viernes, 20 de octubre de 2011
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La práctica de la Iluminación Silenciosa (mo-chao).
Conferencias budistas
Por el maestro Sheng Yen
Este es un extracto de un libro próximo a editarse titulado “Hoofprint of the Ox”, que se basa en las conferencias del maestro Sheng Yen.
Traducido, compilado, organizado y editado por el profesor Dan Stevenson.


Al principio, cuando las personas empiezan a practicar la iluminación silenciosa, son probablemente confrontadas por un torrente de pensamientos dispersos. Apenas uno se vuelva consciente de estos pensamientos, debería tratar de cesar de involucrarse con ellos. Uno no debería permitirse a sí mismo ser capturado y dejarse llevar por el tren de los pensamientos dispersos. Esto se logra a través de simplemente notarlos e inmediatamente dejarlos pasar. Uno debería estar completamente atento a los pensamientos y a las experiencias sensoriales en todo momento. No intentes evitarlos, hacerlos desaparecer o reprimirlos; da rienda suelta a esta conciencia, permitiéndole fluir claramente y sin interrupción, como una corriente que no se aferra a nada y fluye libremente y sin impedimento por y a través de todas las cosas.

Al mismo tiempo, sé cuidadoso con el escollo del sobre esfuerzo en el intento de “iluminar” las cosas. El “iluminar” (chao, en chino) en realidad no significa “brillar”, como el sol o la luna podrían emitir rayos de luz. Significa simplemente el estar consciente. La mente está iluminada sin esfuerzo alguno, de manera que cualquier cosa que se presente ante nuestra conciencia será inmediatamente visible para nosotros. Esta conciencia inmediata es iluminación: sólo deja salir y mira, deja salir y mira, deja salir y mira; penetrando directa, profunda y sin obstrucción justo en los eventos mismos.

En un sentido, uno podría decir que “dejar salir” es el aspecto silencioso de la iluminación silenciosa; y que el “juego sin obstrucciones” de la conciencia a través de todas las cosas es el aspecto luminoso de la iluminación. Pero uno debería recordarse a sí mismo que ambos son un proceso único y simultáneo y no separados entre sí.

En la escuela japonesa Soto Zen de Dogen, este método de meditación es llamado shikantaza o, literalmente, “Sólo sentarse, nada más”. En la practica de shikantaza uno se preocupa de sólo sentarse y sentarse. Cuando surge un pensamiento distraído, uno se dice a sí mismo, “Todo lo que estoy haciendo es sentarme; no hay nada más que hacer, nada que conseguir. Sólo sentarse”. Puesto que eso es todo lo que la persona hace, él o ella simplemente se sienta y deja que todo lo demás exista, incluso los pensamientos vagabundos. Similarmente, al involucrarse en otras actividades (caminar, ponerse de pie, etc.), el practicante sólo se ocupa completamente de la acción en cuestión y sin otro pensamiento en la mente. Al fin y al cabo, esta actividad misma es iluminación; la práctica por sí misma es iluminación. No existe otra iluminación que se pueda buscar en otro lugar.

Aunque los principiantes siempre estén confrontados por pensamientos vagabundos, es muy importante que la práctica permanezca completamente fluida y relajada. Uno de los errores más comunes que cometen las personas en la práctica de la iluminación silenciosa es el de ejercer demasiado esfuerzo para reprimir pensamientos y despejar la mente. Al tratar simultáneamente estar conscientes y dejar salir los pensamientos, el meditador podría dedicar mucha energía en evitar que los pensamientos surjan. Al hacerlo así, él o ella tendrán muchas probabilidades de aferrarse a la idea de la vacuidad o irreflexión y entrar en un espacio muerto en blanco o, en el mejor de los casos, en un bajo nivel de dhyana.

Pero en la iluminación silenciosa, el meditador debería estar muy alerta y sensible, cuidadoso y a la vez profundo, experimentando el juego de la mente pensamiento tras pensamiento. Uno nunca debería sentir que tiene que reprimir los pensamientos o empujarlos a un lado. Cuando uno está realmente tranquilo y sin involucrarse, el surgimiento y desaparición de los pensamientos se reducirá automáticamente y, al mismo tiempo, la conciencia se volverá muy clara. En efecto, los pensamientos en sí mismos son en realidad sólo olas en la conciencia de la mente (olas que tienen lugar cuando la mente se magnifica y aferra a características específicas) A medida que uno aprende a relajarse y abrir su campo de conciencia, eventualmente esas ondas de pensamiento se irán disolviendo silenciosamente, y la iluminación clara será muy aguda y uniforme. Para alcanzar esto, al sentarte, sólo siéntate sin pensamientos secundarios. Al estar activo, actúa con conciencia total de cuerpo y mente, completamente dedicado al evento en cuestión. Nuestra atención no debería ser ni demasiado esforzada ni demasiado relajada, sino muy calmada, íntima y precisa; como si nuestra mente fuera como el agua de un estanque fresco, tan claro y tranquilo que se puede ver todo lo que esta en el fondo; y los árboles que lo rodean son reflejados perfectamente en su superficie al igual que un espejo.

