martes, 22 de agosto de 2011
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Egoísmo y ausencia de egoísmo
La esencia del Chan
Por el Maestro Chan Sheng Yen

Este artículo es un extracto del libro del Maestro Sheng Yen, La Puerta del Chan, publicado en 1995 con el título de “禪門” (Chan men, en chino). Forma parte de una selección de libros traducidos del chino al inglés para su posterior publicación bajo los auspicios del Centro Cultural de la Montaña del Tambor del Dharma de Taiwán. Este texto fue traducido al inglés y editado por Chiacheng Chang, la edición inglesa corrió a cargo de Ernest Heau. La conferencia fue impartida en el Sistema de Televisión China, Taiwán, el 15 de agosto de 1992.

El progreso que uno hace del egoísmo al “no-yo” refleja su práctica en la vida. Hay niveles de egoísmo, pero en el nivel literal el egoísmo consiste en preocuparse principalmente por los propios intereses, sin importar las ganancias y pérdidas de otras personas. En otras palabras, una persona egoísta hace todo lo posible para satisfacer sus propios deseos sin importarle las repercusiones que su comportamiento tenga en los demás. En el capítulo titulado “La Justicia Final” (Zhigong, en chino) del Jardín de los Relatos (Shuo Yuan, en chino), se dice: “Ser parcial y egoísta impide a una persona llegar a los demás y relacionarse con ellos.” En esta frase se plasma plenamente el significado del egoísmo. Asimismo, en el “Relato de Pan Yue” (Pan yue zhuan, en chino) de la Historia Jin, se dice: “La continuidad de las dudas y de las desgracias se deriva del egoísmo y se desarrolla a través del deseo.” Esto nos muestra que las personas egoístas a menudo persiguen sin descanso sus deseos, con el único resultado de crear más preocupaciones y desgracias. En los sutras budistas se compara el tener deseos insaciables con tratar de saciar la sed bebiendo agua de mar: cuanta más agua se bebe, más sed se tiene y, cuanta más sed se tiene, mayor es el deseo de beber. El resultado es sufrimiento.

El egoísmo entendido como utilizar la propia capacidad para beneficiarse a sí mismo
Otro significado del egoísmo es no dejarse influir por el entorno con el fin de aumentar los propios beneficios. En este nivel, el egoísmo no es necesariamente algo malo. En el capítulo “Ofrecer el Reino” (Rang Wang, en chino) de Zhuangzi, se nos dice: “No se debe obtener ganancias destruyendo a los demás, ni exaltarse a costa de las personas en situación más baja, ni sacar provecho de determinadas ocasiones para beneficio propio.” Esto significa que uno no debe lograr el éxito destruyendo a los demás; ni realzarse a sí mismo rebajando a los demás, ni hablar mal de los demás, ni sacar provecho de una situacion ventajosa o de la buena suerte. En sentido propio, el egoísmo significa beneficiarse a sí mismo únicamente a través de los propios esfuerzos. Además, en el capítulo sobre la “Conducta del Erudito” (Ruxing, en chino) del Libro de los Ritos (Liji, en chino), se dice: “[…] vigoroso en las acciones, esperando a ser escogido. Así debe uno establecerse y prepararse a sí mismo.” Si uno consigue tener éxito trabajando duro mediante sus propios esfuerzos, no hay nada malo en ello. Esto nos muestra que el egoísmo o el beneficiarse a sí mismo no siempre es algo malo. Si el egoísmo consiste en perseguir lo que uno merece mediante sus propios esfuerzos, nos encontramos ante algo aceptable.

