sábado, 21 de octubre de 2011
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Los Dieciocho Reinos
Conferencias budistas
Conferencia impartida por el maestro Sheng Yen sobre el Surangama Sutra el 3 de mayo de 1987.

La semana pasada comencé a hablar de los dieciocho reinos. Como podrán acordarse, esto se refiere al órgano sensorial, al objeto sensorial y a la conciencia sensorial de cada uno de los seis sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y el pensamiento. Nótense también que la palabra china para “reino” tiene más de un significado. Además de “definición,” “especificación,” o “dominio,” también puede tener el significado de “cuerpo del dharma,” “fenómeno” o “actividad.”

Otro sutra, “El Sutra de la Explicación sobre el Significado Profundo y Secreto” (Sandhinirrnochana Sutra) tiene un pasaje que ayuda a aclarar la idea de “reino.” Estos reinos, según expone el sutra, se derivan desde el tiempo sin comienzo. Todos los dharmas están arraigados en y surgen de ellos. En el contexto de estos reinos, la reencarnación ocurre y es posible alcanzar el nirvana.

Los dieciocho reinos abarcan lo que es llamado el “dharma condicionado” (samskrita) – relacionado con el samsara, y el “dharma incondicionado” (asamskrita) – relacionado con aquello que nos permite estar liberados del samsára y alcanzar la liberación.

Cuando hablamos de los dieciocho reinos, reconocemos que están involucrados en lo condicionado, es decir, alguien que está atrapado dentro de ellos está en el reino del samsára. Visto de esta manera, los dieciocho reinos son malévolos: debido a ellos los seres sensibles renacen una y otra vez, encadenados por el ciclo incesante de la vida. Por el otro lado, es aquí donde empieza la práctica. Podría ser que estuviéramos en el samsára, acumulando karma y luchando de renacimiento en renacimiento, pero los dieciocho reinos también pueden servir como el camino hacia la liberación.

El primer capítulo del Abhidharmakosha-sastra por Vasubandhu enfatiza la importancia de los dieciocho reinos. Aquí nos dice que todo el samsára, seres sensibles, Bodhisattvas y Arhats, e incluso la Budeidad, derivan de ellos. Entonces los dieciocho reinos constan de la teoría más fundamental del Buddadharma. En realidad, son los fenómenos más fundamentales en el Buddadharma, y la teoría por supuesto, se deriva de ellos.

Como hemos visto, los dieciocho reinos pueden dividirse en seis series de tres. La primera serie está compuesta por el órgano sensorial del ojo, el objeto sensorial (lo que es visto), y la conciencia del ojo que proviene de la interacción del órgano y el objeto. El oído, el gusto, el olfato, el tacto y el pensamiento constituyen las cinco series restantes de tres.

Llamamos a lo que ve el ojo “forma”. Esta palabra es utilizada en un sentido muy general. Puede referirse a una cosa o la manera en que algo se manifiesta físicamente: color, forma, textura, etcétera. Esto incluye lo rojo, lo blanco, lo verde, lo azul, etcétera, así como lo largo, lo corto, lo cuadrado, lo circular, etcétera, y lo áspero, lo suave, etcétera, además de las características que pueden distinguir los ojos. Todos éstos son considerados aspectos de la forma.

Sin embargo, hay otro tipo de forma o fenómeno que puede ser visible o invisible. No está necesariamente relacionado con una forma o color en particular. A esto se le llama avijnapti-rupa, que puede ser un tipo de poder o energía. Entonces lo siguiente podría considerarse como forma: romper un vaso, una explosión, un árbol desarraigado por el viento. ¿Qué es lo que se ve? No es la forma que normalmente consideramos. Sin embargo, allí hay algo para percibirse. Entonces puede ser categorizado como forma. No podemos decir que sean simplemente color o forma, largo o corto. Dichos fenómenos están incluidos en la categoría del objeto del órgano sensorial de la visión. Lo que se deriva de la unión del órgano y el objeto es una conciencia que incorpora la distinción, reconocimiento y entendimiento. Esto es la conciencia del ojo.

El párrafo siguiente describe el órgano sensorial del oído, y su objeto, los sonidos. Estos generan sucesivamente la conciencia del oído.

El párrafo sobre la conciencia del oído es como uno sobre la conciencia del ojo. Se plantean preguntas similares: ¿Es verdadera o no la conciencia del oído? ¿Cómo surge? ¿De dónde proviene?

Utilizamos nuestros oídos para escuchar los sonidos y así sabemos lo que hemos oído. Conocemos el sonido de un teléfono que está sonando cuando lo oímos. Pero, ¿cómo es esto posible? ¿Cómo sabemos que es el sonido de un teléfono? ¿En dónde reside este conocimiento? Tenemos oídos, sonido y conocimiento. Los oídos están en nuestra cabeza, el sonido está allá fuera en algún lugar, entonces, ¿dónde está el conocimiento? ¿Estos componentes tienen una existencia separada original?

