martes, 22 de agosto de 2011
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Al revés
Conferencias budistas
Conferencia dada por el maestro Sheng Yen sobre el Surangama Sutra, el domingo 8 de diciembre de 1986.

Ananda estaba perplejo preguntándose por qué hemos perdido de vista nuestra verdadera naturaleza. El Buda respondió que los seres sintientes ordinarios no ven claramente debido a sus puntos de vista preconcebidos. Lo que ellos piensan que está al revés, más bien está al derecho. Lo que ellos creen que es correcto, más bien es incorrecto. El Buda volteó la mano y preguntó a Ananda si su mano estaba al revés o al derecho. Ananda replicó que comúnmente podría sostenerse que la mano estaba en una posición invertida, pero que él no sabía si la mano estaba en posición correcta o invertida. Entonces el Buda explicó que puesto que nacimos con las manos colgando a los lados, ponerlas hacia arriba realmente es colocarlas en una postura invertida. Ananda supo lo que la visión de un hombre común puede ser; pero también supo que esta no era la visión del Buda. El Buda usó esta analogía para mostrar que la persona promedio posee una mente que crea discriminaciones y aquello que ella cree ser verdad puede, de hecho, ser falso.

Cuando el Buda vio la confusión de Ananda habló de este modo: “Hombres virtuosos, siempre declaré que Forma y Mente, y todas las causas que surgen de allí, todas las condiciones mentales y todos los fenómenos causales no son sino manifestaciones de la mente. Sus cuerpos y mentes son sólo apariencias dentro de la maravillosa, brillante y pura Mente Profunda. ¿Por qué se extravían de la preciosa, brillante y sutil naturaleza de la Mente Iluminada primordial, y de esta manera reconocen la ilusión dentro de la iluminación? La semioscuridad de la mente crea un torpe vacío, y ambos en la oscuridad se unen con él para convertirse en forma. La mezcla de forma con pensamiento falso causa que este último tome la apariencia de un cuerpo transido por causas internas acumuladas y atado a las apariencias exteriores. Tal perturbación interna es equivocadamente tomada por la naturaleza de la mente, de aquí la falsa concepción de una mente habitando un cuerpo físico, y el fracaso en reconocer que este cuerpo, al igual que las montañas, los ríos y el espacio que vemos en el exterior junto con la gran tierra, no son sino fenómenos dentro de la asombrosamente brillante Mente Verdadera. Como un hombre ignorante que está frente al gran océano, pero capta sólo una burbuja que flota, y la considera como la completa masa de agua en toda su inmensidad, ustedes son doblemente ilusos entre los ilusos”.

El Buda habló sobre la ilusión, el punto de vista invertido comúnmente mantenido por los seres sintientes. Los seres sintientes usualmente toman a los fenómenos externos como la realidad, pero puesto que tales cosas no son reales pueden compararse a una nube que viaja delante del sol y temporalmente cubre su brillo, como el de la pura mente de sabiduría. El cuerpo, la mente, el ambiente, son todos partes de esta maravillosa y brillante Mente Verdadera. Nada existe aparte de esta mente.

Si mantuviéramos una mente equilibrada hacia todos estos fenómenos, nos volveríamos como el Buda. Los seres sintientes ordinarios contemplan una burbuja sobre el océano y la toman como real y substancial, olvidándose del océano de donde viene. La mayoría de la gente toma lo que oye, conoce y posee como parte de sí mismo. No tienen cuidado de aquello con lo que no tienen contacto. La pequeña parte del mundo que ven les bloquea la sabiduría, como una nube oculta al sol. Las personas están separadas de la liberación y atadas a la pequeña porción de fenómenos que conocen. Esto es estar al revés. Esto es estar invertido. Esto es ver la parte y perder el todo. Hay gente que visita una montaña y trae a casa una roca de su superficie, pero nunca se percata de la inmensidad de la montaña.

Dividimos la inversión, o conducta incorrecta, en tres niveles: inversión mundana, inversión del Dharma de Buda, e inversión de la iluminación.

La inversión mundana es común y fácil de entender. Es la conducta que podríamos llamar anormal, o asocial. Un ejemplo podría ser el de un padre que se casa con su propia hija, o el de alguien que prefiere la compañía de animales a la de humanos, o el de alguien que hace cosas odiosas para ganar la atención de alguien a quien ama. Estas cosas pasan –un padre que se casa con su hija, por ejemplo-. Tales casos aparecen en la Biblia o en la historia de China. Wang Chou-chin fue una mujer capturada por una tribu de bárbaros. El jefe de la tribu la tomó por mujer. Tuvieron un hijo, y cuando el padre murió, por tradición el hijo debía tomar la mujer de su padre, su madre. Nosotros vemos esta acción como invertida.

