viernes, 22 de septiembre de 2011
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Ordenando la Mente
La esencia del Chan
Por el maestro Chan Sheng Yen

Este artículo es un extracto de una conferencia impartida por el maestro Sheng Yen para el Grupo de Meditación en el Monasterio Nung Chan, Taiwán, el 8 de abril de 1984. Antonio Hsieh tradujo la transcripción china, con edición bilingüe por Chiacheng Chang y Robert Dougherty y edición en inglés por Ernest Heau.

Ordenando la Mente en la Vida Cotidiana

Enfrentamos todo tipo de asuntos en la vida cotidiana: subsistencia, familia, seguridad, y lo más importante, cómo alcanzar la liberación del ciclo de nacimiento y muerte. Con estos temas permaneciendo en la mente en todo momento, es casi imposible vivir el día a día con tranquilidad. Para los practicantes esto crea obstáculos. De manera que tienen que eliminar su punto de vista de sí mismos, su apego al cuerpo y a la vida misma. En la sociedad actual, todo el mundo siempre está compitiendo en la búsqueda de los deseos materiales, de manera que la ética se ha deteriorado, y el afecto familiar ha decaído; no hay seguridad en la estructura familiar, y la tasa de divorcio está aumentando. Incluso cuando una pareja se está preparando para casarse, está haciendo acuerdos prenupciales en caso de que se divorcien. Incluso comienzan a preocuparse por el asunto de criar hijos, y quién se queda con los hijos si se divorcian. El marido y la esposa en sus mentes no están preparados para permanecer fieles “hasta que la muerte nos separe.” En muchas familias, los padres están todo el día ocupados por sus trabajos y la vida social, y entonces descuidan disciplinar a sus hijos. Esto crea muchos hijos problemáticos que pueden causar problemas para la sociedad. Para salvar las familias, debemos comenzar por cada individuo; todo el mundo debe cumplir con sus respectivas responsabilidades como miembro de la familia. De esta manera, se puede alcanzar un estado armonioso con “padres amorosos, hijos filiales, parejas armoniosas, hermanos mayores geniales y hermanos menores respetuosos.”

La muerte es el mayor miedo de la humanidad. Desde tiempos inmemoriales, cuando las personas aún vivían como salvajes, la vida humana se exponía a muchas amenazas. Las personas tenían que defenderse de las catástrofes y las bestias salvajes, luchar contra el medio ambiente natural, y esforzarse por sobrevivir. Después nació la sociedad civilizada, pero a causa de serios conflictos de intereses, las personas se mataban los unos a los otros, con frecuentes disputas y extensas guerras enfrentando clanes contra clanes, tribus contra tribus, razas contra razas, y naciones contra naciones.
Para cualquier individuo, de la cuna a la tumba, no hay garantías absolutas para cada minuto y cada segundo de la vida. Podríamos padecer enfermedades o morir por causas accidentales. “La vida humana es frágil, y puede cambiar en cualquier momento entre respiración y respiración” Así que debemos aceptar este hecho. Si podemos aceptarlo con calma, entonces no necesitamos preocuparnos si estaremos seguros o no. Pero hasta que muramos, tenemos que encontrar una manera de sobrevivir. Si cometieras suicidio, violarías la ley budista del karma. Entonces de nuevo, si tenemos miedo a la muerte, también podemos cambiar nuestro karma pasado y prolongar nuestra vida a través de practicar diligentemente. Los verdaderos practicantes, sin embargo, no tienen miedo a la muerte.

En resumen, el futuro es desconocido, y sólo podemos hacer lo mejor que podemos para proteger nuestra seguridad. Además, mientras estemos vivos nunca podremos estar absolutamente seguros. No deberíamos preocuparnos por el asunto de la seguridad, pero deberíamos esforzarnos por reducir el peligro, sin crear peligro a nosotros mismos, ni brindando a los demás oportunidades de crear peligro. Aún así, esto es sólo relativamente más seguro, puesto que todos los seres humanos son mortales, y la vida misma es una fuente de inseguridad. Tenemos que tomar esta perspectiva de manera que podamos calmar nuestra mente en un medio ambiente que es inseguro.

