jueves, 14 de diciembre de 2011
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Puntos de Vista del Budismo Japonés
Conferencias budistas
Por el maestro Chan Sheng Yen

Al principio de los años 90, el Prof. Fu Weixun de la Universidad de Temple, seleccionó los escritos del maestro Chan Sheng Yen para representar la comunidad budista en una colección de libros llamada “The Study and Thought of Contemporary Academics” (El Estudio y Pensamiento de Académicos Contemporáneos). El maestro Sheng Yen lo llamó “un verdadero honor en mi vida”. El libro que presentó, “A Journey of Learning and Insight” (Un viaje de aprendizaje y conocimiento), ha sido traducido al inglés. Una biografía intellectual que detalla la historia personal del maestro como académico y como autor.
Aquí presentamos extractos de un capítulo en el cual describe su exploración del Budismo en Japón durante el periodo 1971-1975, cuando estaba estudiando para su doctorado en la Literatura Budista en la Universidad de Rissho.

Comparando el Budismo Chino con el Budismo Japonés
Después de completar mi maestría en Japón, el tiempo requerido para asistir a conferencias era mucho más escaso. Aparte de los estudios, yo empleaba el tiempo para comprender mejor Japón y las actividades religiosas budistas del Japón. Después de la Era Meiji (1868-1912), el Budismo japonés se volvió completamente mundano, pero todavía mantenía bien el sistema y continuaba desarrollándose incesantemente. Japón era un país muy funcional, de manera que había razones por las cuales el Budismo fue capaz de sobrevivir y ser respetado en ese tipo de medio ambiente. Si el Budismo japonés hubiera sido realmente como de lo que los budistas chinos se burlaban (solo de conceptos básicos del Budismo y no de práctica real), entonces no hubiera sido aceptado y sobrevivido hasta el día de hoy.

Los chinos consideraban otros sistemas budistas como no ideales. Por ejemplo, primero, el Budismo tibetano fue llamado el Budismo de los Budas, porque los “Budas vivientes” podían ser vistos en todas partes y cualquier persona podía convertirse en un Buda en la presente vida. Segundo, el Budismo japonés era el Budsimo del Dharma, porque muchos académicos estaban haciendo investigaciones sobre el Dharma, pero nadie practicaba realmente, y no creían en el Buda o el sangha. Tercero, el Budismo en Sri Lanka, Birmania y Tailandia era el Budismo del sangha. En el Budismo del sistema Theravada, los miembros del sangha podrían ser vistos en todas partes. No creían que las personas podían convertirse en Budas, y los seguidores budistas sólo sabían cómo mantener el sangha, en lugar de aprender el Dharma.

Así que todos estos no eran ideales [desde el punto de vista chino], sólo el Budismo chino tenía el Buda, el Dharma y el Sangha (todas las Tres Joyas) intacto. En realidad, desde mi punto de vista, el Budismo de todos estos tres sistemas tenía muchos talentos. No sólo dentro los países en donde establecieron educación budista de alto nivel, sino que también se enviaron personas talentosas a enseñar el Dharma en el extranjero. Por ejemplo, había veinte o más universidades e institutos relacionados con el budismo en Japón; había universidades budistas en Sri Lanka, y también había dos universidades fundadas por el sangha en Tailandia. Los tres monasterios principales de Lhasa (Tíbet) tenían esencialmente organización y contenido universitario, y los monjes de la escuela Geluk deben tener 12 años de educación formal. Por consiguiente, los budistas propagaron las actividades contemporáneas internacionales budistas en estos tres sistemas.

En comparación, en el Budismo chino, a los monjes les estaba faltando los estándares educacionales, su educación no era sistemática, no recibían entrenamiento de lenguaje internacional, y solo algunos de ellos tenían experiencia y realizaron investigación especializada. Como resultado, en términos de métodos de práctica y de investigación académica, el Budismo chino se quedó atrás respecto a los otros países. No comprendiendo a los demás mientras diciendo que no son buenos es llamado “arrogancia con una perspectiva estrecha.” Los budistas chinos podrían haber pensado que poseían todas las Tres Joyas, pero en realidad eran muy vanidosos y rodeados por la crisis.

