sábado, 24 de junio de 2011
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El primero de los seis órganos sensoriales: Los ojos desde la impureza hasta la pureza
Conferencias budistas
Conferencia impartida por el maestro Sheng Yen sobre el capítulo 3 del Surangama Sutra los días 2 y 9 de noviembre de 1986.

En los capítulos anteriores del Surangama Sutra el Buda ha abordado de los cinco skandhas o agregados. Ha señalado que estos skandhas no tienen existencia real, pero no están separados de la realidad.

A partir del tercer capítulo, el Buda comienza a hablar de las seis entradas, las doce posiciones y los dieciocho reinos. Éstos constan de los mundos material y mental. El Buda plantea la pregunta de si estos mundos tienen existencia real o no.

Las seis entradas son a veces llamadas los seis órganos sensoriales o los seis tipos de raíces del órgano sensorial. Las seis entradas son el ojo, el oído, la nariz, la lengua, el cuerpo y la mente. ¿Por qué son llamadas entradas? Se debe a que estos órganos sensoriales son el origen de todos nuestros problemas. Ellos conducen a la aflicción, y la aflicción conduce al sufrimiento. Todos los seres sensibles anhelan liberarse del sufrimiento.

¿Por qué no nos deshacemos de nuestros órganos sensoriales, si son el origen de nuestros problemas? ¿No sería razonable? Por supuesto que no. No podemos eliminar nuestros sentidos, pero sí debemos emplear de manera correcta y adecuada nuestros ojos, oídos, y todos nuestros seis órganos sensoriales. Estos aún serán entradas, pero deberían dejar de ser entradas de aflicción de manera que se conviertan en entradas de sabiduría. Ya no serían entradas del karma malo, sino más bien entradas de mérito y virtud. Si podemos dar lugar a esto, continuaremos utilizando nuestros órganos sensoriales, pero nos apartaremos del camino de la aflicción y estaremos en el camino de la práctica. Puedes cambiar tu sufrimiento y transformarlo en gran mérito y sabiduría.

Entonces, el sutra dice: “Si tus órganos sensoriales no son puros, aparecerán las aflicciones.” Por decirlo de otra manera: “Si tienes aflicciones, es debido a que tus órganos sensoriales no son puros. Son impuros.”

Cuando tus órganos sensoriales son puros e inmaculados, seguirá la liberación. Cuando tus órganos sensoriales no son puros, aparecerán las aflicciones.

Reducir tus aflicciones es purificar y limpiar tus órganos sensoriales.

Si hay alguien a quien odias o con quien estás enfadado, pregúntate a ti mismo: ¿Qué hay en esta persona que no me gusta? ¿El problema puede quedar reducido a un órgano sensorial particular o una combinación de órganos sensoriales? ¿Es el ojo, el oído, la nariz, la lengua, el cuerpo, la mente, o todos ellos juntos? Pocas personas podrían causar angustia a todos tus seis órganos sensoriales. La aflicción en tan sólo dos o tres de las entradas será suficiente molestia.

Al final de un retiro que dirigí hace algún tiempo en Taiwán, alguien se me acercó diciéndome que el retiro había sido de mucha utilidad. “Pero,” dijo él, “Espero con todo mi corazón que el Sr. fulano y yo nunca volvamos a estar en el mismo retiro otra vez. Si asiste la próxima vez, yo me quedaré en casa.”

Le dije: “Debes haber tenido una larga disputa con él”. ¿Qué fue lo que hizo que provocó en ti tal resentimiento?”

Él dijo: “Fue desde la primera vez que puse mis ojos en él. Nunca me ha hecho nada. Es simplemente que tuve la desgracia de sentarme a su lado y dormir cerca de él. Durante el día el mal olor de su cuerpo me volvió loco. Por la noche sus ronquidos me mantuvieron despierto.”

Estas aflicciones nos acosan a través de la nariz y los oídos.

¿Cuál es el problema de las seis entradas en el Chan? Hay etapas sucesivas por las que debes pasar. En primer lugar, debes aprender a cerrar todos tus órganos sensoriales. Después, serás capaz de abrirlos, pero en esta etapa éstos ya no serán empleados para hacer diferencias o distinciones. Los seis órganos sensoriales percibirán todo y sin embargo se mantendrán impolutos. Sólo cuando hayas alcanzado dicho estado, los seis órganos sensoriales serán considerados completamente puros.

