martes, 22 de agosto de 2011
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Los órganos sensoriales de la oreja y la nariz y sus objetos sensoriales
Conferencias budistas
Conferencia impartida por el maestro Sheng Yen el domingo 21 de diciembre de 1986.

El Buda continúa explicándole a Ananda la relación de los órganos con los objetos sensoriales. En la sección de hoy, él explica la relación de la oreja con el sonido y de la nariz con el olor.

El primer pasaje se refiere a la oreja y el sonido. Él Buda pide a Ananda que reflexione sobre el sonido del tambor que se golpea para avisar a la asamblea de que la comida ya está lista y el sonido de la campana que pide a la asamblea a que vengan juntos. Él pregunta si los sonidos llegan al oído o el oído va hacia los sonidos. Siguiendo con este argumento, el Buda señala que tanto el oído como el sonido no tienen ubicación, y que no son ni causales, ni condicionales, ni existentes en sí mismos; por lo tanto, ambos son falsos.

El sentido común nos dice que el sonido llega a las orejas y son las orejas las que oyen el sonido. No hay duda de esto. Pero para señalarnos la falsedad tanto del órgano sensorial del oído como del sonido, el Sutra adopta el método retórico de buscar la verdadera, absoluta e inalterable existencia de estos fenómenos. Por lo tanto, si el sonido tuviera una existencia verdadera en sí mismo, para las orejas no habría necesidad de oírlo. Y de igual modo, si los oídos tuvieran existencia por sí mismos, el sonido ya estaría presente dentro de ellos y no habría necesidad que la audición suceda. Entonces, el Sutra nos dice que no existe tal cosa como el oído que existe por sí mismo, puesto que sólo la interacción entre el órgano sensorial de la oreja y el sonido permite que audición tenga lugar.

Al explicar esto, el Buda emplea al viaje como analogía. Él expone que si estuviera originalmente en un lugar, y luego viajara a algún otro lugar, entonces ya no estaría en el lugar desde donde comenzó el viaje. Esto simplemente quiere decir que una persona no puede estar en dos lugares diferentes al mismo tiempo. Según la lógica budista, si una persona tuviera verdadera existencia propia, entonces estaría en todas partes al mismo tiempo. Aplicando este razonamiento al sonido como algo que tiene existencia intrínseca, no podemos decir que sea algo que no estaba presente al principio y fuera originado de algún otro lugar, y que luego finalmente llegó aquí. Este no es el entendimiento del Budadharma. Sí, el sentido común nos dice que el sonido se origina en algún otro lugar y entra en nuestros oídos. Pero para comprender el Budadharma, debemos separar lo que llamamos sonido y lo que llamamos el órgano sensorial del oído. ¿Cuál es la relación entre ellos? Si ninguno de nosotros tuviéramos oídos, ¿existirían los sonidos? Desde el punto de vista del Budadharma, ni el órgano sensorial ni su objeto tienen existencia verdadera.

La mayoría de nosotros creemos que el sonido entra en nuestros oídos en lugar de ser al revés. Pero si cien personas oyen un sonido, el sonido como entidad existente en sí mismo no se puede decir que llegue simplemente a los oídos de una sola persona. Por otro lado, si consideramos a los oídos como algo subjetivo que se extiende hacia el sonido, ¿en el ejemplo dado: cómo los discípulos podrían oír tantos sonidos diferentes? ¿Cómo sus oídos podrían salir e ir a tantos lugares diferentes?

En resumen, en primer lugar el Sutra refuta el argumento de que el sonido tenga existencia intrínseca. Después refuta el concepto de que el órgano sensorial de la oreja tenga un papel exclusivo en la audición. Luego el Sutra habla de las causas y condiciones, la idea de interdependencia entre las cosas. Entonces para que un sonido sea oído, debe haber tanto oído como sonido. Si se carece de estos dos elementos, no hay audición. La audición, entonces, tiene lugar sólo en virtud del surgimiento simultáneo del órgano sensorial del oído y del sonido.

El Sutra expone que todos los Dharmas (por ejemplo los fenómenos) surgen de las causas y condiciones y por lo tanto están siempre cambiando. Pero incluso el apegarse a este entendimiento de que todo cambia puede generar apego en sí mismo. Sin embargo, no podemos decir que los fenómenos simplemente surjan espontáneamente y por casualidad. EXISTEN causas y condiciones. En realidad, en el análisis final, no podemos ni afirmar ni refutar su existencia.

Esta sección del Sutra nos enseña a que cortemos nuestro apego al sonido. Sabemos que hay sonidos agradables y sonidos repulsivos, ya sea que fueran producidos por seres humanos, animales u objetos inanimados. Tanto lo agradable como lo repulsivo conducen al apego, y por lo tanto al sufrimiento. Pero el Sutra enseña que el sonido no tiene existencia verdadera y que nuestros oídos en realidad no oyen los sonidos. Es en realidad una ilusión que experimentamos. Si pudiéramos entender completamente esto, estaríamos más desapegados a nuestro entorno. Cabe destacar que el desapegarse no significa la falta de participación.

