miércoles, 13 de diciembre de 2011
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Suposiciones Escondidas, Puntos de Vista Fijados
Conferencias budistas
Suposiciones Escondidas, Puntos de Vista Fijados (por Simon Child)

El Dr. Simon Child es el tercer heredero del Dharma del fallecido maestro Chan Sheng Yen. Recibió la transmisión del Dharma en el 2000. Su nombre del Dharma es Chuan-fa Jing-hong, que significa “transmisión del Dharma, grandeza pura”.
Simon se entrenó por más de treinta años con el maestro Chan Sheng Yen y el Dr. John Crook, y fue el Secretario del Western Chan Fellowship desde su fundación y hasta su nombramiento como maestro en el 2011.
La siguiente charla del Dharma es de un Retiro de Iluminación Silenciosa, en noviembre del 2010 en el DDRC. Fue transcrita por Catherine Burns y editada por Eddy Street.


Percepción y Sensación
En cada servicio de la mañana y servicio de la tarde salmodiamos juntos el Sutra del Corazón. En una parte dice:
”La forma es precisamente la vacuidad y la vacuidad es precisamente la forma. Como también lo son la sensación, la percepción, la voluntad y la conciencia”.
La mayoría de ustedes sabrán que estos son los cincos skandhas: la forma, la sensación, la percepción, la voluntad y la conciencia (los cinco skandhas siendo un modelo de la mente humana).
La “forma” se refiere a la forma, el cuerpo, la sustancia.
La “sensación” se refiere a la capacidad de sentir el mundo a través del tacto, la vista, el olfato, etc.
La “percepción” es lo que entendemos de lo que recibimos a través de esos sentidos; ¿vemos un árbol? ¿Vemos un tambor? O, cuando escuchamos un sonido, quizás haya una interpretación de lo que es el sonido. Cuando escuchamos un chasquido; tenemos una sensación de si es un chasquito de ramita o quizás el cierre de la puerta de un coche. Por lo tanto, la percepción no es lo mismo que la sensación directa. La sensación directa es simplemente el sonido; luego, tenemos una interpretación sobre él y eso es la percepción.

Voluntad
Hoy me gustaría concentrarme en la “voluntad”, que se refiere a nuestra respuesta, o nuestra reacción, y que es diferente de la interpretación.
La interpretación requiere que estemos involucrados y tengamos algún conocimiento previo. Por ejemplo, si nunca hubiéramos visto un árbol, no seríamos capaces de llamarlo “árbol” cuando lo viéramos. A partir de nuestra experiencia, hay una clara relación para con la mayoría de los objetos (sabemos que es un árbol o sabemos que es un tambor, o cualquier cosa). La voluntad, en referencia a nuestra respuesta o reacción, es más compleja y merece una investigación.
La palabra “voluntad” tiende a insinuar la libre voluntad, aunque no es una palabra que empleamos mucho en el lenguaje cotidiano. Generalmente podríamos decir: “Alguien hizo algo por propia voluntad.” (Eligieron; decidieron hacerlo). Pero este sentido no lleva mucho el sentido completo de la palabra. La palabra sánscrita es samskara, e insinúa algo más y es diferente de la libre voluntad. A veces se traduce como “impulso” o irreflexión. Esto insinúa espontaneidad y también una reacción habitual; y aquí es donde se vuelve interesante. He aquí algo acerca de una respuesta habitual, una tendencia a responder de cierta manera, no una respuesta predeterminada. “Voluntad” se refiere a nuestra tendencia habitual (algunos podrían llamarla nuestra tendencia kármica).
Cualquiera sea la razón, dada una determinada sensación y una determinada percepción, tenderemos a responder de una cierta manera. No sería la única respuesta que podría tener lugar; otras personas podrían responder de manera diferente.
No sería libre voluntad si te sintieras obligado a responder de una determinada manera. Efectivamente, podrías simplemente realizarlo sin ningún sentido de pensar sobre ello, juzgar o decidir qué sería lo mejor.
Todos nosotros tenemos reacciones habituales a ciertas situaciones y circunstancias y esta palabra samskara, aquí traducida como “Voluntad”, está señalando en esa dirección.