¿Cómo podemos cerrar los órganos sensoriales? Suponiendo que ves a una mujer hermosa o a un hombre atractivo, y suponiendo que esta vista te provoque aflicciones. Simplemente cierra tus ojos por un momento. O si hay lugares donde se congregan personas muy atractivas y eso te distrae, sólo evita ir a esos lugares si puedes. Si haces que tus ojos sean puros, eso conducirá a limpieza y pureza.

Somos engañados a menudo por nuestros ojos. Por ejemplo, cuando comemos, sólo queremos alimentos limpios. No deseamos tocar la comida que se ha caído al suelo; la miramos y la llamamos suciedad. Pero si piensas verdaderamente en todos los procesos por los que pasan los alimentos que comemos y todas las manos que los tocan, verás que no son muy diferentes de aquello que ha caído al suelo. Debido a que antes de comer no ves todos los lugares en los que tu comida ha estado y todas las cosas contenidas en ella, crees que es limpia. Lo que no ves, tocas, sientes o piensas no afectará la limpieza o pureza de tus órganos sensoriales.

El ojo y el oído son los peores delincuentes. El gusto y olfato realmente no causan mucho problema. Pero hay un problema con la mente. Si un pensamiento o una idea te hace infeliz, es mejor no detenerte en ello. Si tu mente está demasiado activa, una declaración de otra persona te hará sacar conclusiones precipitadas y eso creará problema. Sin embargo, si no te permites el querer comprender las implicaciones de lo que se ha dicho, o si consideras la perspectiva de otra persona, no te sentirás molesto.

En este mundo hay demasiadas cosas que provocan sufrimiento a través del ojo y del oído. Podemos reducir estas aflicciones de las entradas a órganos sensoriales evitando que la mente se detenga en lo que se ve y se oye.

Al final, tu práctica alcanzará el estado en el que puedes mantener abiertos tus órganos sensoriales. Entonces lo mirarás todo sin ver nada; lo oirás todo sin escuchar nada. Quizás ésta no sea la mejor manera de dejarlo. Aunque lo veas todo, los que ven realmente son tus ojos, no tú. Son tus oídos los que oyen el sonido, no eres tú. Cada órgano sensorial tiene sensaciones, pero no tienen nada que ver contigo. Tus órganos sensoriales todavía funcionan perfectamente. Si alguien te da una bofetada, reconoces que estás siendo golpeado. Tienes la sensación de que algo está golpeando algo, pero no eres tú el golpeado. De hecho, cualquier cosa que ocurra no tendrá nada que ver contigo.

Patrick, ¿qué pasaría si te acercaras a mí y yo te diera una bofetada? ¿Dirías sólo: “No, no fui yo quien fue golpeado”? ¿No comprendes? Bueno, en ese caso no hay necesidad de que te acerques.

Lo importante es tu estado mental. Si alguien te da una bofetada y le das otra, pero tu mente no se perturba, entonces no has sido golpeado ni tampoco has golpeado a nadie. Si alguien te da una bofetada y te vuelves de inmediato disgustado y enfadado a golpearlo, entonces sí has sido golpeado y has golpeado a otro.

Ahora voy a hablar de cada una de las seis entradas. La primera, los ojos. El sutra dice que no hay tal cosa como la vista. Las personas comunes creen que lo que ven es real. Conectan la vista con lo que es visto o con aquello que ve, y lo consideran como real. Si ven algo y lo perciben como hermoso, querrán mirarlo otra vez y apartarán la mirada de algo feo. Pero el Surangama Sutra declara que no hay tal cosa como vista.

Podrías creer que lo que ves es real, pero cuando estás cansado, o si miras fijamente un determinado punto por un largo periodo de tiempo, se cansan tus ojos y podrías empezar a ver cosas. Tus ojos ven algo que no está allí realmente. Las personas comunes admitirán que lo que ven bajo estas circunstancias es probablemente irreal. Pero si están despiertos, consideran lo que se ve, como algo real. El sutra muestra que lo que es visto da origen a innumerables sensaciones y emociones: enfado, felicidad, tristeza y alegría. Tu mente se ve afectada directamente por lo que ves. Podrías pensar que lo que ves es real, pero en realidad tu vista no es diferente a la de una persona con ojos cansados.

