sábado, 18 de noviembre de 2011
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Capítulo III: El Origen del Sufrimiento

En la primera de estas charlas, dimos una explicación general de las Cuatro Nobles Verdades. En la segunda charla, examinamos en profundidad la primera noble verdad (la verdad del sufrimiento). Hoy quisiera hablar de la segunda noble verdad, la verdad del origen del sufrimiento.
Muy a menudo nos encontramos en situaciones difíciles y le echamos la culpa a los demás de nuestros problemas. A veces, incluso le echamos la culpa a Dios o a otras deidades de nuestras dificultades. Hay un dicho chino que dice: “Los cielos no tienen ojos,” lo cual significa que las deidades no están cuidando de nosotros. Algunos budistas podrían incluso echarle culpa al Buda, en quien han tomado refugio. Por consiguiente, a menos que prestemos mucha atención a lo que está sucediendo en nuestras vidas, será muy fácil el echarles la culpa a los demás de nuestras tribulaciones. Deberíamos, sobre todo, prestar mucha atención al sufrimiento en nuestras propias vidas y a cómo se origina ese sufrimiento. Necesitamos comprender el verdadero origen de nuestro sufrimiento.

Con el origen del sufrimiento, nos referimos a aquello que está causando las experiencias de nuestra vida en el presente. Cualquier cosa que experimentemos en este mismo momento es el resultado del karma. En el sentido más simple, karma significa acción; por consiguiente, karma es el resultado de lo que hemos hecho en el pasado. De manera que, cuando hablamos del karma, estamos hablando de causas y consecuencias. Los efectos del karma no sólo están relacionados con esta vida presente, que es muy corta, sino también con las incontables vidas pasadas y futuras. De manera que cuando entendemos verdaderamente el sufrimiento como el resultado de causas sembradas en las vidas previas, obtendremos una perspectiva más amplia de dónde estamos parados en relación con nuestras experiencias. Comprenderemos también cómo las acciones de esta vida influenciarán en el sufrimiento futuro.

El funcionamiento del karma no siempre causa sufrimiento evidente. En nuestras propias vidas, podemos testificar de numerosos momentos felices o de buena fortuna. A veces, incluso podemos sentirnos bendecidos. Sin embargo, cuando nos sentimos bendecidos, cuando tenemos éxito, cuando todas las cosas están yendo como queremos, nos volvemos arrogantes y engreídos. Podríamos pensar: “Yo he trabajado duro para generar mi propio éxito. Debería estar orgulloso y sentirme bien acerca de ello.” Sin embargo, cuando las cosas se vuelven en contra nuestra, cuando la buena fortuna se va, podríamos comenzar a echarles la culpa de nuestra desgracia a los demás o a los eventos externos.
Este tipo de pensamiento muestra que realmente no comprendemos verdaderamente el funcionamiento del karma. Si lo hiciéramos, nuestro punto de vista sobre nuestra situación en el mundo sería menos miope y se extendería más allá de esta presente vida. Veríamos que el éxito, las bendiciones y la buena fortuna son debidos al karma que ha sido creado durante un tiempo inmensurable en el pasado. Comprenderíamos que nosotros no somos el único factor, sino solamente uno de entre muchos factores que son responsables de nuestra buena suerte. Del mismo modo, deberíamos comprender que las dificultades y tribulaciones en nuestras vidas son también debido a las acciones en las vidas pasadas. Aquellos que tengan este punto de vista más amplio del mundo, estarán menos sujetos al sufrimiento, estarán liberados de la presunción, de la arrogancia y de las quejas. Comprenderán que cualquier cosa que experimenten en este momento es el resultado de las acciones que tuvieron lugar en esta vida y en las vidas pasadas. Cuando lo comprendemos, no hay necesidad de estar tan orgullosos o tan desesperados por cualquiera que sea nuestra situación. Este tipo de comprensión es útil porque nos libera de las actitudes negativas que pueden ser la causa de la creación del futuro karma y sufrimiento.

