martes, 17 de octubre de 2011
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Contemplación Compasiva
Conferencias budistas
Por el Maestro Chan Sheng Yen

(Del boletín Chan No. 27, febrero de 1983)

El propósito de la contemplación compasiva radica en ayudarnos a eliminar la ira y despertar el deseo de aliviar el sufrimiento de otros. Practicamos la contemplación compasiva con mente bodhi para ayudar a los seres sintientes a liberarse a sí mismos del sufrimiento corporal y mental y, si las causas y condiciones son correctas, los ayudamos a obtener felicidad a partir del Dharma y, en última instancia, a alcanzar el nirvana. Veamos a continuación algunas maneras de practicar la contemplación compasiva. En primer lugar, contemplamos cómo tendemos a ver a los seres sintientes en función de si son beneficiosos o perjudiciales o ni beneficiosos ni perjudiciales para nosotros. Por lo tanto, deberíamos contemplar nuestras relaciones con otros para comprender mejor cómo podemos ayudarlos.

En segundo lugar, contemplamos cómo reaccionamos ante otros con gusto o disgusto. Vemos que nuestros sentimientos se basan a menudo en el beneficio o daño que, según nuestra percepción, recibimos de los demás. Si comprendiéramos que la mente es una sucesión de impresiones sensoriales y de pensamientos ilusorios que cambian constantemente, veríamos que no hay razón para sentir preferencias o rechazo hacia nuestras interacciones con los demás. Tercero, investigamos lo que ocurre realmente cuando interactuamos con los demás. Vemos que la alabanza y el reproche no son más que sonidos o vibraciones que llegan a nuestros oídos; una sonrisa o un gesto ceñudo solo son rayos de luz que perciben nuestros ojos. De la misma manera que el cuerpo es ilusorio, estos fenómenos externos son también ilusorios. Una vez que comprendamos esto, ya no necesitaremos generar simpatías o antipatías y trataremos a todos los seres sintientes de la misma manera. Cuarto, contemplamos por qué los seres sintientes sufren: porque no conocen la verdadera naturaleza del yo. Aun hoy en día sigue sin haber auténtica compasión en nuestra contemplación. ¿Cómo podemos sentir compasión hacia los seres sintientes que poseen un yo ilusorio? Los seres sintientes no saben por qué actúan de cierta manera y, por lo tanto, no saben por qué sienten felicidad o ira. Sienten apego a las emociones y posesiones, y miedo a las pérdidas. Esto provoca sufrimiento. No son tan libres como imaginan, ni en el cuerpo ni en la mente; saben que no deberían hacer determinadas cosas pero, no obstante, las hacen y esto provoca también sufrimiento. A veces parece que tengamos dos egos y que cada uno de ellos luche por conseguir diferentes fines. Los seres sintientes nacen, envejecen, enferman y, finalmente, mueren. En el brevísimo período de su vida, cada ser sintiente soporta todo tipo de aflicciones corporales y mentales. Deberíamos sentir compasión por ellos por el sufrimiento que experimentan.

Finalmente, no contemplamos a los seres sintientes como beneficiosos, perjudiciales o neutros, sino como iguales. Comprendemos que nuestras relaciones con ellos no son fijas ni invariables. No podemos afirmar que aquellos por los que sentimos afinidad ahora no fuesen nuestros enemigos en otro momento o viceversa. No hay una relación definitiva ni inalterable de cercanía o de hostilidad. Visto desde la perspectiva del pasado, presente y futuro infinitos, todos los seres sintientes han interactuado alguna vez entre ellos en el pasado y probablemente también lo harán en el futuro. Desde este punto de vista podemos considerar que todos los seres sintientes son iguales a nosotros mismos y podemos sentir compasión hacia ellos.