viernes, 20 de octubre de 2011
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Extender la Práctica a la Vida Cotidiana
Conferencias budistas
Por el Venerable Chi Chern

El Venerable Chi Chern fue el primer heredero del Dharma del Maestro Sheng Yen. Nacido en Malasia en 1955, él es uno de los más respetados Maestros de meditación en Malasia y Singapur.
Lo que sigue, es una charla del Dharma impartida por el Venerable Chi Chern el 22 de julio del 2011 durante un retiro Chan intensivo en el Centro de Retiro Tambor del Dharma en Pine Bush, Nueva York.
La charla fue traducida al inglés por Chang Wen Fashi y editada por Buffe Laffey para la Revista Chan.

Cambiando Alegremente la Perspectiva
Buenas tardes, compañeros practicantes. Veo a muchas personas vistiendo camisas con etiquetas destacadas. (Nota del editor: en los retiros del DDRC, se les pide a los participantes que vistan las camisetas con las graficas al revés para esconder las palabras o imágenes que pudieran distraer a los demás practicantes)
A veces esto también le sucede a mi camisa. Uno de mis estudiantes podría verla y susurrarme, como si fuera algo embarazoso, “Hey Maestro, está vistiendo su camiseta al revés” Entonces les digo (susurrándoles) “Es una camisa con diseño, ¿ven la etiqueta?” como si fuera algo de moda. Simplemente cambiando la perspectiva hace que parezca muy diferente.

En el cuarto del Maestro hay un bastón de madera que el Maestro Sheng Yen solía usar. Lo tomo cuando doy un paseo. A veces cuando las personas lo ven me preguntarán: “Hey, Maestro, ¿hay algo malo con sus piernas?” y yo diré: “No, mis piernas están bien. Es el bastón el que tiene un problema; no puede caminar. En realidad, sólo estoy llevándolo a dar un paseo”.

De vez en cuando las personas me preguntan: “¿Puede conducir un coche?” y diré: “Bueno, puedo abrir la puerta” (En chino las palabras kai che podrían significar conducir y kai también podría significar abrir) Algo que era originalmente negativo, rápidamente cambia a ser positivo. Si las personas me preguntan: “¿Sabe conducir?” y dijo: “No, no sé conducir”, eso es un poco negativo, me disminuye. Pero, en lugar de mirar el lado negativo donde yo no pueda hacer algo, miro lo que puedo hacer y digo: “Sí, puedo abrir la puerta y sentarme en el coche y viajar”. Sólo a través de cambiar la perspectiva, la situación entera cambia.

Podemos transformar la manera en que miramos nuestra vida cotidiana y responder ante las diversas situaciones. Con el primer ejemplo, alguien señala que la camisa está al revés. Un tipo de respuesta podría ser: “Sólo tengo unas pocas ropas y no tengo lugar donde lavarlas, de manera que tengo que ponérmelas al revés para vestirlas dos veces”. O, “Me dijeron que me la pusiera al revés de manera que la escritura no distraiga a los demás”.
El dar todas aquellas explicaciones es una respuesta un poco cansadora, larga e innecesaria. Por qué no simplemente decir: “Bueno, esta es un camisa con diseño, ¿ves?” y le muestras la etiqueta. Una simple respuesta como esa da una perspectiva única. Tomas algo que originalmente era problemático, una cosa sin vida perjudicando a todo el mundo; le cambias la perspectiva y, de repente, hay espacio creativo, hay alegría.
Pasa lo mismo con el ejemplo del bastón, una situación aburrida se convierte en algo alegre.
Este es realmente el objetivo del Budismo, el ser capaz de ver las cosas desde una perspectiva fresca. Con la práctica podemos aplicar esta actitud. Podemos mirar a las cosas de manera diferente y tener un método sencillo de expresar nuestro punto de vista. Al hacerlo, comunicamos un mensaje que es alegre y creativo.

