miércoles, 13 de diciembre de 2011
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El Budismo esotérico y exotérico
Conferencias budistas
El Sutra Surangama es coleccionado en el Tripitaka en la sección del Tantra. De modo que podría parecer que el Sutra pertenece a la secta esotérica del Tantra. Pero no somos practicantes tántricos, ni somos parte de una secta esotérica. Entonces, ¿por qué yo elegiría dar una conferencia sobre este Sutra?

Para contestar a esta pregunta debemos comprender el origen del Sutra, ¿por qué el Buda nos lo dio a nosotros? El Buda estaba respondiendo a un problema que acosaba a su discípulo Ananda. Ananda era muy inteligente, pero su práctica no era particularmente profunda. Una vez ocurrió que fue a pedir limosnas en cierta casa de familia. Ananda era guapo, y la mujer de la casa se enamoró de él. Ella pidió a su madre que embrujara a Ananda, y él cayó bajo su influencia. Él estaba al borde de romper sus preceptos de monje cuando el Buda decidió intervenir. El Buda invocó un mantra, el mantra principal de este Sutra. Eso eliminó el embrujo con el que estaba hechizado Ananda, y su mente se volvió clara. La chica, igualmente, fue afectada por este mantra, y se convirtió al Budismo.

Fue en esta ocasión que el Buda enseñó a Ananda cómo concentrar su mente. Indicó que a través de desarrollar una-mente, es posible cultivar el poder de samadhi. Sin esta una-mente, es muy difícil alcanzar el samadhi. Así comienza el Sutra.

Este Sutra Surangama aparece en una colección tántrica porque contiene un mantra poderoso, pero también habla de la práctica de samadhi y así pertenece correctamente a la secta Chan. En China, incluso después de que la secta tántrica ya no existiera, este Sutra fue estudiado y el mantra fue recitado a menudo. Solemos recitarlo aquí en el centro, pero el mantra es muy largo y es difícil de recordar.

El Sutra Surangama habla de calmar la mente. Incluye los relatos de 25 grandes practicantes, incluyendo los Bodhisattvas y Arhats. Cada uno narra sus métodos, experiencias y los pasos que conducen a la iluminación. De esta manera este Sutra se divide en dos partes: la primera describe las maneras de alcanzar el samadhi; la segunda relata las experiencias de los grandes practicantes.

El Sutra dice que para practicar el Budismo uno necesita guardar los preceptos, mantener el método, y continuar de una manera lenta y gradual. Pero cuando un practicante empieza a hacer progresos, surgen los problemas. El Sutra narra esos problemas y los estados demoníacos que podrían aparecer durante la práctica. Si deseas practicar en retiro, lleva este Sutra. Te ayudará a reconocer los estados demoníacos, y te mostrará cuando realmente estás haciendo progresos.

Este Sutra no se discute a menudo. Es muy difícil, y sólo unos pocos lo comprenden lo suficiente para hablar de ello. Yo no comprendo este Sutra, de modo que está bien para uno quien no lo sabe hablar a los que tampoco lo saben. Aunque yo no comprendiese el Sutra, me comportaré como si lo comprendiera. Y tú, a pesar de que no comprendas, también debes fingir y convencerte a ti mismo de que comprendes. Entonces no dudaré en hablar de este Sutra, y tú no perderás tu entusiasmo por escucharlo.

Por extraño que parezca, alguien que es ciego puede decir a los demás el camino correcto para tomar. Eso es porque ha oído la información correcta. Mientras no seas ciego, podrás seguir las instrucciones y llegar a tu destino. Entonces aquí estamos, yo, un conferenciante ciego, y vosotros, oyentes ciegos, y sin embargo, encontraremos el camino en este Sutra.

Como he dicho, este Sutra se utiliza tanto en el Tantra como en el Chan: eso es, el Budismo esotérico y exotérico. Aprovecharé esta ocasión para discutir la relación entre ellos así podemos ver las diferencias y las similitudes en estos dos caminos.

