sábado, 19 de agosto de 2011
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Preparación
La esencia del Chan
Por el Maestro Chan Sheng Yen

Este texto está basado en una selección de pasajes de las charlas impartidas por el Maestro Sheng Yen en cuatro retiros: En el Monasterio Nung Chan, Taiwán, en enero de 1991, y en el Centro de Meditation Chan, Queens, en junio, noviembre y diciembre de 1992. La transcripción china del retiro de Nung Chan fue editada por Lin Ch’ihsien y Kuo HuiHsin. J.C. Cleary tradujo del chino al inglés la transcripción del retiro de Nung Chan, así como las grabaciones de los retiros de Queens. Las traducciones inglesas fueron seleccionadas y editadas por Ernest Heau para su posterior publicación. Las charlas reproducidas aquí formarán parte de un libro de próxima publicación titulado Attaining the Way y que contiene una recopilación de enseñanzas sobre la práctica Chan/Zen por los Maestros Jiexian (¿-?), Boshan (1575-1630), Xuyun (1839-1959) y Sheng Yen (n. 1930). Las charlas de la sección del libro dedicada al Maestro Sheng Yen están ordenadas no por retiros sino temáticamente, bajo los epígrafes de “Preparación” , “Práctica”, “Budadharma”, “Perspectivas” y “Regreso a la vida cotidiana”. En el presente texto se incluyen las charlas correspondientes al epígrafe “Preparación”. Los títulos de cada sección incluyen un código que indica la fuente de la charla: NC para Nung Chan, CMC 1/92, para el Centro de Chan Meditation enero de 1992 y así sucesivamente.

Entrega tu cuerpo al cojín (CMC 11/92)
Esta es la primera mañana de un retiro intensivo de meditación Chan de siete días. En el Zen japonés esto es llamado sesshin, que proviene del hsuehshin chino, que significa “recoger la propia mente (en una corriente meditativa continua)”. Dicho de manera muy sencilla, esto es lo que hemos venido a hacer aquí. Algunos de vosotros asistís a un retiro por primera vez. Para algunos es un lugar poco familiar. Los ruidos de la ciudad de Nueva York no cesan nunca. Por consiguiente, es normal sentiros nerviosos o ansiosos. Mi mejor consejo es simplemente relajarse.

Durante siete días también tendréis que enfrentaros a vuestro cuerpo. La mayoría de vosotros sufriréis dolores de piernas y de espalda. Podríais sentiros cansados o somnolientos. Repito: relajaos. Vuestro cuerpo y vuestra mente se adaptarán rápidamente si no os resistís. Conprometeos firmemente a concentraros, a abandonar los pensamientos del pasado y del futuro fuera de estas puertas. Podéis regresar a vuestros asuntos después del retiro y ciertamente lo haréis, pero ahora mismo pensar en ellos solo dificultará vuestra práctica.

En todo momento tened la mente puesta en vuestro método de práctica. Cuando aparezcan pensamientos errantes, no los sigáis. Simplemente reconocedlos y volved al método. Sabed que, una vez que identifiquéis un pensamiento errante por lo que es, ya no estaréis en ese pensamiento. Si podéis hacer esto, os garantizo que los pensamientos errantes no os producirán ansiedad.

Decidid ahora no preocuparos por los conceptos o las sensaciones físicas, ya sean reales o imaginados. Simplemente concentraos en el método. Es más fácil decirlo que hacerlo pero, si podéis hacerlo, el tiempo pasará volando. En cambio, si os preocupáis por vuestros pensamientos y vuestro cuerpo, el tiempo pasará muy lentamente y experimentaréis un gran malestar.

No estéis a la expectativa de lograr nada. Olvidad cualquier expectativa que pudierais tener sobre la práctica. La práctica en sí misma es vuestra meta y con estar aquí ya la habéis alcanzado. Continuad haciéndola realidad. Si la única cosa en que un trabajador piensa es la paga a final de mes ¿hasta qué punto trabajará bien? Así que no penséis en lo que vais a lograr con estar aquí o en dónde estaréis después del retiro. Concentraos únicamente en vuestro propósito, que es meditar.

