lunes, 20 de noviembre de 2011
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¿Qué es el Chan?(II)
La esencia del Chan
Esta es la transcripción de la charla dada por el Ven. Maestro Sheng Yen en 1979, al comienzo de su enseñanza en los EE.UU. Fue publicada originalmente en un pequeño panfleto.

Me gustaría empezar por decir que el Chan no es lo mismo que el conocimiento, aunque el conocimiento no está separado completamente del Chan. El Chan no es sólo religión, aunque los logros de la religión se pueden alcanzar mediante el Chan. El Chan no es una filosofía, aunque de ningún modo la filosofía puede exceder el ámbito del Chan. El Chan no es una ciencia, aunque en el Chan también se requieren el espíritu de enfatizar la realidad y la experiencia. Por consiguiente, por favor, no intentéis explorar el contenido del Chan sólo por motivo de mera curiosidad, el Chan no es algo nuevo traído a los EE.UU. por los orientales; el Chan está presente por todas partes, en espacio sin límite y en tiempo sin fin. Sin embargo, antes que el Budismo de Oriente se propagara por el mundo occidental, la gente de Occidente no sabía nada sobre la existencia del Chan. El Chan enseñando por orientales en Occidente no es, en efecto, el auténtico Chan. Es el método de comprender el Chan. El Chan fue descubierto primero por un príncipe llamado Siddhartha Gautama (conocido como Shakyamuni después de su iluminación), quien nació en India hace unos 2.500 años. Después de alcanzar la iluminación y de que fuera llamado un Buda, nos enseñó el método para conocer el Chan. Este método se transmitió desde India a China, y luego a Japón. En India fue llamado dhyana, que se pronuncia “Chan” en chino, y “Zen” en japonés. De hecho, los tres son idénticos.

El Chan existe universal y eternamente. No hay necesidad de que un maestro lo transmita; lo que se transmite por los maestros es simplemente el método por el que uno, personalmente, puede experimentar el Chan.

Alguna gente malinterpreta el Chan como un tipo de experiencia misteriosa; otros piensan que uno puede obtener poderes sobrenaturales a través de la experiencia del Chan. Por supuesto, el proceso de practicar la meditación Chan puede causar varios tipos de acontecimientos extraños a nivel de sensación física y mental; y también mediante la práctica de unificar el cuerpo y la mente, quizás uno sea capaz de lograr el poder mental de controlar o alterar las cosas externas. Pero tales fenómenos, que se consideran como misterios de la religión, no son el objeto de la práctica Chan porque solo pueden satisfacer la curiosidad o megalomanía de la gente, y no pueden resolver los problemas actuales de las vidas humanas.

El Chan empieza desde la raíz del problema. No empieza con la idea de conquistar los entornos social y material, sino que empieza con conseguir el conocimiento cabal de nuestro propio ego. En el momento en que conoces qué es tu ego, este “yo” que ahora consideras como tú mismo desaparecerá simultáneamente. A este nuevo conocimiento de la noción de ego lo llamamos “iluminación” o “visión de la naturaleza fundamental”. Esto es el comienzo de ayudarte a ti mismo a solucionar los problemas verdaderamente reales. Al final, descubrirás que tú como individualidad, junto con la existencia entera, no son más que un todo indivisible.

Debido a que tu mismo tienes imperfecciones por eso crees que el entorno es imperfecto. Es como un espejo con una superficie desigual, las imágenes en él reflejadas también son deformadas. O, es como la superficie del agua rizada por las olas, la luna reflejada en ella es irregular y distorsionada. Si la superficie del espejo es clara y plana, o si el aire en la superficie del agua está quieto y se calman los rizos, entonces la reflexión en el espejo y la reflexión de la luna en el agua serán claras y exactas. Por lo tanto, desde el punto de vista del Chan, la causa principal del dolor y la desgracia de la humanidad no es el entorno incierto del mundo en el que vivimos, tampoco la faz terrible de la sociedad del genero humano, sino el hecho de que hasta ahora no hemos sido capaces de reconocer nuestra naturaleza fundamental. Por eso, el método del Chan no es dirigirnos a eludir la realidad, ni a cerrar nuestros ojos como el avestruz africano cuando vienen los enemigos, enterrando nuestras cabezas en el arenal y pensando que se solucionan todos los problemas. El Chan no es un idealismo auto-hipnótico.