Tendencias Kármicas
Entonces, ¿qué es lo que decide nuestros hábitos? ¿Qué decide cuáles van a ser nuestras reacciones? Yo empleo la frase “tendencias kármicas”, que es la terminología budista para ello; y en términos psicológicos podríamos decir “condicionamiento”. Ciertas cosas han sucedido en el pasado, y hemos adquirido una manera de responder que parece funcionar para nosotros, así que la continuamos. Nuestra respuesta se vuelve condicionada por las experiencias pasadas y luego se convierte en un hábito, algo incuestionable y que se activa automáticamente cuando se presenta el desencadenante adecuado.
Esta puede ser la manera de protegernos a nosotros mismos, tal como evitar ciertas situaciones en donde alguna otra persona podría dar un paso al frente y encargarse de ellas. O, efectivamente, podríamos ser el que da un paso al frente y responde, estando muy alertas cuando otros eludieran la situación.
Por alguna razón, estamos eligiendo ese curso de acción pero no pareciera necesariamente ser una libre elección.
La mayoría de nosotros reconoceremos que nos encontramos haciendo cosas y no estamos bastante seguros de cómo acabamos haciéndolas: ¿Cómo me metí en esta situación una y otra vez?

Suposiciones Escondidas
La pregunta es - ¿cómo hiciste? De algún modo, surgieron determinadas condiciones y respondiste de una manera tal que te metiste nuevamente en esa situación aunque la última vez no estuvieras muy a gusto. ¡Pero aquí te encuentras haciéndolo otra vez!
Estas podrían ser estrategias de hacer frente a situaciones que hemos aprendido a través de nuestra experiencia de los vaivenes de la vida. Podrían ser acciones que realizamos. Podrían ser actitudes que tenemos. Podrían ser reacciones internas, sensaciones, respuestas o modelos de pensamiento y podrían revelarse de diferentes maneras.
En cierto sentido, tenemos una manera particular de interpretar la vida y llevamos con nosotros algunas herramientas de traducción. Traducimos determinadas situaciones subconscientemente, en una evaluación de “dar un paso al frente” o “dar un paso atrás”, “decir algo” o “no decir nada”, “ir en esta dirección” o “ir en aquella dirección”. No es que esté predeterminado, sino que tenemos una tendencia de ir en la misma dirección cada vez que se presenta esa situación en particular.
Llevamos una interpretación particular del mundo y, quizás sin darnos cuenta, llevamos “suposiciones escondidas” acerca de las diferentes situaciones. Ciertas situaciones podrían traernos riesgo y ciertas situaciones podrían traernos una buena oportunidad. Tenemos una suposición intrínseca, escondida e invisible, que nos mueve hacia las situaciones que pensamos inconscientemente que podrían ser beneficiosas para nosotros; y, similarmente, estas suposiciones podrían apartarnos de otras situaciones.

Puntos de Vista Fijados
Es la naturaleza escondida de estas suposiciones (el hecho de que sean hábitos en lugar de libres selecciones) la que nos provoca alguna confusión.
A veces no comprendemos muy bien nuestras propias acciones o actitudes. Incluso cuando nos damos cuenta de lo que estamos haciendo, no comprendemos necesariamente lo que está pasando. Estos son puntos de vista fijados.
Mantenemos ciertos puntos de vista fijados (“estos son mis valores, esto es lo que es importante para mí”) y al tratarlos como algo importante, no sabemos muy bien por qué son importantes para nosotros. De manera que el sólo decir que estos son mis valores podría ser algo racional: “Me encuentro llevando esto; estos deben ser mis valores”.
Bueno, ¿cómo llegaste a elegir tus valores? ¿Cómo llegaste a elegir tus preferencias? Peculiar y curiosamente, te encuentras diciendo: “¿Cómo me metí otra vez en esta situación?” De algún modo, parece que no aprendiéramos de esas situaciones. Nos encontramos llevando a cabo comportamientos que no funcionan para nosotros mismos, y sin embargo los repetimos una y otra vez. Hay algo que nos conduce fuertemente hacia tomar repetidas decisiones en la misma dirección (incluso cuando la evidencia de nuestra propia reciente experiencia parece no apoyarlo). Esto es lo que da un indicio de la fuerza de estas suposiciones escondidas y de los puntos de vista fijados.

