sábado, 24 de junio de 2011
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Vivir y Morir con Dignidad
Conferencias budistas
Por el maestro Chan Sheng Yen

La siguiente charla del maestro Sheng Yen fue traducida oralmente por Ming Yee Wang, transcrita por Eugenie Phan, y editada para su publicación por Ernest Heau.

¿Cómo podemos vivir y morir con dignidad? Esta pregunta puede ser hecha desde las perspectivas de la filosofía, la religión, la ciencia, la psicología y la medicina. No soy un experto en esas disciplinas pero me gustaría hacer algunas observaciones sobre vivir y morir con dignidad basadas en mi entendimiento del Dharma budista.

Transformando Nuestra Percepción de la Vida y la Muerte
Normalmente, las personas no pueden controlar las situaciones de la vida o hacer que las cosas sucedan de acuerdo a sus deseos. Muy a menudo, las personas piensan que no tienen a nadie en quien confiar, ningún lugar para encontrar seguridad, ningún sitio a donde recurrir en la vida. Estos son los sentimientos y situaciones en los que la mayoría de los seres sensibles se encuentran. Sin embargo, es posible cambiar esta percepción a otra que contenga un sentido de belleza y amor y afirmar que la vida tiene significado. En este proceso, uno puede también crecer y madurar. Esta es la actitud típica y apropiada hacia la vida desde el punto de vista budista.

Habiendo dicho esto, yo debería señalar que muchos budistas piensan que la vida es básicamente sufrimiento (una carga a soportar, especialmente en relación con el cuerpo). Lo que no entienden es que el logro de la iluminación, es decir, vivir una vida basada en la sabiduría, sólo es posible si uno tiene una forma humana. Sin un cuerpo con el cual practicar, sería imposible alcanzar la liberación y la budeidad. Hay un dicho budista que reza que una forma humana es muy difícil de obtener, pero al tenerla, es una gran oportunidad para escuchar el Dharma. Por lo tanto, alcanzar la sabiduría comienza con tener una forma humana. En este sentido, los budistas que mantienen una actitud negativa hacia la vida, malinterpretan el Dharma. Con un entendimiento adecuado del Dharma, uno tratará la vida como algo muy, muy valioso.

Desde otra perspectiva, algunos budistas podrían pensar que la mejor manera de alcanzar la budeidad es renaciendo en la Tierra Pura, el Paraíso Occidental del Buda Amitabha. Pero aunque la Tierra Pura sea un reino espiritual de felicidad, uno no podría alcanzar la budeidad si permaneciera allí. Para alcanzar la budeidad, uno debe adquirir una forma humana para poder generar los votos para practicar el camino del bodhisattva. Por esta razón, todo el proceso desde llegar a ser un ser sensible común y corriente hasta seguir el camino del bodhisasttva y finalmente alcanzar la budeidad, se lleva a cabo en el reino humano.

La Vida y la Muerte No Están Separadas
Si pudiéramos ver que vivir y morir son procesos íntimamente relacionados, podremos aceptar que los dos son inseparables (si nacemos, moriremos: el uno está íntimamente conectado con el otro). En este sentido, el nacer podría no ser considerado como algo tan alegre, pero tampoco tiene por qué ser algo peligroso. Asimismo, la muerte no necesita tampoco ser considerada como algo triste o alegre. Todo depende de nuestra actitud. Si no aprecias la belleza de la vida, entonces vivir podría considerarse como algo lamentable. Algunas personas encuentran la vida alegre, pero si no hay dignidad, ¿qué hay en ella para ser feliz? Si no conoces el verdadero significado de la muerte, entonces será triste y depresiva cuando llegue. Pero una vez que comprendas que vivir y morir son partes innatas del mismo proceso, serás capaz de encontrar dignidad en la vida así como en la muerte.

¿Cómo podemos encontrar dignidad en nuestra vida? Una manera de contestar a esta pregunta es mirando la vida desde estas tres perspectivas: el significado de la vida, el valor de la vida y el objetivo de la vida. Si puedes experimentar esto, encontrarás dignidad en tu vida. Cuando hablo del significado de la vida, me refiero a la razón por la cual continuamos viviendo. Desde el punto de vista budista, el significado de obtener una vida es tener la oportunidad de pagar nuestras deudas kármicas de nuestras vidas pasadas. El karma dice que las cosas que hacemos son causas que crearán consecuencias. Con esta vida podemos recibir y aceptar el apropiado castigo kármico de nuestras acciones en vidas anteriores. En cualquier vida presente o futura, debemos aceptar una determinada cantidad de castigo del karma pasado. También podemos usar esta vida para cumplir con los votos de práctica que hemos hecho en las vidas pasadas. En una vida previa, si hicimos ciertas promesas y votos, esto también forma parte de nuestro karma. Entonces, en esta vida tenemos una obligación, así como una oportunidad, para cumplir con aquellas promesas previas. De este modo y desde la perspectiva budista, el significado de la vida es recibir el castigo kármico y también cumplir con nuestros votos anteriores.

