miércoles, 13 de diciembre de 2011
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Sol, Luna, Cielo y Mar
Conferencias budistas
Conferencia sobre la actitud correcta de un practicante Mahayana, dictada por el Maestro Jen-chun en el Centro de Meditación Chan, el 16 de Julio de 1989.

Traducida del chino al inglés por Ming-yee Wang y editado por Linda Peer.
¿Cuál es el estado mental apropiado para un practicante del Budismo Mahayana? (del cual el Chan es una secta) El estado mental de un practicante Mahayana debería ser como el sol, el cielo y el océano. “Mahayana” significa Gran Vehículo. Es el vehículo o el sendero hacia el Buddhadharma que es practicado por aquellos de gran visión y gran capacidad mental. Su visión y capacidad son como el sol, el cielo y el mar y su comprensión y acciones son determinadas por dichas visión y capacidad.
El estado mental de los animales es confuso: ellos no tienen un entendimiento claro de su entorno o de su propio estado mental. Los seres humanos son capaces de ser claros y de observar y entender su entorno y su estado mental. La civilización humana, el conocimiento y la sabiduría resultan de un profundo e incisivo entendimiento del entorno y de los seres humanos. Nuestra capacidad de analizar y hacer discriminaciones sobre nuestro entorno lleva al cambio y al desarrollo en nuestra cultura. Este es el aspecto benéfico de la mente humana. Por otra parte, tendemos a centrarnos en nosotros mismosy a tomarlo todo de forma personal, de manera que creamos apegos que se convierten en problemas. Este es el aspecto destructivo de la mente.

Más aún, cuando entramos en contacto con los objetos, nuestra mente tiene la tendencia natural a querer adquirir aquellos objetos que nos gustan. Sufrimos de un estado mental que no encuentra satisfacción en sí misma sino que es completamente subyugada por el deseo por los objetos, las personas, los sentimientos, etcétera. En otras palabras, nuestras mentes son usualmente capturadas por el entorno.

En el pasado, en el suroeste de China, había algunos simios muy inteligentes. Cuando la gente quería capturarlos, dejaba a su alcance vino, un buen trozo de carne y hasta algunos pares de sandalias para que se las pusieran. Los simios se embriagaban con el vino, se comían toda la carne y luego se ponían las sandalias. Como resultado, no podían caminar derecho ni rápidamente y eran capturados y matados. Sus mentes eran capturadas por el entorno, y ellos mismos también.

Se supone que los seres humanos somos inteligentes, sin embargo tenemos el mismo tipo de deseo incontrolable por las cosas del ambiente externo. El deseo por las cosas lleva a toda clase de apegos. Los humanos son esclavizados por deseos y apegos, y toda clase de sufrimientos surge del sentimiento de carecer de lo que se desea, debiendo soportar lo que no se desea, además del conflicto con otros. De allí que las aflicciones surgen y la razón principal de ello es la falta de un buen entendimiento de las personas respecto a sus cuerpos y a sus mentes. Sin una clara comprensión de nuestros cuerpos y mentes, concedemos mucha importancia al placer que nos dan los objetos materiales y nuestras mentes son esclavizadas por el entorno. Esta es la razón principal del sufrimiento.

Si en lugar de ser capturados por el entorno, nuestras mentes pueden ver a través de él y transformarlo, entonces no sufriríamos tanto. En el Buddhadharma hay profundas y extensas discusiones sobre la mente, pero en resumen, en la tradición Mahayana, las personas deben cultivar una mente simple y recta. Esto significa una mente que intenta progresar. Luego debemos cultivar la mente Bhodi y tener la gran visión de seguir el sendero Mahayana. Esto incorpora la aspiración a la práctica y al logro de la Budeidad y simultáneamente, la aspiración a ayudar a todos los seres sensibles. Cuando uno ha desarrollado la mente Bodhi, ha desarrollado una gran mente. Estos tres aspectos mentales – mente recta, aspiración a la Budeidad y aspiración a ayudar a todos los seres sensibles—pueden ser desarrollados a la vez. Si una persona los tiene todos, no importa en qué entorno se encuentre será capaz de ver a través de él de inmediato. No será esclavizado por el medio ambiente y podrá entonces, transformarlo.

