viernes, 21 de julio de 2011
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VI. La Dignidad de la Muerte
La muerte hace que algunos de nosotros se sientan incómodos. Quizás no debería abordarla. (risas). Es un tema muy largo, así que simplemente tocaré unos cuantos puntos al respecto.

El nacimiento y la muerte pueden tratarse desde tres niveles:

A. En el primer nivel, vives y mueres de acuerdo a tu karma. No tienes el control sobre cuándo nacerás y cuándo morirás. Incluso cuando estás vivo, vives sin claridad. Un ser sensible como éste, vive y muere en estado de confusión. Hay un dicho chino que reza que “Vives y mueres como si estuvieras en un sueño.”

B. En el segundo nivel llegas a dominar la vida y la muerte. Vivir está bien; morir está bien. La vida es vivirla al máximo. Abrazamos la muerte con valentía. Estás lleno de alegría cuando estás vivo, y la muerte te llega rápidamente sin conflicto ni miedo.

C. El tercer nivel es el transcender el nacimiento y la muerte, la etapa de un gran practicante, que ha alcanzado la gran iluminación y que ha vivido sin tener apego a la vida o a la muerte. Observando a una persona como ésta, no puedes encontrar vida, no puedes encontrar muerte. Podría parecer que la vida y la muerte son lo mismo, pero para un gran practicante ellas ni siquiera existen.

Deberíamos estar muy agradecidos por la muerte, porque cuando nos llega podemos dejar de lado un sinnúmero de responsabilidades que tenemos en esta vida y llevar con nosotros todos los méritos y virtudes que hemos acumulado para avanzar hacia la próxima vida, y podemos hacerlo con un sentido de alegría.
Llevar el mérito y la virtud no quiere decir que llevemos todo lo que tenemos – la cuenta bancaria, nuestro cónyuge, los hijos – a la siguiente vida. Esta no es una actitud correcta.

El fenómeno de la vida y la muerte puede compararse con el sol que sale por la mañana en oriente; y se pone por la tarde en occidente. Cuando se pone el sol, sólo se mueve más allá del horizonte donde ya no puede verse. No desaparece. Cuando el sol sale por la mañana, no existe repentinamente.. Cuando se pone, no se extingue. .

No somos extinguidos por la muerte, sino por los cinco agregados (el cuerpo y los sentidos) y la mente desaparece de la vista como el sol que está más allá del horizonte. La naturaleza pura del Buda en nosotros nunca cesa. Como el sol, siempre está presente. El día no es realmente el día, la noche no es realmente la noche, el sol siempre está allí. El cuerpo físico puede desaparecer y aparecer de nuevo, pero no tiene nada que ver con la naturaleza pura del Buda.

¿Es la muerte algo por lo cual sentirse triste? ¿Algo que temer? No en absoluto. Hay efectivamente esperanza para el futuro y esto es algo más allá de la muerte.

Si puedes mantener tu mente clara cuando se acerque la muerte, podrás entonces aceptarla con valentía y con gozo. No importa lo que hayas hecho durante esta vida, sea algo virtuoso o no, sé agradecido por ello, pues es parte de tu entrenamiento. En el momento de tu muerte, no debería haber resentimiento, ni arrepentimiento, ni ira y tampoco orgullo. Lo pasado es pasado. En el momento de la muerte deberías orientarte hacia un bello futuro. Tu estado mental en ese momento será lo más importante. Arrepentirse en ese instante no te será provechoso. . Mantener una actitud ecuánime asegura un futuro auspicioso. En la vida siguiente podrías renacer en el reino celestial o en la Tierra de Buda, o, si es en el reino humano, podrías tener oportunidad de dejar la vida familiar y dedicarte a la práctica.

¿Qué determina nuestra vida futura? Hay seis factores. El primero es el karma, bueno o malo, que has acumulado. El segundo es el peso (grado) de la retribución, es decir, las consecuencias que debes afrontar como resultado de tus acciones. Debes soportar la retribución más seria antes que la menos seria. El tercero es la inclinación habitual. Alguien que no ha acumulado gran virtud o ha cometido crímenes serios, pero tiene un hábito especialmente fuerte, renacerá de acuerdo a esta inclinación u obsesión. El cuarto es causas y condiciones, es decir, las circunstancias y el entorno que te rodean ayudarán a determinar qué aspectos de tu karma se manifestarán. El quinto es tu estado mental a la hora de la muerte, el pensamiento que tu mente albergue cuando mueras. El sexto son las aspiraciones o los votos que has hecho. Estos determinarán en dónde renacerás después de la muerte. Si has estado haciendo votos conscientemente durante toda tu vida, por supuesto tendrán alguna influencia. Pero para la mayoría de los practicantes del Chan el más importante es el último pensamiento en la mente.

Si nuestro futuro depende del karma o de las condiciones (los primeros cuatro factores), entonces el resultado es menos confiable y menos favorable. Anteriormente hemos hablado de las personas que mantienen una mente clara en el momento de la muerte. Pero, ¿qué pasa con aquellos que no pueden hacerlo? ¿Y qué hay de alguien que se encuentra en estado de coma o totalmente inconsciente cuando muere?

En tales situaciones los amigos y los parientes pueden ser de ayuda. Con gran devoción y concentración pueden recitar el nombre de un Buda o Bodhisattva, recitar los sutras y los mantras, o simplemente sentarse junto a él y meditar. El poder de concentración, samadhi, y la fe ayudarán a la consciencia de la persona que está a punto de morir. Dichas prácticas disminuyen el miedo y la confusión que se aproximan a la muerte, y ofrecen seguridad y estabilidad así que el que está a punto de morir se moverá en dirección a la luz y hacia la iluminación. De esta manera, se podrá evitar el renacimiento en los reinos inferiores. He visto cuán útiles pueden ser dichas ayudas para alguien moribundo.
Incluso nosotros los practicantes no podemos estar tan seguros de poder mantener la mente clara a la hora de la muerte, así que, de la misma manera debemos depender de la ayuda de los compañeros practicantes.

No hay necesidad de prolongar la muerte con una miríada de instrumentos, ni deberíamos lamentar en voz alta cuando se acerca la muerte. Esto sólo perjudicará al que va a morir. La dignidad radica en dejarlo morir de una manera pacífica y tranquila. Es mejor estar libre del sufrimiento, físicamente si es posible, y por supuesto, psicológicamente, de otra manera podrá haber consecuencias negativas en el futuro.