El valor de tu vida no está determinado por alguien que la examine y emita un juicio sobre ella; sino que se basa sólo en tus intenciones y acciones para con el cumpliendo de tus responsabilidades, y el ofrecerte a ti mismo a los seres sensibles. Es el esfuerzo, dentro de tus límites de tiempo y energía, para ser de utilidad para los demás. Aunque sepan o comprendan tu dedicación o no, el valor de tu vida está simplemente en este esfuerzo por ofrecerte. En la sociedad desempeñamos papeles (para ser una madre aceptas las responsabilidades de la maternidad. Lo mismo para cualquier otro papel que desempeñes). La responsabilidad significa hacer lo mejor que puedas en ese papel sin esperar recompensa alguna. Podemos también ofrecernos para el beneficio del medio ambiente natural. Todas estas actividades pertenecen al reino de beneficiarse a uno mismo y a los demás, en otras palabras, practicar el camino del bodhisattva.

Tener metas significa establecer una dirección a largo plazo para tu vida, incluyendo compartirla con los seres sensibles. Eso significa continuar haciendo votos y cumpliéndolos. Si establecemos estas metas, no sólo para esta vida sino también para las vidas futuras, ya sea nuestra vida larga o corta, viviremos con dignidad.
Como sucede con la valoración, la dignidad que te ha sido conferida por los demás no es necesariamente confiable o genuina. La única dignidad confiable es la que te otorgas a ti mismo por la forma en que conduces tu vida.

La Vida y la Muerte Son Dos Caras de la Misma Moneda
Es de utilidad el entender la vida y la muerte como dos caras de la misma moneda, como aspectos de un proceso ilimitado en el espacio y en el tiempo. Viéndolo de esta manera, no hay razón para estar tan apegado a la vida o temerle tanto a la muerte. La vida y la muerte son, por un lado, nuestro derecho, y por el otro, nuestra responsabilidad. Mientras estemos vivos, aceptemos la vida y hagamos buen uso de ella; cuando nos llegue la muerte, aceptémosla y démosle la bienvenida. Les he dicho a las personas en su lecho de muerte: “No te limites solo esperar la muerte ni tengas miedo de ella. Mientras tengas un minuto más, un segundo más, usa ese tiempo para practicar”. No deberíamos ser reacios a la vida ni desear la muerte, pero cuando sea la hora de partir, apegarse a la vida no funcionará. Por supuesto, ¡esto es muy difícil de hacer!

Desde muy temprana edad, los niños deberían aprender que así como hay vida hay muerte. Enseñarles a estar conscientes de la muerte es mejor que protegerlos de ella, no asustarlos, sino ayudarles a comprender que para todas las cosas vivas, la muerte finalmente llegará. Sabiendo que la vida y la muerte son partes del mismo proceso, nos ofrece un punto de vista más sano de la vida. Estar mentalmente preparado para la eventual llegada de la muerte es beneficioso para el crecimiento de la sabiduría. Antes de convertirse en un buda iluminado, Siddhartha Gautama fue testigo de primera mano del proceso de la vida: el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. Ese conocimiento le inspiró a dedicar su vida a encontrar un camino para ayudar a la gente a aliviar su sufrimiento y alcanzar la liberación. De este modo, el camino budista comenzó con el Buda Shakyamuni enfrentándose a las realidades del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. Su vida muestra que si apreciamos la vida como una oportunidad para crecer en sabiduría y ofrecernos a los demás, no hay necesidad de temerle a la muerte.