Mucha gente cree que los seres humanos tenemos un gran potencial y que si podemos usar la sabiduría para movilizar ese potencial, podemos transformar la energía de nuestras vidas y ayudarnos a nosotros mismos a movernos constantemente hacia un más energético estado de práctica. Un estado de práctica energético en el Budismo Mahayana es aquel en el cual somos diligentes pero no nos preocupamos por cuánto tiempo nos tomará el cumplimiento de nuestros logros. No deberíamos preocuparnos sobre si realmente tendremos logros en esta vida. Todo lo que necesitamos hacer es esforzarnos por ser constantemente energéticos y diligentes. Entonces, avanzaremos gradualmente hacia adelante.

Una persona que puede mantener esta clase de diligencia energética es considerada un practicante saludable en el camino de Buda. Un practicante saludable no está esclavizado por el entorno, no importa cuán malo sea ese entorno y no importa cuán profundo sea el sufrimiento. La persona se dirigirá sin temor hacia el progreso. Un practicante saludable debería intentar siempre las tres clases de contemplación: contemplación del sol, del cielo y del mar. Contemplación significa usar la propia sabiduría para examinar e investigar su estado mental interno así como su entorno externo para poder ver claramente la realidad verdadera de su estado mental y entorno. Cuando uno puede hacerlo, puede también manejar apropiadamente los fenómenos externos y la mente estará en un estado de iluminación. La iluminación no será opacada por ninguna obstrucción.

En el Budismo, hay una práctica de contemplación en luz, o luminosidad. El sol es el objeto de nuestro mundo físico más representativo de la luz. Los seres humanos tienen una tendencia innata a esforzarse por mejorar y limpiarse a sí mismos, expresado como un esfuerzo por alcanzar la luz y la iluminación. Esto fue expresado en antiguas religiones mediante prácticas que ofrecían sus respetos al sol o al cielo. La mayor parte de la luz de este mundo y casi toda la energía que lo nutre, provienen del sol. Por esta razón, en el Budismo el sol ha sido con frecuencia usado como una metáfora para la calidad luminosa del Buda. Por ejemplo, en los sutras se dice que el Buda fue honrado entre soles y lunas, significando con ello que el Buda es a la vez representante y símbolo de la luz.

Los budistas ofrecen sus respetos y recitan el nombre del Buda de la Medicina, quien puede ayudarnos a aliviar el sufrimiento y alargar nuestras vidas. Asociados con este Buda están el Bodhisattva Luz del Sol y el Bodhisattva Luz de Luna. El Bodhisattva Luz del Sol representa al sol, dando a la tierra luz y energía. Pero a veces, la luz del sol es demasiado poderosa, así que necesita ser balanceada con la suave frescura de la luz de luna. De igual forma, en el Buddhadharma, necesitamos el poder de la sabiduría, simbolizado por la luz del sol, balanceado por la gentil mente de la compasión, simbolizada por la luz de luna. La luz mundana, ya sea solar o artificial, nos permite ver los objetos pero no nos impide llevar a cabo toda clase de maldad. La luz de la sabiduría nos permite ver con claridad y amplitud a través de nosotros mismos, de nuestras actividades mentales y del ambiente externo. Cuando alcancemos una vasta comprensión de nosotros mismos y de nuestro entorno, no seremos esclavizados por el entorno y no habrá maldad que cometamos.

Normalmente, cada persona tiene su propia pequeña perspectiva de la realidad. Algunas personas creen poseer un gran entendimiento del mundo y consideran de alto valor sus propios puntos de vista y su filosofía. Suelen tenerse en alta estima aún a pesar de hacer cosas estúpidas o malvadas. Una persona verdaderamente sabia, ya que puede ver su mente y su entorno claramente, no será distraída u obstaculizada por cosa alguna.

Si eres realmente sabio, puedes trascender el mundo al mismo tiempo que permaneces en él. Esto no significa que estés separado del mundo sino que puedes involucrarte en cualquier situación sin que ello implique sufrimiento. Decimos que una persona sabia ha transitado por las más altas montañas y por las más oscuras profundidades del mar. Con sabiduría, aún en las peores situaciones, puedes ayudar a los seres sensibles sin experimentar sufrimiento personal o aflicciones.

