sábado, 21 de octubre de 2011
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El surgimiento de la apariencia condicionada a partir de la verdadera mente. Parte IV
Conferencias budistas
El Surgimiento de la Apariencia Condicionada de la Verdadera Mente
Parte IV
Por el venerable Guo Xing, abad del Centro de Meditación Chan


Este es el cuarto en una serie de artículos tomados de las charlas del Dharma impartidas por el venerable Guo Xing, abad del Centro de Meditación, en el Retiro del Sutra Surangama en agosto de 2012. Las charlas se enfocan sobre los primeros cuatro capítulos del Sutra Surangama, e incluyen la discusión sobre la teoría y práctica Chan, relatos de los maestros Chan, y cómo aplicar los métodos Chan a la vida cotidiana.

Ananda preguntó al Buda: “Ahora reconozco que la naturaleza de mi conciencia visual es la que no depende de ninguna otra cosa. Pero, ¿cómo puedo saber que esa es mi verdadera naturaleza?” (1)

Para encontrar la verdadera mente, primero debemos cambiar aquellos malentendidos que consideran lo que no es verdadero como la verdadera mente.

En este momento presente, me ves, ves la taza, ves la mesa, ves el suelo y ves todos tipo de objetos. [El abad pregunta mientras señala a varios objetos]. Estos son todos objetos, no tu mente¿no? Ahora estamos seguros de que nuestra mente es capaz de percibir estos objetos. ¿Pueden verte? No. Cuando digo que estoy triste, podrías considerar el fenómeno de “yo estoy triste” como “yo”¿No?. Pero este es un fenómeno que es percibido por la mente; no es la verdadera mente. Ahora estoy hablando. Las cosas que digo son lenguaje y símbolos, no la verdadera mente.

En este momento quiero decir, “La próxima semana, me iré a casa”. Si esta frase es ciertamente la mente, ¿desaparece después de ser pronunciada? Cuando estás hablando, primero hay una noción de “sujeto” y “objeto”. Una vez que ha sido pronunciada la frase, la frase desaparece. Este proceso de crear y finalizar es llamado “surgimiento y cesación”. Cuando dices: “me iré a casa mañana”, las palabras por sí mismas no tienen la capacidad de percibir o estar concientes.

Cuando nos hablamos a nosotros mismos, ¿te estás realmente hablando a "ti mismo"? ¿O tu segundo pensamiento ha considerado tu primer pensamiento, que ha sido percibido por la mente, como el “yo”? Una vez que comprendes este concepto, entenderás que cuando te estás hablando a ti mismo, realmente le estás hablando a un fenómeno de pensamiento sin vida, un objeto que había sido percibido previamente por tu mente.

Este es el primer punto, que “la mente no es un objeto”. Aplicando este entendimiento: todo lo que es percibido por ti, que surge y cesa, que carece de la capacidad de percibir o carece de conciencia, nada de esto eres tú.

Déjame preguntarte esto: ¿ Puede tu mente verdadera ser separada del objeto? ¿Puedes trazar una línea divisoria y decir que esta parte es la mente verdadera y la otra parte es la taza? Déjame darte una analogía. El oro no tiene una forma fija. Cuando lo moldeas en forma de un puño, entonces, ¿dirías que el puño tiene características fijas? Si es así, entonces, ¿qué parte no tiene forma?

La mente no es objeto, pero aparte del objeto no hay mente y no hay función de conciencia visual. En nuestra práctica, es crucial tener este entendimiento. Este es el así llamado “ningún dharma está apegado a la naturaleza”, mientras que “el fenómeno no rechaza ningún dharma”. Esto es justo como un espejo que puede reflejar todos los fenómenos, sin embargo, el espejo por sí mismo no se aferra ni rechaza ningún fenómeno. El principio es lo mismo que la naturaleza. No se aferra a ningún fenómeno. Sin embargo, cuando se manifeista su función, tampoco deja afuera ningún fenómeno. En otras palabras, la naturaleza no tiene forma y carece de características, pero los fenómenos exhiben formas. A esto lo llamamos: “la verdadera forma no tiene forma y sin embargo no rechaza ninguna forma”. La naturaleza de la verdadera forma es vacuidad. Pero puede ser justo como un espejo que lo refleja todo. Este es un concepto muy importante para la práctica: no deberías buscar nirvana separado de las aflicciones. No trates de buscar la naturaleza vacía separada de los fenómenos. Se dice que “la forma es precisamente vacuidad”. Así que sería inútil rechazar las formas (fenómenos) en busca de la naturaleza vacía.