Respuestas Fosilizadas
Todos nosotros tenemos respuestas que recogimos en el pasado, quizás en la niñez, quizás después; pero luego se fosilizaron y las hemos enterrado en las profundidades. Pero, aún siendo bastante añejas, todavía nos manejan desde las profundidades. La lógica que las mantenía ligadas a menudo ya no es válida. Esa lógica proviene de otro tiempo, de otro lugar, de cuando esa reacción, respuesta o actitud era útil. Podría no haber sido la mejor posible en ese momento, pero era la que funcionaba. Nos hizo superar una situación difícil.
Como seres sensibles con la capacidad de aprender de la experiencia, aprendimos que esto o aquello funciona y decidimos que vamos a seguir haciéndolo. A través de este proceso, se incrustó en nuestra forma de ser en el mundo. Esto es curioso porque parecería que no estamos aprendiendo de nuestra actual experiencia y nos guiamos por lo que aprendimos en el pasado. Como reza el dicho: no puedes enseñarle trucos nuevos a un perro viejo. El perro joven aprende los trucos, pero nosotros los perros viejos no aprendemos tan fácilmente, seguimos haciendo las mismas elecciones incluso aunque fueran inútiles o dañinas.
Ahora podría darles muchos ejemplos sobre esto. He aquí uno que he escuchado a menudo: Imagina que eres un niño pequeño que tiene un padre que bebe en exceso y llega borracho, sobre todo los viernes y sábados por la noche. Te encuentras propenso a recibir una paliza, de manera que por supuesto aprendes a esconderte, especialmente los viernes y sábados por la noche. Quizás algunas otras noches de la semana tampoco sean seguras, de modo que, en general, aprendes a ser una persona que se esconde. Llegas a la conclusión de que no es seguro estar delante de figuras de autoridad. Generalizas y lo extiendes. Te conviertes en un adulto que es un poco aislado, tímido, sintiéndose especialmente muy incómodo frente a figuras de autoridad (que podrían ser tu maestro de escuela, tu jefe o cualquier persona). De este modo, has elegido ser de una cierta manera en el mundo, que se relaciona con la forma de sobrellevar dicha situación en la niñez.
Pero ahora, como adulto, ya no estás viviendo en una casa con un padre alcohólico y, entonces, ¿de qué te estás escondiendo? Es una conducta que se ha quedado grabada, atascada y fosilizada. No lo comprendes; sólo sabes que te sientes embarazoso en ciertas situaciones y con ciertas personas. No sabes por qué lo haces, pero lo razonas y dices: “Bueno, soy una persona tímida. Soy una persona reservada” (o algo por el estilo).
Pero estas historias no son siempre tan sencillas como esa; puede haber giros y complicaciones. Por ejemplo, ese chico pequeño que se esconde los viernes y sábados por la noche podría haber también escuchado a su madre siendo golpeada. La madre era la única que lo cuidaba, la persona a la que él recurría. De manera que luego viene una sensación de indecisión: ¿Debo esconderme y protegerme a mí mismo o debo intervenir y tratar de proteger a mi madre y ser golpeado también? Un giro en el relato que añade otro proceso al mecanismo de afrontamiento y con otra actitud hacia la situación establecida.
Por supuesto que diferentes personas podrían reaccionar diferentemente a esto, y darán lugar a diferentes respuestas sobre este ejemplo bastante grave y que, desgraciadamente, es muy común.