Los practicantes de la secta esotérica normalmente dicen que los que practican el Budismo exotérico sólo saben teoría; no saben ni los métodos ni los procesos de práctica. Los que practican el Budismo esotérico piensan que el suyo es el único camino verdadero, y que son los únicos que ponen lo que saben en práctica. Para ellos el practicante exotérico es como una persona cuyos ojos están abiertos, tiene el habla, pero no puede caminar, no tiene piernas, no puede ir a ninguna parte. Yo me he encontrado con bastantes personas que me dijeron que yo estoy perdiendo mi tiempo enseñando el Chan, y que sólo llevo a mis discípulos por el mal camino. Sólo dominando el Budismo tántrico, dicen, yo seré verdaderamente capaz de ayudar y liberar a los demás.

Una vez pregunté a un practicante tántrico por qué no practicaba el Chan. Dijo, “El Budismo tántrico es útil para mí –práctico la visualización, y para mí hay algo a lo que puedo aferrarme. Y mi Guru (término tibetano que significa maestro o guía) me dio algo de su poder cuando fui iniciado. Creo en el poder que me dio.” Le pregunté cuánto progreso había hecho. Él estaba utilizando el método llamado “Avalokitesvara Rojo,” con el que trata de visualizar al Bodhisattva en color rojo. Contestó, “Ahora soy capaz de ver al Bodhisattva Avalokitesvara, y él está comenzando a emitir un resplandor rojo. Ahora cuando practico y veo al Bodhisattva en color rojo estoy muy contento. Si yo practicara el Chan, bueno, no habría nada allí.”

La práctica tántrica pone énfasis en la recitación de mantras. Un practicante tántrico cree que un mantra, recitado más de cientos y miles de veces, traerá resultados genuinos y poderosos. El postrarse una y otra vez es también otra práctica tántrica. Estos métodos traen definitivamente resultados. Si no lo hacen, entonces significa que tienes obstáculos kármicos fuertes, y debes recitar mantras y realizar postraciones más de varios miles de veces. La práctica tántrica, especialmente al principio, ofrece algo para que uno pueda aferrarse. Después de una práctica seria, no hay ninguna duda de que lograrás resultados. Si te postras centenares de miles de veces delante del Buda, no serán sus poderes intrínsecos los que traen resultados, sino el poder dentro de ti mismo. Efectivamente, hay validez genuina y verdad ante la concepción tántrica y el camino de práctica.

El poder de nuestra propia mente es ilustrado en el relato de una pobre mujer vieja que vivió durante la Dinastía Ming. Ella empleaba un método de práctica popular en ese momento, que era utilizar granos de soja para marcar la recitación del nombre de Amitabha. Cada vez que el nombre era recitado, se debía poner un grano de soja en el envase. Normalmente, cuando el envase estaba lleno, sería regalado como un ofrecimiento de comida, pero la mujer era tan pobre que no podía permitirse obsequiar las judías, así que simplemente los transfería de un envase a otro y luego al revés. Después de practicarlo por algún tiempo, sucedió que cada vez que recitaba el nombre del Buda, un poroto de soja saltaría de un envase a otro sin que ella tuviera que emplear las manos. ¿Eso fue porque las sojas se convirtieron en el Buda Amitabha? No, fue porque durante sus recitaciones la concentración de la mujer se había desarrollado a tal un punto que su mente tenía el poder de mover cosas. No fue el Buda, sino el funcionamiento de su propia mente lo que movió los granos de soja.


Otro relato para ilustrar este punto es aquel de Chu Yuan-chang, primer emperador de la Dinastía Ming. Antes de que se convirtiera en emperador, fue un monje en un monasterio, y su trabajo era limpiar el suelo todos los días. Había muchas estatuas de Buda y Bodhisattvas, y era difícil de barrer alrededor de ellas. Chu era regañado continuamente por el monje viejo, puesto que realmente no podía barrer muy bien el suelo cerca de las estatuas. Por consiguiente, el monje joven tuvo la idea de que sería muy bueno que las estatuas pudieran moverse mientras limpiaba. De esta manera, todos los días diría,”Bodhisattvas, ¿les molesta hacerse a un lado? Por favor, se pueden echar a un lado.” Después de transcurridos unos años, una cosa rara sucedió: un día mientras estaba limpiando, el monje joven vio que las estatuas se movieron fuera del templo y luego volvieron cuando había terminado las labores de limpieza. El monje viejo estaba bastante sorprendido. ¿Fue el caso que las estatuas se movieron por el bien de este monje joven? No, es lo mismo que con los porotos de soja. Una mente concentrada tiene el poder de mover cosas.