A través de la práctica del Chan uno puede eliminar el “yo”, no sólo el egoísta y pequeño “yo”, sino también el gran “yo”, que en la filosofía se llama “Verdad” o “la Esencia”. Sólo entonces hay una absoluta libertad. Así un practicante experimentado de Chan nunca siente que cualquier responsabilidad es una carga, ni siente la presión que las condiciones de vida ejercen en la gente. Sólo siente que está llevando perpetuamente la vitalidad de la vida a la completa actividad. Esto es la expresión de la absoluta libertad. Por lo tanto, la vida del Chan es inevitablemente normal y positiva, feliz y abierta. La razón para esto es que la práctica del Chan te ofrecerá continuamente recursos para excavar tu preciosa mina de sabiduría. Cuando más profunda sea la excavación, más sabiduría obtienes, hasta que eventualmente lograras toda la sabiduría del universo entero. En aquel momento, no habrá una sola cosa en todo el tiempo y el espacio que no esté contenida dentro del alcance de tu sabiduría. En esta etapa, la sabiduría se vuelve absoluta, y como es absoluta, el término “sabiduría” no tiene más propósito. Para estar seguro, en esta etapa el “yo” que te ha motivado a perseguir cosas tales como la fama, la riqueza y el poder, o el escapar del sufrimiento y el peligro, ha desaparecido completamente. Aún más, hasta la sabiduría que eliminó el “yo” se convierte en un concepto innecesario para ti. Por supuesto, desde el punto de vista de la iluminación súbita, él llegar a esta etapa es muy fácil para un practicante Chan; no obstante, antes de llegar a la puerta de iluminación súbita, uno tiene que hacer un gran esfuerzo en el viaje. Si no, los métodos del Chan serían inúltiles.

Las Tres Etapas de la Meditación Chan

De momento, los métodos de meditación que estoy enseñando en los EE.UU. se dividen en tres etapas.

Etapa 1: Equilibrar el desarrollo del cuerpo y la mente para lograr la salud mental y física.
En cuanto al cuerpo, ponemos énfasis en la demostración y corrección de las posturas de andar, permanecer de pie, sentarse y reclinarse. Al mismo tiempo, enseñamos varios métodos de ejercicios físicos para caminar, permanecer de pie, sentarse y reclinarse. Son métodos de ejercicios únicos, que combinan el Hata Yoga indio y el Tao-yin chino, pueden dar buenos resultados tanto en la salud física como en la meditación. Así, cualquiera que practica el Chan y ha tenido buenos resultados definitivamente tendrá un cuerpo firme capaz de soportar las dificultades. En relación con la mente, hacemos hincapié en la eliminación de la impaciencia, la suspicacia, la ansiedad, temor y frustración, así como en establecer un estado de autoconfianza, determinación, optimismo, paz y estabilidad.

Un buen estudiante, después de haber tomado cinco o diez clases, alcanzará la primera etapa y será capaz de obtener resultados en las dos áreas mencionadas arriba. Uno de nuestros estudiantes narró: Esta clase de Chan, es especialmente buena para alguien como yo, quien por profesión o costumbre, se ha acostumbrado a tener el cerebro funcionando cada minuto del día. A menudo, encuentro muy útil la sentada Chan como descanso o alivio. Así que incluso sin mayores propósitos, esta clase de Chan ha sido muy útil y debe ser altamente recomendada. (del Chan Magazine, vol.1, No.1)

