viernes, 23 de junio de 2011
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Sé un buda de pensamiento, palabra y obra
La esencia del Chan
Por el Maestro Chan Sheng Yen

Esta charla del Dharma fue impartida por el Maestro Sheng Yen al Grupo de Meditación en el Monasterio Nung Chan de la Montaña del Tambor del Dharma en Beitou, Taiwán, el 5 de marzo de 1995. Fue incluida como un capítulo en el libro Key to Chan (禪鑰), publicado en Taiwán. La conferencia fue traducida del chino al inglés por Chiacheng Chang y Robert Dougherty. La versión inglesa fue editada por Ernest Heau.

Ser un buda de pensamiento, palabra y obra consiste en ser un buda en la vida de todos los días: en nuestros pensamientos, nuestros gestos y en cada una de nuestras palabras y de nuestros actos. Muchas personas estudian el Chan para iluminar su mente, ver su verdadera naturaleza, obtener la iluminación y alcanzar la budeidad. ¿Dónde está el Buda en todo esto? El Buda está en nuestra propia naturaleza, en la mente de cada uno de nosotros. Como se suele decir: “El Buda está en la mente; no se debe vivir la vida en vano.” Puesto que creemos que el Buda existe en nuestra mente, sería una auténtica vergüenza desperdiciar el tiempo pasando por la vida aturdidos y confusos. Por lo tanto, deberíamos aplicarnos con diligencia todos los días.

Hay quien piensa que, una vez conseguida la iluminación y alcanzada la budeidad, todo está resuelto; que disfrutará de una vida fácil, de grandes bendiciones y de gran sabiduría. En consecuencia, quienes piensan así siempre están en una espera expectante y soñando: “¡Ojalá pueda yo pronto obtener la iluminación y alcanzar la budeidad!” Estas personas no saben realmente cómo realizar la práctica espiritual. Mucha gente que busca la iluminación piensa que probablemente es mejor intentarlo todo y meditar tanto como sea posible, que, mientras siga avanzando, conseguirá iluminar su mente, ver su propia naturaleza, obtener la iluminación y alcanzar la budeidad. En sí mismo, este pensamiento no es especialmente erróneo. Antes de alcanzar la budeidad bajo el Árbol de Bodhi, el Buda Shakyamuni dedicó un largo período de tiempo a practicar la meditación en el Bosque de Uruvilva, un lugar de reunión para ascetas en el Himalaya.

El Honrado por el Mundo tuvo que abrirse camino lo mejor que supo durante mucho tiempo porque el Budismo todavía no había aparecido y no había nadie que le explicase la doctrina de que hay un buda en cada uno de nosotros. Nadie le habló de la impermanencia de los fenómenos condicionados, en los que no se puede encontrar el yo; nadie le enseñó que todo aquel que nace sufre porque no comprende que todos los dharmas están deprovistos de yo. Al no ser consciente de la impermanencia y del no-yo, se apega a la vida y teme la muerte, abriga odio y envidia, y, por consiguiente, no puede iluminar su mente y ver su propia naturaleza. Pero nosotros hoy sí sabemos del Dharma. El Honrado por el Mundo dedicó mucho tiempo a revelar la verdad del sufrimiento, la vacuidad, la impermanencia y el no-yo. Como sabemos que todos los seres sintientes poseemos la naturaleza de buda, no necesitamos emplear tanto tiempo, dado que el Budismo nos dice que solo necesitamos creer en las enseñanzas del Buda y aplicarlas en nuestra vida cotidiana. Esta es la razón por la que la escuela Chan pone tanto énfasis en la experiencia y la práctica del Dharma en la vida diaria.

Cuando tomamos refugio en las Tres Joyas y aprendemos a usar el Dharma, ya estamos embarcados en el gran Camino Bodhi de perfección. Ya conocemos los métodos y los conceptos de la práctica budista, aunque todavía nos falte destreza en la práctica concreta. Por lo tanto necesitamos practicar más de acuerdo con el Dharma y seguir las enseñanzas. Eso significa que debemos aceptar y defender las enseñanzas del Buda y continuar ejercitando nuestra energía y nuestros esfuerzos. Antes de alcanzar el Camino, los practicantes no necesitan dedicar seis años a estar sentados meditando, como hizo el Honrado por el Mundo, para iluminar la mente y ver la propia naturaleza. La escuela Chan sostiene que, siempre que sigamos las enseñanzas del Buda y dejemos siempre de lado el apego del yo, el Camino se puede alcanzar aquí y ahora.