Otro error común de la iluminación silenciosa radica en caer en una condición de espacio en blanco o aletargamiento, donde la mente no refleja o registra nada. Este es un estado confuso y perezoso del espacio en blanco. Es un estado disipado y embotado, y sin embargo diferente de la somnolencia o total adormecimiento. Es como estar de pie a la orilla del mar en un día gris y lluvioso, sin ver nada por ningún sitio. Al estar inmersos en esta condición, las personas a menudo creen que sus mentes estan realmente inmóviles y que están verdaderamente practicando la iluminación silenciosa. Pero esto es un error.

En ciertos aspectos, este error también proviene del tratar con demasiado enfasis de reprimir los pensamientos y evitar la percepción distintiva sensorial. Esto representa un énfasis en el silencio, o en la noción de silencio, como algo previo o separado de la iluminación. Pero es una equivocacion, no por el esfuerzo excesivo, sino por interpretar el silencio y el “dejar salir” como un tipo relajado y desinteresado de falta de consideracion. De nuevo, el silencio en la práctica de la iluminación silenciosa no significa inconciencia. La conciencia sensorial se registra bastante claramente y los pensamientos todavía fluyen, pero en una forma libre y sutil. En lugar de evitar los pensamientos y el ambiente sensorial, nuestra conciencia debería penetrar en el corazón de fenómeno. Lo que disminuye con la quietud no es la concientizacion del mundo que nos rodea, sino el tumulto de pensamientos de apego y pasiones que impiden nuestra concientizacion sobre éste mismo. Aunque el problema del espacio en blanco no esta claramente relacionado con la somnolencia en sí, es muy fácil el caer en esta situación mientras meditamos si uno esta atontado. Aparte de eso, tambien tenderá a surgir en las personas cuya resistencia o concentración sea débil. En caso de no ser controlado, este embotado espacio en blanco puede llegar a convertirse en una condición habitual de práctica; y la iluminación silenciosa no será nada más que un aletargamiento perezoso y desinteresado.

La condición opuesta (la preocupación por la iluminación a expensas del silencio) es también un problema común. Generalmente esto ocurre porque las personas piensan que la manera correcta de practicar es el dejar sus mentes ordinarias corretear y aferrarse a objetos en el medio ambiente a gusto. Dicha actitud solo conduce a una mente distraída y fragmentada. La atención plena pierde tanto su cohesividad como su inmediatez. Un verso de Niu-t’ou Fa-jung, discípulo del Cuarto Patriarca, dice que si una persona se ocupa de la iluminación sin desarrollar la quietud, eventualmente será presa del mero intelecto. Este estado podría ser un avance sobre la mentalidad dispersa normal, pero no es el Chan. La situación adecuada es que nuestra mente sea muy clara y brillante, y a la vez libre del tipo de las fluctuaciones mentales que conllevan al apego delusivo a los objetos. Debería ser un flujo de conciencia parejo y universal; y no conducido por nuestros nornales y apasionados gustos y disgustos.

Quizás una de las dificultades más serias en la práctica de la iluminación silenciosa es la cuestión de evaluar el progreso propio. Precisamente porque es tan difícil el determinar si nuestra mente está verdaderamente inmóvil y abierta, los meditadores frecuentemente sobrestimarán sus logros. Además, el progreso espiritual podria desarrollarse de forma tan gradual que seria difícil el encontrar un índice claro para evaluarlo. Entonces, es fácil para un practicante de la iluminación silenciosa el pensar que los pensamientos han desaparecido cuando realmente no lo han hecho, especialmente si él o ella no ha experimentado nunca el no-pensamiento.