Realmente no hay nada extraordinario acerca de esos métodos, pero no se pueden negar su poder y utilidad, como se muestra en los ejemplos de los porotos de soja y las estatuas que se movieron. Si se emplean esos métodos de una manera adecuada, ellos pueden ser los métodos del Dharma, pero en China continental no fueron utilizados como métodos del Dharma. De este modo, la secta Chan se aparta drásticamente de la tradición tántrica. Decimos que estas prácticas tienen una definitiva validez pero no las practicamos a menudo, y así el Chan no tiene nada del sabor místico de la tradición tántrica.

En ambas tradiciones para un practicante es natural tener reacciones fisiológicas y psicológicas poco comunes – viendo, oyendo, o incluso soñando cosas fuera de lo ordinario. Un practicante tántrico considerará lo que ha visto, oído, o soñado como señales de que los Budas y Bodhisattvas están reconociendo su práctica. Un practicante Chan también tendría tales experiencias, pero no son enfatizadas y tampoco son consideradas como señales o signos de nada en particular.

En Taiwán, tengo un discípulo que ha estado practicando conmigo por un período de tiempo. Tiene un buen dominio del inglés, así que cuando cierto rinpoche tibetano fue programado para dar una conferencia, se le pidió que la tradujera. Estaba muy nervioso. Nunca había practicado el Tantra, y tenía miedo de que no pudiera comprender lo que diría el rinpoche. En un dilema, finalmente decidió que si no comprendía, era la responsabilidad del rinpoche para hacerle comprender. Con ese pensamiento se fue a dormir. El rinpoche vino a su sueño, puso su mano sobre la cabeza del discípulo diciendo “No tienes que sentirte nervioso. Comprenderás todo lo que diga mañana. No tienes que preocuparte.” Tuvo una sensación maravillosa cuando el rinpoche le tocó. A la mañana siguiente fue el rinpoche quien le despertó. Mi discípulo se postró inmediatamente ante el rinpoche y le agradeció por entrar en su sueño. Curiosamente, el rinpoche preguntó, “¿Qué pasó anoche?” El discípulo le dijo, y después de algunas preguntas desde el rinpoche, sacó la conclusión de que no habría sido el rinpoche sino un “Yidam” (deidad búdica), un protector del Dharma, quien vino a su sueño.

Después le pregunté si me había soñado alguna vez. Él dijo, “Sí, efectivamente, muchas veces.” Entonces le pregunté si pensaba que yo fui el que había entrado en sus sueños. Él dijo, “No, porque Shih-fu (el maestro Sheng Yen) no tiene un yidam.” Entonces le dije, “Bueno, iré a encontrarme un yidam así la próxima vez que me sueñes, estarás seguro de que es mi yidam que está entrando en tu sueño.” Mi discípulo objetó, “Pero en el Chan no hay tal cosa como un yidam.”

Esta idea de un yidam nos lleva a un tema básico de la práctica. Los Yidams son deidades protectoras del Dharma que existen para proteger tanto el Dharma como a los practicantes. Cualquier gran practicante tendrá una deidad que protege el Dharma. A menudo tal deidad hará las cosas que el practicante dejó inacabadas, y buscará personas para ayudarle y resolver los problemas por él. La existencia de tales deidades es bien aceptada por tanto el Budismo esotérico como el exotérico. Pero en el Chan no deberíamos tener apegos. Un practicante Chan, entonces, no debería aferrarse a tal deidad, si no, encontraría problemas serios en su práctica. Aparte del método, no hay nada que depender en el Chan. Incluso se deben abandonar los Budas y Bodhisattvas, incluso se debe abandonar el método una vez que haya producido resultados. Mientras dependas de algo, no puedes ser independiente, y serán imposibles los progresos genuinos. Cualquiera que haya participado en un retiro lo comprenderá. La práctica Chan significa abandonar todo el apego: los Budas, los Bodhisattvas, las deidades. Sólo así harás progresos reales.