Tendencias Enterradas
Hay ejemplos mucho más simples; quizás un maestro de escuela demasiado severo; un niño que te intimidó en la escuela; o quizás estar avergonzado en algún momento por algo. Todas estas cosas nos dan remordimiento, nos marcan y aprendemos de ellas; pero aprendemos de una manera más inflexible. Encontramos un modo de afrontarlas y pensamos que las podemos manejar y continuamos haciéndolo.
Podrías reconocer algo de esto en ti mismo y podrías tener alguna idea de qué modelos has contraído. Podrías haber sido capaz de deshacerte de algunos de ellos, puesto que los has evaluado nuevamente a la luz de tu presente situación: “En realidad, ya no estoy viviendo con mis padres, no necesito tener miedo a los viernes y sábados por la noches”; y eres capaz de liberarte.
Pero si no sabes por qué tienes miedo de las figuras de autoridad, si no sabes de dónde provino el miedo porque reside muy profundo dentro de ti, es muy difícil el liberarse de esa tendencia. Algunas de estas tendencias se mantienen escondidas por décadas, por vidas. Seguimos exhibiendo ciertas actitudes, costumbres, conductas, y realmente no sabemos el porqué, incluso cuando sabemos que no nos sientan muy bien.
Entonces, ¿por qué estoy mencionando esto ahora? Porque a menudo las obstrucciones que encuentras en la práctica están relacionadas con algo enterrado dentro ti. Estás acarreando un punto de vista fijado que no es compatible con una conciencia abierta. Todos nosotros tenemos límites y a medida que cultivas tu práctica alcanzas tus límites; y si es un límite del cual no estás conciente, entonces eso puede volverse confuso. No estás muy seguro de lo que está pasando pero tienes un sentimiento de estar atascado, incapaz de progresar, y esto podría revelarse en síntomas tales como pensamientos recurrentes y vagabundos. Has realizado tu ejercicio de las “ovejas en el corral” y el corral se está desbordando y las ovejas aún siguen viniendo. ¿Qué está pasando aquí?

(Nota del editor: El centro de retiro Western Chan Fellowship de Wales está en una granja de ovejas. Cuando el maestro Sheng Yen Lideró un retiro allí, se dio cuenta de que los granjeros ponían las ovejas en diferentes corrales. De manera que habló de un método para calmar una mente dispersa y confusa; lo llamó “usando los corrales de las ovejas”. Al surgir cada pensamiento, lo ubicas en una categoría según de que se trate, y pones el pensamiento en el corral correspondiente. Lo que normalmente encuentras es que mil pensamientos sólo necesitan alrededor de tres o cuatro corrales de ovejas)