Por ejemplo, supongamos que un meditador entra en aislamiento para progresar mas rápidamente, poniendo todo su esfuerzo en la iluminación silenciosa. Al profundizarse la práctica, la expansión mental, claridad y brillantez crecen hasta que, finalmente, parecerá que no hay limitación ambiental o corporal en absoluto. La rutina cotidiana pasa sin problemas y sin aflicción. En ese momento él o ella podría estar bastante convencido de que la práctica de la iluminación silenciosa es bastante profunda. Además, puesto que esto es todo lo que hay (la iluminación silenciosa es tanto la práctica como el fruto) él o ella podría descartar cualquier pensamiento de mayor esfuerzo y entonces el progreso será falso. Pero, en realidad, esta experiencia podría no ser nada más que el sentido expansivo del ‘yo’ y la condición de la mente unificada experimentada en los estados pre-dhyana descritos en los textos Hinayana. De hecho, hay muchos niveles de samadhi en el Hinayana y en las tradiciones heterodoxas que son más profundos que éste.

Dicha persona debería tener un método de probarse a sí mismo, ya sea a través de un maestro verdaderamente experimentado o de algún otro método. Si el maestro no esta a disposición, esto podría ayudar a dejar temporalmente a un lado nuestra práctica y regresar al mundo para probar si nuestra mente está verdaderamente inmóvil o no. De esta manera, uno podría determinar si su respuesta para con el medio ambiente es una función de la mente engañada o de una sabiduría sin perdidas. Si uno no es influenciado por obstrucciones siempre que surjan circunstancias difíciles en el mundo ordinario; entonces, uno habrá hecho algún progreso en el Chan. Un verdadero practicante realizado de la iluminación silenciosa es como una nube atravesando los picos montañosos, completamente inalterado por cualquier cosa con las que él o ella se encuentren. Para dicha persona no hay mente ni mundo de los cuales depender, sin embargo los dos interactúan mutua y espontáneamente. Su poder de iluminación al final será idéntico a aquel alcanzado a través de la práctica del gong’an o del huatou.

¿Por qué sería tan necesario el dejar completamente de lado esta forma de práctica de meditación? Si un practicante relativamente avanzado medita regularmente por unas horas todos los días, él o ella naturalmente se mantendrán muy calmados y estables a lo largo del día. Cuando dicha persona se dedica a actividades seculares y se mezcla con otras personas, le será fácil el mantener una mente abierta y serena. Sin embargo, la verdadera realización del Chan, la verdadera libertad de las impurezas, se mantendrá sin esfuerzo alguno a través de todas las circunstancias. Si nuestra práctica careciera de este poder de mantenerse por sí misma cuando el ambiente regular, rutinas y apoyo para la práctica Chan son suspendidos, entonces el objetivo no se habrá alcanzado.

Preguntas Variadas Acerca de la Práctica de la Iluminación Silenciosa
Los estudiantes inevitablemente tienen muchas preguntas acerca de la iluminación silenciosa, especialmente porque parece tan diferente de la práctica del gong’an y huatou.
Para clarificación, algunas de las preguntas más comunes y mis respuestas son incluidas aquí:

Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre el samadhi Mahayana y el Hinayana, y cómo ésta diferencia se relaciona con la iluminación silenciosa?
La diferencia principal entre los dos tipos de samadhi es que el tiempo, espacio, ambiente externo y las actividades mentales desaparecen en los samadhis Hinayana más profundos, mientras que en un samadhi Mahayana, todo esto permanece, excepto las actividades mentales impuras. Por ejemplo, una persona experimentando profundo samadhi Mahayana podría conversar o conferenciar muy lúcidamente. Puesto que la mente está eternamente quieta, uno podría responder sin necesidad de actividad mental alguna. El meditador Hinayana, sin embargo, podría experimentar actividad y aflicción mental siempre que él o ella salgan del samadhi. Estos dos tipos de respuestas (aquella de la actividad mental impura y aflicción y aquella sin ellas) son conocidas como “respuesta natural” y “respuesta caracterizada por la discriminación mental o discursiva”. Es muy difícil hacer distinción entre las dos.

Aunque los métodos de samadhi gradual de Hinayana y las enseñanzas elementales Mahayana (y meditaciones de enseñanzas no-budistas), por sí mismos no pueden ofrecer acceso al Chan o al genuino samadhi Mahayana, un meditador realizado que emplea la iluminación silenciosa podría entrar en las profundidades del Samadhi Hinayana, tales como los cuatro samapatti-sin-forma de la conciencia infinita, espacio infinito, etc. Sin embargo, el novicio o el practicante menos avanzado de la iluminación silenciosa probablemente no será capaz de entrar en las etapas más profundas de Samadhi Hinayana y Mahayana. Esto es debido a los aspectos de iluminación en la práctica Chan de la iluminación silenciosa. Si la iluminación silenciosa sólo constara del aspecto de silenciar la mente, el logro de las etapas profundas del dhyana Hinayana y samapatti sería más fácilmente posible. Sin embargo, puesto que el elemento de iluminación resta valor a la profunda absorción meditativa, la mayoría de los practicantes de la iluminación silenciosa no pueden entrar en estas etapas.

