jueves, 14 de diciembre de 2011
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Las Doce Entradas
Conferencias budistas
Conferencia impartida por el maestro Sheng Yen sobre el Sutra Surangama el 14 de diciembre de 1986.

En el pasaje del sutra del que vamos a hablar hoy, el Buda habla de los doce ayatanas, o entradas, y habla acerca del órgano sensorial del ojo y su objeto.

Cuando los seis órganos sensoriales (el ojo, el oído, la nariz, la lengua, el cuerpo y la mente) entran en contacto con los seis objetos sensoriales (lo que se ve, se oye, se huele, se gusta, se siente y se piensa), se obtienen los doce ayatanas. Cuando se produce este contacto, se generan las seis funciones de la mente (las seis conciencias sensoriales.) (Los doce ayatanas y las seis conciencias sensoriales son conocidas colectivamente como los dieciocho reinos.)

El término sánscrito “ayatana” es normalmente traducido como “entrada” o “campo”. ¿Cuál es el significado de este término? Podríamos también definirlo como “generación” o “acontecimiento”. Es debido a que cuando se produce el contacto entre un órgano sensorial y un objeto sensorial, aparecen las condiciones. Esto crea un “acontecimiento.”

Para los seres sensibles ordinarios estas doce entradas no son nada más que el mundo físico. Estos seis órganos sensoriales son materiales y, por consiguiente, los seis objetos sensoriales son materiales. Estos son dharmas “mundanos” o fenómenos.

Según el Budadharma fundamental que trasciende el mundo, estos órganos y objetos sensoriales son falsamente denominados, puesto que se refieren a aquello que no existe realmente. Para los seres sensibles ordinarios las doce entradas sí tienen existencia verdadera. En realidad, esta “existencia ilusoria” de la que hablo no está separada de la existencia verdadera. Para los seres iluminados sólo es un punto de vista. Para los seres sensibles ordinarios, todo está allí.

Para ilustrarlo, podemos usar la analogía del agua y las olas. Lo que los seres sensibles ven son las olas . A veces las olas son grandes; otras veces son pequeñas; a veces son numerosas; otras veces son pocas. Pero el Buda ve la totalidad del agua y las olas, así como aquello que los seres sensibles ven. Ve las olas, pero sabe de dónde provienen realmente. Los seres sensibles ordinarios sólo se aferran a lo temporal, lo transitorio y lo ilusorio. Dado que se mueven sus mentes, consideran las olas como fenómenos concretos que tienen su propia existencia individual. El Buda ve todo como tal como surge de la Verdadera Esencia Su mente no se mueve. No tiene las aflicciones que tienen los seres sensibles ordinarios.

Los seres sensibles ordinarios están apegados a los fenómenos temporales e ilusorios, y por ende desarrollan todo tipo de actividad mental. Esta actividad mental, provocada por los fenómenos ilusorios, no representa la Verdadera Mente. ¿Cómo aparece esta actividad mental? Proviene de las doce entradas.

Para poder enseñarnos de qué forma las doce entradas son ilusorias, el Buda usa el ejemplo del órgano sensorial del ojo y su objeto, aquello que es visto. Muestra que ni el ojo ni su objeto tienen existencia verdadera. Para ilustrar este punto pide a Ananda que observe lo que ve a su alrededor. En aquel momento estaban sentados en el Parque Jetavana. El Buda pregunta a Ananda, ¿Los objetos hacen que tu ojo los vea, o tu ojo hace que sean vistos?

Si contestas que los objetos sensoriales son los que hacen que el ojo los vea, entonces, ¿por qué hay tantas cosas en el mundo que no pueden ser vistas? Por consiguiente, para ellos su existencia no es suficiente para hacer que los ojos los vean.

Otra importante condición que debe existir para que ocurra la visión es la del espacio y las relaciones espaciales. Debe haber suficiente distancia entre el ojo y su objeto y el objeto debe tener el tamaño suficiente antes de poder ser visto. Pero el espacio solo no es suficiente para permitir que lo veamos. El espacio es vacío; no puede ser el origen de la visión. Aquí el sutra abandona el reino del sentido común. El sutra está apuntando a la verdad de la no-existencia de los fenómenos.

¿Podemos decir que es debido al órgano sensorial del ojo que somos capaces de ver? Existen varias formas,y colores atribuibles a los objetos sensoriales. El ojo no puede producir estas cosas. Debe haber algo delante de nosotros para que lo veamos, de otra forma la visión no puede tener lugar.

¿Entonces cómo vemos las cosas? Antes dijimos que la visión ocurre cuando el órgano sensorial y su objeto entran en contacto. Decimos que la causa se une a la condición. Realmente no hay nada separado que puede llamarse la “visión.” Cualquier cosa que exista por la combinación de causas y condiciones no tiene la existencia real. Aparece por la combinación, y desaparece por la separación. No tiene el verdadero dharma, la verdadera existencia. Por consiguiente, tanto el órgano sensorial como el objeto del sentido sólo tienen existencia hasta el momento en el que aparecen por medio de las causas y condiciones. Esto no se refiere a que las causas y condiciones tengan verdadera existencia. Creer esto sería cometer un error tan grave como el del primer malentendido, que el órgano y el objeto tienen verdadera existencia. Las causas y condiciones tampoco tienen verdadera existencia.