Tener el Coraje de Mirar Directamente
Esta es un problema recurrente en la mente (se repite una y otra vez). Quizás haya una fuerza del hábito conduciéndole. A lo mejor, en realidad hay un mensaje para ti en este problema. Quizás este no sea un pensamiento vagabundo al azar; quizás ésta es una de tus obstrucciones hablándote, diciéndote “Escúchame”. Pero piensas: “Lo estoy escuchándolo. Estoy harto de escucharlo”. Bueno, quizás no lo estés escuchándolo completamente. Quizás has estado tan harto de ello que en realidad sólo estás viéndolo a medias y pensando: “Oh, es eso nuevamente”. “Ok, esta bien, lo pongo en el corral de ovejas”.
Bueno, en realidad, esto necesita ser mirado más detenidamente. De esta manera, nuevamente planteamos esta palabra “investigar”. ¿Qué significa investigar en este contexto? En realidad quiere decir: Mirar directamente a lo que está pasando aquí. No se trata de intentar reprimir o de decir: Esto no es la práctica adecuada, esto es un disturbio para la práctica. Se trata de decir: He aquí una parte de la mente que todavía no está completamente iluminada. He aquí una parte de la mente con la cual todavía no estás en contacto completo. Así que, dirige tu atención a este problema.
¿Que es este problema? Bueno, es sólo una recolección de palabras. ¿Cuál es el mensaje? El mensaje podría estar sumergido en las palabras. Las palabras podrían ser modificadas, esterilizadas. En realidad, sólo estás permitiéndote tocar la punta del iceberg de este problema (porque hay dolor debajo de éste). Hay un poder en este problema que todavía no ha sido expresado. La mente está ofreciéndote una pequeña muestra, y está viendo si tienes el coraje de verlo directamente cara a cara y de ver qué está debajo de la línea de agua de este iceberg.
Entonces, una de las formas es simplemente asimilar este problema: ¿Cuál es el contexto? ¿Me pregunto por qué continúa regresando? A veces, la respuesta queda por descubrirse, no en las palabras, sino en algún lugar del cuerpo. Te desplazas fuera de tu cabeza: ¿Cuál es la experiencia corporal de este problema? ¿Hay alguna sensación, alguna agitación en la boca del estómago? ¿Hay algún miedo relacionado con este problema, un enfado, un dolor, una pérdida?
Muy probablemente, de estos problemas, sólo estés tocando sus puntas. Para experimentarlos completamente, necesitas permitirte a ti mismo experimentarlos en su totalidad; lo que te incluye a ti completamente (la totalidad de tu respuesta incluyendo el contexto emocional).

Investigar el Problema Silenciosamente
Entonces, si te encuentras con un problema recurrente de este tipo, investígalo; lo cual significa: “investigar silenciosamente”. Pon tu atención en el problema. No necesita ningún análisis verbal. No necesita ninguna ejercitación. Necesita que estés completamente presente en él; una presencia corporal completa, una mente abierta viendo más que palabras superficiales. Entonces, el contexto de este problema, la plenitud del problema, podría surgir en la mente y ser sentido en el cuerpo.
Este puede ser un momento crucial, puesto que, de repente, puedes ver lo que ha estado pasando: que estás siendo manejado por algo antiguo cuyo tiempo ha pasado. Esta listo para ser liberado, y no hay ningún problema acerca de liberarlo ahora. Parecía como que era algo con lo que no podías tratar. Era una conducta que te mantenía seguro en la niñez y parecía muy peligroso el correr el riesgo de deshacerte de ella. Pero cuando es completamente visto, descubierto y experimentado, lo antiguo de ello se vuelve inmediatamente aparente: es totalmente irrelevante ahora para mi vida. Esto es algo que fue relevante para un tiempo pasado, pero no ahora. Entonces, podría suceder que muy fácilmente te encuentras perfectamente capaz de dejarlo a un lado y luego piensas: “¡Desearía haberlo descubierto más rápidamente!” Cuando está completamente visto, puede ser muy fácil de dejarlo a un lado. Es lo visto a medias, la mitad escondida de la película, el esconderse del miedo lo que lo hace difícil de dejar.