Pregunta: ¿Cuáles son las diferencias en la práctica y relativa eficacia entre la iluminación silenciosa y el huatou Chan?
Ambos son capaces de conducir a la iluminación completa, y ambos son métodos repentinos porque ninguno de los dos desarrolla deliberadamente la cultivación de samadhi como algo conveniente para alcanzar esta meta. Sin embargo, los dos métodos son en un aspecto opuestos en carácter. En la práctica del huatou, como sabemos, el meditador debe experimentar gran duda y una explosión que estremezca el mundo para alcanzar el Chan. Esto es conocido como el pasaje de la gran muerte al gran nacimiento. En la práctica de la iluminación silenciosa, sin embargo, el énfasis está dirigido a lo que llamamos “hsiu-hsi” o “directamente desistir y ponerse a descansar”.
La gran muerte y el gran nacimiento sólo son experimentados cuando uno cultiva la sensación de duda hasta el punto en donde esto da como resultado una explosión que todo lo consume. Esta es una forma vigorosa y energética de práctica que atrae y se alimenta exponencialmente de todas nuestras dudas y pasiones. Pero la cultivación de la iluminación silenciosa es opuesta en carácter dado que no requiere la duda sino, más bien, profunda tranquilidad, claridad e inmediata concientizacion. Aquí está la destacada diferencia entre los dos métodos. En efecto, puesto que en la iluminación silenciosa Chan no existe una experiencia extraordinaria para ser usada como índice de progreso, es muy difícil el juzgar su rectitud y eficacia. Esto deja supeditado al practicante de la iluminación silenciosa a errores a los que aquel que se involucrara en la práctica de huatou podría no ser propenso.

Pregunta: La idea del silencio parece insinuar que la mente está absorta en un punto o en un pensamiento, de este modo ignorando u olvidando los alrededores. Por otro lado, la iluminación parecería simplemente lo opuesto, como si la mente pudiera difundirse activamente a través del ambiente externo.
Es erróneo decir que el silencio, en este ejemplo, signifique que la mente se reduzca o se fije en un punto. En realidad, significa que de momento a momento nada se retiene en nuestra mente. La mente no se aferra en nada, ni discrimina ni desarrolla pensamientos acerca de ninguna cosa.
En este respecto, es completamente estable y silenciosa. Al hablar de la iluminación, está bien decir que la mente se difunde universalmente a través del medio ambiente que la rodea; pero esto no significa que esté haciendo distinciones o que esté reflejándose discursivamente en el medio ambiente. Se difunde fluidamente, pero no se detiene o permanece en ninguna cosa.

Además, deberíamos hacer una distinción entre la iluminación silenciosa como una técnica o modelo de práctica que uno se esfuerza por cumplir y la experiencia Chan de la misma. Cuando una persona está practicando la iluminación silenciosa, él o ella está mentalmente claro y muy dedicado, pero abandona toda participación discursiva con el medio ambiente que lo rodea. Sin embargo, una vez que la práctica de la iluminación silenciosa madura, es muy posible el llevar a cabo todos los aspectos de la vida cotidiana y la participación activa en el mundo sin impedimento de ésta claridad y calma. De hecho, dicha persona todavía no discrimina. Sin embargo, si apuntaras hacia un objeto y preguntaras qué es, él o ella te lo dirá sin problemas. Esto es porque cuando uno ya ha perfeccionado la iluminación silenciosa, la sabiduría funciona activamente y responde sin siquiera salirse de la quiescencia del samadhi. En la terminología técnica budista, este tipo de experiencia donde el samadhi y la sabiduría son perfectamente simultáneos se denomina el “supramundano samadhi del Mahayana”. Cualitativamente es bastante diferente del samadhi mundano de la absorción-en-un-punto en un pensamiento o rasgo. Mejor aún, es puro Chan; la escuela Chan no hace este tipo de distinciones.

Pregunta: ¿Es mejor no mezclar o cambiar una y otra vez entre la iluminación silenciosa y la práctica de huatou?
Puesto que representan dos actitudes diferentes (una bastante intensa y activa, la otra más pasiva) normalmente estos dos métodos no se entremezclan.

Pregunta: ¿Y emplearlos por largos periodos de tiempo: un método por unos años y después el otro?
En el pasado no existía dicho ejemplo, pero últimamente he estado pensando en probarlo.