Por ejemplo, quizás no te gustan las personas de cara redonda. A otros tal vez les desagraden las personas de cara larga. La mayoría de las personas no pueden dar razones coherentes para sus preferencias y aversiones. Las impresiones provienen de libros, discusiones, prejuicio común, tu imaginación, y las preferencias y aversiones se construyen lentamente. No hay nada racional acerca del proceso. Nadie decide: “Sí, la lógica demuestra que las caras redondas son todo malas,” o “he determinado que las caras largas son desagradables.” Más bien, parece ser un afecto o aversión intrínsecos hacia dichas características.

Tener dichos prejuicios inherentes significa que tus ojos no funcionan bien. Que están llenos de estrellas y neblinosos. Esto no ocurre sólo por una noche. Nacimos con los ojos neblinosos y nublados. Sólo cuando estén iluminados, tus ojos funcionarán con claridad.

El sutra dice que nuestros ojos están cansados. Y debido a que estamos cansados y tenemos aflicciones, no podemos ver nuestra propia naturaleza con claridad. Esta no es la verdadera vista.
El sutra explica que tres componentes deben estar presentes para que podamos ver: las condiciones dobles de luz y obscuridad, el órgano sensorial del ojo, y el espacio. Sin uno de estos tres, la vista no sucede.
El primer componente de la vista es la condición de luz y obscuridad. No podemos ver sin la luz, pero sin la obscuridad – algo que obstaculiza la luz – no podemos ver tampoco. La luz y la obscuridad deben coexistir para que la vista suceda. El problema es que la luz y la obscuridad son intrínsecamente opuestas. ¿Cómo pueden existir juntas?

De acuerdo al sutra, no podemos aferrarnos a la idea de que son la luz y la obscuridad las que nos permiten ver. Debemos comprender que el tipo de vista al que se refiere el sentido común es realmente la vista de los ojos nublados. El sutra explica que vivimos en un estado ilusorio. A causa de nuestras aflicciones no podemos ver las cosas tal como son realmente. Nótese que el sutra no habla contra el sentido común o el mundo fenoménico, ni se opone a nuestra impresión de la luz y la obscuridad. El sutra simplemente señala que si tratamos de aferrarnos a lo que vemos como real, ello puede conducirnos a la aflicción.

El segundo componente de la vista es el ojo. El ojo por sí sólo no es suficiente para que podamos ver. En una habitación oscura, por ejemplo, ¿qué vemos? Podríamos decir que vemos “negro,” pero eso se debe únicamente a que tenemos memoria de la luz; no es lo que vemos realmente en ese momento. Esto no es más que otra ilusión.

El tercer componente de la vista es la relación espacial. El sentido común nos dice que necesitamos espacio entre los objetos y nuestros ojos para ver. Pero esto, tampoco es del todo cierto. Por ejemplo, soy miope y debo llevar gafas. Para leer debo sostener un libro a cierta distancia. Si me quito las gafas tengo que llevarlo cerca de mis ojos. Gracias a las diversas relaciones espaciales puedo ver. Sin el espacio es imposible ver no obstante, y nuevamente, esto no quiere decir que CON el espacio podemos ver.

Entonces nuestra vista se basa en un fundamento de ilusiones. Lo que vemos no es más que una distorsión. De manera que no deberíamos sentir mucho apego por todo lo que veamos. Nuestros ojos son el origen primario de todas nuestras aflicciones.

Aplicamos un criterio contradictorio a lo que vemos y a lo que consideramos hermoso. El escultor francés, Auguste Rodin, por ejemplo, creó una famosa estatua llamada “El Pensador.” Recibe muchas alabanzas de los críticos de arte. En China hay una serie de estatuas de Cuatro Reyes Celestiales con muslos protuberantes que es considerada como obra maestra. En algunas culturas africanas, los tallados en madera representan la mujer con cuerpos superiores largos y esbeltos, grandes barrigas y piernas cortas, y estos son considerados por la población nativa como ideas de belleza. ¿Cuáles son los verdaderos e invariables criterios de belleza? Estos criterios son artificiales, humanos y variables. No hay estándares absolutos.