El Funcionamiento del Karma
¿Cómo se genera el karma y cómo se manifiesta en nuestra vida? El carácter chino “chi” que significa el “origen del sufrimiento” también tiene el matiz de “acumulación.” Entonces, el origen significa “fuente” y “acumulación.” Ya comprendemos que la fuente es el karma, pero, ¿qué es la acumulación? Para que se manifieste el karma, otros factores deben entrar en acción. Estos factores son las “causas y condiciones” que son creadas por nuestras aflicciones (klesas) y luego conducen a la acumulación. Por consiguiente, la acumulación se refiere a las aflicciones y al karma generado por las aflicciones. La principal causa del sufrimiento es el karma, pero éste debe venir acompañado de la acumulación de causas y condiciones para manifestarse en el momento presente. Los factores que hacen madurar o manifestar el karma son las aflicciones, nuestras tribulaciones emocionales. Con la acumulación de la causa (karma) y las condiciones (klesas) funcionando conjuntamente, tenemos un punto de vista más completo del origen del sufrimiento. Estos dos se incluyen y se aumentan mutuamente el uno al otro, creando repercusiones que finalmente vienen a la existencia. Este es un punto de vista más sutil y más próximo acerca del origen del sufrimiento.
Voy a postergar hasta más tarde una explicación más detallada acerca de los klesas. En primer lugar, asegurémonos de comprender el origen de nuestro sufrimiento. Tenemos dos causas interrelacionadas del sufrimiento: una es el karma y la otra son los klesas (que se convierten en un efecto cuando maduran a causa de innumerables aflicciones). Nuestra experiencia en el presente no está desprovista de causas; tiene sus orígenes y está siendo manifestada en el ahora a través del condicionamiento. ¿Por qué estas dos vienen juntas en primer lugar para causar todo nuestro sufrimiento? Para contestar a esta pregunta, necesitamos hablar de la intención. 

El karma y la Intención
Con un entendimiento general del karma, ahora podemos revelar otro nivel más sutil del karma. Cuando actuamos, esa acción está normalmente acompañada de intención. De acuerdo a los sutras budistas, karma es, de hecho, la intención en el sentido del dinamismo que propulsan los efectos de una acción particular a madurarse en el futuro.

Hay karma-como-intención y karma-como-intención-manifestada. El karma-como-intención es el funcionamiento de nuestra mente antes de involucrarnos en una acción. Por ejemplo, es karma-como-intención cuando pensamos en hacer algo bueno o malo, pero nos abstenemos de llevarlo a cabo. El karma-como-intención-manifestada significa que, después de tener una buena o mala intención, actúas acorde a ella. A menudo, las personas parecen no estar claramente conscientes cuando están haciendo algo bueno o malo. Incluso no pueden siquiera distinguir entre lo bueno y lo malo, ni mencionar el que comprendan que lo están haciendo realmente. Pero cuando hablamos del karma-como-intención-manifestada, nos referimos a que uno claramente comprende lo que está haciendo, sea bueno o malo.

¿Cómo se manifiesta el karma?
En relación a cómo se manifiesta en nuestras vidas, hay cuatro tipos del karma. El primero es el karma que está madurando y que rinde frutos; el siguiente es el karma resultante; después está el karma remanente o karma que todavía no ha concluido; y, finalmente está el karma simultáneo, en el que el resultado tiene lugar de forma inmediata conjuntamente con la acción. ¿Dónde nos situamos en relación con estas dimensiones del karma? En cualquier momento dado de nuestra vida, no estamos realmente seguros, por ejemplo, si estamos experimentando el karma resultante. No estamos seguros hasta qué punto estamos creando nuevo karma, si nuestras acciones tienen algún resultado o residuo perdurable, ni si comprendemos el karma simultáneo. No voy a intentar examinar a fondo todos estos cuatro tipos del karma, pero para nuestro propósito de hoy, el karma que rinde frutos es lo más importante.

Ahora vamos a hablar del karma que rinde frutos, o la madurez del karma. Con el karma-como-intención, el karma creado no es tan grande como el karma que se crea al llevar a cabo realmente la acción. Por otro lado, una vez que nuestro pensamiento se convierte en karma-como-intención-manifestada, las repercusiones en el mundo real serán más grandes y la retribución kármica de esa acción también será más grande. La “retribución” en relación con el karma, contiene un significado neutro y depende de los tipos de causas y de los tipos de resultados.