Hay muchos casos de personas que prefieren los animales a la gente. Cierta vez en Massachusetts, conocí a una mujer que amaba a su perro más que a las otras personas. Cuando murió le dejó todo lo que tenía a su perro. Esto es conducta invertida.

No es sorprendente para un hombre ver a una bella mujer con otro hombre y pensar “¿Que hace ella con él? Él debe tener algo particular con ella, de otro modo ella probablemente no tendría nada que hacer ver con él”. Hay personas que harían cualquier cosa para obtener la atención o el afecto de alguien. John Hinkley fue un joven caballero que trató de asesinar al presidente sólo para impresionar a una actriz. Esto es conducta invertida.

El segundo tipo de inversión corresponde al Dharma de Buda. El Dharma habla de la conexión entre pasado, presente y futuro a través de las leyes de causa y efecto. Si algo le ocurre a la mayoría de la gente, ellos culpan al destino o a Dios.

Recientemente vino a mí un hombre que me narró una triste historia. Él tuvo un solo hijo, y el joven había desarrollado un cáncer. Por qué su hijo y no el de otro, se preguntaba. “He sido una buena persona y lo mismo mi hijo”, decía, “¿por qué él está siendo castigado?” Luego se dirigió a un ministro protestante, y el ministro le dijo que la pregunta en sí misma estaba errada. Dios tiene la autoridad de dar un hijo, y asimismo la autoridad de quitarlo. Pero nadie puede culpar a Dios. El único recurso es orar a Dios para mejorar al muchacho. “¿Es Dios injusto?” se preguntó. Entonces me dijo “Shih-fu, si yo me vuelvo budista, ¿se recobrará mi hijo? Si esto fuera así, me convertiría inmediatamente”

Recientemente un anciano y venerable monje desarrolló un cáncer y murió. Hace pocos años el Karmapa, un monje realizado que fue la cabeza de una secta de budismo tibetano tuvo un cáncer estomacal y murió. Aún los grandes maestros, practicantes consumados, pueden sucumbir a enfermedades ordinarias. ¿Qué es lo que actúa aquí? Todos tienen mal karma y están sujetos al sufrimiento que viene con las consecuencias kármicas.

Una joven con cáncer de mama vino a verme para ver si podía salvarla. Le dije que podía ayudarla a prepararse para la muerte y a dejar de temerle. También le aconsejé hacer la mayor cantidad de buenas obras que le fuera posible. Ella se volvió y se fue sin decir una palabra. Al día siguiente su hermana mayor vino para expresar su cólera. “Shih-fu, yo mandé a mi hermana para que la confortaras. ¿Por qué le hablaste de la muerte?” Yo respondí, “aún yo voy a morir, así que, ¿por qué no ayudar a las personas que también van a morir a prepararse para ello?”. Mas, la hermana mayor no pudo entenderlo.

Es difícil decir lo que pasará con la enfermedad. Una mujer que conocí contrajo cáncer de útero. Se le dieron tres años de vida. Ella abrazó el budismo de todo corazón, e hizo todo lo que pudo para ayudar a otros. Y todavía se encuentra viva.

Le conté todas estas historias al padre que vino a verme por su hijo único. Esperaba que comprendiera lo que estaba ocurriendo, de modo que fuera capaz de confortar al muchacho. Todo lo que nos ocurre tiene su causa raíz en el pasado o en una vida previa.

Cierta vez, cuando era un joven monje, fui a visitar al maestro de mi maestro. Él fue un gran practicante y muchos laicos que le llevaban dinero y otros regalos. Él siempre compartía lo que tuviese con los otros monjes del monasterio. Cuando fui presentado con un regalo, le dije “usted debe haber acumulado una gran cantidad de mérito, soy muy afortunado al compartirlo”. El viejo monje me regañó y me dijo que mi punto de vista estaba invertido. Dijo, “en algún momento tendré que devolver todas estas cosas, y con intereses”. Yo pregunté, “si usted no tiene ningún mérito, ¿cómo puede tener todos estos obsequios?” El anciano maestro respondió, “tú puedes pensar que yo estoy obteniendo todos estos regalos, pero en realidad sólo soy un intermediario; yo debo pasarlos”. Entonces entendí el significado. Muchos de los que daban regalos a los monjes realmente guardaban la esperanza de obtener algo a cambio. Si ustedes dan algo con la esperanza de estar plantando buenas semillas para cosechar después, nunca serán libres del samsara. Continuarán girando en él, vida tras vida.

Si ustedes plantan causas continuamente, recibirán efectos. Si piensan en esto, verán que pueden estar tan endeudados que no pueden ser retribuidos del todo en una vida. Tendrán que continuar regresando. Como una bola de nieve que rueda colina abajo, los efectos a recibirse crecen más y más. Yo estoy muy contento de que este maestro me haya regañado. Llevé al corazón el principio de que todo lo recibido era una causa, todo lo dado era un efecto. Esto es, que lo que recibes debe ser pasado; no debes aferrarte a ello. Lo que pasas, lo das como una manera de responder ante algo que has recibido. Si actúas de este modo lo que recibes no creará un efecto que un día tendrás que recibir de nuevo. Si mantienes esta forma de verlo, tu karma decrecerá, los efectos a recibir disminuirán, te volverás más puro, y entonces serás capaz de obtener la liberación.