No Hay Áreas de “No-Ir”
Bien podría haber otras razones que lo hace difícil de dejarlo a un lado (el miedo es sólo una). Podría haber culpa relacionada con el problema, una responsabilidad personal a ser reconocida (tu parte en ese asunto particular). En algunos relatos somos la víctima, en otros somos el agresor, y muy a menudo existe una mezcla de los dos. Podría haber vergüenza relacionada con el problema. Podrías pillarte a ti mismo censurando tus problemas (haciéndolos ver como si sólo fueras la víctima y en realidad no has hecho nada malo en absoluto). En la mayor parte de nuestra vida hacemos algo erróneo, ¿no? Quizás en este problema en particular hay algo incorrecto de nuestra parte, así como también de la otra persona.
A veces somos puramente víctimas debido a la naturaleza misma de la vida; de manera que no tenemos que encontrar culpa alguna de nuestra parte porque no siempre la hay. Pero estate alerta, quizás la parte del iceberg que está debajo del agua sea tu parte en el problema, un secreto vergonzoso y de culpabilidad que preferirías no ver.
Pero nuevamente, quizás no sea así y no tengas que ser una víctima extra al ser una “víctima” que se culpa a sí misma. No hagas eso.
De manera que estate abierto a qué camino conlleva, a la manera en que el problema se revela para ti.
En general, a lo largo de ésta práctica no hay áreas de “no-ir”. Si un problema está surgiendo (especialmente si surge repetidamente) necesitas poner tu conciencia en él. No te des a ti mismo excusas extras para no mirar ciertas cosas en la práctica. No digas: “Oh, eso no es práctica, eso es pensamiento. El pensamiento es malo, yo no debería estar haciendo eso”.
Como he dicho, para hacer que una mente muy salvaje se serene, hay un método para reprimir el pensamiento de manera que puedas lograr un comienzo de calma. Pero también hay un método para ir en la otra dirección.
Cuando un rompecabezas o un problema necesitan ser resueltos, hay necesidad de dejar ir el apego y así obtener calma para permitir algún pensamiento, análisis y libre asociación para tratar de iluminar dicho problema. De esta manera, a veces sí reprimimos los pensamientos, simplemente para alcanzar algo de calma; y a veces nos ponemos a pensar un poco para alcanzar algo de claridad. Pero al final, nos unimos en una unificada iluminación silenciosa.

Quítate Las Gafas que Distorsionan el Mundo
En ocasiones es apropiado presionarnos un poco más a nosotros mismos de alguna manera o de otra. Así que no tengas esa excusa para áreas de “no-ir” pensando: “Oh, no es la práctica adecuada”. En realidad, es una parte muy importante de la práctica para tratar tus obstrucciones.
A veces necesitamos ser un poco más sofisticados con nuestras obstrucciones y no decirnos a nosotros mismos: “Oh, ya lo sé todo acerca de eso. He pensado acerca de eso en el pasado, de manera que no necesito hacerlo ahora”.
Bueno, si eso continúa regresando a ti, probablemente sí necesites hacer algo con eso ahora. Y entonces a veces nos decimos a nosotros mismos: “Bueno, he tenido toda esa terapia y me cuesta mucho dinero, de manera que no puedo cuestionarlo y tomar ese camino nuevamente. Debería ser terminado ahora mismo, ¿no?”
Bueno, quizás sí, pero quizás no; échale un vistazo.
La conciencia abierta lo incluye todo (incluso aquellas cosas que a primera vista no se parecen mucho a lo que te esperabas para tratar en el retiro). Pero ellas son lo que está surgiendo en tu mente y es lo que necesita ser tratado. Si no estás tratando con ellas, si las estás empujando a un lado, estás distorsionando tu percepción. Estás diciendo: “Estoy llevando mi filtro-para-ver-el-mundo en mis gafas y no voy a quitármelas y ver claramente, puesto que me siento cómodo con estas gafas puestas”. Pero, en realidad, son gafas deformadoras; están dándote una visión distorsionada del mundo (una visión distorsionada en la que, por ejemplo, todas las figuras de autoridad podrían hacerte daño. Pero esto en realidad no es así).
Por supuesto, necesitamos tomar precauciones de sentido común en la vida; hay riesgos, pero no son lo que pensamos que son, no son aquellos riesgos del pasado.
Necesitamos quitarnos nuestras gafas deformadoras y ver al mundo directamente. Si no, estaremos vulnerables a más riesgos al acarrear viejos modelos y aplicarlos indiscriminadamente en el presente.