Saludándote a ti mismo por la mañana
Lo mismo se aplica a cómo nos vemos a nosotros mismos, y este es un punto importante: ¿Cómo te miras a ti mismo delante del espejo cuando te levantas por la mañana? Yo, sonrío y dijo: “¡Buenos días!”. Me siento bien. Pero algunas personas se ven a sí mismas y [El Maestro pone cara severa] ven algo sin brillo y sin vida. O la primera cosa que ven es otra cana. Quizás algunos de los jóvenes vean otro grano. Estas personas, la primera cosa que ven cuando se miran al espejo son manchas e imperfecciones. Usan todo tipo de maquillaje y cremas hasta que su rostro original queda completamente escondido. En ese momento, es sólo una máscara para ocultar todas las imperfecciones. Si nos miráramos a nosotros mismos de esta manera todos los días, lo que sucederá después de un tiempo es que cuando nos levantemos por la mañana nos sentiremos poco animados y no veremos ninguna esperanza.

Mirarse las imperfecciones en el espejo es sólo una analogía de cómo nos vemos a nosotros mismos en general. Podríamos mirar el estado de nuestra mente y siempre ver sólo los defectos. Podríamos pensar: “Oh, incluso después de estudiar el Budismo tengo tantas aflicciones”. Cada pensamiento, cada movimiento que hago es karma”. Estamos llenos de lástima propia y nos consideramos a nosotros mismos como una persona terrible. Aquí es donde pensábamos que el Budismo debía ayudarnos a estar alegres; pero resulta que empleamos el Budismo para despreciarnos a nosotros mismos y ver sólo las imperfecciones.

Estados Saludables de la Mente
Si sólo vemos el lado negativo, nos deprimimos nosotros mismos con negatividad. Al final, podríamos perder toda la fe, y luego, el Budismo se convertiría en un medio para criticarnos a sí mismos. En efecto, el Budismo nos enseña que mientras tengamos defectos, también debemos reconocer nuestros rasgos positivos. Debemos conocer nuestros defectos, pero es más importante el conocer nuestras cualidades saludables y nutrirlas. Luego, tenemos un sentido de confianza; tenemos autoestima y valor. Tenemos creatividad y potencial para brindar alegría a los demás. Estamos llenos de esperanza; esta es la vivacidad que obtenemos al ajustar nuestra actitud. Entonces, ¿cómo mantenemos esta perspectiva positiva en la vida cotidiana?: A través de cultivar más estados saludables de la mente.

Por supuesto que hay aflicciones. La escuela budista de Sólo-Conciencia analiza los diferentes estados de la mente y los subdivide en categorías de estados saludables y malsanos. De acuerdo a este análisis, los estados malsanos podrían ser más en número, pero es sólo una manera de describir estos estados de la mente.
Algunas personas que estudian el Budismo, parecen olvidar que hay estados saludables de la mente y que éstos son los que queremos nutrir. Normalmente, nuestra mente fluctúa de los estados saludables a los malsanos. A través de cultivar los estados saludables de la mente, se contrarrestan los estados malsanos.

Cuando practicamos la meditación, en mayor parte sólo estamos enfocados en nosotros mismos, usando el método y cuidando ese calmo y sin embargo claro estado de la mente. No obstante, en la vida cotidiana, nuestra práctica no está limitada solo a nosotros mismos, debido a que tenemos que interactuar con los demás y encargarnos de varios asuntos. ¿Cómo extender nuestra práctica a estas actividades y relaciones?: Precisamente, a través de cultivar los estados saludables de la mente.

Cosechando Lo que Siembras
Cuando las personas tienen siempre un punto de vista negativo, es casi como si emitieran una energía negra. Pareciera que están convocando alguna reacción negativa del medio ambiente a que volviera hacia ellos. Esta constante retroalimentación negativa se multiplica y hace que la persona llegue a sentirse imperfecta.
Por otro lado, sabemos que cuando cultivamos los estados positivos de la mente, nos sentimos alegres acerca de nosotros mismos. Podríamos conocer personas así; que se sientan alegres acerca de ellos mismos. Emiten una energía saludable y pareciera que la respuesta que obtienen también es saludable.