Como resultado, cuando fui a Japón, no me atreví a criticarles, y sólo deseaba observar y aprender de ellos con una actitud de no mostrar ni inferioridad ni superioridad. Yo deseaba tener amplio contacto con todos aspectos del Budismo japonés, para aprender de sus puntos fuertes y compensar nuestros propios defectos. Cuando mis habilidades del idioma fueron lo suficientemente buenas para conversar con los japoneses, descubrí que en su sociedad, cualquier persona con educación secundaria podría hablar sobre el Budadharma por varias horas y no parecer amateur. La razón radicaba en que en sus libros de texto de la escuela elemental y secundaria, fue introducido mucho conocimiento relacionado con el Budismo. Al mismo tiempo, en sus periódicos y revistas, a menudo se podían encontrar artículos por académicos budistas o informes de actividades budistas. Tanto en los ámbitos de la literatura, la filosofía, las artes, la religión o la historia, todos estos fueron afectados por el Budismo y la cultura budista. Por lo tanto, aunque creyeran en el Budismo o no, los japoneses comunes y corrientes estarían familiarizados con el Budismo y no lo malinterpretarían ampliamente como la mayoría de los chinos.

Grupos Religiosos Tradicionales
Estando en Japón, tomé parte en las actividades budistas tradicionales y más modernas. En cuanto a las tradicionales, fui al Templo Eiheiji en la Provincia de Fukui, el que fuera el templo principal de la secta japonesa Soto. También fui a su Templo Sojiji en el Distrito de Tsurumi de Tokyo, y al Templo Engakuji y al Templo Kenchoji de la secta Rinzai de Kamakura, el Templo Toshoji de la escuela Ryutakuji en Tokyo, y el Templo Myoshinji de la secta Rinzai en Kyoto. También me alojé por varios días en el templo Koyasan de la secta Shingon, y visité el Templo Enryakuji en Hieizan de la secta Tendai. También tenía contactos muy estrechos con los monjes de Tendai que practicaron el programa de 12 años en las montañas (llamado juni-nen-rozangyo) en el Templo Enryakuji. La secta Nichiren en el Japón de hoy podría ser considerada como el Budismo tradicional. Puesto que yo estaba estudiando en la Universidad de Rissho, que fue fundada por su secta, por supuesto la mayoría de mis amigos eran monjes de esa secta. Como resultado, fui varias veces para reuniones y práctica a la montaña en su monasterio principal, Minobusan en la Provincia de Yamanashi.

Visité y tomé parte en las actividades de algunas comunidades budistas recientemente creadas tal como la Sociedad Soka Gakkai, que pertenecía al Templo Taiseki en la Montaña Fuji de la secta Nichiren Shoshu, [y a varias otras sociedades]. En varias ocasiones, dedique desde un día hasta varias semanas a participar y observar sus actividades. No ocultaron ningún secreto y eran muy amables con los monjes chinos de Taiwán, ofreciendo comidas gratuitas, alojamiento y transporte. A través de realizar dichos viajes cortos, sólo podía aprender algunos de sus puntos fuertes, conceptos, y leer alguno de sus procesos históricos y métodos de operación. La diferencia radicaba en que los vi con mis propios ojos, y estando allí personalmente no era lo mismo que sólo leer libros.