En la primera lección de cada clase, siempre pregunto individualmente a cada uno de mis estudiantes su propósito en aprender el Chan, si él o ella esperaban beneficiar al cuerpo o buscaba ayuda para la mente. Las respuestas revelan que la mayoría preferían la segunda opción. Todo esto señala que la gente vive en la sociedad estadounidense de hoy día bajo el estrés y la presión del entorno actual, sufren de tensión excesiva, y muchos han perdido su equilibrio mental. Algunos se ponen tan nerviosos que tienen que ir a consultar con psiquiatras. Entre los que vienen a aprender Chan, tengo una estudiante, sobresaliente profesora y conferenciante en una universidad famosa, que me pidió en la primera entrevista si yo podía ayudarla a aliviar la tensión y el mal humor. Le dije que para un practicante de Chan era un asunto muy simple. Después de haber tomado 5 lecciones sintió que el Chan era una gran bendición para su vida.

El método de la primera etapa es muy simple. Principalmente, se requiere que relajes todos los músculos y nervios de tu cuerpo por entero, y concentres toda la atención en el método que has aprendido. Debido a que la tensión de tus músculos y nervios afecta a la actividad del cerebro, la clave está por lo tanto en reducir la carga en tu cerebro. Cuando disminuyen tus pensamientos vagabundos e ilusiones, tu cerebro se relaja poco a poco de manera gradual. Una vez que se reduce la necesidad de sangre, más sangre circulará a través de todo el cuerpo. Mientras tanto, debido a la relajación del cerebro, todos los músculos también se relajan, así tus vasos sanguíneos se expanden, te sentirás cómodo, tu espíritu se siente fresco y alerta, y tus respuestas mentales son más ágiles y vivas de manera natural.

Si el objeto de estudio es sólo adquirir equilibrio físico y mental, y no el de estudiar la meditación adecuada, probablemente uno sentirá que la consecución de la primera etapa ya es suficiente; pero con esto muchos estudiantes no se sentirán satisfechos, y en efecto, algunos, desde el principio están buscando la meta de la segunda etapa.

Etapa 2. Del sentido del “pequeño yo”
La primera etapa sólo ayuda a llevar la concentración a tu mente confusa; pero cuando practicas la concentración, otros pensamientos vagabundos siguen apareciendo en tu mente, a veces muchos y otras veces pocos. El concepto de tu propósito en practicar el Chan es por beneficios mentales o físicos. Es una etapa donde tu concepto está puramente centrado en uno mismo. No hay mención de ideas filosóficas o experiencia religiosa. Cuando llegas a la segunda etapa, serás capaz de liberarte a ti mismo de la estrecha mira del “yo”. En la segunda etapa, empiezas a entrar en la etapa de meditación. Cuando practicas el método de cultivo enseñado por tu maestro, ampliarás la esfera del punto de vista del “pequeño yo” hasta que coincida con el tiempo y el espacio. El “pequeño yo” se unirá con el universo entero, formando una unidad. Cuando miras hacia adentro, la profundidad es ilimitada; cuando miras hacia afuera, la anchura es ilimitada. Desde el momento en que te hayas unido y vuelto uno con el universo, el mundo de tu propio cuerpo y mente ya no existirá más. Lo que existe es el universo, que es infinito en profundidad y anchura. Tú mismo no eres sólo una parte del universo, sino también la totalidad de él.

