viernes, 28 de julio de 2011
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El Budismo y la salud mental (I)
La esencia del Chan
Conferencia dictada por el Maestro Sheng Yen el 25 de octubre de 1990, en el Hospital General de San Francisco.

El Budismo se originó en la India. Fue ahí donde el Buda Shakyamuni empezó a tratar con el problema de la enfermedad. Las enfermedades comienzan con el nacimiento; cuando uno nace, empieza el peligro de las enfermedades. La persona que no sufrió enfermedades es porque todavía no ha nacido. Sólo después de la muerte cesa la enfermedad. Tenemos que sufrir dolor tanto mental como físico y enfermedades en esta vida. El Buda decía que nosotros deberíamos ver al médico para las enfermedades físicas, pero deberíamos curar la enfermedad mental con el Buddhadharma.

El Buda veía que era más importante cuidar la mente que el cuerpo. Alguien que tiene una mente sana y una buena actitud se afligirá menos por las dificultades físicas que alguien que tiene problemas mentales. Si se resuelven todos nuestros problemas mentales, eso es liberación. Alguien con un cuerpo saludable pero con una mente enferma, sufrirá mucho más que alguien que sólo tiene problemas físicos.

La enfermedad física es dolor; la enfermedad mental es sufrimiento. El Buddhadharma no nos libera del dolor. No es un anestésico. Alivia nuestro sufrimiento.

De acuerdo con el Budismo, hay tres causas del sufrimiento:

1. Ignorancia del No-comienzo
Las religiones occidentales hablan de un comienzo. La ciencia occidental teoriza sobre el comienzo de la Tierra y el universo. El problema de un comienzo es bastante difícil de resolver. El Buda dice que no hay comienzo. ¿Dónde está el punto de partida de un círculo? A pesar de que debería haber uno, intentas como puedas, no lo puedes encontrar. Por consiguiente, no tenemos comienzo. Si preguntas, ¿de dónde proviene el sufrimiento? Un budista replicará, “el sufrimiento proviene del no-comienzo.”

2. El ciclo de causa y efecto de las aflicciones
El efecto que sufrimos ahora proviene de una causa previa. Esto efecto en su momento se convertirá en la causa de un efecto futuro. Mientras nos movemos hacia delante en tiempo, creamos continuamente futuras causas.

3. Las aflicciones por sí mismas
Las aflicciones que sufrimos provienen de tres orígenes:

A. El ambiente
En esta visita he tenido la oportunidad de ver cuán hermosa es la ciudad de San Francisco. El clima es bastante variado: hay niebla y viento; la temperatura cambia rápidamente desde fría a templada. Por mucho que pensemos que San Francisco es como un paraíso, no nos sorprende de que la gente de aquí también se enferme.
Hoy temprano fuí en automóvil con una ama de casa. En un momento estornudó y yo le pregunté: ¿Estás enferma? Ella dijo, “No, sólo soy alérgica al aire frío.” Sí, hay enfermedades incluso en San Francisco. Obviamente los grandes hospitales de aquí fueron construidos por una razón. Incluso en un lugar como este, con su cielo claro y aire limpio, puede haber contaminación en el aire o microbios en nuestra comida que nos harán enfermar. El ambiente puede ser una gran causa de nuestras aflicciones.

B. Las relaciones
Las relaciones pueden causarnos una gran cantidad de sufrimientos. ¿Quién es el responsable de la mayoría de nuestras aflicciones? La mayoría de la gente piensa que son sus enemigos. No es necesariamente el caso. El culpable podría ser tu esposo, tu esposa o tus hijos. Las personas con las que reñimos a menudo no son nuestros enemigos sino las que son más íntimas a nosotros. Todos los días no sólo tenemos que tratar con nuestras relaciones familiares sino también con los demás, conocemos a algunos de ellos pero a otros no. Algunos nos ayudan y otros nos estorban. Las personas compiten continuamente unas con otras.