Por ejemplo, un sonido que nadie escucha no es un sonido. El sonido no puede separarse del oído. El entendimiento o conocimiento del sonido no puede estar sólo en el sonido mismo. Incluso si alguien está presente pero rápidamente se queda dormido, un sonido no podría registrarse en su mente. El órgano del oído está presente, pero no habrá conocimiento del sonido. Entonces el reconocimiento del sonido no está ni en el sonido mismo ni en el órgano del oído solo. ¿En dónde radica el oído?

Ni el sonido ni el sentido del oído solos, generan la conciencia del oído. Sólo la combinación de los dos componentes puede generar la conciencia del oído. Pero, ¿es esto realmente verdadero? En nuestro ejemplo anterior de una persona dormida, vemos que aunque el oído esté presente y pueda producirse un sonido, el escuchar no ocurre. De igual manera, una persona muerta no escuchará el más alto de los sonidos, aunque tanto sus oídos como el sonido estén presentes. Entonces, ¿dónde reside y cómo surge la conciencia del oído?

¿Podemos decir que no hay tal cosa como la conciencia del oído? No, puesto que es evidente que cuando estamos despiertos y nuestra mente está clara, funciona la conciencia del oído. La conciencia del oído existe, pero tiene su base en la sexta conciencia, que es la mente (rnanas). En realidad, las cinco primeras conciencias dependen de la sexta conciencia. De este modo, la sexta conciencia tiene dos funciones diferentes: la primera, pensar, considerar, discriminar, y distinguir; la segunda, sirve como un substrato que conecta el pasado, el presente y el futuro. Es una fuerza kármica. (Nótese: En el Budismo temprano esta segunda función de la sexta conciencia fue atribuida a la octava conciencia.)

Es por esta razón por la que hablamos de la sexta conciencia, la conciencia material que surge con el funcionamiento de cualquiera de los cinco órganos sensoriales.

Hay una analogía para ilustrarlo: un mono, la sexta conciencia, está en una habitación que sólo tiene cinco ventanas. Cada ventana es comparable con un sentido – el ojo, el oído, la nariz, la lengua y el cuerpo. Cualquier ventana por la que mira el mono determina el tipo de actividad mental que surge, así como la conciencia relacionada con el órgano sensorial particular.

Con este entendimiento, podemos ver por qué no es acertado hablar de una existencia independiente para las primeras cinco conciencias sensoriales. Es sólo cuando la sexta conciencia funciona en conjunto con los cinco órganos sensoriales, que designamos la conciencia del ojo, la conciencia del oído, etc.

En este momento podemos sostener que dado que las cinco conciencias sensoriales no tienen existencia separada, realmente sólo existe la sexta conciencia. Después cuando tratemos de la mente misma, incluso refutaremos la existencia de la sexta conciencia. Pero eso viene más tarde.

En cuanto a lo que hemos hablado, deberíamos notar que el Surangama Sutra propone que los dieciocho reinos no tienen verdadera existencia. Pero decir que no tienen existencia en absoluto, también es incorrecto.

Esto se debe a que los seres sensibles ordinarios toman la existencia de estos dieciocho reinos como manifiestos, claramente existentes , y poseedores de substancia genuina. Los seres sensibles ordinarios no están concientes de la posibilidad de que estos dieciocho reinos sean insustanciales y sin existencia. Cuando se aferran a la idea de la existencia genuina por el mundo de la materia, los sentidos y la mente, generan una miríada de causas kármicas y generan muchas reacciones en el mundo, tales como amor, odio, tristeza, felicidad, sufrimiento, apego al logro, temor a la pérdida, búsqueda de otro, o escape de alguien o algo.

Sin embargo, no es aconsejable un punto de vista demasiado estridente de la no-existencia de los dieciocho reinos. Eso podría conducir a la creencia de que no vale la pena vivir la vida. Podríamos creer que cualquier implicación con el mundo podría conducir a nada más que aflicción. Podríamos perder nuestro interés en todo y en todos.

El próximo domingo, por ejemplo, celebraremos el nacimiento del Buda. Tendremos muchas flores, decoraciones hermosas, y comida especial. Habrá una rica gama de fenómenos visibles. Si creyéramos que todo lo que veremos es simplemente otra aflicción entre los dieciocho reinos, ¿por qué nos tomaríamos la molesta de organizar dicha celebración?