Así pues, el tema de este primer día es relajar vuestro cuerpo y vuestra mente. Interiorizad el dicho: “Entregad vuestro cuerpo al cojín y vuestra mente al método.” Si lo hacéis, el resto vendrá dado por sí mismo.

¿Cuál es vuestro Bodhimandala? (CMC 6/92)
Espero que durante este retiro os abstengáis de usar vuestros oídos, excepto para escuchar mis instrucciones; que os abstengáis de hablar excepto durante las entrevistas, que os abstengáis de mirar a vuestro alrededor excepto cuando camináis o trabajáis. En todo momento, mantened vuestros ojos como lo hacéis cuando meditáis y esto lo haréis para mantener la claridad y el estado de alerta, no para satisfacer la curiosidad.

A los cultivadores del Chan, les doy tres principios rectores. El primero, relajad vuestro cuerpo y vuestra mente. El segundo, decidíos por un método de práctica tan pronto como sea posible. El tercero, no os preocupéis por si lo estáis haciendo bien o no. Si seguís estas pautas, vuestra práctica será fluida y fructífera.

Cuando os sentáis para meditar, relajad vuestro cuerpo desde la cabeza al abdomen y hasta la piernas. Vuestra mente no debe estar tensa o sentirse apresurada y mantened siempre una actitud paciente. Si caéis en el sopor u os dispersáis o si vuestro método no funciona sin tropiezos, sencillamente relajad el cuerpo y la mente. La tensión solamente aumentará vuestras aflicciones y os hará perder tiempo. No olvidemos que el propósito de relajarse es profundizar en vuestra práctica, no tomarse las cosas a la ligera.

Relajarse y saber que uno está relajado es el primer paso en el cultivo de la práctica. La relajación comienza por tomar la postura correcta, después sentaros tranquilamente como si no tuviérais ninguna preocupación en absoluto. Por lo tanto, si descubrís que estáis tensos, primero comprobad vuestra postura y después relajad la mente.

Los métodos de práctica que empleamos usualmente son contar las respiraciones, recitar el nombre de Buda, investigar un gong’an (koan, en japonés) o un huatou (wato, en japonés) y la iluminación silenciosa (shikantaza). Si habéis estado practicando un método concreto, ya sea por poco tiempo o durante muchos años, intentad seguir usándolo. No cambiéis el método a la ligera.

El tercer principio rector es no evaluar vuestro propio progreso. Si vuestra práctica va bien, no os sintáis eufóricos. Si no va bien, no seáis presa del desaliento. Lo único que tenéis que hacer es aseguraros de que estáis practicando de acuerdo con el Dharma. Al empezar esta mañana, antes de sentaros, inclinaos ante vuestro cojín y preguntad: “¿Cuál es mi Bodhimandala, mi lugar de práctica, mi lugar de iluminación?” Después de sentaros, ajustad vuestra postura de modo que todo el cuerpo esté cómodo, como debería ser. No es necesario sentaros en la postura del loto completo. Lo más importante es tener estabilidad.

Una vez hayáis conseguido una postura correcta, dejad de prestar atención al cuerpo; mantened la mente únicamente en el método.

Si hacéis todo esto, estaréis practicando el Chan.

Principios para cultivar la práctica (CMC 11/92)
En el retiro, debemos respetar los principios del Chan para la vida, que son orden, limpieza, tranquilidad y armonía.

Mantened siempre el sentido de un orden y una pureza adecuados, ya estéis en la sala Chan, en el dormitorio, el comedor o el baño. Ser ordenado significa ser consciente de que vuestro entorno es correcto: vuestro espacio personal, vuestros dormitorios, el comedor y vuestro cojín de meditación. Si hacéis esto, cuando regreséis a casa, seguramente seréis más conscientes del orden. Si no sois conscientes de vosotros mismos y de lo que os rodea, ¿cómo podéis ser conscientes de los demás?