Así pues, el Buda enseñó que nuestra propia mente es una mente de buda y, si nuestra naturaleza de buda no logra manifestarse, es solo porque nuestra mente de buda está oscurecida por nuestras aflicciones, de manera que solo vemos las aflicciones, en lugar del bodhi. En cambio, cuando tomamos refugio en las Tres Joyas, aprendemos el Dharma y llevamos siempre en nuestra mente las Tres Joyas, estamos en consonancia con la mente búdica.

En cuanto a ser un buda de palabra, las palabras del Buda son palabras de sabiduría, compasión, amabilidad, consuelo, aliento y elogio; son palabras de orientación y enseñanza, palabras influyentes e inspiradoras. ¿Qué podemos decir de nuestras propias palabras? Aunque aprendamos y practiquemos el Dharma, podemos seguir teniendo aflicciones y no alcanzar el bodhi, pero, al menos, sabemos que en los sutras el Buda hablaba como la gente de a pie. Y, como eso lo sabemos, ¿por qué no podemos seguir sus pasos y hacer lo mismo? Pero la gente pone muchas excusas; dicen que tienen muchas aflicciones y fuertes obstrucciones kármicas o que no han iluminado su mente y que el ojo de la sabiduría permanece cerrado. Por lo tanto no pueden ser como el Honrado por el Mundo y los grandes bodhisattvas y emplear palabras de sabiduría, de compasión, de amabilidad, de consuelo, de aliento, de elogio, de orientación y de enseñanza; palabras influyentes e inspiradoras, palabras de gratitud. En realidad, todo esto es una manera de perdonarnos a nosotros mismos por nuestras malas acciones y evitar reproches. Lo que ocurre es que no nos apetece hacer lo que deberíamos, ni sentimos grandes deseos de hacerlo. Así pues, muchas de las cosas que decimos, sin pensarlo, son toscas y rudas, fomentan la discordia, son engañosas o frívolas y rara vez son el lenguaje del Buda, con lo que infringimos el principio de que el Buda debe estar en nuestras palabras.

Así pues, el Buda está en nuestra mente y en nuestras palabras. Al mismo tiempo, el Buda también está en nuestras obras. Tenemos que seguir actuando como el Buda, incluso aunque ya hayamos alcanzado la iluminación, iluminado la mente y visto nuestra propia naturaleza. Por lo tanto, practicar el Budismo debería significar imitar la conducta mental, verbal y física del Buda. Hacerlo constantemente es practicar el Budismo en su sentido más recto. Por el contrario, si simplemente nos sentamos a meditar imitando al Buda, lo que hacemos es aprender a sentarnos, no aprender sobre el Buda, lo que no es coherente con el Dharma. Si deseamos que nuestras obras estén en armonía con el Dharma, tenemos que expresar el Dharma en nuestra vida cotidiana. Nuestra conducta diaria debería aspirar a las Cuatro Virtudes Universales: dar, hablar amablemente, ayudar a los demás y colaborar. También deberíamos practicar los Seis Paramitas: generosidad, disciplina, paciencia, diligencia, meditación y sabiduría. De esa manera, hacemos todo lo que podemos en beneficio de nosotros mismos, de los demás y de todos los seres sintientes. Eso es lo que significa realmente imitar la conducta del Buda y los bodhisattvas.

Si no examinamos nuestra conducta cotidiana y no tenemos normas definidas para los tres tipos de actividad, estamos generando una catástrofe para nosotros mismos al tiempo que creamos también aflicciones para otras personas. Esto se alejaría mucho de una vida de imitación del Buda. ¿Actuamos apresurada e irreflexivamente desde la mañana hasta la noche? Cada acto que hacemos, ¿beneficia a los demás o solo a nosotros mismos? En realidad, si realmente podemos beneficiarnos a nosotros mismos, podríamos influir en acontecimientos futuros que beneficien también a los demás.