Podemos ver esto muy claramente en nuestras propias interacciones. ¿Qué pasa cuando regañamos a alguien o lo presionamos? ¿Sonríen y responden alegremente? Por supuesto que no. La mayor parte del tiempo la respuesta que obtenemos es la negatividad que nos rebota hacia nosotros mismos.
Al principio, tenemos una voluntad más fuerte, luego pareciera que ganáramos: nos escuchan, pero nos tienen miedo. Cuando nos ven, inmediatamente se ponen tensos. Cuando presionamos a las personas, nosotros mismos estamos agitados e incómodos. También tenemos miedo de que un día pudieran vengarse. ¿Y qué del día cuando tengan la voluntad más fuerte? Entonces podrían presionarnos.
Por otro lado, si tenemos un método muy alegre para interactuar con los demás, obtendremos una respuesta feliz.

Brindando Alegría y Eliminando Sufrimiento
Practicamos el Budismo porque queremos liberarnos del sufrimiento. Si tenemos sensibilidad para esto, comprenderemos que los demás también quieren liberarse del sufrimiento. De manera que empezamos a ver que al interactuar con los demás, la práctica está cultivando la sanidad, está compartiendo alegría. De hecho, esto es compasión, uno de los conceptos básicos de la enseñanza budista. Los dos caracteres chinos para la palabra compasión significan “dando alegría” y “eliminando sufrimiento”. Esta práctica es, en realidad, el Budismo completo.

Cultivamos esto simplemente a través de nutrir los estados saludables de la mente. Esto comienza con tener una perspectiva optimista de la vida y, más importante aún, comienza con tener una perspectiva optimista de nosotros mismos. Si nos miramos al espejo todos los días con la actitud de ver nuestros propios defectos, ¿seríamos capaces de ayudar a los demás con su sufrimiento? ¿O brindarles alegría? Muy probablemente sólo les daríamos un bajón.

Sólo a través de cambiar nuestra actitud y la manera en que nos expresamos, cambiamos nuestra perspectiva. Podemos usar una cierta expresión física o verbal para comunicar esta sanidad. Por ejemplo, a algunos de mis estudiantes jóvenes yo podría decirle [El Maestro en tono de broma y simpáticamente]: “Wow, ¡tienes tantos granos en tu cara! ¿Qué pasó?”. Sonrío y digo esto de una manera muy alentadora y entonces: ¿piensas que se enfadarán?. En realidad no; puesto que la manera en que me expreso es muy alegre.

No es que yo quiera herirlos. Diría algo como esto para relajarlos o animarlos. Y también estoy tratando de demostrarles que los quiero cuidar. Porque, de hecho, si de repente aparecen muchas imperfecciones, podría ser una señal de algún desequilibrio en la salud, algo a lo que necesitan ponerle atención. Es una manera de decir: “Tienes que cuidarte a ti mismo”, una manera alegre de expresar preocupación. No es como si dijera: [El Maestro pone voz dura y enfadada] “¡Mira todos esos granos en tu cara! ¿Qué estás haciendo?”, y dándoles presión.
Algunos padres hacen esto con sus hijos. Todos los días les dicen: “¡Ah, mírate a ti mismo, eres un fracasado y un inútil!” poniendo una actitud constantemente negativa.
Los padres que tratan a sus hijos de esa manera, ¿piensas que los hijos se sentirían cómodos con ellos? No. Cuando sus padres se les acercan, se encogen para bloquear esa negatividad.