Cuando alcances esta experiencia en tu Chan sentado, entonces comprenderás qué se quiere decir en la filosofía con principio o substancia básica, y también qué es la existencia fenoménica. Todos los fenómenos son la superficie flotante o capa perceptible de la substancia básica. Desde un punto de vista superficial, los fenómenos tienen inumerables distinciones y cada uno tiene diferentes características, en realidad, las diferencias entre los fenómenos no interfieren en la totalidad de la substancia básica. Por ejemplo, en el planeta en el que vivimos hay innumerables tipos de animales, plantas, minerales, vapores, líquidos y sólidos que incesantemente aparecen, cambian y se destruyen de manera continua, constituyendo los fenómenos de la Tierra. Sin embago, vista desde otro planeta, la Tierra no es más que un cuerpo. Cuando tenemos la oportunidad de liberarnos a nosotros mismos de las ataduras del ego o de los puntos de vista subjetivos, para asumir el punto de vista objetivo del todo y observar todos los fenómenos en conjunto, podemos eliminar los puntos de vista opuestos y contradictorios. Tomemos un árbol como ejemplo. Desde el punto de vista del individuo, hojas y ramas, todas son distintas unas de otras, y también se puede percibir que frotan unas contra otras. Sin embargo, desde el punto de vista del tronco y las raíces, todas las partes sin excepción son las de un todo unificado.

En el curso de la segunda etapa, has comprendido que no sólo tienes una existencia independiente e individual, sino que también tienes una existencia universal a la vez que esta ilimitada profundidad y amplitud del cosmos, por consiguiente no existe confrotación entre tú y el entorno que te rodea. El descontento, odio, amor, deseo... en otras palabras, las disposiciones de rechazo y codicia desaparecen de manera natural y sentirás una sensación de paz y satisfacción. Debido a que has eliminado el “pequeño yo” egoísta, serás capaz de ver a toda la gente y a todas las cosas como si fueran fenómenos producidos desde tu propia substancia, y así amarás a toda la gente y a todas las cosas de la misma manera que amabas y mirabas por tu “pequeño yo”. Esto es la mente de un gran filósofo.

Naturalmente, todas las grandes figuras religiosas deben haber pasado por las experiencias de esta segunda etapa, en donde se liberan ellos mismos de los confines del “pequeño yo”, y descubren que su propia substancia básica no es otra que la existencia del universo entero, y que no hay diferencia entre ellos mismos y cualquier cosa en el universo. Todos los fenómenos son manifestaciones de su propia naturaleza. Tienen la tarea de amar y cuidar de todas las cosas y también tienen el derecho de manejarlas; así como tenemos la obligación de amar a nuestros propios hijos y el derecho a manejar la propiedad que nos pertenece. Esta es la formación de la relación entre la deidad y la multitud de cosas que él ha creado. Tales personas personifican la substancia básica del universo que experimentan a través de la meditación, y crean la creencia en Dios. Ellos substancializan esta idea de un “gran yo”, el propio-amor de Dios, y formulan la misión de ser un salvador del mundo o un emisario de Dios. Unifican todos los fenómenos y los miran como objetos creados en espera de ser salvados. Consecuentemente, algunas figuras religiosas piensan que la naturaleza básica de sus almas es la misma que la de la deidad, y que ellos son encarnaciones humanas de la deidad. De este modo, se consideran a ellos mismos como salvadores del mundo. Otros piensan que aunque la naturaleza básica de sus almas no es idéntica e inseparable de la deidad, el fenómeno de su propia encarnación muestra que fueron mandados a este mundo por Dios como mensajeros para promulgar la intención de Dios.

Generalmente, cuando los filósofos o las figuras religiosas alcanzan la cima de la segunda etapa, sienten que su sabiduría es ilimitada, su poder es infinito, y sus vidas son eternas. Cuando el alcance de la extensión del “yo” crece, de manera acorde la autoconfianza se vuelve más fuerte, pero esta fuerte autoconfianza de hecho es meramente la subida ilimitada de un sentido de superioridad y orgullo. Esto es por tanto llamado el “gran yo”, y no significa que se haya alcanzado la absoluta libertad de las angustias y preocupaciones.

Etapa 3: Del “gran yo” al “no yo”
Cuando uno llega a la cima de la segunda etapa, comprende que el concepto del “yo” no existe. Pero sólo ha abandonado el “pequeño yo” y todavía no ha negado el concepto de la substancia básica o la existencia de Dios; puedes llamar a esto “Verdad”, el único Dios, la Omnipotencia, el Principio Inmutable o incluso el Buda del Budismo. Si piensas que eso es real, todavía estás en el reino del “gran yo” y aún no has salido de la esfera de filosofía y religión.