Históricamente, el Budismo japonés realmente era bastante tradicional y conservador. En sus montañas y monasterios, mantenían las reglas transmitidas por los patriarcas. Aunque hoy en día las reglas no son seguidas tan estrictamente, no fueron abandonadas, y al menos parecerían mantenerlas. Por ejemplo, en la puerta principal de muchos monasterios antiguos, había tabletas de piedra establecidas por los patriarcas con la inscripción “No carne ni alcohól.” Aunque en realidad bebían alcohol y comian carne, todavía no habían removido o destruído las tablas de piedra. Otro ejemplo sería la montaña interior de Koyasan, que originalmente era el área de los monjes para la práctica, donde las mujeres no estaban permitidas. En la parte delantera de la montaña había una estructura con una señal que ponía: “Mujeres detenerse” significando que las mujeres no debían entrar. Aunque las mujeres ya estaban teniendo bebés y criando hijos en las montañas, la señal de “Mujeres detenerse” todavía estaba allí. No destruirían ni descartarían tan fácilmente los monumentos antiguos.

En los monasterios de la secta Zen que se especializaban en organizar retiros Zen, el estilo de vida aún era muy rígido. Por supuesto alcohol y carne no estaban permitidos, ni relaciones sexuales. Incluso si había mujeres, estaban allí para practicar, no para ser las esposas de los monjes. Los maestros Zen por supuesto que tenían una familia cuando estaban en su juventud y en la mediana edad, pero después, a la edad de 50 o 60 años, dejarían la familia y vivirían en los monasterios. Fundamentalmente seguían la práctica de llevar una vida pura. Su práctica podría parecer enfatizar la formalidad más que la esencia, pero para una persona nueva en el camino, las restricciones en la formalidad serían más importantes que las enseñanzas fundamentales de la mente. Como resultado, fueron capaces de mantener la orden monástica relativamente bien y sin problemas. Los monjes jóvenes tendrían que pasar por las prácticas de grupo de dos a cuatro veces, cada vez de uno, dos o incluso hasta a tres meses. Después, parecerán diferentes en cuanto a su disposición, concepto, fe y costumbres. Aún se casarían y tendrían hijos, beberían alcohol y comerían carne, cuando estuvieran encargados de las ceremonias, socializando con los seguidores laicos en varias ocasiones, los verás como monjes de buenos modales.

El Budismo japonés, tal y como era, yo no podría decir que era bueno, ni podría decir que era malo. Por supuesto que para los monjes sería malo vivir una vida convencional, pero no podrías decir que para las personas laicas era erróneo hacerse cargo de las obligaciones religiosas y responsabilidades después de pasar por dicho entrenamiento. Generalmente hablando, todas las escuelas del Budismo japonés tradicional ponían mucha atención en la educación de futuros talentos. Ya sea que fuera el hijo mayor o el menor el que fuera designado para suceder al abad del monasterio, este se aseguraría de que entrenaría muy bien al sucesor. Por un lado, podrían enviarlos al departamento budista de las universidades fundadas por las diversas sectas budistas para completar el título universitario básico. Por otro lado, podrían enviar al sucesor a los monasterios de las sectas en la montaña, para períodos de educación a través de la práctica cotidiana, para aumentar su fe y para enseñarles comportamiento. El proceso de la práctica y el entrenamiento era muy estricto. Por ejemplo, el Minobusan de la secta Nichiren, organizaba un entrenamiento especial para los jóvenes en el invierno. Era un tipo de práctica ascética llamada aragyo, que comenzaba a la una de la mañana, a temperaturas bajo cero. Los monjes jóvenes estarían casi desnudos, descalzos, sólo llevando pantalones cortos; todo el mundo llevaría un cubo de agua, iría al pozo para llenarlo, y luego se lo echaría de la cabeza a los pies. Se echarían de 15 a 30 cubos de agua consecutivamente. Al principio, sus dientes rechinarían, y gritarían: “¡Hoh! ¡Hoh!” El sonido poderoso resonaría en el valle. Después de arrojarse el agua helada del pozo, el cuerpo entero se pondría rojo. Sin embargo, extrañamente, el cuerpo no se puso morado ni nadie se resfrió. Así era cómo entrenaron su poder de voluntad y el espíritu altruista.

