viernes, 22 de septiembre de 2011
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Uno y Diez Mil
La esencia del Chan
Breve conferencia  dada por el Maestro Sheng Yen el 20 de marzo de 1980.

El Sexto Patriarca Hui Neng dijo, “Es necesario explicar el Ch’an de diez mil modos, pero todos ellos, al final, se remontan a un único principio.”

Empleamos palabras para explicar el Ch’an, pero sabemos que la Secta Ch’an no confía del lenguaje escrito ni hablado. Por consiguiente, todo lo que se pueda explicar no es el Ch’an. Puedes tratar de explicarlo de 10.000 modos y 10.000 veces y todavía no será el Ch’an.

El término “explicar” en la primera frase se refiere a la mente que hace discriminaciones. “Los diez mil modos” significan todas las variadas explicaciones que se podrían dar. Al leer lo que dice arriba el Sexto Patriarca, uno pensaría que todo lo que existe en el mundo se puede explicar - cualquier cosa en el cielo, en la Tierra, en nuestro mundo humano - incluso todos los seres sensibles, todos los hechos, palabras, actividades mentales. Sin embargo, ninguna de estas explicaciones sería el Ch’an.

Como lo que he dicho anteriormente, el Ch’an no esta basado en palabras escritas o habladas y sin embargo tiene una de las literaturas más voluminosas. A pesar de esta aparente paradoja, alguien pregunto una vez a un maestro Ch’an: “Si se dice que, en relación con el Buddhadharma, el Shakyamuni Buda no ha pronunciado ni una sola palabra, entonces, ¿cómo es que existen tantas enseñanzas del Buda en el palacio del Rey Dragón? El maestro replicó que eso era verdad. Ninguna palabra fue pronunciada, más bien dos, tres o más.

Mientras que el primer principio del Budismo (Ch’an o la naturaleza de Buda) no puede ser pronunciado, el segundo y tercero principios, por el otra parte, sí pueden. Es realmente muy difícil de describir y explicar exactamente los objetos ordinarios. Es incluso más difícil aún si uno trata de describir a la gente; si nunca viste a alguien personalmente y sólo has oído algo acerca de él de los demás, o has leído algo sobre él, es totalmente diferente de la experiencia de conocerlo personalmente. Esto también es verdad tanto para el Ch’an o para la Naturaleza de Buda.

Un dicho chino dice que “cuando el agua del río se vuelve templada en primavera, son los patos los que lo saben primero”. Los patos que chapotean en el agua pueden sentir inmediatamente que el agua se vuelve más tibia, nuevamente mostrando la importancia de la experiencia.

El año pasado en un retiro una persona me preguntó que es lo que pasa después de alcanzar la iluminación. Le dije que no había ninguna manera de contestar a esa pregunta, y que no había ninguna manera de saberlo hasta que la hayas experimentado. Un participante en el retiro nunca había probado un mango.

Los demás trataban de explicarle lo que es un mango. Ellos describieron su forma, tamaño, color y sabor, pero de ninguna forma el pudo saber como era. Después del retiro, alguien le trajo un mango. El lo probó y supo a que sabía. Pero cuando le preguntaron cuál era el sabor de mango, no fue capaz de describirlo.
Volviendo a la estrofa anterior, esta dice, “Es necesario explicar el Ch’an de diez mil modos.” Explicándolo de dos maneras, su significado queda más claro. Podemos intentar una descripción física. Esto necesitaría de muchas palabras, a lo mejor más de 10.000 y sin embargo todavía no sería completa.

También podemos hablar de muchos métodos que se pueden usar para alcanzar el objetivo de la Budeidad. Los Sutras hablan acerca de ochenta y cuatro mil métodos diferentes.

Aquí, 84.000 se refiere meramente a un número infinito que puede ser utilizado para ayudarnos a comprender y utilizar las enseñanzas en nuestras vidas. Para hacer que estas prácticas estén más claras, todos los tipos de descripciones son necesarias, muchas de ellas extensamente. Como un medio de descripción o comunicación el lenguaje es necesario, pero no cuando nos referimos a utilizar el mejor método.

”Pero todos ellos, al fin y al cabo, regresan al origen de un único principio.” Las raíces, las bases, se remontan al uno – pero este “único principio” por sí mismo no puede ser descrito con palabras. Según el Ch’an, no se fía de ningún lenguaje o descripción particular porque no puede ser descrito de esta manera. Cuando se lo describe, ya no es aquél “único principio.” En efecto, al llamarlo el primer principio, ya no es aquel principio porque estamos tratando de relacionar una descripción a este. Debido a que el lenguaje es necesario, sin embargo, y dado que necesitamos de algunos medios de expresión, yo debo seguir utilizando este término “principio” como un método. En nuestra vida diaria, encontramos que el lenguaje es muy importante, pero aquí vemos que no es tan importante ni tan necesario para cumplir una función. De hecho, nos damos cuenta de que incluso esta manera de comunicarnos no es muy práctica. Si uno vive verdaderamente, el lenguaje no es necesario. Es inútil.

Durante el retiro todo el mundo debe guardar el noble silencio. Al principio todo el mundo pensaba que esta regla era demasiado estricta. No obstante, después de un par de días, creían que podían vivir muy bien sin hablar. La comunicación sin utilizar palabras es, de hecho, en muchas maneras superior.

Muchos eventos desgraciados que ocurren en nuestro mundo tienen su origen en palabras.

Si a los participantes se les permitiera hablar libremente entre ellos durante el retiro, no serían capaces de dedicarse por completo a la práctica. Por consiguiente, cuando veía a alguien que estaba hablando, lo regañaba. Algunas personas se sentían emocionalmente heridas bajo estas condiciones, pero se recuperaban rápidamente.

Otros continuaban ofendidos. Muchos, sin embargo, comprendieron que habían crecido a través de guardar silencio – la comunicación de este modo es más genuina. Eso añade fervor a nuestra práctica y finalmente nos ayuda a obtener algún beneficio, alguna experiencia. Curiosamente, cuando a tal practicante le preguntaban cómo se sintió, el no era capaz de describir su experiencia.

Cuando le preguntas a un maestro Ch’an qué es el primer principio, diría que es como un caballo de madera que está relinchando hacia el viento o una vaca hecha de arcilla que está mugiendo hacia la luna. ¿Quién sería capaz de oír a una vaca mugiendo? ¿Quién sería capaz de oír un caballo de madera relinchando? De acuerdo con el mismo maestro Ch’an, un leproso sería capaz de oír a la vaca a través de sus cejas. Para oír al caballo, sin embargo, tendría que frotarse la cuenca de sus ojos.

Me gustaría hacerles una pregunta ahora. Hay una persona que ha salido pero no ha dejado su casa y todavía no puedes encontrarlo en casa. ¿Qué tipo de persona es?

Creerías que es una adivinanza a ser resuelta, pero quiero que comprendas que es un kung-an (koan), y los kung-ans no están hechos para ser resueltos o pensarse como adivinanzas. Podrías o no considerar que esto es precisamente el Ch’an, el Primer Principio.

La filosofía de la Escuela Hua Yen nos dice cómo todos los Budas del pasado, presente y del futuro siempre están girando la gran rueda del Dharma en la punta de un pelo. Eso se puede explicar bastante fácilmente. En la punta de la aguja sostenida en mi mano se expresan todas las funciones de las bombillas eléctricas de esta habitación. Todo vuelve a un principio. Pero, ¿es este principio grande o pequeño? No debemos hablar de comparaciones. En efecto, este principio único es tan pequeño como podría serlo y tan grande como pudiera ser.