En la sala Chan, colocad vuestros efectos personales entre vuestra alfombrilla y la de vuestros vecinos, no delante o detrás de vuestra alfombrilla. Al final de la sesión, doblad adecuadamente vuestra toalla y colocadla derecha sobre el cojín, que a su vez se coloca derecho sobre la alfombrilla. Al pasar por un sitio, recoged cualquier desperdicio que veáis y deshaceos de él.

En la mesa del comedor, comed en silencio y con toda atención. Después, limpiad vuestro vaso y cuenco con un poco de agua y luego bebed el agua, sin dejar restos de comida. Poned el vaso en el interior del cuenco y poned las peladuras de fruta o la servilleta dentro del vaso; los utensilios se sitúan a la derecha del vaso. Utilizad las servilletas para limpiar la mesa a la que os habéis sentado y dejadla limpia, como si no hubiera sido usada. Solo entonces podremos decir que la comida ha terminado. Esta forma de centrar plenamente la atención en la comida está íntimamente relacionada con la vida Chan y la práctica Chan. ¬Después de todo, si comemos de forma desordenada y dejamos un caos tras nosotros, ¿qué se podría decir de nuestras mentes?

Si sois conscientes del orden y la limpieza de vuestro entorno, podéis ser más conscientes de vuestra mente interior. No es pequeña tarea purificar vuestra mente, pero cuando vuestra conciencia funciona en un entorno ordenado, vuestra mente puede reflejarlo y estar más tranquila. La tranquilidad también significa que vuestros movimientos sean silenciosos y fluidos. Independientemente de lo que estéis haciendo, estad tranquilos, sed cuidadosos, mantened la paz y el silencio. De esta forma, incluso con muchas personas moviéndose en un espacio limitado, habrá orden y tranquilidad.

No alberguéis contradicciones o antagonismos en vuestras mentes. Si no podéis armonizar vuestra mente interior, tampoco podréis establecer la armonía con los que están a vuestro alrededor. Si os sentís molestos con vuestro entorno y encontráis fallos en los demás, vuestra mente perderá con certeza su equilibrio interior. Por eso, un sabio de la antigüedad dijo: “Sé siempre consciente de tus propios fallos cuando estés sentado tranquilamente y, cuando estés hablando libremente, no hables de los fallos de los demás.” Las hostilidades y los conflictos no son la mejor forma de establecer la armonía: son mejores la tolerancia, la persuasión y dar explicaciones.

Los practicantes del Chan deben primero hacer un buen trabajo en sí mismos. Si no hay contradicciones internas, seguramente seréis capaces de establecer la armonía con vosotros mismos y con los demás.

Los dos pilares de los conceptos y los métodos (CMC 12/92)
El Chan se basa en los dos pilares de los conceptos y los métodos. A menos que ambos estén firmemente asentados en su lugar y que cooperen entre sí, vuestra práctica carecerá de una base firme. Estudiar los conceptos budistas sin cultivar la práctica no es más que un ejercicio intelectual; por otro lado, practicar los métodos sin comprender los conceptos puede llevaros a la deriva. La capacitación llega con la comprensión clara de los conceptos y los métodos y su utilización para cultivar la práctica. Así pues, os ruego que sigáis las instrucciones del maestro Chan, corrijáis vuestros conceptos y practiquéis vuestro método.

Un concepto básico es entregar vuestro cuerpo y mente a una vida de práctica. Así se supera el egocentrismo y todas sus consecuencias. Por mucho que practiquéis, cultivar la práctica desde una actitud egocéntrica solo puede causar más aflicciones para vosotros mismos y para los demás. La práctica requiere tres tipos de “abandono”. Primero, abandonar el ego; segundo, dejar de pensar en los objetivos de cada cual; y tercero, dejar de lado el pasado y el futuro.