Ayer impartí una conferencia en la Universidad de Stanford. Alguien vino a mí y se quejó de que los académicos eran realmente mezquinos. Por supuesto que los académicos son personas sobresalientes. Idealmente, deberían ayudar y apoyarse unos a otros. La última cosa que deberían hacer es derribarse unos a otros. Sin embargo, incluso la inteligencia no obvia la mezquindad básica y la competividad que existe en la naturaleza humana. Con frecuencia pregunto, ¿Hay alguien aquí que nunca haya competido contra los demás o sentido que otros competían contra él? ¿No hay ninguno en absoluto? La respuesta es siempre no.

C. Confusión emocional
Nuestro mayor enemigo no se puede encontrar en el mundo exterior, lo que más nos molesta es nuestra propia mente. Nosotros cambiamos constantemente cómo nos sentimos. Nos movemos desde la arrogancia al arrepentimiento, pero nosotros nunca vemos algo de la misma manera conforme pasa el tiempo. Por consiguiente, nosotros estamos en conflicto, y nos sentimos impotentes para tomar una decisión. Nos preocupamos por el logro o la pérdida, lo correcto y lo erróneo, y no podemos decidir qué hacer. Eso es la verdadera miseria. Y hay muchas personas que sufren de esta manera y todavía creen que no tienen ningún problema. Cuando declaran que no tienen problemas, quizás salten de arriba y abajo, tengan berrinches, y se introduzcan ellos mismos en estados de agitación extrema. Una vez pregunté a alguien de este tipo por qué él tenía tantas aflicciones. “Yo no soy así”, exclamó. “Son la malas personas las que me hacen sentir miserable.” En realidad, él tenía muchos problemas fruto de su propia creación.

Ayer iba en un automóvil con cuatro personas que estaban implicadas en una acalorada discusión. Uno de ellos me dijo, “Shih-Fu, perdone que discutamos tanto.” Yo repliqué, “Ustedes son los que están discutiendo, no tiene nada que ver conmigo.” ¿Oí lo que dijeron? Sí, por supuesto. Pero simplemente yo no fuí parte de la conversación. Esta mañana uno de los cuatro me dijo, “no puedo soportar a las personas que discuten. Sólo escucharlo me molesta.” Pensarás que él está reaccionando a algo fuera de sí mismo. El hecho es que el está produciendo sus propias aflicciones. Eso viene dentro de él mismo.

En el Budismo hay cinco tipos de aflicciones mentales: codicia, enojo, ignorancia, arrogancia y duda. Cuando nos encontramos afligidos, podemos intentar analizar la naturaleza de nuestra aflicción. Cuando podemos determinar a qué categoría pertenecen nuestras aflicciones, y luego reflexionamos sobre ellas, podremos reducir mucho su intensidad. Cuando nos sentimos afligidos por la codicia, podemos reflexionar: “yo soy codicioso, tengo deseos muy fuertes.” Entonces automáticamente disminuye la sensación de codicia.

Cuando sufrimos de enfado, podemos reflexionar: “¿por qué estoy tan enfadado? Mi angustia está directamente relacionada con mi enfado.” De este modo, el enfado y la angustia empiezan a calmarse. Miras hacia adentro, no hacia afuera. No es el problema sino tu propia mente lo que tú examinas.
Cuando hemos hecho algo estúpido y nos sentimos miserables por eso, es mucho mejor para nosotros ver qué hemos hecho para qué eso suceda. Si es algo estúpido, entonces reflexionas: “He actuado de una manera estúpida.” Entonces tu sufrimiento y angustia disminuirán.