Una vez cuando fui allí, estaban entrenando a las personas jóvenes con este método. El abad tenía sesenta o más años de edad y vestía ropa ligera. Me preguntó si me gustaría probar, pero después de ver que yo iba todo abrigado de ropa, meneó su cabeza y simplemente me pidió que me sentara al lado de la ventana y mirara. También participé en otros retiros Zen de invierno organizados en Hokuriku, Japón. Comían muy simple: papilla de arroz con rábano amarillo adobado para el desayuno, arroz y sopa de miso con un pequeño plato acompañante para el almuerzo. Sólo había meriendas por la tarde y no comidas formales. Según los estándares normales, no era lo suficientemente nutritivo; especialmente en tal invierno congelante, las calorías no eran suficientes. Lo que incluso era más interesante fue que se iban a dormir a las diez y se levantaban a las cuatro de la madrugada; no había facilidades de calefacción en la habitación, y en los rincones afuera de la habitación había montones de nieve de la altura de una persona. Por suerte, había dos capas de empapelado, de manera que el viento frío de afuera no podía entrar directamente en la habitación. El colchón era un simple tatami, y la manta era corta y estrecha. Aunque la manta era lo suficientemente espesa, no era lo suficientemente larga para permitir que la persona duerma estirada. Una vez que uno se metía en la cama, no se atrevería a moverse. Si uno le tenía miedo al frío, se levantaría y haría la meditación sentada.

En los primeros días, yo quería irme. Veía que ninguno de los monjes japoneses se iba y pensé que eso sería una vergüenza para mí, un monje chino, irse. Como resultado, lo aguanté día tras día, hasta que finalmente ya estaba acostumbrado a ello. Hoy día todavía me gusta ese tipo de práctica.

Un día le dije al maestro que dirigía el retiro: “¡Hace tanto frío en este lugar!” Su respuesta fue: “¿No tenían tus patriarcas chinos un dicho?: Sin aguantar el frío congelante, ¿cómo podrías oler la fragancia de las flores del ciruelo?” Me sentía tan avergonzado. Los japoneses seguían adelante con las enseñanzas de los patriarcas chinos. Sin embargo, los antiguos practicantes Chan chinos vivirían dicha vida todos los días, todos los años, y por su vida entera. Los practicantes Zen en la moderna sociedad japonesa sólo vendrían ocasionalmente a participar esta manera de vivir, de modo que todavía había una diferencia entre ellos.

Nuevos Grupos Religiosos
También participé en las actividades de los nuevos grupos religiosos, tales como la Reunión General Nacional de los Miembros de la Sociedad de Rissho Koseikai. Empleaban circuito cerrado de televisión y grandes pantallas para hacer posible la reunión de decenas de miles de personas en el mismo gran edificio tanto en el interior como en el exterior. Me trataron como su invitado de honor, porque el hijo mayor de su presidente, Niwano Nikkyo, fue designado el sucesor, y él fue nuestro compañero en la Universidad de Rissho. Nos permitieron tomar parte de todo el encuentro, y después nos llevaron a visitar la sala de reunión, la sala para invitados, el jardín de infantes, la escuela primaria, la escuela secundaria y la escuela profesional.

Casi construyeron su sociedad como un reino independiente. Los afortunados seguidores eran cuidados por su sociedad desde el nacimiento hasta la muerte. Tenían muchos métodos para atraer, nutrir y cuidar a sus seguidores. Uno de los métodos más coherentes sería la charla en grupos pequeños conocida como “sentada del Dharma”. En cada distrito y área empleaban este método para la comunicación, siguiendo los métodos enseñados por Niwano Nikkyo: las palabras dirigidas a ellos eran usadas como una guía para ayudarse el uno al otro; cada uno de ellos hablaría de sus puntos de vista o sus dificultades y confusiones. Si no tuvieran ninguna dificultad, se levantarían y presentarían un punto de vista objetivo, o lo que habían visto o escuchado a través de su propia experiencia, para ayudar a los otros miembros del mismo grupo. Algunos de ellos se conocían entre sí y algunos se reunían por la primera vez, pero todos interactuarían como viejos amigos. Bajo el cuidado de la sabiduría y la compasión del Budismo, se ayudarían el uno al otro y se cuidarían entre ellos. Tales sentadas del Dharma fueron utilizadas en cada distrito y área, e incluso durante su Reunión General Nacional. Este tipo de evento permitía que todos los miembros participantes se sintieran satisfechos, y regresarían a sus casas llenos de alegría.