Serenar la Mente en el Proceso de la Práctica
Antes de empezar a practicar el Budismo, raras veces enfrentamos abiertamente nuestras propias tendencias mentales. Sólo cuando comenzamos a practicar sí descubrimos que nuestra mente puede ser caótica, sucia, fea, inestable, impura y agitada. Aquellos que tienen un método de práctica, ya sea la meditación sentada, recitación del nombre del Buda, recitación de sutras o recitación de mantras, todos pueden descubrir que su mente todavía no está concentrada. Esto demuestra que han hecho algunos progresos en la práctica espiritual. Si has alcanzado al menos este nivel, es mejor no prestar atención a las perturbaciones en la mente, sino sólo regresar al método. Ignora los pensamientos engañosos o vagabundos, y ellos disminuirán naturalmente, sólo quedando el método. Finalmente, incluso el método desaparecerá, porque es que el método mismo es también un pensamiento engañoso.

Así que cuando notes pensamientos vagabundos durante tu práctica, ignóralos. No los desprecies, pero tampoco debes seguirlos. Cuando notes pensamientos vagabundos, déjalos como están y regresa al método. Esa es la mejor manera. Quédate con el método. Entonces tu mente se serenará naturalmente.

No obstante, si piensas que ya estás liberado de los pensamientos vagabundos, eso no significa necesariamente que tu mente esté tranquila y estable. Una monja budista me dijo: “A lo largo de los últimos seis meses, a menudo pensaba que después de la meditación sentada, no había distinción entre yo y los demás seres sensibles, las personas o las cosas. Parecería como que yo soy lo mismo como ellos. Bajo esas circunstancias, no me interesa si yo o ellos existen. ¿Es eso la liberación?”

Le dije a ella, “¡No, no lo es!” ¿Por qué? Porque de hecho, este “yo” que ella percibía como “no-yo” y las “personas” externas, ambos existen y se encuentran claramente en oposición. Aunque no haya grandes aflicciones tales como el anhelo, odio, alegría o enfado, para ella, la idea o percepción de “unidad” y “tú, yo y ellos son lo mismo” aún existe.

Después ella continuó: “¿Estaba yo en un estado de dhyana?”

Le dije, “¡No, no lo estabas!” En dhyana, en su verdadero sentido, no hay “tú,” no hay “ellos,” y no hay “yo,” y no hay espacio ni tiempo. Dhyana significa que la mente ha llegado a permanecer en un solo pensamiento, y no está situada en el tiempo o espacio. De modo que sólo se alcanza el dhyana cuando se rompe el límite entre antes y después, y desaparecen las acciones mentales. Eso quiere decir que dhyana necesita que no haya pensamientos pasados ni futuros, y no hay parte interior o exterior del cuerpo, mente o medio ambiente. Habiendo escuchado mi explicación, ella estaba muy decepcionada.

Ella me preguntó, “Entonces en ese momento, ¿dónde estaba yo?”

Dije, “Estabas en un estado ilusorio y engañoso. Sin embargo, mientras en ese estado, al menos no tenías miedo. Para los practicantes, eso es una cosa buena.”

Así que esa monja estaba decepcionada otra vez. Habiendo practicado por tanto tiempo, ella pensaba naturalmente que era un estado muy bueno. Y en vez, lo consideré como un estado ilusorio. Deberíamos saber que todos los estados que tienen una forma física o mental son ilusorios. Las formas físicas implican el cuerpo físico y el medio ambiente en el que habita el cuerpo. En otras palabras, todas las sensaciones corporales y percepciones mentales son simplemente estados ilusorios. Si bien la ausencia del “yo” que ella experimentó le hizo sentir que ya había alcanzado la liberación de las aflicciones, sólo se puede decir que es un proceso de cultivación. Aún no liberada de sus percepciones de “no-yo” y liberación, en realidad, todavía estaba en un estado ilusorio. En ese momento, su mente podría haber sido capaz de estar en paz en términos relativos, pero no era una verdadera paz absoluta. Todavía estaba en el nivel donde la mente existe y puede ser pacificada, mientras que la verdadera mente calmada significa no tener mente para ser pacificada.