Incluso podemos interpretar el egoísmo como la búsqueda de una felicidad suficiente para uno mismo y el empleo de la propia capacidad en beneficio de sí mismo. Interpretado de esta manera, el egoísmo está a un nivel más elevado y no es particularmente malo. Por ejemplo, Yan Zhu, un filósofo chino del Período de los Reinos Combatientes (480-221 a. C.), una vez dijo: “No me arrancaría ni un pelo de mi cuerpo para beneficiar al mundo.” Tomado superficialmente, alguien que se expresa así no podría sonar más egoísta; pero si profundizamos un poco más, su filosofía tiene sentido. ¿Acaso no sería bueno que todo el mundo buscara su propia felicidad y que todos mirasen por sí mismos adecuadamente? Si una persona consigue esto, no cabe duda de que nos encontraremos ante una persona normal y sana. Pero también están los que hablan de ayudar a los demás y a su país, de ser amables y honrados y de comportarse moralmente, cuando en realidad no dejan de tramar en beneficio propio y de codiciar riquezas y prestigio social. Podríamos servirnos del Budadharma para influir en ellos y cambiarlos.
Los budistas Mahayana a menudo critican al sabio Hinayana como “alguien que solo busca su propia perfección”. Esto implica que los seguidores del Hinayana solo están interesados en liberarse a sí mismos y no aspiran a salvar y liberar a los demás. Sin embargo, si un sabio Hinayana realmente puede mantener un cuerpo puro y una mente pura, ¿qué hay de malo en ello? Alguien cuyas acciones físicas, verbales, y mentales sean puras habrá alcanzado la liberación, de manera que al menos no será una influencia negativa en la sociedad. En efecto, de hecho pueden influir positivamente en los demás. ¿No sería eso incluso mejor? En las Analectas, Confucio dice: “Las virtudes del soberano son como el viento, las virtudes de la gente son como la hierba: la hierba se inclina en la dirección del viento.” Por lo tanto, ¿qué hay de malo en este tipo de egoísmo?

El egoísmo no es necesariamente algo malo
Si, al interpretar el egoísmo como un “yo más amplio”, podemos elevarlo de nivel, entonces adquiere un significado mejor. En el capítulo VII del Libro Clásico del Camino y la Virtud (en chino, Tao Te King, Tao Te Ching o Dao De Jing, según el método de transcripción, del autor conocido como Lao-Tse o Laozi) se dice:
“El sabio queda atrás, por lo mismo es el primero.
Está desapegado, por eso es uno con todo.
A través de sus acciones generosas logra la plenitud.”
Esto significa que los sabios son siempre modestos y están dispuestos a adaptarse; de esta manera se granjean a cambio la admiración y el apoyo de otras personas. Entregar algo de sí mismo por el bien de otros redundará en beneficio suyo; por lo tanto, podemos ampliar nuestro egoísmo individual hasta convertirlo en un egoísmo por el bien de la totalidad. De este modo, el yo individual puede ser “menor” o “mayor.” Puede que seamos individuos independientes, pero si ampliamos nuestro yo a un nivel en el que incluya a todas las personas de Taiwán o incluso a las de China continental, entonces, cuando algún país trate de aprovecharse de nosotros, desarrollaremos de forma natural un sentimiento de unidad para defendernos. ¿No tendría este tipo de egoísmo más sentido?
Sabemos, pues, que el yo de una persona puede ser pequeño o grande. El Budismo sostiene que el yo consta de cinco componentes principales: forma física, sensación, percepción, volición, y conciencia; estos componentes también reciben el nombre de los cinco skandhas, o los cinco agregados. La forma hace referencia a los fenómenos físicos y fisiológicos, mientras la sensación, la percepción y la volición hacen referencia a las tres etapas de las actividades psicológicas. Cuando recibimos un estímulo externo, pensamos y luego damos lugar a una respuesta. Esto está relacionado con la sensación, la percepción y la volición. La conciencia, el quinto skandha, es un fenómeno espiritual que establece una conexión con el tiempo y el espacio y penetra en ellos. Es decir, la conciencia es una entidad viva que penetra en el tiempo y el espacio y establece una conexión con ellos como la existencia continua de la vida de un ser sintiente. De este modo, el yo puede considerarse como menor o como mayor. Las personas ordinarias consideran su cuerpo como su yo, mientras que las personas dignas consideran el yo como las interacciones entre su cuerpo/mente y el entorno; los sabios consideran el tiempo y los fenómenos como su yo. En esta manera de pensar, el así llamado “egoísmo” o “ego personal” realmente puede ser muy flexible: puede ser tan pequeño como nuestro propio egoísmo o ego personal, pero también puede ser tan amplio como la sociedad, una nación, el mundo y el universo.