En los monasterios Chan no hay mucho tiempo para practicar la meditación en posición sentada, ya que un tiempo considerable se dedica a trabajar. Sentarse a meditar y escuchar las charlas del Dharma son actividades que, en su mayor parte, tienen lugar por la mañana y a última hora de la tarde. Los habitantes del monasterio se levantan bastante temprano y van a dormir muy tarde. “Trabajar desde el amanecer y descansar al anochecer”, es decir, llevar una vida más bien de campesino, ha sido una tradición Chan a partir del Maestro Baizhang Huaihai (720-814), a mediados de la Dinastía Tang. Los monasterios Chan de aquella época se construiían en las montañas, y todos los días los monjes pasaban tiempo en las colinas cultivando los campos. Dicho trabajo llegó a ser conocido como chu po (“subir a la colina”, en chino). Todo el mundo, desde el abad hasta todos los monjes residentes, incluidos los monjes novicios y los practicantes laicos, debían subir a las colinas. Todo el mundo participaba en una forma comunal de trabajo conocida como pu qing (“invitación universal”).

El trabajo cotidiano en los campos formaba parte del cultivo de beneficios para uno mismo y para los demás, ya que hacía que la sangha fuera autárquica, al tiempo que el apoyo mutuo y la cooperación contribuían a desarrollar la armonía. Haciendo un esfuerzo en común y compartiendo, daban su apoyo al monasterio y sustentaban las Tres Joyas, de manera que el genuino Dharma pudieses permanecer en el mundo y la luz de Buda brillase en nosotros para siempre. Por lo tanto, este servicio de trabajo era indispensable en una vida de cultivo del Chan. Incluso hoy en día, el trabajo también ocupa una buena porción de un día nornal en los monasterios Zen japoneses y Son coreanos y, en cambio, no se dedica mucho tiempo a sentarse en la sala de meditación. Sin embargo, al año hacen varios retiros de meditación de siete días, denominados “período de meditación” o también jie xin (“conexión con la mente”) o she xin (“recogimiento de la mente”); durante estos períodos practican de forma instensiva la meditación en posición sentada y se establece un marco de tiempo para alcanzar la realización.

En China había dos períodos de retiro de este tipo: uno durante el duro invierno, cuando el hielo puede tener tres pies de espesor y el lodo en los campos está congelado y es tan sólido como una roca. Puesto que es imposible trabajar en el campo, se quedan en el interior y practican la meditación en posición sentada durante este período del retiro inviernal. El otro período es durante el calor del verano, cuando el sol quema y el tiempo en que se puede trabajar en el campo es extremadamente corto. Si se quiere trabajar, solo se puede un poco por la mañana o durante las últimas horas de la tarde. En verano, también es más frecuente que haya tormentas y aguaceros, y hay más gusanos y hormigas revolviendo la tierra, lo que hace el laboreo más dificultoso. De esta manera, los practicantes Chan desarrollaron un método de práctica Chan que se parece al antiguo retiro de verano. En la India, hay un retiro durante la estación de las lluvias desde mediados de abril a mediados de julio y, según una costumbre local, no se permite a los monjes viajar para divulgar el Dharma.

Pero hoy en día, hemos pasado de una sociedad agraria a una economía basada en la industria y el comercio, de manera que no importa qué estación sea, la gente puede trabajar en un sitio con calefacción o con aire acondicionado. Y pueden trabajar día y noche. El entorno y las condiciones de un monasterio Chan moderno, así como el estilo de vida de los practicantes Chan de hoy en día, son diferentes de los del pasado. Por ejemplo, tenemos grupos de meditación Chan los domingos para adaptarnos a la vida moderna, atraer a la mayoría de los practicantes laicos, que vienen a los monasterios Chan para practicar los fines de semana, y, de esta manera, beneficiarlos. Nuestros retiros de meditación de siete días, ya sean en Taiwán o en los Estados Unidos, siempre están coordinados con las vacaciones escolares de verano e invierno o con fines de semana largos y con días festivos. Aunque las personas que trabajan no tienen vacaciones de verano e invierno, tienen sus propias vacaciones anuales, de modo que les alentamos a que hagan uso de sus vacaciones para participar en los retiros Chan de siete días.