El pasado sábado un miembro del Centro acudió a mí con una pregunta que tiene que ver con el sonido y la enseñanza de la meditación. Ha estado visitando regularmente una prisión y enseñando meditación a los presos. Pero él no es el único que enseña a los presos. Hay muchos otros, cristianos, musulmanes, y grupos organizados alrededor de la música, el baile y el ejercicio. Nuestro miembro dijo que los presos a quienes enseña, encuentran que el ruido y el ajetreo de las demás actividades a su alrededor les hacen sentir muy distraídos. Hay música a alto volumen, recitaciones febriles y fuertes pisoteos. Preguntó qué podía hacer al respecto. Dije que en medio de todo ese ruido, podría ayudar a sus estudiantes a alcanzar la concentración mental o incluso el samadhi a través de la recitación. La recitación del nombre del Buda Amitabha, por ejemplo, es un método útil para alcanzar el samadhi.

Aunque podríamos considerar el sonido como algo que no tiene existencia verdadera, todavía podemos hacer del sonido un instrumento de práctica. Después de todo, el sonido no es realmente una cosa tan terrible.

De la misma manera, cuando ofrecemos flores a los Budas, la fragancia de las flores es un medio a través del cual hacemos nuestros ofrecimientos a los Budas y a los Bodhisattvas. Menos seres, tales como las deidades y los fantasmas, se alimentan del aroma de la comida. Una vez más, la fragancia o aroma podría no tener existencia verdadera, pero sirve de instrumento para hacer los ofrecimientos.

Alguien preguntó cómo sé que las deidades y los fantasmas tienen una conciencia de la nariz para poder apreciar fragancias y aromas. Ciertamente no soy fantasma. No tengo conocimiento personal respecto a qué conciencia tienen o no los fantasmas. Por otro lado, la mujer que planteó esta pregunta tampoco es fantasma. Y dudo que ella sepa de qué están concientes los fantasmas.

Aquí lo importante es que mis comentarios están basados en el sutra, no en mi propia especulación. El Buda habla de los fantasmas como si tuvieran conciencia. Esto es evidente en las descripciones del samsára que se dividen en tres reinos: el del deseo, el de la forma y el de la sin forma. La palabra “reino” aparece aquí también, pero tiene un significado diferente al de los dieciocho reinos de los que hemos estado hablando. En este caso “reino” se refiere a las categorías en las que todos los seres sensibles pueden clasificarse.

El inferior de estos reinos es el del deseo. Los seres humanos pertenecen a este reino. Aquí están presentes las seis conciencias sensoriales.

Arriba del deseo está el reino de la forma. Este reino está relacionado con los cuatro estados de dhyana (absorción meditativa de la mente). Mientras uno progresa de un estado de dhyana a otro estado de dhyana las conciencias sensoriales empiezan a desaparecer. En el segundo nivel de dhyana sólo quedan las conciencias del ojo, el oído, y el cuerpo. En el tercer nivel y arriba sólo queda la conciencia mental. Las cinco conciencias anteriores son no funcionales.

Entonces podemos estar seguros de que todos los seres en el reino del deseo tienen las seis conciencias sensoriales. Algunos seres podrían ser diferentes de nosotros – sus cuerpos y órganos sensoriales podrían ser más sutiles que los nuestros. No obstante, todavía tienen cuerpos y órganos sensoriales. El reino del deseo, entonces, contiene seres humanos, deidades y fantasmas. De ahí, sabemos que los espíritus o deidades a nuestro alrededor tienen seis conciencias sensoriales.

Los que tienen la costumbre de hacer ofrendas a los fantasmas, deidades especiales, o a sus antepasados, podrían encontrar que la comida no sabe muy bien una vez que se ha hecho la ofrenda. Parece que pierde algo de su sabor. Esto se debe a que las deidades y los fantasmas consumieron algo del sabor de la comida y del aroma cuando aceptaron la ofrenda. Por otro lado, si haces ofrendas de comida a los Budas, la comida no será afectada porque los Budas y los Bodhisattvas no se preocupan por el sabor y la fragancia de la comida. Cuando ofrecemos comida a los Budas y a los Bodhisattvas, lo hacemos sólo como una muestra de respeto.

En Oriente varias religiones hacen ofrendas de comida a las deidades como una práctica, y muchos practicantes observan que la comida parece menos sabrosa después de haberla ofrecido. En este país no hay dicha tradición, así que muy pocas personas aquí han experimentado esta pérdida de sabor.

Hace alrededor de dos años huvo alguien en Taiwán que declaraba tener la capacidad de comunicarse con los muertos y con el mundo de los fantasmas. Vino a mi templo y se quejó de que no estábamos alimentando a los fantasmas de forma suficiente con nuestras ofrendas. Le dije que sólo ofrendábamos frutas y flores al Buda. Si los fantasmas quieren comer, deben esperar hasta los servicios de la tarde cuando hay un ritual de ofrendas para diversos tipos de fantasmas. Sólo pueden comer durante ese tiempo. No ofrecemos comida para ellos todo el tiempo.