Este entendimiento de la verdadera naturaleza del oído y del sonido puede emplearse como un método de práctica. No está predestinado a ser un argumento científico para refutar la existencia de sonido. Es simplemente un método para ayudar con nuestra práctica.

Muchos sonidos pueden provocarnos malestar. Por ejemplo el sonido del serrucho en la madera seca. Podría sentirse como si fuera a hacer explotar los oídos. Quizás el ganso, que no tiene oídos, sea el mejor practicante. No sería molestado por ningún ruido.

¿Cuál piensas que es el sonido más hermoso? Eso depende de quién seas. Si estás enamorado, será el sonido de tu novio o novia. Si eres un padre o una madre, es el sonido de las risas de tu hijo. Incluso si estuvieras acosado por pesadas aflicciones, tales sonidos podrían aliviar momentáneamente tu angustia.

Quizás haya más consenso en lo que respecta a los peores sonidos. Pero para mí es el sonido de mi propia voz. Realmente la detesto.

El Sutra nos señala que el sonido no tiene existencia intrínseca. Cualquier cosa que escuches no tiene nada que ver contigo. Podrías escucharlo, pero no tiene sentido para ti.

Tenemos planes de trasladar el Centro a otro edificio. En los últimos días tuvimos que firmar un contracto y tratar con un abogado quisquilloso. Al comprador no le importaba que el aparcamiento estuviera en la parte trasera del Centro, pero el abogado hizo un drama de eso. Esto es sólo un ejemplo de cómo dos personas pueden tener puntos de vista completamente diferentes de la misma cosa. Nuevamente, depende de las causas y condiciones. Si tienes una riña con tu esposo o esposa, su voz, efectivamente, podría parecer repentinamente bastante desagradable. La actitud lo es todo. Deberíamos tener una actitud tal de que cuando escuchamos sonidos, sean simplemente sonidos y nada más. No tienen nada que ver con nosotros.

Hablando en términos generales, en el primer día de un retiro los practicantes están muy conscientes de los sonidos que les rodean. En el segundo o tercer día, sin embargo, la mayoría de los practicantes ya no estarán conscientes de los sonidos exteriores a no ser que sus mentes estén dispersas. Los sonidos todavía existen y los oídos siguen funcionando, pero el practicante ya no emplea su órgano sensorial. Se corta relación entre el sonido y el oído. Por lo tanto, el practicante ya no escucha los sonidos.

Cuando yo estaba viviendo en China continental, vi a una mujer que tenía varios hijos muy pequeños. Yo sabía que un hijo puede ser suficientemente ruidoso, dos pueden crear un jaleo y siete u ocho pueden ser una locura. No podía imaginar cómo alguien podría sobrevivir a tanto ruido disruptivo, de manera que le pregunté que cómo se las arreglaba para pasar el día con tanto ruido constante. Ella simplemente me dijo: “No escucho nada”. Ella no era sorda. Simplemente no escuchaba el ruido, o más precisamente, ella no ponía ninguna atención a ello. En ese aspecto, ella sería una buena practicante. Pero es muy probable que ella solamente sea capaz de tolerar el sonido de sus propios hijos. Los de otros podrían fastidiarla.

Si puedes adoptar los métodos descritos en el Sutra, puedes romper el lazo entre el órgano sensorial y el sonido. Sin embargo, tienes que hacer de esto un foco regular de contemplación. Finalmente podrás llegar al estado en donde podrás oír cualquier sonido sin ser afligido por él.

Sin embargo, no sería una buena idea el tratar de adoptar este método en la escuela. En Taiwán hay numerosos casos de personas yendo a retiro, regresando al colegio, y luego reclamando que no pueden escuchar al profesor, que no saben de qué está hablando. De manera que algunas personas podrían preguntarse acerca de los méritos de un retiro Chan. Una vez que vas, parecería que vuelves hecho un tonto.

Lo que describe el Sutra es un método y un entendimiento para usarse en la situación correcta y de la manera adecuada.

La siguiente sección del Sutra está relacionada con el órgano sensorial y objeto sensorial de la nariz. El Buda emplea el ejemplo de quemar sándalo a modo de ilustración. Nuevamente, señala que un sentido, en este caso el olfato, no es ni casual, ni condicional ni existente en sí mismo. Para llevarlo a cabo, plantea una pregunta sobre el origen del olfato. ¿Desde dónde se origina: del sándalo, de la nariz o de la vacuidad? El olfato no puede originarse de la nariz, ya que la nariz no es el sándalo. Y si se originara de la madera, entonces la nariz debería estar llena del humo de incienso. Sin embargo, el Sutra nos dice que la fragancia puede olerse desde una distancia de alrededor de 13 millas, mucho más allá de los alcances del humo del sándalo. ¿Y cómo podría provenir del vacío, que es eterno e inalterable? Si esto fuera así, la fragancia estaría presente para siempre y no habría necesidad de encender incienso.