¿Cuándo emprenden la práctica Chan los monjes del Monasterio Nung Chan? Tratamos de programar para los monjes retiros de siete días coordinados con los calendarios de vacaciones de la mayoría de nuestros miembros laicos. También organizamos Campamentos de Bodhisattva para monjes. Normalmente, solo tenemos sesiones de meditación en posición sentada por la mañana y a última hora de la tarde. Durante el día todos nosotros estamos tomando o dando clases, haciendo trabajo administrativo, y asistiendo a reuniones, prestando una contribución a nuestro centro de práctica, a las personas laicas, a nuestro país y a la sociedad, trabajando en beneficio de los demás y de nosotros mismos, compartiendo el Dharma y dándole nuestro apoyo. ¡Desde luego, no nos pasamos el día sentados meditando! En este tipo de entorno vital, los monjes aplican las pautas de las enseñanzas Chan en sus vidas cotidianas.

Practicamos el Chan con una actitud que hace realidad la idea de que el Buda está en nuestra mente, en nuestras palabras y en nuestras obras. Mientras los monjes preparan las verduras, lavan los platos, llevan cuencos y ollas a algún sitio, preparan mesas y sillas, barren el patio, conducen el coche, lo limpian y lo lavan, trabajan con computadoras u ordenadores, emplean calculadoras, escriben artículos, toman o dan clases de Chan o publican libros y revistas, también experimentan la unidad de cuerpo y mente, así como la pureza de palabra, pensamiento y obra. Al mismo tiempo imitan la compasión, la sabiduría, las aspiraciones y las prácticas del Buda. Aunque parezca que las tareas que hacemos son similares a la mayoría de los trabajos de nuestra sociedad, nuestra intención nunca es la búsqueda de la fama, el lucro y los deseos materiales. Al realizar estas tareas, buscamos imitar al Buda y practicar el Dharma, así como ofrecer nuestro tiempo. Empleamos este método de cultivo para ayudar a los seres sintientes y beneficiar a nuestro monasterio, que, a su vez, nos ayuda en nuestro camino hacia la iluminación.

Estos tres aspectos (beneficiar a los seres sintientes, beneficiar al monasterio y ayudarnos en nuestro camino hacia la iluminación) están plasmados en la máxima Chan: “Se útil en la vida cotidiana”. Como el Buda está en nuestra vida cotidiana, incluso aunque todavía no hayamos visto nuestra propia naturaleza ni iluminado la mente, aunque aún no hayamos logrado la iluminación y alcanzado la budeidad, hemos escuchado la enseñanza del Buda. Y, por lo tanto, la usamos como norma en nuestras obras, palabras, y pensamientos, reflejando la idea de que “el Buda está en nuestra pensamiento, en nuestras palabras y en nuestras obras”. Cuando nuestros pensamientos, palabras y obras no sean coherentes con el Dharma, deberíamos sentir gran vergüenza y arrepentirnos sinceramente.

En nuestra práctica, el “Chan” y “el Buda” deberían significar lo mismo. El Chan consiste en conceptos y métodos para ayudarnos a iluminar nuestra mente y a ver nuestra propia naturaleza, a lograr la iluminación y a alcanzar la budeidad. Por consiguiente, la mente del Chan equivale a la mente del Buda: “el Buda está en nuestros pensamientos, el Buda está en nuestras palabras, el Buda está en nuestras obras.” Eso significa usar el Chan en nuestra vida diaria.

Lo que los maestros del las antiguas escuelas Chan llamaban “el significado del Bodhidharma que procede de occidente” se refiere a los pensamientos del Buda, sus palabras y sus obras tal como se revelan en la vida cotidiana. Cuando cada obra y cada pensamiento nuestro revela la compasión y la sabiduría del Buda, entonces nos encontramos ante el verdadero cultivo.

Ahora te pregunto: cuando discutes con alguien, ¿dónde está el Buda? Cuando estás enfadado, ¿dónde está el Buda? Cuando trabajas, ¿dónde está el Buda? Cuando descansas o duermes, ¿dónde está el Buda? En esos momentos, ¿escondes al Buda en algún lugar o es el Buda claramente una parte integral de tu vida? Por favor, pregúntate a ti mismo siempre: ¿dónde está el Chan? ¿Dónde está el Buda?