La mayoría de la gente siente que lo que da le debería asegurar el derecho de recibir algo a cambio. Lo que da ahora servirá para recibir recompensas más tarde. Ustedes tienen niños ahora, entonces ellos pueden cuidar de ustedes más tarde. La gente planta árboles frutales de manera que puedan comer manzanas o peras en la cosecha. Esta es la expectativa del retorno de un esfuerzo invertido. En el budismo esto es un punto de vista invertido.

Un joven que conocí creía en este principio, y en consecuencia se sintió incómodo tomando dinero por el trabajo que hizo. Le pregunté cómo suponía que podría vivir sin dinero. Pero él estaba confuso y se preguntaba cómo podría lograr la liberación si él iba a beneficiarse de sus acciones. Le sugerí que considerara el trabajo que hacía como algo que beneficiaba directamente a los seres sintientes, y algo que podría crear buen karma. Respecto al dinero, podría usar una cantidad mínima para sus necesidades y ayudar a otras personas con el resto.

La categoría final de inversión es la que se aplica a alguien que ha obtenido la liberación. Esta es la inversión que se refiere en el Surangama Sutra. Hay muchos a quienes les gustaría escapar de sus sufrimientos. Una vez fui interrogado acerca de si el punto básico del budismo era escapar del sufrimiento del mundo. Yo dije que el budismo puede ayudar a escapar del sufrimiento, pero no del mundo. Entonces se me preguntó “¿quiere decir que si se cortara en pedazos a una persona liberada, ella no sentiría ningún dolor?” No, solo los muertos no sienten ningún dolor. Para el verdaderamente liberado aún hay dolor, pero no hay mortificación. ¿Qué es mortificación? Es el deseo o anhelo de que algo que está allí, cese de estar allí; o de que algo que no está comience a estar. En una persona liberada no existe tal deseo. Un avaro puede sentir un gran dolor si pierde tan sólo un dólar. Aunque el fuese muy rico, él lo sentirá como si sufriera un daño en su propio cuerpo. Una persona generosa, en cambio, se sentirá feliz de compartir lo que posee, aún si fuera muy poco.

Si ustedes temen a la muerte o al daño, entonces tienen mortificaciones concernientes al cuerpo. Si ustedes tratan a su cuerpo y a sus posesiones como espacio vacío, no necesitarán ser mortificados por ellos. Una persona liberada no posee nada. Si temiera a la muerte eso sería un punto de vista invertido. Si un Bodhisattva ve a la acción que él hizo para ayudar a otros como una causa conducente a un efecto, esto sería una visión invertida. Causa y efecto pueden tener significado en el primer nivel, la visión mundana, pero ellos no se aplican al nivel de la liberación. La razón de esto es que se necesita un sentido del yo para que la causa y efecto puedan operar; se necesita a alguien que produzca la causa y a alguien que sufra el efecto. Pero un Bodhisattva no tiene sentido de un sí mismo; por tanto, no está sujeto a la causa y el efecto.

Un Bodhisattva debe estar dispuesto a recibir todo, no importa cuan grande o pequeño sea, él debe estar dispuesto a dar cualquier cosa que esté en su poder. Él puede dar regalos, él puede recibir regalos; pero lo que él obtiene no es una causa y lo que él da no es un efecto.

El Bodhisattva recibe algo, pero es como si no recibiera nada; el da, pero es como si no diera nada. Es como un bote que tiene una manguera con la que absorbe el agua del mar por babor y que derrama nuevamente el agua por estribor. El océano mismo ni aumenta ni disminuye. Puede parecer extraño que un Bodhisattva no obtenga nada por su trabajo, pero así es como es para un Boddhisattva, todo trabajo y nada más. Si no estuviera trabajando, no sería un Bodhisattva.

En el punto de vista más alto no hay causa y no hay efecto y no hay necesidad de temer a la causa y el efecto. Desde el punto de vista liberado, si hay causa y hay efecto, entonces hay inversión. Si sacan agua del océano y la dejan regresar otra vez a él, no la pueden considerar como causa y efecto. Nada ha sido ganado o perdido.

Una persona liberada está libre de karma. El karma aún existe, pero ella no está atada a él. Esto es como una persona que visita a alguien en prisión. El visitante no está prisionero, aunque podría estar en la prisión por un tiempo. El prisionero está atado allí. Una vez fui a un largo retiro aislado. Esa fue mi elección. Si hubiera sido involuntario, hubiera sido una experiencia muy diferente.