Pregunta: ¿Por qué esto nunca fue realizado antes, y por qué está contemplando en hacerlo ahora?
Las personas del pasado sólo se atenían a un método. No querían correr el peligro de distraerse a sí mismos y a sus discípulos o perder tiempo en su práctica al cambiar de técnicas prematuramente. Estoy pensando en enseñar ambos puesto que las personas del pasado quienes empleaban un método se inclinaban arbitrariamente a desacreditar al otro, sin tener ninguna experiencia de primera mano en él. Me inclino a ser de mente más abierta acerca de esto y pienso que ambos métodos tienen sus puntos fuertes. Por ejemplo, uno podría empezar con el huatou y, luego de haber adquirido algo de sabor del Chan, cambiar a la iluminación silenciosa, En realidad, durante la dinastía Tang ( período formativo del Chan), estos métodos podrían no haber sido tan separados entre sí. Sólo con la aparición de las casas específicas del Chan durante el período Sung, es que se convirtieron en diferentes tradiciones de práctica.

Pregunta: ¿Hay algún indicador claro de que un discípulo podría hacerlo mejor con un método que con el otro?
Sí, lo hay. Si una persona puede efectivamente calmar la mente y dejar salir los pensamientos desde el principio, podría bien comenzar con la iluminación silenciosa. Pero si nuestra mente no posee este tipo de estabilidad inherente, sería mejor emplear un huatou. Entonces nuevamente, si un principiante asume un huatou y es capaz de concentrarse bien, pero con el transcurso del tiempo es incapaz de acumular gran duda y de esta manera se le agotan las fuerzas, entonces podría pedirle a él o ella que utilice la iluminación silenciosa. En realidad no hay fórmulas rígidas. Si las hubiera, no sería el Chan.

Pregunta: ¿Podría decirnos algo sobre el uso de la iluminación silenciosa y el huatou en la vida cotidiana, a diferencia de estar en un retiro o en un estilo de vida monástico?
Cuando las personas empleaban la iluminación silenciosa en el pasado, normalmente trataban de ocuparse de su práctica durante todo el día. Esto era posible porque la vida de entonces era más simple y con un ritmo más lento. Si tienes un trabajo de dedicación completa no podrías en realidad utilizar este método, porque la iluminación silenciosa requiere que uno minimice el pensamiento discursivo y simplemente observe. Entonces, en el mejor de los casos sólo puedes hacerlo en la mañana y en la tarde cuando te sientas a meditar en tu casa.
En cuanto al huatou, nuevamente, no puedes en realidad aplicar este método cuando estás en el trabajo. Aún podrías emplearlo durante las meditaciones de la mañana y de la tarde, pero nunca generarás la energía intensa que emplearías en un retiro. Esta es una diferencia importante, porque con el huatou es muy importante dedicar toda tu energía a tu práctica. Es una práctica muy intensa. La iluminación silenciosa es intensa y difícil de una manera diferente. En la práctica de la iluminación silenciosa tratas de dejar completamente tu ‘yo’. Es básicamente un método muy “suelto”. Los principiantes tienen que dedicar mucha energía y emplear la iluminación silenciosa de una manera “ajustada” para calmar sus mentes. Pero una vez expertos en sentarse en meditación, no se realiza intensamente.

Pregunta: ¿Por qué pide tan frecuentemente que los alumnos empleen los métodos de contar o seguir la respiración como un preludio antes de usar huatou y la iluminación silenciosa?
De los cinco métodos para serenar o detener la mente, en los tiempos antiguos las técnicas de la meditación en la impureza y de la meditación en la respiración eran usadas muy a menudo. Durante los días del Sakyamuni Buda, fueron llamadas amrta o “ambrosía”, puesto que eran muy efectivas para concentrar la mente. Fundamentalmente, yo enseño la cuenta de la respiración para ayudar a los estudiantes a calmar la mente. Si nuestra mente está dispersa (lo cual es un problema común por estos días) este método será muy beneficioso. Después de que un estudiante haya hecho algún progreso, yo podría asignarle la contemplación de la bondad afectuosa y compasión o la contemplación de la impureza, si él o ella estuviera excesivamente plagado por el enfado o deseo. Deseos por el sexo, la comida, el sueño, la comodidad, etcétera, están estrechamente atados al cuerpo; entonces, la meditación en la impureza y repugnancia del cuerpo es un antídoto efectivo. Pero estos son casos excepcionales. En realidad, es mejor proceder directamente al camino del Chan.