El saber que todos los dharmas son falsos es saber que no deberíamos tener apego a ellos. Quizás esto debería ser un lema, un principio para regirse. ¿Hay algún problema con ello? Alguien que se adhiere a esta línea de razonamiento no debería estar apegado a ningún objeto en particular. Pero él o ella todavía están apegados a las especulaciones, conceptos e ideas filosóficas. Esto aún resulta ser un apego, y sigue habiendo aflicción. El decir “Yo soy budista. Sigo el verdadero camino”, sigue estando, aunque sutilmente, apegado a un sentido del yo. Es continuar viviendo en la aflicción.

Durante los tiempos del Buda había otro líder religioso que buscó al Buda para debatirlo. Preguntó: “¿Cuál es tu principio más elevado?” El Buda contestó: “No tengo un principio más elevado. Todo para mí es la verdad.” Esto te podría parecer un sofisma, pero el hecho es que mientras exista cualquier tipo de apego a cualquier cosa, no representará un estado iluminado. Por consiguiente, el sutra dice: “La forma y la visión son falsas. Todos los fenómenos aparecen de las causas y condiciones,” no deberíamos aferrarnos a este principio. Esto no quiere decir, sin embargo, que las cosas “suceden” y aparecen espontáneamente.

Muchas personas creen esto como verdadero. Cuando les preguntaron cómo se encontraba con su cónyuge, podrían decir: “Oh, simplemente dio la casualidad de que nos encontramos y nos casamos.” Dicho punto de vista se aferra a la idea de que no hay causas y consecuencias – no hay relación causal entre las cosas. El Budismo no lo acepta. El Budismo habla de causas y consecuencias. Las cosas no “ocurren simplemente”

Hace poco, recibí una carta de un discípulo en Taiwán quien me dijo haber estado leyendo muy diligentemente los libros budistas, sobre todo, los que yo he escrito. Me escribe sobre incidentes en los que se encuentra con personas de otras religiones quienes sin embargo, hacen postraciones a los Budas y Bodhisattvas. Cuando habla con ellos, normalmente descubre que lo que dicen no corresponde al verdadero Budadharma. Entonces discute con ellos, les muestra mis libros y dice: “Miren, lo que dice aquí...”

Todo el mundo tiene opiniones. Los maridos y esposas con diferentes costumbres y expectativas a menudo se exasperan el uno al otro. Personas diferentes ven las cosas de manera diferente. Aunque realmente no tiene ningún sentido discutir. Estas cosas realmente no son más que olas con existencia ilusoria. No sirve de nada discutir sobre cosas ilusorias.

Cuando algunas personas ven caer las hojas se sienten tristes; podrían pensar que el año se está marchitando sin sentido. Otras personas ven caer las hojas y piensan en la nieve y en el Año Nuevo. Son actitudes completamente diferentes. Algunas personas podrían haber leído cuentos tontos sobre las artes marciales que describen a los monjes desfavorablemente. Otros, quienes hayan escuchado el Budadharma, podrían respetar profundamente a un monje cuando lo ven y postrarse ante él. Desgraciadamente, hay muchas más personas que han leído estos estúpidos cuentos sobre las artes marciales.

En Hong Kong hubo un tiempo en que monjes y monjas eran vistas por encima del hombro. Cuando la gente los veía, escupía en sus cabezas rapadas. Así que los monjes y las monjas empezaron a usar sombreros o a llevar paraguas con ellos. Había jugadores supersticiosos que consideraban sus cabezas calvas como malos augurios. Una vez más, es la naturaleza de nuestros diferentes puntos de vista lo que nos hace ver las cosas de la forma en que las vemos. Todo esto es ilusorio. Es, en efecto, una doble ilusión como mínimo. Hay una ilusión principal del órgano sensorial y el objeto del contacto, y está la ilusión del prejuicio que yace amontonada sobre lo que percibes.

Al entrenar un papagayo, el entrenador se esconde detrás de un espejo y repite los sonidos que quiere que el pájaro imite. El papagayo piensa que está viendo otro papagayo, y copia lo que ve, pero no es más que su propio reflejo. De este modo, ¿quienes son nuestros enemigos? ¿Los enemigos están dentro de nosotros o están en algún lugar allá afuera? Alguien dijo que el enemigo existe en nuestra propia imaginación.

Muy a menudo lo que existe dentro de tu propia mente es el origen de la enemistad que sientes hacia otro. Una vez una pareja que no podía tolerar los hábitos del otro, vino a verme. La esposa me pidió que le diera un método para ayudarle a mejorar la situación. Le di un método, pero no funcionó para ella. Sin embargo, un día mientras leía un libro, llegó a un pasaje que decía: “Tu marido y tú no son lo mismo, así que no hay necesidad para ti, de estar de acuerdo en todo el momento.” Esta idea funcionó bien para ella. Me contó de su éxito, y le dije: “Eso es exactamente lo que yo te dije.” Estaba de acuerdo. Pero por supuesto, aún no estaba preparada para oírlo cuando vino a verme por primera. Sólo cuando estuvo harta de esta situación, estuvo preparada para hacer cambios. A esto se le llama la “madurez de causas y condiciones.”

Es viviendo a través de las doce entradas únicamente y no viendo su naturaleza ilusoria que experimentamos todas nuestras aflicciones.