Servicios Memoriales
También participé en las ceremonias budistas japonesas para redimir a los fallecidos, que llamaban Hoyo, un servicio memorial. El concepto era similar a la creencia china de que el recitar los sutras podría ayudar a redimir las almas de los muertos y permitirles convertirse en un Budas más rápidamente. Normalmente leerían los largos sutras tales como el Sutra del Loto o el Sutra Avatamsaka. Lo inteligente era que sólo leerían un capítulo o una sección del sutra. Sin embargo, el sutra completo sería colocado sobre la mesa, y después de leer un capítulo, abrirían las secciones restantes sin leerlas, y luego hojearían el resto de las páginas como si tocaran el acordeón. Lo consideraban como si se lo hubiéran leído todo. Si esto sucediera en China, los donantes que pagaron para que los monjes y las monjas recitaran los sutras se quejarían: “¡Eso es engañar a los fantasmas!” Sin embargo, en Japón eso simplemente era una costumbre normal.

Puesto que el Budismo japonés se originó en China, al principio yo pensaba que sus monasterios emplearían los mismos sutras y textos de arrepentimiento como aquellos que teníamos en China. Sin embargo, después descubrí que eran bastente diferentes; no tenían el Arrepentimiento del Emperador Liang, el Arrepentimiento del Agua de Samadhi, el Arrepentimiento de la Gran Compasión, o el Arrepentimiento de Amitabha. En cuanto a la ceremonia de ofrecer comida a los espíritus hambrientos, era todavía más inaudito; la razón radica en que estas cosas se formaron gradualmente después de la dinastía Song (960-1279) en China, y el establecimiento de la ceremonia para ofrendas a los espíritus hambrientos tuvo lugar incluso más tarde, a finales de la dinastía Ming (1368-1644). El Budismo japonés absorbió el formato del Budismo chino de la dinastía Sui (581-618), Tang (618-907) y Song, de manera que no tenían esas cosas. Esto me hizo comprender que el Budismo chino actual no era el mismo Budismo chino aprendido por los japoneses. El Budismo chino llevado a Japón no era el Budismo chino que las personas de la actualidad tenían en mente. Los chinos decían a menudo que los japoneses olvidaron sus raíces, que se olvidaron de los chinos y desarrollaron su propio estilo de Budismo. Sin embargo, eso en realidad fue un fenómeno normal, dado que incluso los chinos de la actualidad se olvidaron del rostro original del Budismo chino de las dinastías Sui, Tang y Song.

Escribiendo Artículos para Taiwán
Cuando estaba estudiando en Japón no tenía un patrocinador fijo, de manera que estaba preocupado por tener dinero para la comida y los estudios. Como resultado, en los primeros años recitaría sutras o hablaría del Dharma para los chinos que vivían en Japón. Aunque el pago fue limitado, era mucho mejor quitarme las vestimentas del monje y trabajar en los restaurantes. Ocasionalmente, algunos budistas chinos del Sudeste de Asia visitarían Japón, y yo podría ganar algo a través de ser su guía de turismo. Puesto que yo estaba continuamente preocupado por los problemas financieros y podría verme forzado a terminar en cualquier momento mi vida de estudiante en el extranjero, esperaba aprender rápidamente y absorber los diversos aspectos del Budismo japonés de la actualidad, y mandar el reporte a Taiwán lo antes posible. En aquel momento, Taiwán aún era un país subdesarrollado mientras que Japón ya se había convertido en un país líder en el mundo económica y culturalmente. Al menos esperaba traer alguna nueva experiencia para facilitar el desarrollo de la cultura budista en Taiwán.