Tengo que hacer énfasis en que el contenido del Chan no aparece hasta la tercera etapa. El Chan es inimaginable. No es ni un concepto ni una sensación. Es imposible describirlo en cualquier término, abstracto o concreto. Aunque la meditación es ordinariamente el camino adecuado que conduce al Chan, una vez que hayas llegado a la puerta del Chan, incluso el método de la meditación es inútil. Es como usar varios medios de transporte en un largo viaje. Cuando llegues al destino final, encontrarás un alto acantilado delante de ti. Es tan alto que no puedes ver su cima, y tan amplio que no se encuentra su límite. En ese momento, una persona que ha estado en el otro lado del acantilado viene a decirte que en el otro lado, está el mundo del Chan. Cuando lo escales, entrarás en el mundo del Chan. Y aún más, te dice que no dependes de cualquier medio de transporte para sobrevolarlo, rodearlo, o penetrar a través de él,. por que es infinito en sí mismo y no hay manera de escalarlo.

Incluso un sobresaliente maestro Chan, capaz de llevar a sus estudiantes a este sitio, él mismo se verá incapaz de ayudarles más. A pesar de que ha estado en el otro lado, no puede llevarte allí con él, así como una madre que come y bebe mucho, no puede apagar el hambre de su hijo que rechaza comer o beber. En este momento, la única ayuda que puede ofrecerte es decirte que descartes todas tus experiencias, tu conocimiento, y todas las cosas e ideas que consideras más confiables, más magníficas, y más reales, aun incluyendo tu deseo de llegar al mundo del Chan. Es como si entraras en un edificio sagrado. Antes de entrar, el guardián te dice que no se puede llevar cualquier tipo de armas, y que tienes que quitarte toda tu ropa, no sólo tienes que desnudarte completamente sino también debes dejar atrás tu cuerpo y alma. Entonces puedes entrar.

Debido a que el Chan es un mundo en donde no hay ego, si todavía hay cualquier apego en tu mente, no hay manera de que puedas armonizarte con el Chan. De este modo, el Chan es el territorio de los sabios, y el territorio de los valientes. No siendo sabio, uno no creerá que después de haber abandonado todos los apegos aparecerá otro mundo delante de él. No siendo valiente, uno encontrará muy difícil despojarse de todas las cosas que ha acumulado en esta vida - ideales y conocimientos, cosas espirituales y materiales.

Tal vez preguntas qué beneficios recibiríamos después de hacer grandes sacrificios por entrar en el mundo del Chan. Déjame decirte que no puedes entrar en el mundo del Chan mientras que ésta pregunta todavía está contigo. Buscando beneficios, tanto para uno mismo como para los demás, se está en la etapa orientada al “yo”. El Sexto Patricarca de la secta Chan en China enseñaba a la gente que la manera de alcanzar la iluminación del reino del Chan es: ¡ni pensar en lo bueno ni pensar en lo malo!. Esto es, eliminas tales puntos de vista opuestos como uno mismo y los demás, adentro y afuera, ser o no ser, pequeño y grande, bueno y malo, angustias y Bodhi, ilusión e iluminación, falso o verdadero, o sufrimiento del nacimiento y la muerte y de la alegría de emancipación. Sólo así aparecerá el reino del Chan o iluminación, y te traerá una vida nueva.