Similarmente, la arrogancia por sí misma es un tipo de sufrimiento. Ser consciente de tales sentimientos cuando los tienes, te permite superarlos.
La duda también es un tipo de sufrimiento. La duda te impide hacer decisiones. No serás capaz de confiar en los demás ni tampoco serás capaz de confiar en ti mismo. Efectivamente, eso es sufrimiento. Si sabes que sufres por la duda, debes razonar de la siguiente manera: “Me gustaría lograr esta y aquella tarea, por consiguiente es mucho mejor creer que tengo la capacidad y que es la cosa correcta que debo hacer.” Si lo crees realmente, serás capaz de llevar a cabo cualquier cosa que deseas hacer.

La duda puede ser una influencia ingrata en nuestras vidas. Imagina a un hombre que ha decidido casarse, pero está acosado por las dudas. Se pregunta si este matrimonio terminará en divorcio, si su esposa lo abandonará después de comenzado el mismo, si ella le habrá ocultado algo importante a él. Si no disipa esta duda, él será miserable en la perspectiva del matrimonio y miserable dentro del matrimonio. Aunque la pareja no tuviera una causa verdadera para separarse, la duda por sí misma podría proporcionar la razón y resultar en problemas matrimoniales.

Si tienes tales dudas, deberías decirte a ti mismo: “Si verdaderamente tengo tantas dudas, sería muy estúpido casarme para mí. Si tengo ganas de casarme, debería aceptar a mi esposa como ella es y confiar absolutamente en ella.” Si no puedes mantener tal actitud, es mucho mejor mantenerte soltero, el matrimonio sólo te traerá miseria. ¿Algunos de ustedes no tienen dudas? Todavía no he encontrado a alguien que no tenga absolutamente ninguna duda.

De acuerdo al Budismo, hay cinco causas generales de disturbio mental:

1. Persecución de un objetivo dado sin considerar tus fuerzas y debilidades. Una variación de esto es que tú no eres consciente de los recursos que tienes y nunca estás satisfecho. O cuando te enfrentas a una situación que está más allá de tu control, estás constantemente atormentado por el deseo de resistir lo inevitable. Muchas personas, sobre todo los jóvenes, creen que tienen potencial ilimitado. Cuando ven lo que otros han hecho, piensan que también pueden hacerlo. Pero cuando surgen condiciones adversas, se sienten personalmente mal, y resisten en lugar de comprender lo que está pasando.

2. Un insaciable deseo de expandirse y conquistar. Alguien con este disturbio mental siempre deseará exagerar lo que él o ella son o tienen. Tal gente desea extender su influencia más allá de todos los límites. Algunos se esfuerzan por lograr fama de modo que ser muy conocidos en el mundo. Otros usan el poder para directamente conquistar a los que se oponen a ellos. Las luchas del poder tales como estas pueden ocurrir entre las naciones o simplemente dentro de familias. Una esposa quizás intentará dominar a su esposo, o viceversa. Tal deseo de dominar a los demás es, en efecto, un disturbio mental.

3. Habiendo logrado un objetivo particular o lugar, la arrogancia se afianzará. Eso podría conducir a la insensibilidad y desprecio en general hacia los demás. Una persona arrogante a lo mejor cree que él o ella tienen el derecho de dañar a los demás o dejarlos a un lado según su capricho personal.

4. Fracaso en lograr una meta conduce a la desesperación. Alguien con este disturbio tiende a estar muy desanimado y pierde la confianza en él mismo o en ella misma. Habrá una tendencia a culpar a los demás.

5. La duda domina la mente. Hay un profundo sentido de inseguridad. Se evapora la confianza.
No soy psiquiatra ni psicólogo. No tengo un profundo conocimiento ni de la psicología clásica ni tampoco estoy versado en las clasificaciones comunes de las enfermedades mentales. Sólo conozco el punto de vista budista que divide los problemas mentales en las cinco categorías arriba mencionadas. Estas cinco categorías podrían generar una miríada de otros problemas mentales. Observa que el Budismo no concierne a la casualidad o a la patología de los elementos particulares que conducen a la angustia mental de un individuo. El Budismo concierne al reconocimiento y eliminación de las alteraciones mentales.