Con tal intención e ideología estando en Japón, comencé a escribir lo que veia y escuchaba antes de entender completamente el japonés, y enviaba mis impresiones a Taiwán para que se publicaran en las revistas budistas. En el pasado, había muchos monjes y personas laicas que estudiaban en Japón, pero pocos de ellos presentaron el Japón moderno. Como resultado, las personas que habían estado en Japón simpatizarían con ellos, mientras que las que no habían estado en Japón, los malentenderían. Aquellos que regresaron después de estudiar en el extranjero, debido a su simpatía por Japón, serían llamados “esclavos del extranjero”, “pro-Japón” o “chinos traidores.” En realidad, esto fue causado por la oposición entre ambas partes debido a su distanciamiento.

Como resultado, cuando llegué a Japón, documenté lo que vi y escuché con una actitud más objetiva y escribí sobre sus puntos fuertes para informárselos a Taiwán. Yo no estaba abogando por los japoneses, sólo estaba esperando aprender algo de ellos; “la piedra de la otra montaña puede ser la piedra para afilar nuestro cuchillo (Otra persona tiene algo que merece la pena aprender).” Como resultado, además de aprender diligentemente para completar la tesis para mis títulos, yo también empleaba el tiempo libre tanto como sea posible para recoger materiales de referencia a fin de escribir artículos para enviar a Taiwán. Seis años después, cuando regresé de Tokyo, junté varias revistas en Taiwán, y descubrí que yo había escrito artículos sobre Japón que sumaban un total de más de 300.000 palabras. Por lo tanto, en 1979, los compilé en un libro llamado “Del Este al Oeste.” Fue publicado en Taiwán al segundo año después de que yo me marchara a los Estados Unidos, pero la recopilación y la formación de su ideología fueron implementadas cuando yo estaba en Japón. En los años 70, las personas de la comunidad budista china que escribían artículos y libros, en su mayoría todavía seguían la manera tradicional de estudio. Por ejemplo, cuando citaban algo de los sutras, sólo te dirían que un cierto sutra o shastra dijo esto y aquello, pero no indicarían los capítulos, ni seguramente tampoco los números de página. Si citaran sobre los puntos de vista de las personas de la actualidad, sólo te dirían que una cierta persona dijo esto, pero muy pocas personas te dirían de qué libro la cita provino, y sin duda, no habría anotaciones al pie de la página. También eran demasiado perezosos para emplear las comillas, y les dejarían a los lectores a que averiguasen por sí mismos las secciones que fueron citadas de las palabras de otras personas y las partes que fueron las propias opiniones del autor. Esto fue porque estaban acostumbrados a los trabajos clásicos, los cuales eran de esa forma. El pensador más destacado en la China de la actualidad, el maestro Yinshun, tampoco fue una excepción. Solo completó la Historia del Chan Chino una vez que hubo aceptado las opiniones para adoptar las maneras modernas del estudio e investigación, y eso fue en los años setenta. Posteriormente, los trabajos del maestro Yinshun, todos cumplieron los formatos comunes y maneras de expresión de los estándares de la comunidad académica internacional.

Conferencias Académicas
En la comunidad académica budista japonesa, la competición era bastante feroz. Si uno no era un talento genuino con aprendizaje sólido, no había lugar para él en dicha comunidad. Como resultado, una vez que uno entrara en el programa de la maestría universitaria, si esperaba tener un asiento en su comunidad académica en el futuro, debía trabajar diligentemente con máximo esfuerzo. Uno no sólo tenía que compartir el trabajo administrativo, sino también necesitaba estudiar duro y trabajar por las oportunidades para presentar la tesis. Si uno sabia como escribir muy bien, no había necesidad de preocuparse por tener un lugar para presentarlas. Si sus habilidades de redacción y escritura eran pobres, entonces ni siquiera pensarían en tener la oportunidad de presentarlas. Había muchas conferencias académicas grandes y pequeñas en la comunidad académica budista japonesa. Si participaras de todos los diversos tipos de conferencias académicas, a menudo conocerías a los académicos de grado de maestría así como a los recién promovidos a ese grado. Si presentabas tu tesis muy a menudo y tus trabajos tenían buen contenido y motivo, entonces, después de la conferencia, serías capaz de publicarla en su revista. También serías reconocido como uno de sus académicos de la familia.