Ahora bien, si en Occidente no hay una tradición de alimentar a los fantasmas,¿Significa eso que estos fantasmas están hambrientos? Se resume a esto: los fantasmas y los espíritus en occidente reconocen que durante su vida no hicieron ofrendas a los muertos. Entonces no esperan ninguna ellos mismos. Saben que están por su propia cuenta.

Alguien preguntó si estos fantasmas pueden entrar en los McDonald's y alimentarse del aroma de una hamburguesa grande. Esto no funciona de esa manera. Si la comida no es ofrecida para ellos, no pueden tomarla. Sería como robar. Deben entrar en el forestal y alimentarse de hojas o hierbas, o del aire. Esto es karma. La comida que no ha sido ofrecida a los fantasmas y a los espíritus, no es visible para ellos. No tienen ni idea de que allí hay algo. Así que probablemente a los occidentales no se les ocurre buscar comida después de la muerte No tienen experiencia en la práctica del ofrecimiento de comida.

Ahora vamos a leer el párrafo sobre el tema del olfato. Esta idea que se expresa aquí es igual a la del párrafo anterior. Sólo sustituimos el olfato por el oído. Este párrafo habla del surgimiento de la conciencia del olfato. ¿Esta conciencia reside en el órgano del olfato, en la nariz o en su objeto, fragancia u olfato?

Un argumento que propone el sutra es que sería un error decir que la conciencia del olfato surge del contacto entre el objeto, una fragancia y la nariz misma simplemente como una extensión de la sensación carnal del cuerpo. Esto residiría realmente en el reino del tacto, el quinto sentido, no en el reino del órgano de la nariz. Esto solo sería suficiente para rebatir la existencia independiente y real del órgano de la nariz. Puesto que estaríamos hablando del tacto, y esto es el olfato. La existencia real del cuerpo como el órgano del tacto será discutida y rebatida más tarde.

Entonces el sutra explora la posibilidad de que el sentido del olfato se transmita a través del espacio. Y si eso fuera verdad, tendríamos que llegar a la conclusión de que el órgano del olfato existe por todas partes en todo el espacio.

El Surangama Sutra nos señala que la percepción de los olores como buenos y malos genera muchas actividades mentales. Estas provocan humores y todo tipo de aflicciones, que sucesivamente conducen a innumerables consecuencias kármicas.

Como en la discusión de los otros sentidos, el Surangama Sutra en su descomposición de los componentes del sentido del olfato señala que el órgano en sí mismo, los olores, y la conciencia relacionada, están todos estrechamente interrelacionados. Por consiguiente, no tienen existencia independiente y son fundamentalmente ilusorios.

Otro argumento que expone el sutra es que lo que sea que olamos por medio de nuestra nariz no es simplemente algo externo a nosotros, dado que nuestra conciencia añade su propia subjetividad. Lo que olemos proviene de nuestro interior. Por ejemplo, una persona podría encontrar repugnante el olor del cuerpo mientras otros pueden encontrarlo muy atractivo.

Cuando yo estaba en el ejército conocía a alguien que sólo buscaba mujeres con olores muy fuertes. Le pregunté por qué, y me dijo que realmente no lo sabía, pero suponía que eso empezó cuando estuvo enamorado de una mujer cuyo cuerpo tenía un olor muy acentuado Cualquier mujer con un olor similar, le hacía recordar a aquella mujer.

Del mismo modo, en Malasia y en Tailandia hay un tipo de fruta que se llama durián. Tiene un olor extremadamente fuerte. Las personas que no están acostumbradas a ella, la encuentran casi intolerable. Pero a mucha gente en el Sudeste Asiático le encanta el sabor, e incluso el olor de esta fruta.

Estos dos ejemplos ilustran que el sentido del olfato difiere de persona a persona y de cultura a cultura.

Lo que y cómo lo olemos, depende mucho de nuestro estado mental y del karma previo. Podríamos por ejemplo, cambiar nuestras actitudes hacia ciertos olores mientras nos hacemos viejos, gustamos de algunos que no nos agradaban, encontramos repugnantes otros olores que nos gustaban antes. Una existencia particular en esta vida o en una previa, podrían determinar cómo respondemos a un cierto olor.

Una vez hubo un hombre que dijo percibir un olor desagradable y preguntó a los amigos que estaban a su alrededor si podían olerlo también. Uno de ellos dijo: “¡Oh! Tu esposa acaba de entrar.” Le preguntó a ella si percibia el olor. Ella respondió: “No, en absoluto. Por cierto, ¿Te gusta mi nuevo perfume?” Sin sorpresa alguna, el hombre ya no se quejaba de un olor ofensivo, y sí encontraba el perfume de su esposa, muy fragante

Aun los seres sensibles ordinarios pueden comprender a veces que aquello percibido por los sentidos, es ilusorio.