El Origen y el Destino de la Vida
Las religiones y las filosofías tienen puntos de vistas sobre de dónde proviene la vida y a dónde vamos después de la muerte. Algunas personas incluso intentan emplear poderes sobrenaturales para ver las vidas pasadas y futuras. Mientras el querer ver el pasado y el futuro son típicos esfuerzos humanos, los resultados no son tan confiables. Confucio dijo que la vida y la muerte dependen del destino, pero él no estaba tan claro acerca de lo que era el destino. A pesar de que no era un budista, el maestro Laozi dijo que tan pronto como uno nace, las causas de su muerte ya están en movimiento. Él también dijo: “Apenas nacido y entrando en la muerte”. Como filosofía es bastante buena. La idea de que la vida fue creada por Dios y que morimos porque Dios quiere que regresemos a Él es también buena, porque uno puede pensar que alguien está cuidando del proceso. Una de las diferencias radica en que la mayoría de las religiones no creen en las vidas pasadas y futuras. Como budista, sin embargo, pienso que el origen de mi vida se extiende sin límite hasta todas mis vidas previas, y mis vidas futuras continuarán hasta que alcance la budeidad. Ese es el punto de vista budista en relación con el origen y destino de la vida.

Los budistas creen que la vida proviene de un pasado sin comienzo. De esta manera, si sólo miráramos a esta vida, el momento de nuestro nacimiento no es el comienzo del proceso y el momento de nuestra muerte no es el fin del proceso (nuestra vida actual no es más que un segmento de un proceso ilimitado de vida). Usemos la analogía de un turista: Hoy él está en Nueva York; mañana no está en Nueva York porque se ha ido a Washington DC. Al día siguiente desaparece de Washington porque se ha ido a Chicago. De este modo, en cualquier ciudad específica (una vida en nuestra analogía), esta persona aparece por un periódo de tiempo y luego continúa su recorrido. Pero si miras su itinerario completo, todo es un viaje. De esta manera, lo que podría percibirse como el fin de este período de vida significa realmente el comienzo eventual de un diferente período de vida (para mí, para ti, para todo el mundo). Por lo tanto, cuando ves a la vida como parte de un proceso ilimitado y continuo, no hay necesidad de sentirse tan decepcionado en esta vida.

Surgimiento condicionado
El fenómeno de la vida y la muerte puede describirse de una manera más general como el surgimiento y la desaparición de las causas y condiciones. El término budista para este proceso es “surgimiento condicionado”. Este se refiere al hecho de que todo fenómeno está compuesto de efectos debido a la miríada de causas y condiciones cambiantes que actúan conjuntamente. El resultado de las causas y condiciones que surgen y desaparecen son todos los fenómenos que experimentamos, incluyendo nuestras propias vidas. Desde la perspectiva del surgimiento condicionado, podemos hablar de tres tipos de nacimiento y muerte:

El primer tipo de nacimiento y muerte es el surgimiento y la desaparición del momento. En otras palabras, en cada instante del tiempo, hay cambios en nuestros procesos mentales y cambios en nuestros procesos corporales. Normalmente no nos damos cuenta de tales cambios diminutos en nosotros, y por lo tanto no los consideramos como “nacimientos” y “muertes”. En este tipo de surgimiento y desaparición, es sólo el cuerpo físico el que parece constante de un instante al otro. Pero las cédulas del cuerpo también están sufriendo constantemente estos procesos de surgimiento y desaparición (nuestras cédulas nacen y mueren continuamente). De este modo, en la mente así como en el cuerpo, en cada instante hay ocasiones continuas de nacimientos (surgimiento) y muertes (desaparición).

El segundo tipo de nacimiento y muerte es más fácilmente identificable: el nacimiento y la muerte de una vida. En otras palabras, la vida humana surge en el momento de la concepción y perece cuando morimos. No hace falta decir que todas las criaturas vivas experimentan la misma aparición y desaparición de sus vidas, pero ahora mismo estamos hablando en el contexto humano.

El tercer tipo de nacimiento y muerte consiste en nuestras vidas en los tres tiempos de nuestro pasado, presente y futuro. Nuestras vidas previas son incontables; nuestras vidas futuras también serán incontables hasta que alcancemos la budeidad. Cuando miramos nuestra vida de esta manera, no sólo se compone del momento en que nacimos hasta el momento en que morimos, sino que se extiende a los tres tiempos. Esto nos da algo de esperanza y consuelo porque, una vez habiendo obtenido la vida, continuaremos viviendo porque tenemos vidas futuras por venir. De este modo, si uno es infeliz y tiene intenciones de suicidio pensando que la próxima vida será mejor, ¿es esto algo bueno? No, porque cuando uno comete suicidio, está siendo irresponsable para con sus vidas pasadas, sin hacer justicia a su vida presente, y creando perturbaciones kármicas para su vida futura.
Una sola vida puede compararse con la aparición cotidiana del sol, y después con su desaparición en el horizonte por la noche. Después que se pone el sol no puedes verlo, pero todavía está allí y saldrá otra vez por la mañana. No se crea de nuevo cada mañana. Una vida es así. Cuando termina, eventualmente da origen a otra vida, como el sol saliendo nuevamente. Pero esta observación sólo se aplica a la manifestación física de una vida individual, por el hecho de que existe esta pura naturaleza Búdica en cada uno de nosotros que está siempre presente a lo largo de los tres tiempos. Como el sol, el cuerpo físico podría pasar por el proceso de aparición y desaparición, pero eso no tiene nada que ver con nuestra pura naturaleza Búdica, la que está allí incluso cuando no la percibimos.