El egoísmo puede hacer el bien o el mal
Puesto que hay muchos niveles de egoísmo, este incluye realmente tanto el bien como el mal. Esta idea puede sonar muy extraña, ya que estamos acostumbrados a definir el egoísmo como algo negativo. Cuando llamamos a alguien “egoísta”, a menudo nos referimos a la parte negativa de la palabra. Como reza un refrán chino: “Si las personas no actúan por sí mismas, cielo y tierra las destruirán.” Míralo de esta manera: si no puedes cuidar ni siquiera de ti mismo, ¿quién lo hará por ti? Si no puedes ni siquiera planificar tu propio futuro, ¿quién lo hará? Así que podemos decir que ser egoísta es en realidad signo de una mentalidad sana, en lugar de algo malo. Dado que es normal que la mente sea egoísta, en nuestras relaciones con los demás debemos comprender que ellos también tienen derecho a pensar así. Sin embargo, es malo perjudicar a los demás a través del egoísmo. Lo que se necesita es el egoísmo que no causa daño; idealmente, deberíamos ser capaces de beneficiarnos directamente a nosotros al tiempo que beneficiamos indirectamente a los demás. Las acciones egoístas y en beneficio propio de la mayoría de las personas pueden ser sanas o malsanas respecto de los demás, aunque con demasiada frecuencia son más malas que buenas. Solo el egoísmo de las personas dignas es completamente sano y está exento de todo mal. Como se dice en el confucianismo: “Tras haber alcanzado la realización personal, uno debe perfeccionar el mundo en su totalidad; si no llega a tanto, debe perfeccionarse únicamente a sí mismo.”

Por lo tanto, la compasión y la bondad budistas realmente permiten lograr la trascendencia y la liberación del egoísmo y del yo egoísta. Compasión y bondad significan contribuir nosotros mismos al bienestar y a la felicidad de los seres sintientes y a liberar su angustia y sufrimiento. La compasión es ayudar a los seres sintientes a eliminar el sufrimiento y la aflicción; la bondad es ayudarles a alcanzar la felicidad y el bienestar.

Tres Niveles de Compasión
La compasión puede expresarse en tres niveles: el primero es responder al sufrimiento de los seres sintientes teniendo en mente al receptor, el don varía según la afinidad que uno tenga con el receptor. Empezamos por nuestros familiares y seres queridos y luego la ampliamos a los desconocidos; comenzamos por los seres humanos y luego la ampliamos a los animales. Ocuparnos de otras personas y de los animales sin antes ocuparnos debidamente de nuestros parientes equivaldría a olvidarse de las raíces para centrarse en las ramas.

El segundo nivel de compasión se basa en la conciencia de que la verdadera naturaleza de los dharmas está vacía y los dharmas son su objeto. En este nivel, uno tiene en mente el donante, el receptor y el don, pero no considera el grado de cercanía con el receptor ni el del don; lo considera todo por igual. Aunque para la mayoría de la gente puede resultar difícil actuar en este nivel de compasión, los budistas deberían posser esta amplitud mental.

En el tercer nivel se encuentra la compasión incondicional. La compasión condicional significa que hay alguna razón o causa implicada. La compasión incondicional no requiere una razón, ni tener un receptor específico en mente, ni siquiera el pensamiento de ser compasivo. No abrigamos pensamientos sobre un donanate, un receptor o el acto de salvar a los demás. Salvar a los seres sintientes sin el pensamiento de salvar a los seres sintientes es lo que se ha dado en llamar la “vacuidad de las tres ruedas”: el donante, el receptor, y el don.

La mayoría de las personas son capaces de lograr el primer nivel de la compasión budista si le ponen un poco esfuerzo; el segundo nivel es solamente alcanzable para aquellos que practican las acciones de bodhisattva; el tercer nivel solo lo pueden alcanzar los grandes bodhisattvas como Avalokiteshvara. De esto podemos aprender que, aunque la compasión budista es la trascedencia y la liberación del yo egoísta, sigue teniendo niveles y grados, y por lo tanto, no se puede alcanzar instantáneamente.