Aplicar Dirección a Tu Práctica
¿Cómo juzgas hacia que lado dirigir tu práctica para mejorarla? ¿Hacia el silencio? ¿Hacia la iluminación o la investigación? Bueno, haz todo lo mejor que puedas y probablemente solo cometerás algunos pocos errores a lo largo del camino. Algunas veces estarás suprimiendo pensamientos, intentando hacer que la mente se serene, y podrías exagerar y terminar en la “cueva de los demonios”. A veces le dedicarás demasiado tiempo a pensar, a resolver las cosas y solo acabarás con una mente dispersa. Pero a veces sí que necesitas codearte a ti mismo e ir en estas direcciones. Simplemente dite a ti mismo: “Sólo me sentaré aquí y se resolverá”. No siempre funciona, puesto que estás sentado aquí, fuera de rumbo y distorsionado.
Necesitas dedicarle algún esfuerzo, alguna dirección a tu práctica. Hay algún ajuste que realizar (algo de prueba y error).
Uno de los samskaras que tomamos como budistas parecería ser que los pensamientos son malos (debemos deshacernos del pensamiento; el pensamiento es el enemigo). Bueno, eso sucede parcialmente porque enseñamos métodos de calmar la mente y, naturalmente, mientras la práctica progresa, la mente se vuelve más tranquila. Pero, precisamente porque comprendemos que cuando la práctica progresa la mente se vuelve más tranquila, es que pensamos que podemos darle una vuelta completa y decir: “Si me deshago del pensamiento estaré progresando en la práctica”. Pero no es así.

Pensamiento Natural y Pensamiento Deliberado
Hay una manera interesante de mirar el pensar y a dos tipos diferentes de pensamiento: Roshi Jiyu-Kennett de Shasta Abbey, en sus escritos identifica el “pensamiento natural” y el “pensamiento deliberado”. Ahora, cuando leí esto por primera vez, entendí su significado al revés, puesto que comprendí que ella se refería al “pensamiento natural” como a los pensamientos vagabundos y al azar de la mente, y al “pensamiento deliberado” como los pensamientos de los que tenemos control.
Pero, en realidad, ella ve estos procesos de pensamiento de forma opuesta: “Pensamiento natural” es perfectamente natural, como es perfectamente natural tener pensamientos. Los pensamientos surgen y no son un problema. Lo que ella llamó “pensamiento deliberado” (podríamos decir de deliberación, elaboración) es el problema que se nos interpone en el camino y nos separa de experimentar al mundo directamente, de experimentar directamente nuestra propia naturaleza.
Debido a que tenemos esta capa de teoría, interpretación, evaluación, comentario, etc., esto es lo que nos separa. Pero si simplemente hiciéramos contacto directo con nuestro pensamiento natural, con nuestra sensación natural o con nuestro medio ambiente natural, entonces veremos directamente la naturaleza de quiénes somos y el mundo en el que vivimos. No hay filtro, no hay bloqueo.
De manera que no intentes vaciar la mente de todo pensamiento. A medida que practicas, la mente se serena al cesar el hábito de hacer elaboraciones y restas sólo con los pensamientos vagabundos naturales y tranquilos de la mente (las percepciones de calma de la naturaleza).
No estamos tratando de deshacernos de ellos. Esta práctica se trata de lograr ser un ser humano más completo (no de ser un robot irreflexivo e insensible). Es perfectamente natural que una cierta cantidad de pensamiento y sensación tenga lugar; pero trata de mantenerte al margen de las elaboraciones.
Trata de mantenerte al margen de estar apegado a lo que podríamos llamar: aquellas “prácticas temporales” de los extremos; tales como eliminar el pensamiento para intentar hacer que la mente se vuelva más tranquila. Es bueno hacerlo de vez en cuando, pero es una práctica temporal.
Entonces, el otro extremo: el pensar, tratar de resolver algo, analizar; son útiles y lo deberíamos hacer, pero no todo el tiempo. Son como la balsa que nos lleva a la otra orilla: muy útil pero eventualmente la dejamos. Ya no necesitamos acarrearlos. Pero una balsa es muy útil para cruzar el río; de manera que haz uso de la balsa cuando sea adecuado, pero no pienses que la balsa es la única manera de viajar para el resto de tu vida.