Conferencia impartida por el maestro Sheng Yen sobre el Surangama Sutra el 3 de mayo de 1987.


La semana pasada comencé a hablar de los dieciocho reinos. Como podrán acordarse, esto se refiere al órgano sensorial, al objeto sensorial y a la conciencia sensorial de cada uno de los seis sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y el pensamiento. Nótense también que la palabra china para “reino” tiene más de un significado. Además de “definición,” “especificación,” o “dominio,” también puede tener el significado de “cuerpo del dharma,” “fenómeno” o “actividad.”

Otro sutra, “El Sutra de la Explicación sobre el Significado Profundo y Secreto” (Sandhinirrnochana Sutra) tiene un pasaje que ayuda a aclarar la idea de “reino.” Estos reinos, según expone el sutra, se derivan desde el tiempo sin comienzo. Todos los dharmas están arraigados en y surgen de ellos. En el contexto de estos reinos, la reencarnación ocurre y es posible alcanzar el nirvana.

Los dieciocho reinos abarcan lo que es llamado el “dharma condicionado” (samskrita) – relacionado con el samsara, y el “dharma incondicionado” (asamskrita) – relacionado con aquello que nos permite estar liberados del samsára y alcanzar la liberación.

Cuando hablamos de los dieciocho reinos, reconocemos que están involucrados en lo condicionado, es decir, alguien que está atrapado dentro de ellos está en el reino del samsára. Visto de esta manera, los dieciocho reinos son malévolos: debido a ellos los seres sensibles renacen una y otra vez, encadenados por el ciclo incesante de la vida. Por el otro lado, es aquí donde empieza la práctica. Podría ser que estuviéramos en el samsára, acumulando karma y luchando de renacimiento en renacimiento, pero los dieciocho reinos también pueden servir como el camino hacia la liberación.

El primer capítulo del Abhidharmakosha-sastra por Vasubandhu enfatiza la importancia de los dieciocho reinos. Aquí nos dice que todo el samsára, seres sensibles, Bodhisattvas y Arhats, e incluso la Budeidad, derivan de ellos. Entonces los dieciocho reinos constan de la teoría más fundamental del Buddadharma. En realidad, son los fenómenos más fundamentales en el Buddadharma, y la teoría por supuesto, se deriva de ellos.

Como hemos visto, los dieciocho reinos pueden dividirse en seis series de tres. La primera serie está compuesta por el órgano sensorial del ojo, el objeto sensorial (lo que es visto), y la conciencia del ojo que proviene de la interacción del órgano y el objeto. El oído, el gusto, el olfato, el tacto y el pensamiento constituyen las cinco series restantes de tres.

Llamamos a lo que ve el ojo “forma”. Esta palabra es utilizada en un sentido muy general. Puede referirse a una cosa o la manera en que algo se manifiesta físicamente: color, forma, textura, etcétera. Esto incluye lo rojo, lo blanco, lo verde, lo azul, etcétera, así como lo largo, lo corto, lo cuadrado, lo circular, etcétera, y lo áspero, lo suave, etcétera, además de las características que pueden distinguir los ojos. Todos éstos son considerados aspectos de la forma.

Sin embargo, hay otro tipo de forma o fenómeno que puede ser visible o invisible. No está necesariamente relacionado con una forma o color en particular. A esto se le llama avijnapti-rupa, que puede ser un tipo de poder o energía. Entonces lo siguiente podría considerarse como forma: romper un vaso, una explosión, un árbol desarraigado por el viento. ¿Qué es lo que se ve? No es la forma que normalmente consideramos. Sin embargo, allí hay algo para percibirse. Entonces puede ser categorizado como forma. No podemos decir que sean simplemente color o forma, largo o corto. Dichos fenómenos están incluidos en la categoría del objeto del órgano sensorial de la visión. Lo que se deriva de la unión del órgano y el objeto es una conciencia que incorpora la distinción, reconocimiento y entendimiento. Esto es la conciencia del ojo.

El párrafo siguiente describe el órgano sensorial del oído, y su objeto, los sonidos. Estos generan sucesivamente la conciencia del oído.

El párrafo sobre la conciencia del oído es como uno sobre la conciencia del ojo. Se plantean preguntas similares: ¿Es verdadera o no la conciencia del oído? ¿Cómo surge? ¿De dónde proviene?

Utilizamos nuestros oídos para escuchar los sonidos y así sabemos lo que hemos oído. Conocemos el sonido de un teléfono que está sonando cuando lo oímos. Pero, ¿cómo es esto posible? ¿Cómo sabemos que es el sonido de un teléfono? ¿En dónde reside este conocimiento? Tenemos oídos, sonido y conocimiento. Los oídos están en nuestra cabeza, el sonido está allá fuera en algún lugar, entonces, ¿dónde está el conocimiento? ¿Estos componentes tienen una existencia separada original?