Genuina Compasión
En la meditación sentada de los retiros, el énfasis está en nosotros mismos, armonizando nuestro cuerpo y mente, obteniendo este calmo y sin embargo claro estado de la mente. Pero en la vida cotidiana, debido a que la mayor parte del tiempo estamos interactuando con los demás, el énfasis debería estar en la compasión. ¿Y cómo somos compasivos? En primer lugar, cambiando nuestra actitud, viendo las cosas positivamente y cultivando los estados mentales positivos. Estamos sensibles a las necesidades de los demás. Utilizamos una manera sana al interactuar y esto se convierte en algo mutuo. Deberíamos estar conscientes de que la compasión es la base de nuestra práctica en la vida cotidiana.

Cuando decimos que estamos practicando la compasión, ¿realmente la estamos practicando? Incluso algo tan simple como decir buenos días a los demás, ¿es solo una obligación?
Si decimos: [El Maestro pone tono melancólico y sin fuerza] “Oh, buenos días” ¿piensan que es una buena mañana? Pienso que ellos se preguntarían cómo podrías estar teniendo una buena mañana cuando te expresas de esa manera.
¿Empiezas el día con sonreírle al espejo y decirte a ti mismo un alegre “Buenos días”? Cuando nos relacionamos con los demás, ¿es genuina nuestra compasión? ¿Y cómo podemos hacerla genuina? Tiene que provenir de nuestra propia experiencia. Sólo entonces podremos expresar genuinamente esta sana energía a los demás. Es crucial para practicar auténticamente la compasión hacia los demás el ser compasivos con nosotros mismos.

Extendiendo la Práctica Hacia Fuera
Decimos que una persona que práctica la compasión para el beneficio de todos los seres sensibles es un Bodhisattva. Algunos Bodhisattvas se adentran en las profundidades de las montañas en retiro solitario.
Las personas podrían criticarlos diciendo: “¿Cómo pueden liberar a los seres sensibles a través de aislarse?” El Bodhisattva podría responder diciendo: “Cuando me adentro en las montañas para realizar la práctica solitaria, estoy cultivando la sanidad, estoy cultivando la alegría dentro de mí mismo. Esto me da la energía y aspiración para ayudar a los demás”.

Pienso que todos podemos relacionarnos con esto. Cuando estamos usando bien el método, cuando nuestro cuerpo y mente están relajados y tenemos menos pensamientos vagabundos, sentimos una cierta alegría. En nuestro cuerpo hay ligereza y alivio, en nuestra mente hay una sana energía. Esta sensación agradable surge de la cultivación personal, de la armonización de nuestro propio cuerpo y mente.
Naturalmente, cuando nos expresamos a los demás desde este estado mental, ellos sentirán que realmente proviene de nuestro corazón y que es algo real. Esta alegría podrá influenciar a los demás y alentarlos a practicar, o al menos ayudará a aliviar su sufrimiento.

Así que, al practicar la compasión, tenemos que trabajar sobre nosotros mismos. Pero al mismo tiempo, debemos tener cuidado de no aislarnos en una burbuja y sólo preocuparnos de nuestra propia aflicción. Algunas personas, cuando practican la meditación, sólo están absortos en sí mismos. En lugar de cultivar la alegría, podría suceder lo opuesto y convertirse en autocrítica. Pero la práctica del Budismo no se trata de enfatizar en los aspectos negativos de ti mismo o del mundo. Se trata de cultivar la tranquilidad, la claridad de la mente y la sana alegría. Al hacer esto, deseamos poder extenderlo hacia fuera.

¿Cómo hacemos esto de forma practica? Bueno, comenzamos aquí en el retiro con nuestra práctica sobre el cojín. Gradualmente, extendemos esto a todas de las actividades de la sala Chan y luego al todo el centro de retiro. Entonces, cuando regresamos a casa a nuestra vida cotidiana, continuamos extendiendo nuestra práctica hacia fuera en nuestras relaciones con los demás. En ese momento, nuestro esfuerzo se convierte en compasión, tomando esta alegría sana y genuina y compartiéndola con los demás. Esto es Budadharma. Este es el corazón de la práctica Chan.