El ego se refiere al concepto del “yo” que tenemos por el hecho de poseer un cuerpo y una mente. Con los “objetivos” nos referimos a los beneficios de la práctica Chan, especialmente la iluminación. El pasado y el futuro son nuestras proyecciones mentales de algo que ya no existe y de algo que todavía no existe, respectivamente. Estas tres actitudes (creer en el ego, desear beneficios y ser rehén del pasado y del futuro) conforman el núcleo central de la personalidad y los elementos esenciales de la autoestima. Son las raíces del infortunio y traen consigo aflicción y esclavitud. No abandonarlas entraña la imposibilidad de conseguir el resultado más importante de la práctica Chan: la iluminación. Para experimentar los beneficios del Chan, tenéis que dejar de lado estas actitudes, al menos temporalmente.

Los métodos son las herramientas que empleamos para corregirnos, para regular nuestra conducta, nuestro lenguaje y nuestra mente. En esencia, nos servimos de los Cinco Preceptos y del Noble Camino Óctuple para corregir nuestra conducta física, mental y verbal. En el retiro utilizamos también la meditación sentada y caminando, las prostraciones y el trabajo para regular nuestra conducta corporal. Restringimos el habla y recitamos las escrituras para regular nuestra conducta verbal. Practicamos la concentración, recitamos el nombre de Buda e investigamos el huatou para regular nuestra mente.

La mente es lo más difícil de regular, para esto utilizamos el conocimiento correcto, la atención correcta, la concentración correcta, y el progreso energético correcto. Día tras día nos supervisamos. De un momento a otro necesitamos ser conscientes de los pensamientos que vienen y van. Sean ilusiones o no, debemos ser conscientes de ellos. Si un pensamiento surge de forma ruda y descuidada, después de que haya desaparecido debemos alertarnos a nosotros mismos: ¿Qué estaba pensando yo? Si podemos perseverar, disfrutaremos de una atención correcta en todo momento.

Hay muchos métodos para mantener la mente correcta. En la vida diaria deberíais practicar de esta manera: ¿Dónde está mi cuerpo? ¿Dónde está mi mente? ¿Qué están haciendo mis manos? ¿Sabe mi mente lo que están haciendo mis manos? ¿Qué está diciendo mi boca? ¿Sabe mi mente lo que está diciendo mi boca? Un principio básico de la práctica Chan es no dejar que las actividades del cuerpo, de la boca y de la mente vayan por separado.

Una isla temporal y espacial (NC)
Al practicar en el retiro, aislaos. En primer lugar, dejad todo lo del pasado y todo lo relacionado con el futuro. Cread una isla temporal que os separe del tiempo anterior y posterior a estos siete días. Evitad leer, escribir, hablar y hacer llamadas telefónicas. En lo que respecta al mundo exterior, no habéis existido antes y no existiréis después. Estáis viviendo en una isla virgen sin conocimiento de nada externo.

Si no lo hacéis así, arrastraréis una larga cola, transportaréis un pesado bagaje y sentiréis mucho dolor. Habréis venido no para meditar, sino para regocijaros en pensamientos falsos. Si aparece algún pensamiento externo, decíos: “Nací en esta isla virgen. Estos pensamientos externos no tienen nada que ver conmigo.”

En segundo lugar, aislaos de los demás. Dentro de esta isla temporal, cread una isla espacial en la que solo habitéis vosotros. Solo hay una persona en vuestro cojín: vosotros. Entregad vuestro cuerpo al cojín y vuestra mente al método.

Si hay gente que pasa caminando junto a vosotros o que se sienta a vuestro lado, esto no tiene nada que ver con vosotros. Si alguien se comporta de modo extraño, si alguien entra corriendo y se pone a dar volteretas, si hay un fuego en la cocina o si sentís un picor en la espalda, seguid reaccionando siempre de la misma manera: “¡Esto no tiene nada que ver conmigo!”. Hay un dicho: “Fundamentalmente, no hay nada en el mundo de lo que uno tenga que preocuparse, pero la gente se crea sus propios problemas.” Si el mundo exterior no influye en vuestra mente, nada puede perturbaros.