Esta vida nueva la has tenido desde el principio, y todavía no la has descubierto nunca. En la escuela Chan, la llamamos “tu rostro original antes de nacer”. No es el “pequeño yo” de cuerpo y mente, tampoco es el “gran yo” del mundo o universo. Es una libertad absoluta, libre de la miseria de todas las angustias y ataduras. Entrar en el Chan como antes se menciona no es cosa fácil. Mucha gente ha estudiado y meditado desde hace décadas, y todavía no ha logrado la entrada a la puerta del Chan. No será difícil, sin embargo, cuando tus causas y efectos estén maduros, o si por casualidad tienes un buen maestro Chan que te orienta con toda la atención. Tal vez este maestro adopta varias actitudes, acciones y expresiones verbales que parecen muy ridículas para ti, como medios indirectos de ayudarte a llegar a la meta de manera rápida. Y cuando el maestro te dice que ahora ya has entrado por la puerta, súbitamente te darás cuenta de que no hay puerta al Chan. Antes de entrar, no ves dónde está la puerta, y después de entrar encontrarás la puerta no-existente. Si no, hay distinción entre adentro y afuera, iluminado e ignorante, y si hay tales distinciones eso todavía no es el Chan.

Cuando estás en la segunda etapa, a pesar de que sientes que el “yo” no existe, la substancia básica del universo, o la Verdad Suprema, todavía existe. Aunque reconoces que todos los diferentes fenómenos son la extensión de esta substancia básica o Verdad Suprema, todavía existe la oposición de la substancia básica contra los fenómenos externos. No tendrás paz absoluta y unidad hasta que desaparezcan las distinciones de todos los fenómenos y todas las cosas vuelvan a la verdad o Cielo. En tanto que el mundo de los fenómenos todavía esté activo, no puedes estar exento de conflicto, calamidad, crimen y sufrimiento. Por consiguiente, aunque filósofos y figuras religiosas perciben la paz de la substancia original, todavía no han conseguido la manera de desembarazarse de la confusión de los fenómenos.

Uno quien ha entrado en el Chan no considera la substancia básica y el fenómeno como dos cosas en contraposición. Ni siquiera pueden ilustrarse como la palma de la mano y la parte de atrás de ésta. Se debe a que los fenómenos por sí mismos son la substancia básica, y aparte de fenómenos no se encuentra una substancia básica. La realidad de la substancia básica existe precisamente en la irrealidad de fenómenos, que cambia continuamente y no tiene forma constante. Esto es la Verdad. Cuando experimentas que los fenómenos son irreales, te liberarás del concepto del yo y los demás, lo correcto y lo erróneo, y de la codicia, el odio, la preocupación y el orgullo. No es necesario que busques la paz y la pureza, tampoco necesitas detestar las angustias malignas y la impureza. Aunque vives en el mundo de realidad fenoménica, para ti, cualquer ambiente es la Tierra Pura del Buda. Para una persona que todavía no ha alcanzado la iluminación, no eres más que una persona ordinaria. Para ti, todas las personas ordinarias son idénticas al Buda. Sentirás que tu propia naturaleza es la misma que la de todos los Budas, y que la propia naturaleza de los Budas es universal a través del tiempo y el espacio. Aplicarás espontáneamente tu sabiduría y riqueza, donándolas a todos los seres sensibles en cualquier lugar, a través de todo el tiempo y espacio.

Lo que he dicho revela una pequeña parte de la sensación de uno quien ha entrado en el reino iluminado del Chan, y también es el camino que uno sigue a fin de partir desde el “pequeño yo” para llegar al estado de “no yo”. No obstante, una persona recién iluminada que ha entrado en el reino del Chan todavía está en la sección inicial del viaje completo del Chan. Él es como uno que ha tomado su primer sorbo de vino de Oporto. Ahora conoce el sabor, pero el vino no permanecerá en su boca para siempre. El propósito del Chan no sólo es dejarte tomar un trago, sino que tu vida entera se disuelva y emerja en el vino, incluso, hasta el punto en el que olvidas la existencia de ti mismo y del vino. Después de tomar el primer sorbo de no ego, ¿cuán lejos uno debe viajar? ¿Qué tipos de cosas permanecen para ser vistas?

¡Os lo diré cuando tengo la oportunidad!