De esta manera, como seres sensibles experimentamos aparición y desaparición dentro de los tres tiempos del pasado, presente y futuro. Cada vida puede considerarse como un segmento seguido por otro segmento dentro del proceso interminable de aparición y desaparición. Si uno permanece en este nivel, a largo plazo no se beneficiará de tener todas estas vidas preciosas. Para elevar y sublimar la calidad y el significado de la vida en los tres tiempos, tenemos que ir más allá del nacimiento y la muerte segmentado y alcanzar el nacimiento y muerte transformador, es decir, sabiduría. Eso significa practicar el Budadharma.

El nacimiento y muerte transformador se refiere a la maduración del mérito y la virtud en un practicante cuya compasión y sabiduría continúan creciendo vida tras vida. Tal persona puede ser llamada sabio, es decir, un bodhisattva o arhat. Este proceso de transformación continúa a través de los tres tiempos. En este nivel, un sabio aún puede tener un cuerpo físico o podría haber transcendido el cuerpo físico y estar básicamente empleando pura energía espiritual para cultivar el camino. La budeidad es el objetivo final de este proceso de transformación. Es el nivel en el que uno ha transcendido el samsara (el ciclo de nacimiento y muerte) y ha alcanzado el gran nirvana. Tal Buda aún puede aparecer en el tiempo y en el espacio para ayudar a los seres sensibles, como lo hizo el Buda Shakyamuni. Mientras un Buda puede manifestarse en la forma humana y de este modo experimentar la aparición y desaparición, para este Buda no hay apego al nacimiento y muerte ni a ninguna de las aflicciones relacionadas con el nacimiento y la muerte.

¿Hasta que nos convirtamos en sabios o budas, cómo podemos encontrar dignidad en la vida y en la muerte? En primer lugar, deberíamos aceptar completamente esta rara y preciosa vida que ahora tenemos. Entonces, cuando la muerte sea inminente, deberíamos aceptarla, si no con alegría, al menos con ecuanimidad. Así como deberías agradecer la realidad de la vida, también deberías agradecer la realidad de la muerte. No podemos controlar cuando naceremos y la mayoría de las veces no podemos controlar cuando moriremos. Desde la perspectiva de la conciencia budista, la mayoría de las personas viven sin claridad, y cuando la muerte está cercana, sus mentes se nublan aún más. Para estas personas, la vida es confusa e ilusoria. Hay un dicho chino que reza que vivimos y morimos como si estuviéramos en un sueño. En un nivel más elevado están aquellos que aceptan la vida, hacen lo mejor posible con ella y, cuando les llega la muerte, la acogen con coraje y sin apego. En el nivel más elevado está el practicante iluminado que “no puede encontrar ni la vida ni la muerte”, significando que para tal persona no existe tal cosa como vida o muerte.

Hasta que morimos, no podemos saber a cuál de estas categorías pertenecemos, pero mientras que estamos vivos, deberíamos intentar elevar la calidad de nuestra vida y aclarar nuestras mentes. También deberíamos estar agradecidos de que cuando la muerte nos llegue, estaremos liberados de las responsabilidades apegadas a esa vida. Aún mejor, después de que muramos, podremos usar el mérito y la virtud que hemos acumulado para avanzar hacia la vida siguiente, la que debería estar llena de alegría e iluminación.