Una persona sabia siempre mantendrá el buen espíritu. No sufrirá desánimos porque su visión de sí misma y del mundo es la comprensión más verdadera y su estado mental es luminoso. El estado mental de la persona sabia es como el sol sobre la tierra, iluminándolo todo claramente.

La mayoría de nosotros es demasiado entusiasta sobre sí mismo. Sentimos demasiado afecto por nosotros y somos demasiado fríos hacia los demás. Puede ser que sintamos cierto afecto por nuestros amigos cercanos y parientes, pero nunca con la misma intensidad que lo sentimos por nosotros mismos. Para ser sabio, es necesario abandonar ese excesivo afecto por nosotros mismos y hacer crecer el que sentimos por los demás. Si este afecto es realmente sincero, es entonces una clase de impecable iluminación.

El estado mental de un practicante Mahayana debería ser como el sol, y también como el cielo. El cielo simboliza pureza, libertad o liberación y algo del más alto orden, algo supremo. Buda es a veces llamado Firmamento del Cielo de la Máxima Verdad, debido a que él realizó la más alta verdad. El carácter chino que nosotros traducimos como “firmamento” y a veces como “cielo” puede significar también “espacio vacío”. Como tal, tiene también la connotación de igualdad o indistinción.

Nuestra comprensión del espacio se ha incrementado con el avance de la ciencia y la tecnología, pero en la época de Buda, hace más de 2,000 años, la gente tenía una comprensión muy limitada del mundo físico. A pesar de ello, Buda y otros de su tiempo hablaban ya de un vastísimo cosmos. De hecho, su descripción concuerda con la idea del espacio que tenemos ahora.

El concepto de “Cielo” connota también la condición despejada y sin obstrucción. El espacio es ilimitado y toda clase de cosas pueden volar a través de un cielo sin obstrucción alguna. Nuevamente, “Cielo” connota vacío en el sentido Budista: las cosas están vacías en cuanto a que en su propia naturaleza no existen permanencia, independencia o soberanía. Todo cambia, y no podemos encontrar en ningún fenómeno, características que sean intrínsecas y que no cambien. Por ejemplo, el agua puede ser líquida, sólida o gaseosa. Puede ser fresca, luego salada, luego fresca otra vez y puede ser dividida en hidrógeno y oxígeno en nuestros cuerpos y convertirse en parte de nosotros. El fuego es caliente, pero ¿está quemando lo mismo ahora que hace un momento? Las cosas no poseen naturaleza invariable o intrínseca.

De la misma manera, no existe nada en nosotros que no cambie. Nuestros cuerpos cambian, cambian nuestras actividades, nuestros pensamientos cambian, etcétera. Pocos de nosotros viven para cumplir 100 años de edad. Nuestros cuerpos cambian y luego mueren. No podemos vivir sin alimento, agua, aire, y sin la ayuda de los demás, así que no somos independientes. Tampoco somos soberanos ya que no tenemos el completo control sobre lo que hacemos. Estamos gobernados por leyes y afectados por la acción de otros e incluso por su presencia física. Entonces, desde el punto de vista del Buddhadharma, el yo fenomenal es una ilusión que surge debido a causas y condiciones que se unen a la vez.

Constantemente pensamos “Yo creo esto” y “Yo estoy haciendo aquello.” Pero el concepto del “Yo” es sólo el entendimiento de una persona ordinaria aferrándose a una ilusión. Una persona iluminada ve que la idea del “yo” es sólo el producto de causas y condiciones coincidiendo: un fenómeno que aparece para después desaparecer. Desde el punto de vista iluminado no hay realmente un ser en el sentido de inmutable, independiente y soberano.