Por ejemplo, un sonido que nadie escucha no es un sonido. El sonido no puede separarse del oído. El entendimiento o conocimiento del sonido no puede estar sólo en el sonido mismo. Incluso si alguien está presente pero rápidamente se queda dormido, un sonido no podría registrarse en su mente. El órgano del oído está presente, pero no habrá conocimiento del sonido. Entonces el reconocimiento del sonido no está ni en el sonido mismo ni en el órgano del oído solo. ¿En dónde radica el oído?

Ni el sonido ni el sentido del oído solos, generan la conciencia del oído. Sólo la combinación de los dos componentes puede generar la conciencia del oído. Pero, ¿es esto realmente verdadero? En nuestro ejemplo anterior de una persona dormida, vemos que aunque el oído esté presente y pueda producirse un sonido, el escuchar no ocurre. De igual manera, una persona muerta no escuchará el más alto de los sonidos, aunque tanto sus oídos como el sonido estén presentes. Entonces, ¿dónde reside y cómo surge la conciencia del oído?

¿Podemos decir que no hay tal cosa como la conciencia del oído? No, puesto que es evidente que cuando estamos despiertos y nuestra mente está clara, funciona la conciencia del oído. La conciencia del oído existe, pero tiene su base en la sexta conciencia, que es la mente (rnanas). En realidad, las cinco primeras conciencias dependen de la sexta conciencia. De este modo, la sexta conciencia tiene dos funciones diferentes: la primera, pensar, considerar, discriminar, y distinguir; la segunda, sirve como un substrato que conecta el pasado, el presente y el futuro. Es una fuerza kármica. (Nótese: En el Budismo temprano esta segunda función de la sexta conciencia fue atribuida a la octava conciencia.)

Es por esta razón por la que hablamos de la sexta conciencia, la conciencia material que surge con el funcionamiento de cualquiera de los cinco órganos sensoriales.

Hay una analogía para ilustrarlo: un mono, la sexta conciencia, está en una habitación que sólo tiene cinco ventanas. Cada ventana es comparable con un sentido – el ojo, el oído, la nariz, la lengua y el cuerpo. Cualquier ventana por la que mira el mono determina el tipo de actividad mental que surge, así como la conciencia relacionada con el órgano sensorial particular.

Con este entendimiento, podemos ver por qué no es acertado hablar de una existencia independiente para las primeras cinco conciencias sensoriales. Es sólo cuando la sexta conciencia funciona en conjunto con los cinco órganos sensoriales, que designamos la conciencia del ojo, la conciencia del oído, etc.

En este momento podemos sostener que dado que las cinco conciencias sensoriales no tienen existencia separada, realmente sólo existe la sexta conciencia. Después cuando tratemos de la mente misma, incluso refutaremos la existencia de la sexta conciencia. Pero eso viene más tarde.

En cuanto a lo que hemos hablado, deberíamos notar que el Surangama Sutra propone que los dieciocho reinos no tienen verdadera existencia. Pero decir que no tienen existencia en absoluto, también es incorrecto.

Esto se debe a que los seres sensibles ordinarios toman la existencia de estos dieciocho reinos como manifiestos, claramente existentes , y poseedores de substancia genuina. Los seres sensibles ordinarios no están concientes de la posibilidad de que estos dieciocho reinos sean insustanciales y sin existencia. Cuando se aferran a la idea de la existencia genuina por el mundo de la materia, los sentidos y la mente, generan una miríada de causas kármicas y generan muchas reacciones en el mundo, tales como amor, odio, tristeza, felicidad, sufrimiento, apego al logro, temor a la pérdida, búsqueda de otro, o escape de alguien o algo.

Sin embargo, no es aconsejable un punto de vista demasiado estridente de la no-existencia de los dieciocho reinos. Eso podría conducir a la creencia de que no vale la pena vivir la vida. Podríamos creer que cualquier implicación con el mundo podría conducir a nada más que aflicción. Podríamos perder nuestro interés en todo y en todos.

El próximo domingo, por ejemplo, celebraremos el nacimiento del Buda. Tendremos muchas flores, decoraciones hermosas, y comida especial. Habrá una rica gama de fenómenos visibles. Si creyéramos que todo lo que veremos es simplemente otra aflicción entre los dieciocho reinos, ¿por qué nos tomaríamos la molesta de organizar dicha celebración?