Si un académico completó una tesis para el doctorado, pero la comunidad académica nunca había oído su nombre, esta sería una persona sin reputación. No importaba bien que fuera escrita la tesis, no había mucha probabilidad de que fuera aprobada. Por más de seis años en Japón, yo participé en varias conferencias, desde las pequeñas hasta las grandes de varios centenares de personas, y asistí a más de veinte de ellas. El propósito radicaba en escuchar las presentaciones de otras personas y mostrarles mi rostro a los demás, y dejar que los demás supieran de mi existencia. No era un problema si uno no presentaba ninguna tesis y simplemente iba allí para escuchar las opiniones de otras personas.

Tampoco era una vergüenza si las tesis que uno presentaba en las conferencias no eran elegidas para la publicación. Para las personas era bueno saber que te preocupabas por el mundo académico, y que estabas haciendo diligentemente la investigación. Yo era dicha persona: iría a las conferencias pero era incapaz de escribir algo, y presentaría los trabajos de tesis pero sin lograr que fueran publicarlos. En realidad, para ser un académico en Japón, debes dejar una sólida impresión en las personas de que estás haciendo una investigación con respecto a algún texto, en un cierto campo o tema especializado. Cada vez que escribes una tesis, debe corresponder al tema de la tesis doctoral en la que actualmente estabas trabajando.

Para asistir a las varias conferencias académicas, viajé a muchos lugares de Japón. A menudo viajaba con los compañeros japoneses y no necesitaba preocuparme por nada aparte de pagar por el transporte de larga distancia. Los compañeros de la Universidad de Rissho tenían conocidos casi en todas partes. Había un total de alrededor de 80.000 monasterios en Japón. Por consiguiente, podíamos encontrar monasterios para quedarnos por la noche y que nos ofrecerían comidas y bebidas. O nos quedaríamos en las casas de los amigos de los compañeros, y aceptaríamos su hospitalidad de comida y alojamiento, así como también de transporte. Además de Shikoku, también fui al sur hasta Okinawa, al norte hasta Hokkaido y visité casi todas las prefecturas. Sin embargo, fui a las áreas alrededor de Tokyo más frecuentemente. Era mejor quedarse en los monasterios japoneses que en los hoteles. Independientemente del tamaño de los monasterios, todos eran limpios y ordenados, y las personas eran muy simpáticas y amables. Era más atento que consideraran ofrecerme con comida vegetariana.

Entre los estudiantes graduados japoneses trabajando por la maestría, algunos no tenían planes de convertirse en académicos y sólo deseaban el honor de haber estudiado en la universidad. Sin embargo, también había muchos que estudiaban muy diligentemente; ellos completaban su tesis mucho antes de que asistieran a la conferencia académica, y la entregaban a su profesor asesor para su revisión una y otra vez. Se prepararían para la conferencia incluso en el coche de camino hacia la misma. Cuando en los alojamientos, se levantarían temprano y se quedarían hasta muy tarde para preparar su presentación. Esto era similar a los alumnos de las antiguas escuelas chinas de tutoría, quienes leerían los libros en voz alta antes de memorizarlos temprano por la mañana. Leerían sus trabajos en voz alta, por miedo escénico o de no ser capaces de leerlos sin problemas, o incluso por miedo a pasarse de tiempo en sus presentaciones.
Este espíritu de esforzarse para lograr la excelencia era realmente conmovedor.