En tercer lugar, aislaos de vuestros pensamientos anteriores y posteriores. Ya sean buenos o malos, no os preocupéis por ellos. Tomad tan solo el pensamiento presente y vinculadlo a vuestro método de meditación, eso es lo más importante. El pasado se ha ido, el presente está muriendo y el futuro aún no existe. El arrepentimiento, la satisfación, las preocupaciones, y las expectativas no son más que ilusiones; no desperdiciéis ni un solo segundo en ellas.

Practicar en grupo (CMC 12/92)
La ventaja de practicar el Chan por cuenta propia es que se dispone de gran libertad; se pueden hacer ajustes y uno se puede organizar según sus condiciones mentales y físicas y según sus necesidades particulares. El inconveniente es que es fácil que aquellos que carecen de la capacidad de cultivarse y del poder mental de autocontrolarse pierdan de vista las pautas.

Se puede practicar Chan en grupo, con o sin profesor, pero en ambos casos son necesarias directrices para la práctica colectiva. El profesor tiene tres funciones. La primera consiste en explicar los conceptos y métodos del Chan al grupo en su conjunto. En segundo lugar, el profesor se basa en el conocimiento correcto del Buddhadharma y la experiencia del Chan para dar al grupo instrucciones específicas de meditación y para corregirlo. Y en tercer lugar, el profesor acepta las peticiones del grupo para tratar los problemas que surjan y trabaja con el grupo, de forma individual o colectiva, para resolver las dificultades que se presenten.

Algunos practicantes son conscientes de los problemas que están teniendo y los ponen en conocimiento del profesor, en busca de ayuda. En los casos en los que los estudiantes no son conscientes de su propios problemas, el profesor debe darse cuenta de ellos, sacarlos a la luz y proporcionar ayuda para corregirlos.

En un retiro cada uno tiene una condición física y mental propias. Si las instrucciones del profesor son siempre las mismas, pueden ser de ayuda para algunos, pero es casi como escuchar una grabación. No habrá manera de abordar los problemas individuales de cada persona, o prescribir “el medicamento” correcto para ellos. Por todas estas razones, recibir la instrucción correcta es parte necesaria del proceso del retiro.

Relaja tu cuerpo, calma tu mente (NC)
En el curso de un retiro de siete días, puede ser que enseñe varios métodos de meditación, pero solo tengo dos objetivos en la mente: el primero es ayudaros a relajar vuestros cuerpos y mentes; el segundo es ayudaros a pacificar y estabilizar vuestros cuerpos y mentes. En realidad, estos dos objetivos son dos caras de la misma moneda. Si podéis relajaros, podréis estar estables y en paz y, si podéis estar estables y en paz, podréis relajaros. Pero el punto de partida es relajaros. Se podría decir que la paz y la estabilidad son el resultado de la relajación. Si podéis relajar vuestro cuerpo y vuestra mente, vuestras aflicciones se reducirán con toda seguridad, las presiones y cargas que pesan sobre vosotros se aligerarán y aumentará vuestra capacidad de desarrollar la sabiduría. Con la mente y el cuerpo relajados, vuestra atención estará concentrada, vuestras funciones corporales estarán en equilibrio y vuestra mente estará tranquila y en paz.

A veces la gente recita el nombre de Buda y transfiere el mérito a los demás para crear buen karma entre los seres vivos. Aunque esto es útil, solo tiene un efecto indirecto. Sin embargo, si podemos relajar nuestros cuerpos y mentes y, a resultas de ello, cambiar nuestras palabras, acciones y disposición, esto tendrá una utilidad más directa para nosotros y para los demás.

Buscar con todas nuestras fuerzas lo bueno y evitar lo malo con la misma intensidad crea mucha tensión. Por lo tanto, evitar estos dos extremos puede contribuir en gran medida a relajar nuestros cuerpos y nuestras mentes en la vida diaria. Hay una razón kármica para cada acontecimiento de nuestra vida. Por consiguiente, cuando os enfrentéis a cada uno de estos acontecimientos, ocupaos de él con calma y serenidad. De este modo, es más fácil relajarse. Este es un ejemplo de práctica y de vida diaria en que se da testimonio del Chan.