El sentido común nos dice que los olores y fragancias se originan afuera y son olidos por la nariz. Pero el Sutra, usando la misma dialéctica que tiene desde el comienzo, señala que no hay existencia intrínseca de la nariz y de su objeto sensorial; lo que es olido.

El Sutra dice que es la conjunción de las causas y condiciones la que permite que tenga lugar el olfato. La nariz puede distinguir lo fragante y lo repulsivo, y hasta cierto punto puede distinguir varios gustos; ácido, picante, amargo, dulce. Quizás la nariz es más poderosa que la lengua, que no puede distinguir el olor o le fragancia.

Los seres humanos tienen un sentido del olfato bastante sensitivo, no tan poderoso como el de los perros, pero ciertamente más agudo que el de los pájaros.

Para nosotros, es muy bueno el tener sentidos agudos si deseamos sobrevivir. Eso nos da una mejor oportunidad en situaciones difíciles. Pero en la práctica, tratamos de suprimir los cinco sentidos. De esta manera reducimos nuestras aflicciones.

Cuando yo estaba viviendo en Tokio, visité a un viejo maestro del Dharma. Le hice compañía en las montañas. Un día dijo que deseaba un café. Dije: “Pero maestro, ¿cómo podemos conseguir café aquí?” Yo no notaba nada, pero él realmente podía olerlo. El maestro insistió en que debía haber algún lugar en el pueblo en el que se estaba vendiendo café. Efectivamente, cuando bajamos al pueblo, descubrimos que había una tienda que lo vendía. El maestro tenía tal sentido agudo del olfato que lo llevó a sentirse sediento cuando olió el café, y lo hizo desear algo de café para beber. Dicha agudeza sensorial puede conducir a problemas.

Una vez yo estaba en las montañas y no sabia cuán largo era el camino que tenía que caminar antes de llegar a mi destino. No tenía comida. En ese momento yo olía comida frita. Me volví muy hambriento y mi estómago comenzó a gruñir. El olor provenía de la distancia. Después vi a la familia que estaba friendo la comida, pero no podía pedir nada. La tradición de mendigar por comida no existe en China, aunque sí en la India. No tenía otro remedio que olvidarme de mi estómago y continuar caminando. Hay tantos olores agradables y otros tantos repulsivos. Es realmente difícil el llegar a la etapa donde ya no estás afectado por ningún olor o fragancia.

Pregunté a Sheila que cuánto tiempo había sido vegetariana, y dijo cinco años. Ella dijo que el olor de la carne no le molesta. Pero a mi el olor de la carne me produce dolor de cabeza. Incluso no puedo acercarme a ciertos restaurantes que cocinan carne. Quizás es algún tipo de alergia. Quizás mi práctica no es lo que debería ser si estos olores todavía me molestan.

El olor de tu cuerpo depende de la comida que comes. A algunas personas les parecen ciertos olores del cuerpo más repulsivos que otros. Pero lo que es repulsivo para una persona podría ser atractivo para otra. Si te parece atractivo el olor del cuerpo de otra persona, probablemente significa que tienes buena afinidad kármica con él o ella.

Nuestras reacciones corresponden a cómo estamos constituidos físicamente. Entonces, individuos diferentes tienen apegos diferentes. Sin embargo, el principio básico sigue siendo el mismo: es la interacción del olor y la nariz la que conduce a apego y aflicción. Nuevamente, si puedes poner fin a la relación entre el órgano del sentido y su objeto, el apego y la aflicción disminuirán.

Entonces, en realidad, no hay tal cosa como fragancia u olor desagradable. El olor por sí mismo no tiene existencia intrínseca.

Es la unión de nariz y olor lo que produce el sentido del olfato. Por consiguiente, el Sutra dice que tanto la nariz como el olor no son ni causales, ni condicionales, ni existentes por sí mismos.

La mayoría de los seres sensibles están afligidos por la codicia, el enfado y el odio. Tienen codicia por las cosas que huelen agradables y odio por los malos olores. El odio puede conducir al enfado, y en todos los casos a la aflicción. Es para disminuir estas cosas por lo que practicamos.

Hay un dicho chino que dice: Quédate suficiente tiempo en el invernadero y la fragancia ya no te complacerá. Del mismo modo, después de algún tiempo pierdes tu sensibilidad para con el olor repugnante. Quizás si me viera obligado a quedarme en un restaurante que ofrece carne, podría superar mi reacción a los olores y se detendrían mis dolores de cabeza.
Hay un punto importante que concierne al dicho chino: existe algo de riesgo en el volverse acostumbrados a algunas cosas. Si continuamente generas mal karma, podrías volverte acostumbrado a ello y perderás tu consciencia y comenzarás a no sentir remordimiento por lo que haces. Esto es un mal entendimiento del no-apego. No significa simplemente tomar las cosas a la ligera sin pensar para nada en las consecuencias. Lo que deberíamos tratar de hacer es plantar las semillas del mérito y de la virtud.
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