El karma puede madurar de tres maneras: a través del pensamiento, a través del habla y a través de la acción. El karma-como-intención que no madura en karma-como-intención-manifestada es el “karma oculto,” puesto que solamente existe en nuestra mente. Opuesto a esto está el “karma manifestado,” que se refiere al karma-como-intención más el habla y/o la acción. Relacionando esto con la intención, vemos que el karma puede madurar como intención solamente; como intención más habla y como intención más acción.

¿El mero pensamiento de matar a alguien crea mal karma? Cuando comprendes el karma como causa y efecto, verás que incluso los pensamientos efectivamente acumulan karma. Simplemente a través de albergar la idea de matar a alguien, pones en movimiento una relación causal con las repercusiones. Estos tipos de pensamientos constituyen nuestra vida mental, y, si hay suficiente acumulación, pueden manifestarse en el habla o en la acción. En los sutras el Buda dice que en el mundo del samsara no hay acción o incluso pensamiento en surgimiento que estén excluidos de crear karma. Cualquier cosa que hagan o piensen los seres sensibles está centrada en el apego al ‘yo’, y, a causa de esto, continúan creando karma. Por consiguiente, cuando tenemos incluso pensamientos de matar, como practicantes budistas deberíamos generar un sentido de contrición y practicar el arrepentimiento.

Hablando en términos generales, cuando uno se dedica a las acciones negativas (la causa), cosechará resultados negativos (el efecto). Esto es el resultado causal del karma malo. Correspondientemente, cuando uno se dedica a las acciones virtuosas, cosechará resultados virtuosos. Este es el resultado causal del karma virtuoso. Hay otro tipo del karma que no es ni bueno ni malo, y voy a llegar a eso más tarde. Hablando en términos generales, el karma puede ser bueno, malo o neutro.
Con el karma neutro, el factor determinante es el estado de la mente mientras está dedicándose a dichas acciones, si hay inclinaciones sutiles hacia lo bueno o hacia lo malo. Todavía habrá retribución inclinada hacia lo bueno o hacia lo mano, pero será suave. Sin embargo, hay acciones kármicas genuinamente neutras, sin remanente bueno ni malo, y la retribución resultante no será ni buena ni mala.

Dependiendo de su karma, los seres sensibles pueden renacer en uno de los seis modos o reinos de existencia. Un ser sensible que se dedica a las buenas acciones, recibirá retribución de renacer en uno de los tres reinos superiores (el reino humano, o uno de los dos reinos celestiales). Un ser sensible que se dedica a las malas acciones, recibirá la retribución de renacer en uno de los tres reinos inferiores (el reino de los animales, el reino de los espíritus hambrientos, o, más severamente, el reino del infierno.) Por consiguiente, nuestro karma acumulado determina en cuál de los seis reinos y qué forma se tomará en el próximo renacimiento.
Aún se hace otra doble división de acuerdo a la práctica del camino: el karma con aflicciones y el karma puro. El karma con aflicciones incluye el karma bueno, malo y neutro, y es el origen del sufrimiento. El karma puro es creado por la práctica del Budadharma, el camino que conduce a la cesación del sufrimiento. Dedicándose al karma puro, uno puede liberarse del origen del sufrimiento.

Los Klesas
Anteriormente hablamos del karma y de las aflicciones acumuladas como causas y condiciones para provocar nuestro sufrimiento. Esto es lo que el Buda significó con el origen del sufrimiento. Nuestras aflicciones emocionales son realmente los agentes de maduración para el karma, ya sea karma bueno, malo o neutro. Cualquier cosa que nos impulse a continuar en el ciclo de existencia es considerada el origen del sufrimiento. Un ser sensible completamente libre de las tribulaciones o aflicciones mentales no originará sufrimiento. Por consiguiente, el camino de salida del sufrimiento es la terminación de los klesas.