Del egoísmo a la ausencia de egoísmo
Ahora que sabemos que no todos los niveles de egoísmo tienen un significado negativo, vamos a tratar de las etapas de la práctica desde el egoísmo hasta la ausencia de egoísmo. En primer lugar examinaremos de qué se compone nuestro yo egoísta. Aparte de los cinco skandhas, nuestro yo egoísta se compone de otros dos conjuntos de factores: causa y efecto, por un lado, y causas y condiciones, por otro. “Causa y efecto” hace referencia al hecho de que el yo egoísta está compuesto por sus causas y sus efectos subsiguientes en términos de tiempo; el yo presente es una continuación del yo pasado, y el yo futuro es la ampliación del yo presente. Desde la perspectiva de causalidad, toda acción conducirá a un resultado real. Sin embargo, una causa no necesariamente genera un efecto inmediato o deseable, mientras que todo resultado debe provenir de una causa. Por consiguiente, la causalidad es la base del ego. Esta es la razón por la que nuestro yo, en su valor físico, consta de nuestro cuerpo y sus partes, mientras que nuestro yo, en términos de conceptos y valores, consta de nuestros pensamientos y su contenido.

Nuestro yo egoísta consiste en la dispersión de causas y condiciones en el espacio; nuestro ego físico está compuesto por los cuatro elementos principales: tierra, agua, fuego y viento. El aumento y descenso constantes de estos cuatro elementos principales y su metabolismo son la causa de nuestro yo existencial, mientras que nuestro yo mental está compuesto por nuestras respuestas psicológicas, basadas en la codicia, el odio, el engaño, la arrogancia y la duda, así como en la alegría, la cólera, la tristeza y el placer. La incesante aparición y disminución de nuestros pensamientos genera el yo, que es nuestra vida.
Por lo tanto, en este respecto los seres sintientes son todos iguales: nuestro yo egoísta –el conjunto de varios factores corporales y mentales como agregado provisional de los cinco skandhas– puede cambiar en todo momento. Aparte de los movimientos en términos de tiempo y espacio, no hay en realidad un yo existente y mucho menos aún la existencia de una mentalidad egoísta.

Pero, entonces, ¿nuestro yo egoísta es siempre algo negativo? De hecho, no es necesariamente así. Cuando somos egoístas en nuestro propio interés y hacemos caso omiso del grupo al que pertenecemos en su conjunto, el egoísmo solo puede acabar dañando a los demás y a nosotros mismos; en ese caso, el yo egoísta es algo no deseable. Pero si nuestro egoísmo no causa perjuicio a los demás, entonces no es necesariamente malo; ¡incluso podemos decir que es bueno para las personas! Si el egoísmo de una persona beneficia tanto a dicha persona como a los demás, entonces podemos decir que esa persona es virtuosa. Por ejemplo, se supone que los budistas deben estudiar y practicar primero antes de ofrecerse; primero deben escuchar y aprender el Budadharma, purificar su propia mente y cuerpo, a fin de alcanzar el Camino de Buda. Luego, empleando lo que han estudiado y comprendido, pueden transformar a los demás y liberar a los seres sintientes. ¿Qué hay de malo en el egoísmo en este sentido?

Desprenderse de la subjetividad, actuar en consonacia con las condiciones
Nuestra práctica espiritual es pasar del egoísmo a la ausencia de egoísmo. Entonces, ¿qué es la ausencia de egoísmo? La ausencia de egoísmo es desprenderse de la subjetividad, actuar en consonancia con las causas y las condiciones sin preocuparnos por nuestro propio valor. Al obrar así, seremos capaces de desprendernos de nosotros mismos, adaptarnos a los demás, beneficiarlos y ayudarlos de forma natural; podemos hacer esto sin insistir en nuestro punto de vista, sin pensar en nuestra propia seguridad. Al final, seremos capaces de alcanzar el estado de ausencia de egoísmo, libre de la noción tanto de sujeto como de objeto. El Sutra del Diamante nos enseña a ser libres de las marcas del yo, de los otros, de los seres sintientes y de la duración de vida. Estar libre de estas cuatro marcas es el estado de ausencia de egoísmo o “no yo”. El concepto de “yo” es marca de la existencia de nuestra propia conciencia. El concepto de “los otros” es marca de la existencia de nuestra conciencia de los demás. El concepto de “seres sintientes” es marca de nuestra conciencia del yo y de otros objetos. El concepto de “duración de la vida” es marca de las actividades de nuestro yo subjetivo y de todos los demás seres sintientes objetivos, de sus actividades en curso y continuas a lo largo del tiempo.