Enfrentarse a la Muerte con una Mente Clara
Si pudieras mantener una mente clara cuando se acerque la muerte, entonces podrás aceptarla muy valientemente y con alegría. Cualquier cosa que hayas hecho durante tu vida, sea virtuosa o no, con karma bueno o malo, estate agradecido por haber recibido el regalo de la vida. En el momento de tu muerte, no debería haber resentimiento, ni arrepentimiento, ni enfado, ni orgullo. Lo pasado es pasado. Piensa en un futuro hermoso. Por esta razón, el estado mental de una persona moribunda es lo más importante. Algunas personas a punto de morir piensan en las cosas realizadas de las que se arrepienten, y en todo el sufrimiento que han causado. Ese tipo de pensamiento es bueno para una persona viva pero no tan bueno para una persona a punto de morir. Sin embargo, si te acercas a la muerte sin tener resentimiento, ni arrepentimiento, ni enfado, ni orgullo, y simplemente te esfuerzas por aceptar un futuro brillante e iluminado, es muy probable que suceda. Renazcas en los reinos celestiales o en el reino humano, podrás continuar practicando nuevamente, y ese es un futuro brillante e iluminado.

Cuando la condición de una persona a punto de morir es tal que la claridad mental no es posible, o cuando están inconscientes o en coma, los amigos y parientes deberían ayudar a esa persona con gran devoción y concentración, cantando el nombre de Buda, recitando mantras o meditando, en un ambiente tranquilo. A través de tales prácticas, empleamos el poder de la meditación y el poder de la fe para orientar la mente de la persona moribunda apartándola del miedo y hacia la seguridad, avanzando hacia la iluminación. Esto sin duda será muy útil. De este modo, para aquellos que están en su lecho de muerte y no puedan mantener la claridad mental, es importante que los parientes y los amigos ayuden a tal persona con su práctica. Y es sin duda muy útil. Yo mismo he tenido una clara experiencia de esto.

¿Qué Determina Nuestra Vida Futura?
Hay tres factores que determinarán qué tipo de renacimiento tendrás. El primero es el karma (tanto el bueno como el malo que has acumulado en tu vida actual y las pasadas). Cuanto mejor sea tu karma mejor serán tus oportunidades de un buen renacimiento. El segundo son las causas y condiciones que rodean tu vida actual y las pasadas, las que están maduras para tu próximo renacimiento. Podrías tener todos los tipos de karma pero las condiciones específicas pueden estar más cercanas a madurar en este momento. Si es así, serán las condiciones las que determinarán tu próxima vida. El tercer factor es tu estado mental al morir: ¿Qué pensamientos están en tu mente cuando te acercas a la muerte? ¿Aceptas tu muerte con alegría y gratitud? ¿Qué aspiraciones tienes para la vida siguiente? Pensamientos como estos influenciarán el tipo de renacimiento que tendrás. Por ejemplo, si a lo largo de tu vida has hecho votos, cuando te acercas a la muerte podrías repetir esos votos. Sin embargo, si nunca has tenido tales aspiraciones, será difícil tenerlas en tu lecho de muerte. Por lo tanto, los practicantes deberían esforzarse por tener buenas aspiraciones en sus mentes cuando se acerquen a la muerte. Si nuestras vidas futuras sólo dependieran del karma y las condiciones, entonces estaríamos en una situación menos fiable.

Nota del editor
Cuando el Maestro Sheng Yen habla de “votos” en esta charla, está
refiriéndose a los votos en el contexto de la práctica budista. Los votos más
básicos que los budistas toman son votos para mantener los cinco preceptos
básicos: no matar, no robar, no tener una conducta sexual incorrecta, no
mentir y no consumir productos intoxicantes. Aparte de estos, los monjes y las monjas deben tomar 250 preceptos más antes de ser ordenados completamente.

También, en la tradición Mahayana, hay Cuatro Grandes Votos del
bodhisattva:
Hago el voto de liberar a innumerables seres sensibles;
Hago el voto de eliminar infinitas aflicciones;
Hago el voto de dominar el Dharma por inconmensurable que sea;
Hago el voto de alcanzar la suprema budeidad.

Estos votos del bodhisattva son secuenciales en el sentido de que para su
realización, por ejemplo, el voto de ayudar a los demás (“salvar a los seres
sensibles”) viene antes del voto de “alcanzar la budeidad”. Por otro lado, son
simultáneos en cuanto a que en la medida que uno progresa en el camino, uno realiza todos los votos al mismo tiempo. Hay otros votos que uno puede tomar en el curso de su vida, pero como practicantes budistas en la tradición Mahayana, estos
Cuatro Grandes Votos son los más importantes.
Lo más importante es comprender que estos votos hablan de la continua aspiración, intención y motivación; no son necesariamente promesas para cumplir en una sola vida.