Investigar Silenciosamente
El maestro Sheng Yen solía decir que deberías ser sincero en tu práctica. Esto podría interpretarse en términos de dedicarle esfuerzo completo a tu práctica, pero también significa dedicar tu ser completo a tu práctica (tu corazón y tu mente). No hay áreas de “no-ir”. Luego, cuando te relajas en una posición neutral (cuando no estás reprimiendo pensamientos ni estás pensando) aún se necesita la investigación.
Ahora, este es un concepto difícil, de manera que examinémoslo. ¿A qué nos referimos con “investigar silenciosamente”? Imagina que estás en una situación en donde la luz es tenue, estás fuera en algún lugar, quizás caminando por el bosque. Luego, a media luz, surge delante de ti una forma que no reconoces, a la que no puedes ponerle una etiqueta. Hay una silueta. No sabes qué es. ¿Cómo lo descubrirás? ¿Las palabras son de alguna utilidad para ti? No. Observas. Observas. La investigación es el no-saber y el deseo de querer saber. No-saber pero tener la voluntad de saber, reconocer que no se sabe, continuar observando. Quizás la mente tenga tendencia a distraerse, pero vuelves a enfocarla, quieres saber.
Sigues observando. No hay respuesta. No hay progreso, pero sigues observando. Eso es investigación; eso es el continuar observando. Luego, en un momento dado, la silueta podría repentinamente revelarse en algo que reconoces, o quizás haya algún movimiento. Quizás sea un animal lo que has estado observando y ha cambiado de posición; o quizás sea una hoja y el viento la sopla y repentinamente se vuelve clara. Ahora sabes lo que era. Pero las palabras no te ayudaron a descubrirlo; fue el observar, el observar constantemente con una mirada fija y penetrante lo que te ayudó.

No-Saber, Continuar Observando
Así es cómo aplicamos la investigación en esta práctica. Comenzamos por cultivar la conciencia del cuerpo. Lo cual significa abrir la mente para observar y ver, para sentir y escuchar; para estar abiertos a cada trocito de información sensorial que recibimos; pero no para darle forma de cualquier objeto, sino para ver con una actitud de querer saber sin saber, con el no-saber manteniéndote observando.
Entonces, quizás se presente algo de información extra, un cambio en el ambiente o en la calidad de la atención. Hay una diferencia: “Oh, en realidad puedo sentir mi dedo; no sabía que podía sentir mi dedo”. Pero esto no resuelve el asunto de quien eres, o de que se trata la vida, o de cual es tu naturaleza.
De esta manera sigues observando. Tu práctica continúa y, mientras continúas observando, la mirada se estabiliza. El escenario podría extenderse pero tú continúas observando. Podría haber cierto asombro en ciertas experiencias a lo largo del camino, un cierto sobrecogimiento, pero aún sigues observando. No hay cese en esta práctica, simplemente continúas en marcha, continúas observando.

Terminemos esta charla leyendo algo del maestro Hongzhi; el maestro del siglo XII quien unificó estas prácticas bajo el nombre de Iluminación Silenciosa. Dejó varios escritos, algunos de los cuales son llamados “Instrucciones de Práctica”, pero en realidad son más bien como descripciones de la práctica. En estas “instrucciones”, a menudo no hay mucho método al ser mas como una descripción de un estado. He aquí una de ellas. Sólo les leeré una oración o dos:
“La manera correcta de práctica es simplemente sentarse en quietud e investigar silenciosamente. En lo profundo, hay un estado al que uno llega en donde externamente ya no es sacudido por causas y condiciones. La mente, siendo vacía, todo lo abarca. Su luminosidad siendo maravillosa, es precisamente apropiada e imparcial. Internamente no hay pensamientos. Vasta y distante, se mantiene en si misma sin caer en estupor. Brillante y potente, elimina toda dependencia y está a gusto en sí misma”.