuras.

Durante mi última visita al maestro Thich Nhat Hanh en su centro del Dharma, me di cuenta de que sus discípulos se abrazaban unos a otros. Les pregunté si los monjes abrazaban a las monjas. Contestaron: “No, los monjes abrazan a los monjes y las monjas abrazan a las monjas.” Pregunté nuevamente: “¿Por qué se abrazan?” Explicaron que el abrazarse es una expresión de extenderse afecto el uno al otro. Es un tipo de acercamiento, de compartir y reconfortarse entre las personas. “Eso es lo que practicamos.” Después de oír esto yo mismo pensé: “El abrazar a las personas debe ser una sensación muy buena. Después de todo, a los niños pequeños les gusta ser abrazados. A los adultos también les gusta ser abrazados.” Por lo tanto, abracé al maestro cuando lo despedí.

En el Código Mahayana de Conducta para los monásticos, a los monjes y monjas estrictamente no se les permite abrazar a ninguna persona. El Buda dijo que dicho gesto es un signo de pereza, un aflojar en nuestra diligencia en la práctica. Por esta razón, las reglas para los monásticos son establecidas de esta manera. Sin embargo, después de reflexionar, pensé que Thich Nhat Hanh tiene sanas razones para permitir abrazos entre sus monásticos. Cuando las personas se abrazan unas a otras, tienen un sentido de compartir y se sienten muy bien y confortables. Además, abrazarse es una parte natural de la cultura occidental. Quizás ésta sea la razón por la que él tiene tantos monjes y monjas occidentales y yo tengo tan pocos.