Es crucial comprender el papel emocional de las aflicciones en crear karma. De estas, la más importante es avidya, o la ignorancia fundamental. En chino avidya es traducido como dos caracteres que significan “no luminoso” o “no claro,” refiriéndose a la luminosidad y la claridad de la mente de sabiduría. Sin esta mente de sabiduría, uno permanece en la oscuridad (un tipo de ignorancia innata o fundamental que gobierna nuestro modo de ser). Una vez que comprendemos verdaderamente cómo las fuerzas auxiliares de los klesas maduran nuestro karma, se hace posible cambiar estas condiciones para terminar con el sufrimiento. Entonces, será menos probable que el karma madure en efectos.

Hay seis aflicciones de raíz, o klesas, que se ramifican en otros innumerables factores mentales negativos. Dos de los más dominantes son la codicia y el odio. De la codicia crece el deseo, la avaricia, el aferramiento y el apego. El odio tiene innumerables descendientes tales como la aversión, la ira y los celos. La codicia y el odio son como los maestros criminales con sus gángsteres. Para acabar con la banda, es mejor ir directamente al nivel más alto. Una vez que te deshaces del jefe, los subordinados se dispersarán y se desbaratarán. Una vez que cortamos las raíces, las ramas se marchitan.

Las seis aflicciones de raíz se dividen en las cinco aflicciones emocionales: ignorancia, codicia, odio, orgullo y duda; con la sexta siendo la aflicción de los puntos de vista incorrectos. Los puntos de vista incorrectos son los puntos de vista del mundo que hemos sostenido desde el tiempo sin comienzo. De hecho, incluso podrías decir que todas las seis aflicciones son puntos de vista incorrectos. Las seis son las consecuencias de lo que hemos hecho en el pasado con una diferencia: La aflicción emocional es la acumulación de todas nuestras acciones pasadas, emociones, etcétera, mientras que la aflicción de los puntos de vista incluye todo el karma que hemos creado además de lo que hemos aprendido en esta vida presente (los diferentes puntos de vista y perspectivas que sostenemos).

Cuatro Caminos hacia la Realización
Relacionados con las aflicciones emocionales y con las aflicciones de punto de vista, están los cuatro caminos hacia la realización. Está el camino de la acumulación, el camino de la visión, el camino de la práctica y el camino de la realización.

El camino de la acumulación es el reconocer las aflicciones; es decir, comprender la verdad del origen del sufrimiento. El camino de la visión es el comprender que las causas y condiciones están vacías del ‘yo’ (viendo la verdad de la vacuidad por la primera vez). En el momento en que uno comprende el camino de la visión, sus aflicciones de la visión se terminan y logra los puntos de vista correctos de la realidad. Dicha persona ha visto la verdad, pero todavía no ha logrado la perfección. Él o ella continuarán practicando de manera que las restantes aflicciones emocionales, profundamente arraigadas, puedan ser vencidas en el camino de la práctica. La visión de la naturaleza de la realidad es solamente el comienzo de la práctica, que consiste en vencer las propias aflicciones emocionales, una tras otra, hasta alcanzar el camino de la realización. En ese momento, el ser completo está en armonía y en concordancia con la naturaleza de la realidad, libre de los seis tipos de aflicciones.
Por consiguiente, el orden es el empezar por el camino de la acumulación como personas ordinarias y con aflicciones. Cuando alcanzamos la realización y vemos la vacuidad, estamos en el camino de la visión. Al entrar en el camino de la práctica, vencemos y terminamos con las aflicciones una tras otra. Cuando nuestra práctica culmina en la completa realización, este es el camino de la realización como un arhat. En la escuela Mahayana, la completa realización del Buda significa que se han terminado todas las aflicciones.
A no ser que sigamos el camino de la práctica y cortemos las seis aflicciones de raíz, seremos impulsados a los futuros ciclos de sufrimiento. Para comprender el desafío, vamos a hablar de las aflicciones secundarias que crecen descontroladamente como ramas de las aflicciones de raíz. El Buda habló de las 84.000 aflicciones y de las 84.000 prácticas del Dharma para cortarlas. Mientras existan estas 84.000 aflicciones, tendremos 84.000 obstrucciones para vencer antes de que percibamos la verdadera naturaleza de la realidad. ¿Cómo terminar con estas 84.000 aflicciones? Francamente, eso sería un inmenso y enorme esfuerzo. Pero como dije antes, no deberíamos preocuparnos por las ramas. Tan sólo llegar a las raíces. Cortar las 6 aflicciones de raíz y las demás 83.994, al final, se marchitarán y morirán por sí mismas.