Hay un relato acerca de un maestro Chan quien una mañana llegó a una casa de labranza que pertenecía a un monasterio. El maestro vió que todo había sido limpiado y preparado para su llegada, incluso se había hecho una gran comida. Él estaba muy sorprendido y preguntó al monje quién había hecho esas preparaciones, “¿Quién te dijo que yo vendría aquí esta mañana?” El monje contestó, “Abad, anoche, la deidad de la tierra me informó de su llegada.” El maestro dijo, “Me siento avergonzado de que mi práctica sea tan mala que una deidad podría vislumbrar mi mente. Ofrece toda la comida que has preparado a la deidad.”

Una persona ordinaria habría estado contenta con lograr toda esta atención y tener una deidad que sirva de su mensajero. Pero para un maestro Chan esto fue una vergüenza – su práctica era tan débil que los pensamientos en su mente fueron perceptibles para la deidad. No debería haber pensamientos en la mente. Cuando esto es alcanzado, se ha conseguido el objetivo de la práctica. Entonces no hay Budas ni Bodhisattvas en la mente y no hay nada para ver incluso para una deidad.

En el Chan un practicante que empieza utilizará métodos para serenar la mente, y, una vez que se logre un suficiente nivel de concentración, empleará un hua-t'ou o kung-an. Estos métodos ignoran los problemas psicológicos y sólo tienen como objetivo descubrir tu propia naturaleza real. A ellos se les considera como métodos “súbitos.”

Los métodos tántricos son considerablemente diferentes de los métodos Chan. El Tantra pone énfasis en los fenómenos: varias experiencias y reacciones que podrían aparecer en la práctica. Si el practicante tántrico se estanca en este nivel y se queda apegado a esas experiencias, entonces permanecerá apegado al sentido estrecho del yo, no importa cuán grandes sean las experiencias de práctica. Pero si un practicante que trabaja sobre la visualización mental de la figura de un yidam, por ejemplo, llega a la etapa en donde se siente completamente identificado con el yidam, entonces ha alcanzado el gran sentido del yo. Este no es el nivel de no-yo, pero hay métodos en la tradición tántrica, como por ejemplo, el método del Mahamudra utilizado en la escuela Kagyupa, que sí que conduce al no-yo.

En el Mahamudra la práctica descansa en la pura nada. En los tiempos antiguos a un practicante sólo le sería enseñado este método después de que hubiera estado practicando por muchos años. Más recientemente, las reglas se han vuelto menos estrictas, y es posible que el Mahamudra pueda ser enseñado justo al principio de la práctica. Pero incluso utilizando este método no es fácil de llegar a la etapa de la nada. Si el practicante es afortunado, será capaz de utilizar el Mahamudra en un estado mental muy claro, similar al que se describe en la Iluminación Silenciosa. Es posible alcanzar este estado último de la nada en la tradición tántrica, pero se necesitan muchos, muchos años de práctica. Es un método gradual – primero se utilizan visualizaciones, y luego el Mahamudra. Es también un método seguro, puesto que es gradual. El método Chan, por el otro lado, es más súbito y más directo. Una vez que has alcanzado un cierto nivel de concentración, apuntas directamente a tu naturaleza propia.

La práctica tántrica no es un atajo hacia la Budeidad. Pero hay muchas cosas buenas acerca del método tántrico. Hay un énfasis en la práctica adicional, tal como la recitación de mantras, y hay muchas acciones virtuosas que deben ser efectuadas para acumular méritos. Pero no deberías creer que estos métodos traerán la iluminación repentina.

Incluso en el Chan, una vez que has tenido una experiencia de iluminación, todavía debes practicar durante un largo rato. Realmente no hay atajos en el Chan o en el Tantra – no hay comida gratuita. Cada uno de nosotros debe juzgar sus propias causas y condiciones. Debemos juzgar que en esta situación el Budismo esotérico es mejor para mí, o en este momento es mejor el Budismo exotérico. En ambas tradiciones el objetivo último es lo mismo.