El pasado sábado un miembro del Centro acudió a mí con una pregunta que tiene que ver con el sonido y la enseñanza de la meditación. Ha estado visitando regularmente una prisión y enseñando meditación a los presos. Pero él no es el único que enseña a los presos. Hay muchos otros, cristianos, musulmanes, y grupos organizados alrededor de la música, el baile y el ejercicio. Nuestro miembro dijo que los presos a quienes enseña, encuentran que el ruido y el ajetreo de las demás actividades a su alrededor les hacen sentir muy distraídos. Hay música a alto volumen, recitaciones febriles y fuertes pisoteos. Preguntó qué podía hacer al respecto. Dije que en medio de todo ese ruido, podría ayudar a sus estudiantes a alcanzar la concentración mental o incluso el samadhi a través de la recitación. La recitación del nombre del Buda Amitabha, por ejemplo, es un método útil para alcanzar el samadhi.

Aunque podríamos considerar el sonido como algo que no tiene existencia verdadera, todavía podemos hacer del sonido un instrumento de práctica. Después de todo, el sonido no es realmente una cosa tan terrible.

De la misma manera, cuando ofrecemos flores a los Budas, la fragancia de las flores es un medio a través del cual hacemos nuestros ofrecimientos a los Budas y a los Bodhisattvas. Menos seres, tales como las deidades y los fantasmas, se alimentan del aroma de la comida. Una vez más, la fragancia o aroma podría no tener existencia verdadera, pero sirve de instrumento para hacer los ofrecimientos.

Alguien preguntó cómo sé que las deidades y los fantasmas tienen una conciencia de la nariz para poder apreciar fragancias y aromas. Ciertamente no soy fantasma. No tengo conocimiento personal respecto a qué conciencia tienen o no los fantasmas. Por otro lado, la mujer que planteó esta pregunta tampoco es fantasma. Y dudo que ella sepa de qué están concientes los fantasmas.

Aquí lo importante es que mis comentarios están basados en el sutra, no en mi propia especulación. El Buda habla de los fantasmas como si tuvieran conciencia. Esto es evidente en las descripciones del samsára que se dividen en tres reinos: el del deseo, el de la forma y el de la sin forma. La palabra “reino” aparece aquí también, pero tiene un significado diferente al de los dieciocho reinos de los que hemos estado hablando. En este caso “reino” se refiere a las categorías en las que todos los seres sensibles pueden clasificarse.

El inferior de estos reinos es el del deseo. Los seres humanos pertenecen a este reino. Aquí están presentes las seis conciencias sensoriales.

Arriba del deseo está el reino de la forma. Este reino está relacionado con los cuatro estados de dhyana (absorción meditativa de la mente). Mientras uno progresa de un estado de dhyana a otro estado de dhyana las conciencias sensoriales empiezan a desaparecer. En el segundo nivel de dhyana sólo quedan las conciencias del ojo, el oído, y el cuerpo. En el tercer nivel y arriba sólo queda la conciencia mental. Las cinco conciencias anteriores son no funcionales.

Entonces podemos estar seguros de que todos los seres en el reino del deseo tienen las seis conciencias sensoriales. Algunos seres podrían ser diferentes de nosotros – sus cuerpos y órganos sensoriales podrían ser más sutiles que los nuestros. No obstante, todavía tienen cuerpos y órganos sensoriales. El reino del deseo, entonces, contiene seres humanos, deidades y fantasmas. De ahí, sabemos que los espíritus o deidades a nuestro alrededor tienen seis conciencias sensoriales.

Los que tienen la costumbre de hacer ofrendas a los fantasmas, deidades especiales, o a sus antepasados, podrían encontrar que la comida no sabe muy bien una vez que se ha hecho la ofrenda. Parece que pierde algo de su sabor. Esto se debe a que las deidades y los fantasmas consumieron algo del sabor de la comida y del aroma cuando aceptaron la ofrenda. Por otro lado, si haces ofrendas de comida a los Budas, la comida no será afectada porque los Budas y los Bodhisattvas no se preocupan por el sabor y la fragancia de la comida. Cuando ofrecemos comida a los Budas y a los Bodhisattvas, lo hacemos sólo como una muestra de respeto.

En Oriente varias religiones hacen ofrendas de comida a las deidades como una práctica, y muchos practicantes observan que la comida parece menos sabrosa después de haberla ofrecido. En este país no hay dicha tradición, así que muy pocas personas aquí han experimentado esta pérdida de sabor.

Hace alrededor de dos años huvo alguien en Taiwán que declaraba tener la capacidad de comunicarse con los muertos y con el mundo de los fantasmas. Vino a mi templo y se quejó de que no estábamos alimentando a los fantasmas de forma suficiente con nuestras ofrendas. Le dije que sólo ofrendábamos frutas y flores al Buda. Si los fantasmas quieren comer, deben esperar hasta los servicios de la tarde cuando hay un ritual de ofrendas para diversos tipos de fantasmas. Sólo pueden comer durante ese tiempo. No ofrecemos comida para ellos todo el tiempo.