Lo que los antiguos patriarcas tales como Bodhidharma, Huike, Sengchou y Daoxin llamaban una mente en paz, es no tener una mente para ser pacificada o usada. Ese es el significado de: “He buscado mi mente pero no puedo encontrarla” y “No pacificar nada es llamada la verdadera pacificación de la mente.”

No Hay Mente para Ser Pacificada
El no tener mente para ser pacificada no significa permanecer en algún estado etéreo. Si la mente reside en la existencia, la mente existe; si la mente reside en la vacuidad, aún existe. Tengo un discípulo quien, durante un retiro Chan de siete días, barría el patio temprano por la mañana. Al barrer, recogió las azaleas que se cayeron al sueño, una tras otra, y las puso sobre los cerezos. En ese momento los cerezos no tenían ni hojas ni flores. Ella hizo esto con gran interés. De modo que le pregunté, “¿Qué estás haciendo?” Dijo, “¡El mundo es tan hermoso! Los árboles están vivos, y las flores que se caen aún están vivas, de manera que las coloco sobre los árboles. Una vez que las coloco sobre los árbolos, las azaleas son las flores del cerezo. ¿Cuál es la diferencia? Pueden caerse de las azaleas y crecer en los árboles de cerezo.”

Ella pensaba que el mundo era tan vivaz, armonioso y hermoso. Tal mentalidad podría parecer entrañable, pero, en realidad, ella aún estaba en el estado de “menos-yo” de apego emocional. Al apreciar el mundo, se proyectó ella misma sobre las cosas que le rodeaban. Aunque no haya una aflicción pesada, ese tipo de alegría todavía no está libre de la mente aflictiva. Cuando algunas personas alcanzan un mejor estado a través de su meditación sentada, su cuerpo y mente no existen, y se sienten extremadamente relajados, pacíficos, cómodos y libres, y muy alegres. Muchas personas hacen meditación sentada simplemente para alcanzar una sensación de ese tipo de felicidad, considerándola como la experiencia de haber alcanzado la liberación. Pero realmente ese estado aún no es liberación, sólo es una pausa en las cargas aflictivas. Cuando regresen a su normal estado cotidiano de la mente, no se sentirán liberados, puesto que su pesado cuerpo todavía está allí, y vuelven las aflicciones interminables.

De modo que si logramos un poco de alegría al practicar la contemplación, u obtenemos un sentido de unidad con el medio ambiente y su belleza, eso no es liberación. La liberación significa no tener mente para ser utilizada, y no tener mente para ser pacificada. No-mente significa que uno ha entrado en concentración, pero no es una común absorción meditativa mundana. En la concentración no hay espacio ni tiempo, ni ninguna cuestión acerca de la mente que se mueve o no mueve. Esa es la verdadera realidad de todos los dharmas. Cuando un gusano se arrastra sobre el suelo, ves que está arrastrándose, pero después tu mente no se arrastrará. Todo ocurre normalmente, pero tu mente no generará movimiento o pensamiento discriminatorio.

En ese momento, la mente es como un espejo que refleja todo lo que pasa delante de él, pero el espejo mismo no se ve afectado. Su superficie no cambia en respuesta a las cosas que se mueven delante de él, ni retiene las imágenes de las cosas que pasan. No-mente significa tener una mente que permanece inmóvil, y no conserva ninguna huella de las formas del medio ambiente. Precisamente porque la mente no se mueve, refleja con exactitud las formas en el medio ambiente. Y debido a que no conserva ninguna huella, no hay superposición o confusión de las formas que refleja. Cuando no hay mente para ser pacificada, no hay impulsos aflictivos, pero la función de la sabiduría aún existe.