Por lo tanto, “ausencia de egoísmo" significa estar libre de los conceptos de yo subjetivo; de objeto objetivo; de espacio en el que existimos tú, yo y los seres sintientes; y de duración temporal de la vida. Según este principio, sabemos que, cuando el Buda libera a todos los seres sintientes, son en realidad los seres sintientes los que se liberan a sí mismos; al fin y al cabo, el Buda de hecho no ha liberado a ningún ser sintiente. Una vez alcanzado el estado de ausencia de egoísmo, ¿cómo podría uno seguir teniendo el concepto de yo, el concepto de otros, el concepto de que tú me liberas y el concepto de que yo te libero?

No podemos pasar instantáneamente del egoísmo a la ausencia de egoísmo. La gente habla de ausencia de egoísmo y del no yo todo el tiempo pero, irónicamente, son los que tienen un mayor apego y un egoísmo más profundo. Así que realmente no es nada fácil alcanzar el estado de ausencia de egoísmo.

Reflexionar sobre el yo y disolverlo
Para alcanzar el estado de ausencia de egoísmo, en primer lugar debemos ser conscientes de nuestro yo egoísta y reconocerlo. Si en todo momento podemos reflexionar sobre nosotros mismos, poco a poco descubriremos el yo egoísta y lo veremos claramente. Para reflexionar sobre nosotros mismos, podemos recitar el nombre del Buda, meditar y cultivar la concentración, todo ello con el fin de que nuestra mente esté cada vez más equilibrada y tranquila. Cuando nuestra mente esté muy estable y tranquila, seremos capaces de reflexionar sobre el valor de nuestra existencia y ser conscientes de él. Si una persona no realiza la práctica espiritual, no podrá comprender el significado de su existencia y, a resultas de ello, se verá llena de aflicción e inquietud. En cambio, los practicantes descubrirán las raíces de sus aflicciones y tratarán de afrontarlas y de desprenderse de ellas. A través de este proceso, serán más capaces de comprender al yo egoísta y de reconocer en qué consiste realmente el egoísmo.

A continuación, deberíamos desprendernos de nuestro yo egoísta, que es como un gran tanque de agua fangosa, y disolverlo. Mediante la repetición de los procesos de sedimentación, destilación y filtración, el agua fangosa poco a poco se volverá limpia y clara. Este proceso de destilación y filtración representa los esfuerzos que debemos aplicar una vez que nos hayamos vuelto conscientes de nuestro yo egoísta y lo hayamos reconocido. Ciertamente, para la mayoría de las personas es difícil comprender el significado de la ausencia de egoísmo o del no yo. Nuestro yo egoísta y afligido es como el sedimento que, cuando se deposita en el fondo, deja clara el agua que está encima de él y mejora así nuestro yo compasivo y sabio. Este yo sabio y compasivo es lo que llamamos “ausencia de egoísmo”. Nuestro yo sabio hará que no estemos afligidos y nuestro yo compasivo hará que lo demos todo de nosotros mismos a los seres sintientes. Este es nuestro propósito al aprender el Budismo.

Al pasar del egoísmo a la ausencia de egoísmo, viviremos con mayor sabiduría y compasión. Si alcanzamos la sabiduría exenta de egoísmo, nuestra mente no generará aflicción; si tenemos un yo compasivo, lo daremos todo sin esperar recompensa. Este es el propósito más elevado de la budeidad: manifestar tanto la compasión como la sabiduría. La manifestación de la ausencia de egoísmo traerá a nuestra vida mayor bienestar y felicidad; es el estado espiritual más elevado en nuestra búsqueda de la vida.