Ahora bien, si en Occidente no hay una tradición de alimentar a los fantasmas,¿Significa eso que estos fantasmas están hambrientos? Se resume a esto: los fantasmas y los espíritus en occidente reconocen que durante su vida no hicieron ofrendas a los muertos. Entonces no esperan ninguna ellos mismos. Saben que están por su propia cuenta.

Alguien preguntó si estos fantasmas pueden entrar en los McDonald's y alimentarse del aroma de una hamburguesa grande. Esto no funciona de esa manera. Si la comida no es ofrecida para ellos, no pueden tomarla. Sería como robar. Deben entrar en el forestal y alimentarse de hojas o hierbas, o del aire. Esto es karma. La comida que no ha sido ofrecida a los fantasmas y a los espíritus, no es visible para ellos. No tienen ni idea de que allí hay algo. Así que probablemente a los occidentales no se les ocurre buscar comida después de la muerte No tienen experiencia en la práctica del ofrecimiento de comida.

Ahora vamos a leer el párrafo sobre el tema del olfato. Esta idea que se expresa aquí es igual a la del párrafo anterior. Sólo sustituimos el olfato por el oído. Este párrafo habla del surgimiento de la conciencia del olfato. ¿Esta conciencia reside en el órgano del olfato, en la nariz o en su objeto, fragancia u olfato?

Un argumento que propone el sutra es que sería un error decir que la conciencia del olfato surge del contacto entre el objeto, una fragancia y la nariz misma simplemente como una extensión de la sensación carnal del cuerpo. Esto residiría realmente en el reino del tacto, el quinto sentido, no en el reino del órgano de la nariz. Esto solo sería suficiente para rebatir la existencia independiente y real del órgano de la nariz. Puesto que estaríamos hablando del tacto, y esto es el olfato. La existencia real del cuerpo como el órgano del tacto será discutida y rebatida más tarde.

Entonces el sutra explora la posibilidad de que el sentido del olfato se transmita a través del espacio. Y si eso fuera verdad, tendríamos que llegar a la conclusión de que el órgano del olfato existe por todas partes en todo el espacio.

El Surangama Sutra nos señala que la percepción de los olores como buenos y malos genera muchas actividades mentales. Estas provocan humores y todo tipo de aflicciones, que sucesivamente conducen a innumerables consecuencias kármicas.

Como en la discusión de los otros sentidos, el Surangama Sutra en su descomposición de los componentes del sentido del olfato señala que el órgano en sí mismo, los olores, y la conciencia relacionada, están todos estrechamente interrelacionados. Por consiguiente, no tienen existencia independiente y son fundamentalmente ilusorios.

Otro argumento que expone el sutra es que lo que sea que olamos por medio de nuestra nariz no es simplemente algo externo a nosotros, dado que nuestra conciencia añade su propia subjetividad. Lo que olemos proviene de nuestro interior. Por ejemplo, una persona podría encontrar repugnante el olor del cuerpo mientras otros pueden encontrarlo muy atractivo.

Cuando yo estaba en el ejército conocía a alguien que sólo buscaba mujeres con olores muy fuertes. Le pregunté por qué, y me dijo que realmente no lo sabía, pero suponía que eso empezó cuando estuvo enamorado de una mujer cuyo cuerpo tenía un olor muy acentuado Cualquier mujer con un olor similar, le hacía recordar a aquella mujer.

Del mismo modo, en Malasia y en Tailandia hay un tipo de fruta que se llama durián. Tiene un olor extremadamente fuerte. Las personas que no están acostumbradas a ella, la encuentran casi intolerable. Pero a mucha gente en el Sudeste Asiático le encanta el sabor, e incluso el olor de esta fruta.

Estos dos ejemplos ilustran que el sentido del olfato difiere de persona a persona y de cultura a cultura.

Lo que y cómo lo olemos, depende mucho de nuestro estado mental y del karma previo. Podríamos por ejemplo, cambiar nuestras actitudes hacia ciertos olores mientras nos hacemos viejos, gustamos de algunos que no nos agradaban, encontramos repugnantes otros olores que nos gustaban antes. Una existencia particular en esta vida o en una previa, podrían determinar cómo respondemos a un cierto olor.

Una vez hubo un hombre que dijo percibir un olor desagradable y preguntó a los amigos que estaban a su alrededor si podían olerlo también. Uno de ellos dijo: “¡Oh! Tu esposa acaba de entrar.” Le preguntó a ella si percibia el olor. Ella respondió: “No, en absoluto. Por cierto, ¿Te gusta mi nuevo perfume?” Sin sorpresa alguna, el hombre ya no se quejaba de un olor ofensivo, y sí encontraba el perfume de su esposa, muy fragante

Aun los seres sensibles ordinarios pueden comprender a veces que aquello percibido por los sentidos, es ilusorio.