Normalmente hablamos de la verdad, el bien y la belleza como si existieran realmente. La verdad pertenece a la filosofía, la virtud a la religión – al menos a la religión mundana – y la belleza al arte. El Budismo no está en contra de la verdad, el bien o la belleza. Pero hay necesidad de liberarse de los apegos a estos conceptos. En un estado de liberación carece de importancia hablar de cosas como verdaderas o no verdaderas, virtuosas o no virtuosas, hermosas o no hermosas.

Si vemos, y no obstante, es como si no hubieramos visto nada en absoluto, esto es la verdadera vista. Es sólo este estado el que está de acuerdo con la verdadera naturaleza de Tathagatagarbha. En ella lo vemos todo, y sin embargo no hay respuesta emocional de amor u odio, o discriminación, belleza o fealdad. No hay distinciones; todo se ve igual. Eso es la Verdadera Talidad de Tathagatagarbha, que es también llamada la pureza del órgano sensorial del ojo.

Entonces, si ves las cosas que a ti no te gustan especialmente, o las personas que no te gustan especialmente, o si ves las cosas o personas que te interesan, entonces, ¿cuán puros e inmaculados son tus ojos? Si no hemos alcanzado el estado donde el órgano sensorial del ojo es puro, entonces lo que vemos puede conducir a la aflicción. Por lo tanto debemos usar las enseñanzas del sutra para ayudarnos a vencer nuestros apegos. Podemos emplear la dialéctica del sutra para recordarnos a nosotros mismos que todo lo que veamos (la combinación de la luz y la oscuridad, el órgano de la vista, y la relación espacial) es ilusorio. A la larga, no hay ninguna razón para sentir apego por lo que vemos.

Hace alrededor de un año, una chica de colegio vino a verme para pedir consejo sobre un asunto personal. Ella había visto a un hombre en una fiesta y su mente no podría librarse de él. Sus amigos le arreglaron una cita con él. Se hicieron amigos, pero él no mostraba un interés particular en ella. Estaba disgustada, sin embargo, ella era demasiado tímida para tomar la iniciativa. Me preguntó si podría existir alguna afinidad kármica porque ella estaba obsesionada con él. Dije: “Si realmente hubiera alguna estrecha afinidad kármica de una vida anterior, entonces la primera vez que te vio debería haber sentido de la misma manera que tú la sentías. Pero si sólo tú lo sentiste y él no, entonces parecería que eso es únicamente tu propia aflicción kármica.” Ella me preguntó qué hacer, puesto que estaba teniendo problemas para concentrarse en sus estudios. Le estaba yendo mal en la escuela, y no podía encontrar ningún sentido a su vida. ¿Qué le dirías ?

Le dije que intentara concentrarse en su trabajo escolar y nada más. Si eso no funcionaba, le sugerí que se preguntara a sí misma: “¿Qué vi? ¿Qué fue lo que me hizo sentir de esta manera?” Ella debía comprender que lo que estába viendo no era más que una imagen falsa; no era la persona verdadera. Pero ella objetó: “Lo que vi fue una persona real.”

Dije: “Bueno, estabas en un estado emocional; dio la casualidad de que este hombre estaba a tu alrededor y tu obstrucción kármica se manifestó en él. Deberías tratar de verlo con claridad; ver lo que él realmente es. Podría no valer la pena dedicarle tanto tiempo y emoción.” Entonces ella dijo: “Eso es razonable pero todavía no puedo deshacerme de este sentimiento que tengo hacia él. ¿Qué debo hacer?” “En este caso,” contesté, “no seas tan tímida. Acércate a él y pregúntale, “¿Me amas o no?” Ella dijo: “Si lo hiciera, él podría mirarme por encima del hombro y negarse a tener que ver algo conmigo.” Dije: “Bueno, eso es la mejor solución que puedo ofrecerte.”

Cualquier problema que pudieras tener – simplemente ven a mí. Tengo muchas soluciones como ésta. Pero será mejor que practiques. Esa será la mejor solución.