Anteriormente dijimos que el karma-como-intención era menos severo que el karma-como-intención-manifestada. Si pensamos algo pero no actuamos sobre ello, eso trae menos consecuencias para la retribución. Como analogía, piensen en una olla de agua sobre la cocina, e imaginen que el agua consiste en karma-como-intención. Ahora, imaginen que encendemos una llama bajo la olla. Piensen en la llama como nuestras incontables aflicciones. Finalmente, la llama caliente de nuestras aflicciones hará que el agua (karma-como-intención) hierva en habla o acción (karma-como-intención-manifestada) con consecuencias futuras. Puedes ver con esta analogía que, si apagamos la llama de aflicción, eliminaremos los medios a través de los cuales son creados los futuros ciclos del karma y del sufrimiento. Con este entendimiento, podemos ver que el propósito de practicar el Budadharma es el cortar la aflicción, y, por lo tanto, terminar con el sufrimiento.

En nuestra primera charla sobre las Cuatro Nobles Verdades, hablamos de los doce enlaces del surgimiento condicionado. Los doce enlaces son etapas en el ciclo de nacimientos y muertes (samsara), que determinan el surgimiento condicionado, una etapa conduce a la siguiente. Uno de esos enlaces es la existencia (la venida a la existencia del individuo). En la cadena de doce eslabones, el primer eslabón, la ignorancia fundamental, conduce al apego y así sucesivamente. Eventualmente, esto ocasiona el decimoprimero eslabón, nuestra venida a la existencia como un nuevo ciclo de nacimiento y muerte. La existencia, o la existencia de las vidas futuras, tiene dos cualidades: la de “fluir con aflicciones” y la de “acumulación de sufrimiento.” A través de estas dos fuerzas impulsamos nuestro propio ser hacia los futuros ciclos de nacimiento y muerte.
En primer lugar, hay flujo y acumulación en concordancia con nuestra mente (el reino interno). El funcionamiento interno de nuestra propia mente nos impulsa hacia nuestro futuro sufrimiento y hacia el surgimiento continuo de aflicciones. También hay flujo y acumulación en concordancia con el mundo (el reino externo). En la conferencia anterior hablamos de la mente primaria y de sus objetos mentales (la mente-emperador y todos sus subordinados que llevan a cabo sus órdenes). Estos factores mentales se refieren a la codicia, el odio, la ignorancia y todas las demás aflicciones de raíz y las ramificaciones. Cuando estas aflicciones entran en contacto con el reino externo a través de la mente primaria, generan más aflicciones y sufrimiento. El flujo y la acumulación pueden tener lugar tanto internamente, a través de nuestras propias aflicciones mentales, como externamente, a través de nuestra mente entrando en contacto con el mundo externo y respondiendo a éste. Esto es el origen del sufrimiento.

Resumen
Las Cuatro Nobles Verdades son muy complejas, difíciles de comprender y difíciles de hablar sobre ellas. Durante tres domingos consecutivos hemos hablado solamente del sufrimiento y del origen del sufrimiento. Sin embargo, todavía tenemos que hablar de la tercera verdad, la cesación del sufrimiento, y de la cuarta verdad, el camino que conduce a la cesación del sufrimiento. Cuando termine, creo que obtendrán un completo entendimiento del meollo del Budadharma, ya que las Cuatro Nobles Verdades incorporan todos los aspectos del Dharma. Podemos emplearlas como los fundamentos para comprender lo que enseñó el Buda, y podemos utilizarlas en nuestra práctica.

Aunque traten sobre el sufrimiento, siempre estoy contento de hablar sobre las Cuatro Nobles Verdades, porque también nos muestran el camino que conduce a la cesación del sufrimiento. Si todos ustedes aún están interesados por el camino que conduce a la cesación del sufrimiento, continuaremos la semana que viene. Gracias por venir. (Aplausos.)