Una persona que comprende el Buddhadharma descubrirá que todos los fenómenos externos no poseen permanencia, naturaleza o características intrínsecas y que internamente no hay un propio ser del cual hablar. Sin embargo, las concepciones de la gente común no concuerdan con este punto de vista iluminado. Las percepciones de la gente común aún inteligente y educada, son precisamente las opuestas a la visión del Dharma. Esto es cierto aún cuando la ciencia moderna nos confirma lo mismo – que todo se mantiene en constante cambio todo el tiempo - Debido al apego y al deseo, desde el tiempo sin comienzo, la gente se ha aferrado a las cosas y a una existencia a la que llaman el yo. No importa lo que puedan entender basados en su educación, en lo que concierne a sus apegos, actúan como si hubiera un yo y fenómenos externos permanentes.

Vacío, en el Buddhadharma no significa que nada exista. El concepto de vacío señala que las cosas existen sólo debido a causas y condiciones y que ellas no son permanentes, independientes o supremas. Una persona que realmente comprende esto no creará mal karma haciendo el mal sabiendo que eventualmente sufrirá las consecuencias. De hecho, una persona que realmente entiende el vacío, hará un virtuoso y meritorio uso de su cuerpo y de su entorno, aunque éstos sean sólo una ilusión y consecuencia de causas y condiciones. Es a través del vacío que la posibilidad del mérito y la virtud surgen. Si las cosas no estuvieran vacías, si las cosas tuvieran naturaleza permanente, entonces su funcionamiento sería mecánico y no habría posibilidad de transformación.

El Dharma enseña que una persona que realmente comprende el vacío será capaz de “emerger” o “moverse”. ¿Qué significa esto? Si no comprendes el vacío, cuando crees que algo te pertenece te aferras a ello, no lo dejas ir. Nosotros nos aferramos a nuestras vidas con especial fuerza. Cuando tales apegos existen, el ser completo es obstruido por ellos. Es como estar atado. No puedes moverte en libertad. Estás encerrado, esclavizado y en represión. Por otro lado, si realmente comprendes el vacío, no estarás apegado y cuando no hay apego, no hay obstrucción. Así que es posible para ti moverte y emerger de la esclavitud.

Hubo un rey al que le gustaba comer una especie particular de aves. Sus sirvientes las capturaban, las enjaulaban y las alimentaban. Las aves ganaban cada día más peso y se ponían más gordas así que no podían escapar de las jaulas. Pero hubo una que se rehusó a comer cualquier cosa, de esa forma perdió peso y eventualmente escapó a través de las barras de la jaula. Dijo a los otros pájaros atrapados en la jaula, “Ustedes viven apegados a la comida así que están esclavizados. No pueden escapar”. Si tú estás apegado a ti mismo y a los placeres del cuerpo físico, vivirás esclavizado por sentirte el centro del mundo. Si no tienes apego al yo, serás como un espacio vacío o como el cielo, estarás libre y a gusto, sin obstrucciones.

¿Cómo podemos aprender a ser como el espacio o el cielo? El espacio tiene una capacidad enorme. Puede contenerlo todo. Nuestro ámbito mental, por otra parte, es usualmente muy estrecho porque estamos apegados al yo. Si ponemos de lado nuestro apego al yo, nuestro ámbito mental será tan extenso como el espacio mismo. Estamos apegados también a las cosas que nos rodean. Algunas cosas y situaciones nos complacen mientras otras nos son desagradables. Tenemos que ser capaces de ver estas cosas como ilusiones. De otra forma nuestras reacciones al entorno nos causarán sufrimiento y aflicciones. Si podemos ver que el entorno es vacío, entonces seremos capaces de ser como el espacio.

Si reconoces el vacío, reconocerás también la ilusión. Entenderás a los seres sensibles que viven sus vidas en la ilusión y sabrás como dirigirlos hacia la realización del vacío. Alguien en estado de ilusión es como un niño pequeño. En ocasiones ama a su madre y en otras está de mal humor y dice y hace cosas horribles. Una madre no hace recíproca tal conducta hacia un niño pues entiende que el niño aún no sabe nada al respecto. Toma las acciones y palabras del niño como una ilusión. Si conoces realmente la ilusión y el vacío, no te perturbarán la conducta o las reacciones de los seres sensibles y sabrás cómo ayudarlos. Podrás cultivar obras meritorias.