Una vez había una persona que no se llevaba bien con su familia. No podía aguantar a su suegra y había pedido salir de casa (convertirse en monástica). Le dije a ella: “Hay 300 suegras en nuestro Sangha, todas ellas están esperándote”. De este modo, los fenómenos siempre están bien. Es nuestra mente la que está diferenciando, aferrando y rechazando. Si hay algo que no te conviene, ¿deberías tratar de cambiar el fenómeno externo o cambiar la mente que está haciéndote ver las cosas molestas?

En realidad, aún no es la solución final incluso si tratas de cambiar la mentalidad que te hace ver las cosas desagradables. Cuando hay algo que te parece irritado, aún hay dos capas de comprensión que puedes cambiar. La primera capa es cambiar “lo desagradable” por “lo agradable”. Este es el nivel inferior, aunque no fácil de hacer. Segundo, comprende que hay un “yo” que encuentra las cosas desagradables; eso es debido a la mente dualista, y entonces tenemos que cambiar el concepto de sujeto y objeto.

Una vez había una maestro del Dharma que dijo que, en su mente, no hay ninguna persona que no le gustara. Déjame preguntarte sobre esto: ¿Esto significa que no le disgusta nadie en absoluto, o que para él no hay ningún objeto que le desagrade? En la realidad, cuando no hay ningún objeto, para ti no habría ninguna persona que te guste o disguste. Si eres capaz de eliminar la mente dualista (sujeto y objeto), entonces no habría necesidad de eliminar “gusto” o “aversión”. El eliminar la mente dualista significa no rechazar ningún dharma mientras no aferrarse a ningún dharma.

La manera en la que lo explicó el Maestro Sheng Yen fué: “No trates a la otra persona como un objeto”. Una vez que hayas considerado la otra persona como un objeto, ya sea una persona u otra forma de objeto, entonces la mente dualista ya ha surgido, y también la codicia y el enfado. Así que el segundo punto es: La verdadera mente no tiene forma. Pero todos estos fenómenos tienen forma (exhiben características). No serías capaz de apartarte de los fenómenos que tienen características y encontrar una mente sin forma.

El Linaje Linji le llamó a la verdadera mente “verdadera persona sin estatus”. En el Registro de Linji, los maestros Chan compararon las miríadas de fenómenos como alguien que se pone unas túnicas. En este momento, cuando te estás sintiendo feliz, hay una túnica de “felicidad”. En el momento siguiente, cuando te enfadas, hay una túnica de “disgusto”. Cuando generas el pensamiento: “¿De qué está hablando este monje?” hay una túnica que es el pensamiento de “¿De qué está hablando este monje?” Tu diálogo y gestos son fenómenos que cambian continuamente, al igual que series de túnicas nuevas y viejas poniéndose y quitándose. Has considerado estas túnicas como lo que es real, las has malinterpretado como el “yo”, e incluso interactúas con estos fenómenos que nunca se desvanecen. Vida tras vida, estás enredado en la serie de ponerse y quitarse las túnicas, y reencarnando en los Tres Reinos. Todo esto es porque has malinterpretado las túnicas como el “yo” y como la verdad.

Ahora te pregunto: “¿Quién es el que lleva la túnica?” (Por continuar)

(1) El Surangama Sutra, por la Sociedad de Traducción de Textos Budistas de la Asociación Budista Reino del Dharma, 2009, p.59