¿Cómo puede un practicante Mahayana ser como el gran océano? El océano es conector. Cada parte se conecta y las cosas se mueven con libertad dentro de él: no hay obstrucción. El océano posee también una inmensa energía dinámica y tiene una tremenda capacidad. El océano puede simbolizar la sabiduría del Buda. Por ejemplo, el gran samadhi en el cual Buda entró es llamado el Samadhi del Océano. Posee los atributos del océano tal como lo hemos platicado. De igual forma, el gran samadhi es perfectamente claro. Puede trascender todas las cosas. Cada cosa en este mundo fenomenal, desde el fenómeno más superficial hasta el más profundo y sútil, es reflejada en el océano de la sabiduría del Buda. Todo se ve con gran claridad, sin distorsión alguna. La sabiduría del Buda es también como un espejo perfecto.

Tanto en los tiempos antiguos como en los modernos, las personas han buscado tesoros en todas partes en las que han vivido. En las montañas buscan oro y plata y si viven cerca del mar buscan perlas o tesoros en los barcos hundidos. De la misma manera, podemos decir que entramos en el mar del Buddhadharma para obtener un tesoro. No es un tesoro de oro o plata, sino de sabiduría con el cual podemos entendernos a nosotros mismos y al entorno en que vivimos. Con sabiduría siempre nos mantenemos contentos y en paz no importa cuales sean las circunstancias. Sin embargo, la sabiduría no llega a nosotros espontáneamente.

En el pasado, la gente creía que el océano no tenía fondo ni final. Ellos no tenían forma de medir su profundidad o su extensión, así que lo consideraban infinito y su contenido les parecía también ilimitado. La idea del océano como algo infinito y capaz de contener cosas ilimitadas fue usada como una metáfora para el voto del bodhisattva. ¿Qué es lo que el voto del boddhisattva contiene? Contiene ilimitadas olas de compasión. Las mentes de los budas y los boddhisattvas se mueven con olas de compasión por los seres sensibles. Es gracias a su compasión que están dispuestos a trabajar asiduamente para ayudar a los seres sensibles.

La sabiduría es la fuerza motriz de las acciones de un bodhisattva. Guiadas por la sabiduría, las acciones no serán desviadas hacia caminos erróneos. Un bodhisattva posee también un mar de compasión y usa todo lo que tiene para ayudar a los seres sensibles, incluyendo posesiones materiales, comprensión, conocimiento y mucho más. La sabiduría es un despertar completo. Cuando estás completamente despierto no actúas con maldad y puedes verdaderamente ayudar a los seres sensibles. ¿Qué es la compasión? Compasión es la habilidad de comunicarse con todos los seres sensibles y ayudarlos a alcanzar el Buddhadharma. Hacer el voto del Bodhisattva no es suficiente, además de eso es necesario poseer sabiduría y compasión para llevar a cabo el voto.

En la mente de un Bodhisattva, la sabiduría y la compasión deben estar constantemente en concordancia una con otra. Para alcanzar el estado del bodhisattva, hacemos por una parte el voto para alcanzar el despertar por nosotros mismos, y por la otra, para ayudar a todos los seres sensibles. Un bodhisattva contempla constantemente el océano del samsara (la ilusión) que proviene de causa y condiciones. La mayoría de la gente no entiende el funcionamiento de causas y condiciones y como resultado, permanecerá en el océano del samsara indefinidamente, naciendo y renaciendo una y otra vez. Algunas veces, se hunden en el océano y otras pueden mantener sus cabezas por encima del agua pero si no entienden causas y condiciones no podrán trascender el samsara. Sin embargo, un bodhisattva navegará a través del océano del samsara y haciendo esto, él o ella intentará salvar a todos los seres sensibles.

Si quieres practicar el camino Mahayana, debes contemplar el sol, el cielo y el mar. En la mañana, cuando el sol recién está saliendo, contémplalo y trata de permitir a tu mente ser así de luminosa. Toma unos momentos para contemplar el cielo e intenta alcanzar un estado mental similar al espacio vacío – claro y sin obstrucción-. Ve hacia la playa y contempla la infinita capacidad del mar. Si te dedicas a estas contemplaciones, ellas te beneficiarán. Por otra parte, si te dejas gobernar por el entorno y llevar de un lado hacia otro, no podrás alcanzar el camino Mahayana.